viernes, 8 de agosto de 2014

Transfusión.

Zénobe.
El ambiente comenzaba a ser más fluido, la gente bailaba, algunos hacian pequeños círculos en el lago y conversaban o contaban historias bajo las estrellas... 
Zénobe está parado frente la multitud, buscando a Annie con la mirada preocupado. Ha dejado de sentirla, algo muy extraño pues siempre tiene un sentimiento o una pequeña sensación de donde está. Esta vez, sin embargo, no.
Se empieza a preocupar cada vez más, optando por dejar las bebidas en la mesa mas cercana y mantenerse sobrio. La busca entre la gente, se desliza por la multitud como una pluma y respira nervioso, ansioso.
La frustración le invade el cuerpo al no encontrarla tampoco por la entrada, ni tampoco por la orilla del lago... "Annie dónde coño te has metido", dice en su interior, cabreado, tratando que la escuche. 
Algunos presentes le miran con asombro, el joven está realmente estresado buscando a alguien en la fiesta. Pero una sensación le recorre el cuerpo, un tipo de recuerdo enviado por Annie. Ve árboles que se tambalean y siente un gran mareo en su interior. 
Annie... 
Corre hacia el lado del bosque, y ve un grupo de gente haciendo un semicírculo, la gente preocupada se limita a preguntar "¿Estás bien? ¿Quién te ha hecho esto?" Zénobe se apresura y de pronto allí esta. Annie. 
Corre a tal velocidad que asusta a los presentes como si fuera algo sobrehumano. La coge en brazos antes de que se desplome al suelo. Oh dios, Annie... La coge en brazos y se arrodilla en el suelo, examinando las marcas que tiene en los brazos, sus pupilas, los labios secos y la piel bastante más pálida de lo normal... Pero todas sus dudas se esfuman cuando ve un corte que apenas sangra. Apenas sangra por falta de sangre.
El corazon le va a mil, trata de mantener la cordura y se levanta, tomándola en volandas e ignorando la gente de la fiesta, que cada vez vienen más a observar la escena. Zénobe toma un atajo entre los árboles. No puede desplegar sus alas ante cientos de personas, alguien le vería. Corre a toda velocidad hacia el coche sollozando su nombre, y al llegar la tumba en el asiento trasero. Mete la llave en el contacto. 
Los acontecimientos que pasan a continuación son rápidos. 
Zénobe conduce a toda velocidad por el sendero. Llegan a casa. La coge rapido pero con cuidado en brazos y aprobecha para coger un pequeño maletín del maletero del coche. La introduce en casa sin dejar de hablarla para que no pierda del todo el conocimiento y sea consciente de la situación. Sube con rapidez sobrehumana al cuarto y la tumba sobre la cama.
-Annie... Annie qué ha pasado... Quién cojones te ha tocado... Annie lo siento... -Tensa la mandíbula para reprimir las lágrimas y se dirige al baño con el maletín. 
Empapa una toalla y la deja sobre la encimera del lavabo. Abre el maletín. Se trata de un pequeño maletín médico que usa para el trabajo. 
Trata de respirar con tranquilidad, intentando mantener una calma que ha perdido hace tiempo. Dios Annie...
Se ata una goma verde elástica alrededor del brazo para evitar un mayor flujo de sangre. Toma una jeringuilla y hace una conexion entre la jeringuilla y una pequeña bolsita de plastico esterilizada mediante un tubo. La observa por última vez en la cama, pálida. Se llena de fuerzas y valor y se pincha en la vena del antebrazo. El líquido rojo comienza a fluir llenando poco a poco la bolsita. Los músculos de Zénobe se tensan tratando con todas sus fuerzas de no desmayarse. Zénobe sabe autoregenerarse, por lo que no tendrá problema alguno en recuperar la sangre. Llena practicamente la bolsa entera de sangre. Se siente debil, ya que es una gran cantidad de liquido perdido. Retira la jeringuilla y se acerca donde Annie, suspirando pues no sabe muy bien como va a reaccionar. Al menos está inconsciente, respirando debilmente.
-Annie pórtate bien... -murmura, esperando una reacción violenta por parte de Annie al poner en contacto la bolsita de sangre con sus labios. Le obstruye las fosas nasales con los dedos a modo de pinza para que pueda tragar mejor, dejando que la sangre resbale por sus labios hacia el interior de su boca.
Suspira, se tambalea en ocasiones manchandose él de sangre, pues la imagen le da escalofríos y procura mantener la cordura. 

Cuando ha hecho que Annie beba casi toda la bolsita de sangre, se tumba a su lado, dejando caer esta sobre el suelo. La tapa con una manta para guardar calor, y se preocupa en curar las marcas mas pronunciadas de su cuerpo con las manos. En ocasiones él se moja la sien con la toalla de agua fría para mantenerse despierto y evitar el mareo que le ha producido tener que alimentar a Annie de esa manera. La ama, haría cualquier cosa por ella, como si tuviera que vaciarse entero con tal de que ella viviera 5 minutos más que él.
La piel de Annie vuelve a tomar un tono más rosado. Sabe que la dosis no ha sido suficiente, que mañana tendrán que ocuparse de ese asunto para mantenerla sana. Pero al menos recobrará el sentido. 
Los primeros rayos del sol comienzan a salir entre las montañas. Zénobe ha estado despierto toda la noche, abrazando por la espalda a Annie y acariciando su costado cuando esta tenía alguna que otra convulsión. Está pálido y las ojeras bajo sus ojos son pronunciadas. Está furioso por lo sucedido anoche.. No pudo sentirla, no pudo ayudarla. ¿Quién ha podido hacerle daño? Sea quien sea.. Incapaz de dormir, espera a que Annie recobre el sentido. 

Un recordatorio.

Annie.

    El lugar era mágico, lleno de detalles donde perderse, de rincones donde aprender a amarse. Las luces tenues iluminaban el verdor del césped y la parte cercana al bosque. El lago se encontraba justo frente a ellos, dejando ver que era hermoso pero al ser desconocido, peligroso. La oscuridad que lo llenaba atormentaba a Annie; quizá era porque no sabía qué había en el fondo o por el simple hecho de que no conocía el lugar, pero algo comenzaba a inquietarla. Cuando Zénobe se retira a por bebidas la chica se queda observando el cielo, el cual se ve alumbrado por los pequeños aunque hermosos astros. A su alrededor las risas aumentan y las conversaciones suben de volumen; hay personas a las que el alcohol les ha subido y no pueden evitarlo. Ella entrelaza sus manos al frente, como si estuviera esperando por algo y... ¡pum! Como si algo la envolviera, gira la cabeza y se encuentra con esos ojos naranjas. Otra vez la sensación la inunda, casi ahogándola. No sabía por qué se sentía tan segura y confiada con Kenneth, ya que realmente no le conocía, y a la parte de luz de la chica le daba escalofríos, sin embargo, a su lado oscuro le llamaba como si fuera un imán.

-Bonita noche, Massey, ideal para salir y dar un paseo. ¿Me acompañas?-Su voz. El chico le ofrece el brazo de forma educada.

Annie frunce el ceño, dudando por un segundo. "¿Qué demo..?" Sus pensamientos se esfuman como si soplaras al humo de un cigarro y cuando se da cuenta otra vez, se encuentra rodeada de la oscuridad del bosque. No se escuchan las voces, ni las risas, ni la música. Huele a humedad. La chica frunce el ceño y se separa de Kenneth, sintiéndose insegura al no saber qué está ocurriendo realmente. El chico afirma en voz baja que debe estar tranquila, que no va a hacerle daño. Sin embargo, aunque Annie no se ha dado cuenta aún, la piel de sus brazos está marcada por moretones y algún que otro pinchazo, los que se marcan por un leve color verdoso... casi como si se hubieran hecho con brusquedad. La chaqueta que Zénobe le había dado ha desaparecido y ella no sabe realmente dónde ha quedado. Mira a su alrededor, apartándose de Kenneth otra vez. A pesar de que sentía algo muy extraño respecto a él, algo en su interior le decía que debía salir corriendo. Ahora. Por primera vez en su vida su mente, o su alma, comenzaba a trabajar separada. En su interior algo gritaba: "¡Zénobe!". Lo llamaba con fuerzas, casi desgarrándose, ya que sabía que ella sola no podría enfrentarlo. Él debía sentirla. Él debía saber dónde estaba.
A la joven le habían quitado sangre para debilitarla y, de esta forma, hacerla vulnerable. Si a eso añadimos el hecho de que no se ha alimentado, ponemos a Annie en una situación que ella no puede controlar porque ni siquiera puede luchar contra la persona que tiene delante y su influencia.
Las manos de Kenneth agarran sus caderas y la atraen hacia él, cosa que termina alterando a Annie. Posa sus manos en su pecho y se aparta, gruñendo por lo bajo.

-¿¡Pero qué coño haces!? -Grita, golpeándole con la fuerza que le queda. Sabe que no debe hacerlo. "Zénobe, Zénobe, Zénobe". Su mente repite su nombre de forma constante.

-¿Qué pasa, Annie? ¿Crees que ahora que te tengo así voy a dejar que te escapes? Sarah tenía razón..-La voz de Kenneth comenzaba a causarle escalofríos.

La chica se bloquea, entrando en pánico. Sarah había hablado de ella con este muchacho, pero dudaba que ella estuviera tras aquello; su gemela habría ido a por ella de forma personal, sin tener que buscar a nadie para hacer su trabajo. Se remueve, bajando los brazos hasta apartar sus manos de ella, cosa que se le hace practicamente imposible y en ese momento sabe que su debilidad ha sido aprovechada por aquel desconocido. Da dos pasos atrás. Tres. Entonces se da la vuelta y echa a correr. Entre los árboles y las sombras, algo araña sus antebrazos de forma vertical y horizontal, simulando el corte de una cuchilla. La sangre no sale apenas, pero si se ven varias gotitas empapando su piel de porcelana. Las voces. Las luces. Zénobe.
La pureza de la brisa del lago la recibe de golpe. "¿Por qué hace tanto frío? ¿Por qué..? Zénobe." La chica alza la vista y se encuentra a un grupo mirándola. En su cabello negro se encuentran hojas de árboles y algunas ramas de arbustos, casi como si se hubiera chocado con todos ellos. Y en cierto modo lo hizo. Más adelante ve a Zénobe; su ceño fruncido indica que está molesto.

-Zeta..-Un susurro es suficiente. Sabe que la va a escuchar.

Y el mundo se vuelve negro. Annie cae al suelo de redondo, como si no fuera más que un peso muerto. A su alrededor alguien intenta levantarla, pero ella ya se encuentra en los brazos de alguien; su ángel.

"Esta vez te he dejado escapar, Massey. No habrá próxima."

Alguien susurra en su mente, haciendo que ella se encoja en su interior, se hiciera chiquitita y dejase de existir por un rato, en donde la oscuridad es lo único que la acompaña.

martes, 5 de agosto de 2014

Ahora me ves, ¡Ahora no me ves!

Zénobe.
Pasan el viaje en silencio, cediendo la palabra a la radio que suena ambientando el incómodo espacio entre ellos. Al llegar le reciben los brazos de Annie, le enternecen sus palabras, haciéndole olvidar parte de lo ocurrido en la cafetería. Nunca ha sido posesivo, pero el hecho de que puedan arrebatársela o simplemente tocarla le saca de su sano juicio. 
La escucha con atención, alzando las cejas ante su propuesta. ¿Una fiesta? Sonríe y responde a su te amo con un sonoro beso.
-Sí, podemos ir si te apetece. -susurra cerca de sus labios, abrazándola y aprobechando el abrazo para colocarle su cazadora negra por los hombros para que no coja frío. -Pero cámbiate, así vas a coger un resfriado y voy a estar un mes encontrándome pañuelos con tus mocos hasta en la sopa. -Trata de silenciar el refunfuño de Annie volviendo a besar sus labios. 

Zénobe la espera en la cocina, ya ha cenado y se ha aseado, pues detesta el olor a desinfectante y medicamento que se impregna su ropa tras estar trabajando en la farmacia, optando por vestir con unos vaqueros negros y una camisa gris, restándole formalidad con una cazadora de cuero. Está sentado bebiendo Perrier Jouet en una copa, observando el juego de luces rojizas que se forman al catar este espumoso vino francés. Al de unos minutos Annie baja las escaleras vestida con un vestido negro de manga larga, impecable. En sus pies unas Converse de talle bajo y el pelo ligeramente recogido hacia un lado. Zénobe suspira y sonríe mientras le cede su copa, para que se deleite del excelente vino, contemblándola. 
-Eres preciosa, Annie. -Murmura, besando su frente con ternura y se dirige a la entrada para coger ambas chaquetas, colocandole a Annie la suya por los hombros.

El lago no estaba lejos, pero estaba lo suficientemente apartado para tener que conducir hasta él, al menos de noche. Cuando se acercan, Zeta aparca en el improvisado parking y Annie se entretiene a observar el camino de farolillos que guía a todos los presentes hacia el lago, donde está situada la fiesta. Toma su mano y caminan juntos entre las luces, ignorando a algunos invitados que tratan de averiguar de quien se trata aquella preciosa pareja, ambos con rostros y presencia perfecta. 
Un grupo de música toca en el escenario, la gente baila tranquilamente y otros hablan cerca de las mesitas de ponche y bebidas. Hay pequeñas luces decorando el lago, los árboles, el entorno.
-Vaya, no me imaginé que lo tuvieran tan bien preparado.. -Asiente con aprobación y mira a Annie que parece sorprendida también, y aprobecha ese momento para tomarla en brazos, en volandas y dar una vuelta con ella, que ríe ante la sorpresa y luego la atrae a él, rodeándola con los brazos y besándola con ternura. 
-Voy a por algo para beber. Espérame por aqui. No te muevas, que por aquí hay mucho forastero de manos largas.. -Sonríe de lado con diversión y aprobecha para volver a besarla por ultima vez, dirigiéndose hacia una de las largas mesas con ponche y bebidas. Se topa con las miradas de jovencitas del pueblo, que cuchichean entre ellas sobre el joven, sin embargo, sus acompañantes se limitan a mirarlo con recelo, tratando de volver a ser el centro de atención de sus novias. Zénobe sirve champagne en la copa de Annie y ron con hielo en la suya. Vuelve para reunirse con ella pero una joven le para en el camino, y sus amigas se quedan más atras, sin atreverse a acercarse a hablar. Son mas jóvenes que Zénobe, y este alza las cejas sorprendido.
-¡Hola! Soy Bethany, vivo en el pueblo.. Tú eres el nuevo farmaceútico, ¿No? -Dice la rubia, sonrojada y Zénobe asiente mientras sostiene ambas copas en la mano. Sin embargo su atención se centra en Annie, que parece que habla con un joven... Con el joven de la cafetería. -Frunce el ceño, impaciente por llegar. 
-Bueno... Pues ya nos veremos por el pueblo.. tal vez..
-¡Beth ni que le estuvieras pidiendo anticonceptivos! -Dice una de sus amigas y las mejillas de esta se tornan del mismo color que su vestido. Bajando la mirada.
-Señoritas, debo irme, si me lo permiten. -Dice Zénobe con un tono serio, adentrándose entre la gente y sin poder evitar escuchar los cuchicheos de las jovenes por los educados modales de Zeta. 
Sin embargo, al llegar al punto de encuentro, Annie no está allí. "Annie dónde coño te has metido", murmura para su interior, preocupado, buscándola con la mirada, dando un largo sorbo a su  vaso de ron. 

Confusión.

Annie.


El sonido de los pájaros al amanecer. La brisa que se paseaba entre los árboles cuando empezaba a caer la noche. Las carreteras entre los árboles que, vacias, esperaban un nuevo visitante al cual relatarle una de sus historias. El susurro de los grillos y las estrellas observándoles desde el cielo puro y limpio. Se habían adaptado al nuevo lugar como si siempre hubieran vivido allí. Despertó con la luz que se colaba entre las cortinas, como si le dijera que no podía ser tan dormilona. Entre remoloneos estira uno de sus brazos, buscando la calidez de Zénobe pero no lo encuentra y entonces recuerda que se ha ido temprano al trabajo y gruñe en forma de queja; no había nada mejor que despertar con aquella sonrisa y su voz melodiosa. Se levanta después de un rato, vistiéndose para salir; normalmente tomaría algo de su 'alimento' antes de ir fuera, pero al ser nuevos en el lugar la chica no tenía de dónde tomar la sangre sin llamar la atención o alimentarse de alguien...El hospital estaba a unas horas, pero por cómo se sentía sabía que aún podría aguantar un poco más. No había motivos para preocuparse. Aún. La temperatura fresca del lugar la golpea al salir y de una u otra forma ella agradece que no sea tan alta. Annie adora los lugares fríos, la nieve y las tormentas.
Sus pasos la guían hasta el centro del pequeño pueblo, en donde los olores a pan y pasteles recién hechos llegan a ella. Busca con sus ojos azules el reloj que se encuentra en la plaza, el cuál le indica que no son más de las 11:30 a.m. y que tiene tiempo para hacer varias cosas antes de que Zénobe vuelva de trabajar. En primer lugar, ella debía buscar algo para quemar las horas, además de su labor de todos los días; curar almas. Segundo, buscaba algo que le diera a la casa un toque de ellos mismos..aunque aún no sabía qué debía comprar de forma específica y suponía que en cuanto lo viera lo sabría. Tercero, debía llevarle fresas. Sabía cuánto le encantaban. Sus pasos la guían por pequeños negocios, entre ellos una tienda de viejos artículos y cosas que se han dejado de usar, todo a muy bajo precio pero que para Annie escondían un montón de secretos en su interior. El sonajero de la puerta anuncia al dueño que ella se encuentra ahí y con una sonrisa la recibe, la cual ella devuelve amistosamente. Se cuela entre los pasillos, dejándose envolver por el olor a viejo, el aroma del olvido. Y allí, entre viejos recuerdos el tiempo va pasando... pero algo la distrae; su móvil vibra levemente en su bolso. Lo toma despacio y al ver lo que alumbra en su pantalla se le escapa una sonrisa, respondiendo: "Yo también te echo de menos, ven ya." Enviar. Da unas vueltas al móvil en su propia mano y mira la hora, dándose cuenta de que tenía poco tiempo para ir hasta la cafetería debido a que las distancias son largas y a plena luz del día no puede utilizar sus poderes. No si hay mucha gente. Sale de la tienda, despidiéndose del señor y caminando bajo la sombra que brindan los tejados, esquivando algunas miradas y comentarios... Supone que es lo que pasa siempre que alguien llega nuevo a un pueblo.
Casi en la entrada algo la detiene; una presencia que no conoce pero le pone los pelos de punta. Annie se para en medio de la acera y mira a su alrededor; de repente todo se ha quedado vacío y en silencio, como si el tiempo se hubiera parado. Frunce el ceño y gira sobre sus talones, sin despegar los pies del suelo y pum, ojos naranjas. Una sensación rara la llena; es como si le conociera de toda la vida y al mismo tiempo sabía que era una de las personas más peligrosas con las que se cruzaría jamás. Un joven se presenta como Kenneth, diciendo conocer a su hermana y reconciendo que debe hablar con la otra gemela de temas importantes. Annie se deja llevar, no sintiéndose muy cómoda. A pesar de su carácter, no le gustaba no saber qué estaba pasando.
Cuando vuelve a ser consciente de qué pasa, ve a Zénobe a su lado. Está molesto, puede sentirlo. Vuelve a la realidad como si alguien le hubiera tirado un cubo de agua fría y de repente mira a Kenneth, desconcertada. Se remueve, intentando alejarse del contacto del joven que la mira desde el asiento paralelo. ¿Cómo habia llegado hasta allí? Se levanta y se despide, teniendo en mente que no lo volverá a ver. Segundos después de que Zénobe cierra la puerta, ella está ahí, sentada a su lado, con el ceño fruncido y la mirada clavada en la calle, como si estuviese fuera de sí. Las palabras de Zeta la devuelven al mundo real y ella parpadea, dedicándole toda su atención.

-Pues..ha sido...rara. Se llama Kenneth, conoce a Sarah y dijo que debía hablar conmigo. -A pesar de que llevan unos minutos en marcha, Annie parece inquieta. Se inclina hacia adelante, tomando el puente de su nariz con sus propios dedos y aprieta. No logra recordar la conversación que ha tenido con el que para ella es un desconocido, y eso la está sacando de sí.

Por el otro lado, una parte de ella le dice que no debe preocuparse, que está todo bien y que él es de confianza. La casa los recibe y ella baja del coche, apareciendo justo delante de Zénobe antes de que pueda recoger la comida china del asiento trasero. Sus brazos se envuelven alrededor de él y lo mira desde abajo con unos ojos azules tan puros y brillantes que podrían ser parte del mismo firmamento. Siente su incomodidad y levanta una mano, colocándola sobre su cuello, como si así pudiera tranquilizarle. Poniéndose de puntillas le roba varios besos, haciendo de esta forma que se afloje un poco y en cuanto puede toca uno de sus costados, buscando hacerle reír.

-Te he echado de menos. Y te amo. ¿Cómo ha ido tu día? Oh, ¿sabes qué? Deberíamos ir a ver esa fiesta que tienen cerca del lago... he escuchado a algunas personas hoy en el pueblo hablar de ello, ¿qué te parece?

domingo, 3 de agosto de 2014

"Los de la casa del bosque".

Zénobe.

El aire surca entre los árboles como un velero, baila errante entre las ramas. A pesar de los suaves rayos de sol, el ambiente es frío, pero sin embargo, en casa de Annie y Zénobe se puede palpar la calidez de un hogar. 
Zénobe distraido con la leña, refunfuña con cariño ante el gesto de su nueva compañera de piso. 
De piso, y de vida. 
-¡Me has asustado! -ríe como solo Zénobe podría reir, con una risa joven y llena de vida. -Aferrate a las consecuencias... -Dice entredientes, aprobechando que Annie está de cuclillas para tomarla en brazos, colocarsela sobre su hombro y darle un pequeño azote en el culo, riendo entonces aun mas ante la sorpresa de Annie, que trata de escapar sin exito de sus brazos. La deja sobre los cojines del sofá y se hace hueco entre sus piernas, sin dejar caer todo el peso sobre Annie, buscando sus labios con los propios y besando estos vivaz, con cierta ansia, como queriendo transmitir un falso enfado por el susto. La besa como si fuera el último beso de los tiempos, jadeando entre sus labios y luego se retira satisfecho habiendo cumplido su cometido.
-A la próxima te pondré un cascabel para  tenerte localizada. -Ladea una seductora sonrisa, sentandose a su lado, tomando sus piernas para colocarlas sobre él, masajeandolas por encima de los vaqueros. -Esta casa es preciosa. Ya me he instalado en el dormitorio, que conste que te he dejado el lado de la ventana... ¿Ya has deshecho las maletas? Podríamos ir a conocer los alrededores. 


La verdad es que la casa era preciosa. Rústica pero guardaba detalles actuales, fresca y natural. Estaba próxima a la carretera del pueblo, pero parecía ajena a  todo lo que sucedía allí por el gran bosque y los árboles que custodiaban el hogar de la pareja. 
Tras el polvoriento camino se encontraba la carretera principal, asfaltada y guiada por setos, abetos y pinos. A cada lado de la calzada había adosados y casitas rústicas de pueblo cada una con su propio porche y jardín. El pueblo a pesar de ser pequeño tenía de todo, y la gente era mucho mas abierta y amable que en la ciudad. 
Zénobe había encontrado trabajo como ayudante en la farmacia del pueblo, atendía de cara al público y hacía que la mayoría de las mujeres del pueblo frecuentaran mas a menudo la farmacia en busca de cosas absurdas como tiritas, agua oxigenada, pastillas contra el dolor de cabeza, etcétera. 
El jefe de Zénobe era un hombre de avanzada edad de bigote perfectamente rizado, serio y dedicado a su oficio. Solía pasarse las horas en su despacho, detras del almacen.
"Salgo en media hora, te paso a recoger por la cafetería. Te echo de menos. Z." Le da a la tecla enviar pensando en Annie, en su pelo, en su sonrisa... 
La campanilla de la farmacia le hace volver a la realidad, un hombre entra por la puerta con paso firme y se acerca al mostrador buscando con la mirada a alguien. 
-¿En que le puedo ayudar? -Pregunta Zénobe vestido de camisa blanca con una pequeña placa con su nombre. Se fija en la marcada mandivula del hombre, con cara chupada como si estuviera enfermo, sus ojeras son bastante pronunciadas. 
-Estoy buscando al Doctor McGregor. -Dice con voz grave pero temblorosa.
-El Doctor se encuentra en su despacho, señor. Yo le atenderé. 
El hombre se pasa las manos por la cabellera suspirando con cierto aire de desesperacion. Zénobe se queda pensativo. Sí, es nuevo en el pueblo, pero por ello no debería infravalorar su trabajo en la farmacia. 
-Señor, no podré ayudar si no me informa sobr...
-Zénobe yo le atenderé. -De pronto la voz del doctor McGregor haciendole un gesto al hombre, para que pase consigo al despacho. Este aliviado le sigue y ambos se encierran. Zénobe se queda molesto, reyena unos informes y archiva unas recetas. Tras quitarse la placa, observa y espera que el Doctor McGregor y el hombre misterioso, ahora con un aspecto mucho mas fresco y sano, abandonen la farmacia para cerrar. Que extraño. 
Al llegar a la cafetería en coche, aparca enfrente, y observa desde el asiento que Annie parece estar en compañía. La cafetería en realidad era una gran biblioteca donde podías tomar un café o té en los sillones, leer libros, conectarte a internet o probar repostería italiana. A Annie le encantaba pasar allí las tardes libres leyendo tranquilamente.
Zénobe observa la escena desde el coche, apaga el motor mientras mira detenidamente a un joven que conversa con Annie, la hace sonreir, y eso en parte le enfurece.
Sale del coche tras esperarla alli y se adentra en la cafetería pues parece que Annie ha perdido la noción del tiempo con aquel guaperas de cabello castaño. Parece que conversan sobre un libro, y el joven roza en ocasiones su mano con la de Annie. Eso molesta aún mas a Zénobe. 
Parece como si hubiera encandilado a Annie de alguna manera, la hace reir y parece algo atontada mirandole, pero a él no le da muy buena espina, todo lo contrario.
¿Zénobe Yvess, celoso?

Se acerca al sofá con paso firme, y ambos alzan la mirada al verle llegar, Annie da un breve respingo por haberse despistado con la hora, el joven sin embargo ladea una sonrisa que enseguida reprime al observar la fulminante mirada azul de Zénobe. Retirando la mano del hombro de Annie con rapidez.
-Llevo esperándote un rato fuera. -Frunce el ceño, sin apartar del todo la mirada del joven, que nisiquiera parece presentarse. Hace un rápido gesto señalandole el coche, diciéndole que la espera alli, sacando de la cartera unos dolares para que pague el té que se estaba tomando, dejandolo sobre la mesa y volviendo a dirigirse hacia el coche. Parece molesto. Hacía tiempo que no veía a Annie sonreir de esa manera a otro. Sí, Marcus. Pero Marcus al menos tenía la decencia de comportarse y al fin y al cabo por aquel entonces ellos dos no estaban juntos. Una oleada de pensamientos le invaden, pero trata de ignorarlos subiendo la música de la radio, Bruce Springteen. Annie no tarda en llegar y se sienta en el asiento del copiloto tras despedirse de su nuevo amigo. Parece que va a empezar a chispear y que será una noche lluviosa. Zénobe se centra en la carretera dirección a casa, observando de vez en cuando las nubes que empiezan a encapotar el cielo.
-He cogido algo de comida china para cenar. -Dice en todo serio, señalando un instante la parte de atras del depotivo, donde hay algunas bolsas de la compra. -¿Qué tal la tarde? ¿Quién era ese? -Dice por fin, algo asqueado.