Annie.
Las nubes encapotaban el cielo, evitando que se viera cualquier rastro de luz lunar. Era una noche oscura, y las corrientes de aire helado recorrían las paredes de las antiguas construcciones del centro histórico. La vida se había tornado de esa manera también: dura, fría, oscura, y sin rastro de luz. En un año las cosas habían cambiado mucho, para todos en general, y no había a quién echarle las culpas, puesto que nadie las merecía. El vaho se dibuja cuando Annie deja salir el aire de entre sus labios, los cuales se encuentran fríos y secos, y la chica hace una pequeña mueca, dejando ver su incomodidad ante su nueva situación. Se había pasado meses a "dieta", o más bien, apenas alimentándose. En algún lugar, alguien le había dicho que no era lo suficientemente pura, que no merecía estar en el lugar en el que se encontraba y ella, por primera vez en su vida, se lo había creído. ¿La razón? Ni ella misma la sabía. Así que había pasado meses sin apenas alimentarse, lo cual hacía que su hambre y ansias por sangre aumentaran y por lo tanto, la hicieran hacer sentirse peor. ¿Quién había tenido el suficiente poder para poner a Annie Massey de aquella forma? Eso era algo que la muchacha se guardaba para sí misma, como si en su interior estuviera la caja de Pandora y de ninguna manera pudiera abrirla.
Apenas podía escuchar el gran reloj sonar a lo lejos, pero contaba los segundos como si fueran imprescindibles para ella, como si fuera su manera de mantenerse cuerda. El callejón se abre paso entre la oscuridad y la chica entra en él, intentando no prestar atención a aquello que la observaba entre las sombras. Vuelve a hacer una mueca, ignorándolo por completo. No podía distraerse y no estaba de humor para bromas ni juegos. El ruido comienza a escucharse cuando se aproxima al final de la calle, y sin decir nada entra por la puerta y baja las escaleras, entrecerrando los ojos ante el barullo de toda aquella gente que parecía no entender que los verdaderos problemas estaban fuera de aquel espacio cerrado, y que allí no iban a resolverlos. Pero ahí estaba ella también, ya sentada en una de las sillas del bar, con ambos antebrazos apoyados en la madera y mirando al frente, como perdida.
-Hey, Annie. ¿Annie? ¿Sigues viva? ¡Heeeeeey! - Un chico movía la mano enfrente de ella, intentando llamar su atención. Mostraba una sonrisa en sus labios, y cuando se da cuenta de que Annie ha "vuelto al mundo real", pregunta - ¿Dónde has estado? ¡Hace mucho que no te pasas! Además, pareces cansada.. ¿estás bien?
La chica parpadea despacio, centrando sus ojos azules turqueza en el muchacho. Una pequeña, y apenas visible sonrisa se curva en sus labios, y entonces su voz se hace oír - Hola, Marcos. Un largo día, ya ves. - La chica evita responder sobre su ubicación. Duda mucho que a alguien le interese y en aquellos tiempos, lo mejor era no confiar en nadie. - ¿Qué tal si me pones uno de esos que sabes prepararme?
- ¡Marchando! - Satisfecho con sus respuestas (o eso parecía), Marcos le da la espalda y empieza a mezclar bebidas alcohólicas, entregando luego a la muchacha una elegante copa llena, la cual ella empieza a beber despacio. - Verás, tenemos gente nueva. Tres personas. Tres ángeles. -Annie deja de beber y vuelve a centrar su atención en él.
- ¿Ángeles? Marcos, te he dicho que dejes de investigar. No te metas en eso, joder, es peligroso. Eres un humano, no deberías... Además, ¿cómo se supone que sabes que..?
- ¡Eso no es justo, Annie! Además... ¡Los he oído hablar en el almacén! Y los he visto, ya sabes, esa luz que por poco me deja ciego en el callejón.. no era un coche, lo sé, y tú lo sabes también. Cuando los veas te darás cuenta de que digo la verdad. Es más, mira, acaban de llegar... no entiendo cómo los demás no se dan cuenta de lo que son...
En ese momento, Annie hace la silla girar y centra la vista en las escaleras. Mientras bajan, la chica va analizándolos poco a poco. Una joven excesivamente llamativa y femenina. Un musculoso chico tras ella, el cual no dejaba de escrutar a todos los presentes como si de un momento a otro fuera a matarlos. Y tras ellos... La chica se da la vuelta de repente, coge la copa entre sus manos y la bebe de golpe, haciendo una mueca.
-Ponme otra, Marcos.
-Pero Annie, te va a hacer daño.. ¿desde cuándo no has..?
-Ponme otra, por favor.
El chico asiente y, sin poder decir lo contrario, prepara otra mezcla de alcohol para ella. Zénobe. Sus músculos se tensan y ella siente un escalofrío. Él no podía verla así. No él. Por lo que tenía que buscar la forma de salir de allí...
- ¿ANNIE? ¿ANNIE MASSEY? ¿DÓNDE ESTÁ? ¡OOOOOOOOOOOH! ¡AHÍ ESTÁS, ESCURRIDIZA! ¿QUÉ PENSABAS, EH? ¿QUE PODÍAS ESCAPARTE ASÍ, PORQUE SÍ? - Un grito recorre el local, llamando la atención de casi todas las personas, quienes clavan su mirada en la chica de ojos azules y cabello oscuro. Ella hace una mueca, pero se da la vuelta. Sí, eso de salir corriendo de allí iba a ser un poco dificil ahora... Una chica de pelos rojizos se acerca corriendo y la abraza con fuerzas, riendo, claramente borracha. -Te quiero Annie, te quiero, te quiero, te quiero...
Ella sonríe despacio, pero una voz parece colarse entre todas las demás y llama su atención. Era el ángel que había entrado con Zénobe y el otro.
- ¿Annie Massey? ¿Esa "Annie Massey"? ¿Qué está haciendo aquí? No luce demasiado bien que digamos... - Y cuando la muchacha de ojos claros atraviesa la habitación, solo puede encontrarse con una mirada que conoce bien, y con otras dos, que ni siquiera...
- Escucha, Cam. Necesito que me saques de aquí.
- ¿POR QUÉEEEEEEEEE? ¡Vamos a pasárnosla bien, Annie!
-Sacadme de aquí. -Repite despacio, casi en un ataque de pánico.