sábado, 31 de mayo de 2014

Tal vez, sólo por esta vez.

Zénobe.
Las estrellas parpadeaban, ansiosas y espectantes de una escena, los grillos parecían haberse ido a domir, o ninguno tenía valor suficiente para frotar las alas y emitir esa melodía mientras Annie y Zeta hablaban. Escucha su nombre en su voz y se estremece.. Hacía tanto que nadie le llamaba Zeta.. En este tiempo, no dejó que nadie le llamara asi pues para él tenía mucho significado y de este modo evitaba manchar todo recuerdo.
No sigue su juego de roces entre natices, pero no se aparta, simplemente permanece inmovil y tenso, es una sensación extraña pues la tiene delante, como tantas noches a soñado, podría besarla si quisiera, pero no lo hace, no cree que sea digno de besarla en ese momento. Algo dentro de él pide tiempo, no espacio entre ellos, solo tiempo.. 

Vuelve a tomar su cintura cuando esta repite su nombre, como tratando de quererle decir algo, pero la eleva de sus pies y la deja en el suelo, liberándola y esperando que esta diga algo. Sin embargo parece no decir palabra y por ello Zénobe comienza a hablar nervioso, rompiendo el silencio.
-Annie... No quiero que nos precipitemos haciendo nada... No creo poder aguantar  volver a despedirme de ti.. 

No quería volver a sentir ese dolor de perderla de nuevo, por eso, prefería seguir viviendo en un estado de embriaguez emocional donde si por algun causal, ella volvía a marcharse o sus caminos se separaban, evitaría todo dolor comparable al suicido. Quería estar con ella pero al mismo tiempo no confiaba en el destino, ¿No había sufrido ya bastante? 

-No te haces una idea de como ha sido estar sin ti.. En ocasiones te veía detras de mi en el espejo, otras parecias rozar mi mano cuando paseaba.. Y la tortura más grande es que mi instinto interior te llamaba, transformándome en un ser completamente... Dependiente de ti. 
-Dice, agachando la mirada y fijándose en los azulejos del parque- Creo que deberíamos estar un tiempo algo más.. -Trata de buscar una palabra adecuada, sin conseguirlo- Lo que te pido.. Es que no te separes de mi... Pero que guardemos las posturas... Yo seré tu ángel, pero necesito tiempo siendo tab solo.. Tu ángel. -murmura esta última palabra, alzando entonces la mirada para toparse con los húmedos ojos de ella, al igual que sus mejillas, que pronto seca sl posar con cuidado las manos en su rostro y besar con cuidado su frente. Tan solo un beso en la frente, pues Zénobe ha perdido confianza en si mismo, y desde entonces, no se cree lo suficiente bueno para ella, no cree ser especial para alguien como Annie.

-Voy a estar contigo -dice en su barbilla, volviendo a besarla- Y no importa que hagas Annie, no me importa que me hagas.. Siempre voy a encontrar perdón para ti, pequeña.

"Él era su estrella fugaz, y sin él, ella estaba perdida."

Annie.

El mundo parece ir más despacio en cuanto sus brazos la envuelven otra vez, ella incluso podría jurar que se ha detenido. La calma llena su interior en cuanto siente sus manos en sus omóplatos, justo en el lugar donde sus alas saldrían si tuvieran que hacerlo, inundándolos a ambos en luz. Sus brazos se envuelven alrededor de su cuello, volviendo a enredar una de sus manos en su cabello, manteniéndolo de esta forma en la posición en que se encuentra: lo suficientemente cerca como para que ella pueda sentir el palpitar de su corazón en su propio pecho, marcando una sola melodía. Por un momento ha dejado de llorar, y se permite sentirse a salvo, como si lo demás hubiera dejado de existir y solo existiera ese lugar, con dos seres de luz abrazados en una oscuridad no tan insegura.

Zénobe traía vida, traía todas las cosas buenas que ella podía recordar. Él traía la sensación de una caricia en la espalda al despertar, las palabras de una mirada enamorada, aquellos momentos que sólo existían en recuerdos,a los que ya no se podía regresar. Zeta era la luz de una estrella fugaz, y sin él, ella estaba perdida. 

Su voz hace que su piel se ponga de gallina y un escalofrío la recorra una vez más. Ella lo abraza un poco más fuerte, apegándolo a sí misma, sin querer que se separe. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había tenido así de cerca. No responde en ese momento pues siente que lo único que puede decir es que quiere que la perdone por todo lo que ha hecho, o quizá por todo lo que ha dejado de hacer. La mano que le queda libre baja despacio por el perfil de su cuello, sintiendo al mismo tiempo la caricia de sus labios en su barbilla. Abre los ojos despacio y mueve ligeramente la cabeza. Gracias a su ayuda, ahora puede apoyar su frente sobre la suya y, a pesar de que hace un ratito que ha dejado de llorar, sus ojos azules siguen empapados. Ella parpadea, sus pestañas moviéndose ligeras, como si de alas de una mariposa se tratase y se queda observándolo otra vez. Aquella mano que perfiló su piel se posa en su mejilla, acariciándola despacio, mientras que su nariz se mueve de la misma forma, trayendo el recuerdo de aquellos adolescentes que jugaban a quererse y nunca separarse entre las paredes de un apartado internado...Solo que el juego era real, tanto que podía sentirlo todavía, incluso cuando los años habían pasado por ellos.

-Zeta...

Su voz rompe el silencio después de unos minutos, y se queda así, sin saber realmente qué decir.

Quizá el problema era que no necesitaba palabras, que aquellas miradas lo decían todo desde el primer momento. Que por mucho que quisiera expresarse,  la única persona que podía indagar en su alma y llegar a conocerla como realmente era, era él. Y entonces todo desaparece: el dolor, la inseguridad, la pena, la culpa, el miedo. Zénobe se lo lleva todo con su simple presencia, y él nisiquiera sabe lo especial que es para ella, porque la chica nunca ha llegado a decírselo. Ha perdido todas y cada una de las oportunidades que ha tenido para decirle todo lo que guarda dentro, y aunque sabe que no tiene que decirlo en voz alta, siente la necesidad de que todo el mundo lo sepa.

-Zénobe.. -vuelve a susurrar, dejando que su labio inferior tiemble esta vez.


Como las primaveras..

Zénobe.

Zénobe tenía en su memoria una selección de sensaciones que no cambiaría por nada. Una de ellas, era el tacto de las hojas de trigal entre sus dedos, le gustaba ir al campo tan solo a pasear entre los trigales y rozar las yemas de los dedos entre los ramizales. Otra, era el tacto de las escamas de los peces, incluso en ocasiones se pasaba por las pescaderías para tocar de forma furtiva el pescado recién traido, era una sensación agradable a favor, pero a la contra las escamas se volvían lijas, y eso le producía una sensación de tranquilidad absoluta. Pero entre todas esas variedades de tactos estaba el suyo, el de Annie. El de su piel. No hacía falta tocarla, tan sólo sentirla cerca, sentirla junto a él. Era para él un tipo de vicio que le encantaba, siempre disfrutó acariciando su piel, jugando a besar las delicadas pecas de sus mejillas, especialmente cuando se tornaban rosadas por el sol, como las flores de cerezo en primavera. 

En un instante se siente abrazado por ella, tan pequeña a comparación de su cuerpo, se deja abrazar pero no reacciona, se limita a intentar mantener la compostura y escucha sus palabras... Trata de estar tenso. Zénobe es un romántico de los que no quedan, se deja llevar siempre por los sentimientos que en ocasiones resulta ser ingenuo. Alza ligeramente los brazos como para cerrar ese abrazo, pero de pronto ella se aparta.. 
Se aparta y se aleja.. Zénobe se arrepiente de no haber sido algo más rápido esta vez. Y a pesar de observala, concentra casi toda la atención en que no se le parta el alma al verla así.. Zénobe, Zénobe, Zénobe... dice una voz en su interior, como medio regañándole con ternura, tal y como solía hacer su padre cuando era un crío siempre que pillaba a este metiendo la mano en la lata de las galletas. 

Pero sus palabras le derriten poco a poco el corazón, es debil y no puede hacer nada para cambiar eso. Escucha su sollozo y acude a este firme y fiel, tomándola con cuidado con la cintura e incorporándola de nuevo junto a él, pegándola a él, abrazándola por la espalda y apoyando el rostro en su hombro. Su respiración es algo agitada y le tiembla el pulso, ella lo nota, pero eso no le impide hacerla girar sobre sus talones y alzarla hasta posarla sobre sus pies, dejándola sobre los zapatos de este para que la diferencia de altura sea menor, y la abraza, tratando de ignorar el "No tienes remedio.." de su interior, pues nadie mejor que él sabe que por mucho que esta pudiera hacerle, estaría con ella como si fuera un tipo de hechizo que no le dejara alejarse. Tan sólo se iría si esta se lo pidiese. Y se iría lejos, se aseguraría de cambiar de continente, cambiar de aires, incluso, cambiar de mundo si fuera necesario.

Una ráfaga de aire frío recorre los cuerpos de estos, y él la estrecha con suavidad contra sí, posando una mano en su cintura y la otra en los homoplatos.

-Yo también te he echado de menos... Annie. -Susurra en su barbilla, depositando ahí los labios. Annie. Que bien suena en su voz otra vez. Annie. Así, fresco pero lleno de antiguas historias, Annie, como las primaveras.

"Lo siento."

Annie. 

Sus estrellas estaban allí, tan impresionantes como siempre. Casi como si pudiera leerlas, la chica se concentra en ellas, sintiendo cada vez más cerca los pasos de Zénobe, aunque esta vez...el sonido cambia. Pumpumpumpum. Ella baja la mirada despacio, clavándola en el suelo. Está nervioso, y lo sabe por la melodía de su pulso acelerado. Cuando su voz suena la muchacha siente un escalofrío recorrerla y en ese instante clava su mirada azulada en él, asintiendo cuando dice que ha recibido la nota. ¿Acaso dudaba que era para él? Una vez más en la noche, siente sus dientes morder su labio inferior, el cual tiembla de forma repetitiva. Entonces, tras un largo suspiro parece decidirse. Deja que su cuerpo se mueva solo y se acerca a Zénobe, dejando una corta distancia entre ellos. En ese instante sólo le observa, centrándose en cada uno de los detalles que se había perdido en un año. El filo que había tomado su mandíbula, el nuevo corte de pelo, aquel mechón que, travieso, jugueteaba con el aire frío en su frente, y sus ojos, oh, aquellos ojos azules que se encontraban demasiado tristes como para que ella no se sintiera responsable. Aquellos ojos que dejaban ver toda la nobleza que Zénobe poseía en su alma. Desde el momento en el que había entrado en su vida la había salvado. Había alejado sus demonios y la había hecho entrar en razón, guiándola por un camino diferente. Y ella se había dejado llevar por él porque... ¿cómo no hacerlo? ¿Cómo no dejarse llevar si su amor era mucho más grande que cualquier universo?
Traga saliva y entrecierra los ojos, entonces susurra:

- Lo siento, Zeta.

Y se refería a todo. Al hecho de no haber podido ser lo suficientemente fuerte, a haberse dejado ganar por inseguridades, por aquellos que no lo merecían. Por parecer que se habia rendido cuando también luchaba  contra sí misma.  Por la última noche, por su ataque, por su sed, por la forma en la que lo trató, sin decir palabras, sólo actos llevados por impulsos. Levanta la mirada y se fija en su cuello, el cual muestra una pequeña sombra en donde sus manos habían apretado la semana pasada. Traga saliva, volviendo a sentirse culpable. Pero... ¿cómo decirle que ha estado ahí en cada momento? ¿Cómo expresar con palabras lo que le ha echado en falta? Entonces camina, llenándose de valor y en un momento se encuentra abrazándole, dejando que sus manos se posen en su nuca y enreden levemente sus mechones entre sus dedos. Una vez más, su perfume la embriaga y por unos segundos cierra los ojos y se inunda del anterior, aguantando la respiración por un momento.

Las lágrimas se deslizan suavemente por sus mejillas, y ella puede sentir como sus pestañas rozan su piel, húmedas. Lo suelta un poco, ya que realmente no sabe si se encuentra cómodo, pero antes de dar un paso atrás, pone ambas manos sobre sus mejillas y lo mira a los ojos, dejando que después de tanto tiempo, alguien viera detrás de la muralla de hielo que había hecho a su alrededor.

- Sabes..sa..sabes que preferiría hacerme daño a mi misma antes que tocarte, Zénobe... Lo siento, lo siento, mi ángel, lo siento.. -Susurra con voz rota.

Da un paso atrás e inmediatamente le da la espalda, intentando calmarse. Segundo dia que le ve y ya está en el suelo. Su respiración vuelve a cortarse y ella agacha la cabeza, intentando acallar su propio llanto, pero no puede dejar de susurrar que lo siente, que la perdone por haberle hecho pasar por eso.

-Lo siento, Zeta... -No podía sentirse más pequeña, y más rota.- Te he echado de menos..

Lo suelta sin darse cuenta, pero sin arrepentirse. Es algo que le ha salido completamente del alma, y espera que él pueda creerle.

"Leí la nota".

Zénobe.

Se trataba de Annie, estaba allí a su lado, hablando con esa voz tan suya, tan dulce, tan.. Sacude la cabeza un instante, como negándose a si mismo el hecho de pensar en ella. Le hacía mal tenerla tan cerca pero a la vez tan lejos. Escucha la conversación en silencio, intentando permanecer lo más quieto posible, como si fuera un tipo de camaleón. Le ha parecido extraña la intervención de Annie en la escena justo cuando Marcus prentedía confesarle algo, y eso le ha desconcertado.. Probablemente Marcus fuera un simple humano aturdido por tanto secretismo, tal vez se pensara que eran un tipo de club del libro o una asociación anónima que investigaba.. ¿ovnis? Tal vez. 

Le hace volver en si el roce del papel contra su mano, y observa el papel, suspira y justo cuando pretende mirarla, para ver de que se trata, ella ya no está ahí, pero la busca por el local rapidamente y la ve saliendo por la puerta hacia el callejón. Curioso, despliega el papel 
"El parquue del reloj, en cuanto la siguiente canción suene". Un escalofrío le recorre el cuerpo lleno de emoción, de miedo a lo desconocido, pero ansioso por conocer más. Saca de la cartera un par de billetes y los deja sobre la barra, haciéndole un gesto de despedida a Marcus, y este sonríe amablemente diciéndole adiós con la mano.

Sale por la puerta del callejón sigiloso, introduce las manos en los bolsillos del pantalón y camina algo incorvado por la solitaria calle. Busca con la mirada el parque y lo encuentra unos metros más arriba. Camina cada vez más lento, practicamente desliza los pies por el suelo en silencio, y mira hacia el cielo. El vaho del frío dibuja formas entre las estrellas, parece una noche despejada y tranquila. Apenas se escuchan unos grillos cerca de los arbustos cuando Zénobe hace su aparición en escena. La ve ahí de pie, observando las estrellas y apreciando aquella obra. Este sigue su mirada y contempla también el cielo, se puede ver la vía lactea y algunas constelaciones, como si el cosmos estuviera espectante de los hechos.
Baja la mirada y la busca nuevamente, acercándose un poco más hasta quedar a unos metros, guardando las distancias, pues desconoce el motivo de su encuentro aún. Esconde los labios en los cuellos de su camisa negra, al igual que los pantalones. Se escucha respirar, y siente el calor de su aliento entre el cuello de la camisa y la piel, pues Zénobe siempre guardaba calidez en su interior.
Carraspea hasta que finalmente encuentra su voz entre tanto nerviosismo.
-Hola... Annie. -Murmura su nombre, pues hacía tanto tiempo que no lo decía en voz alta que le ha resultado hasta extraño. Se siente nervioso, y se saca las manos de los bolsillos para dejarlas sueltas, a pesar de llevar el pelo corto, cae un mechón de pelo de su flequillo, y la observa tras este con unos ojos azules, que buscan entre disculpas y cariño alguna palabra. 

Zénobe apenas ha cambiado, el tiempo no pasa por su cuerpo, tal vez tenga los hombros más anchos, tal vez la mandíbula más perfilada.. Pero sigue teniendo un niño en su mirada.

-Esto.. yo.. leí la nota.. -Dice, prensando los labios pues cae en la cuenta que tal vez la nota no fuera para él, tal vez fuera para el chico de la barra, parecían llevarse tan bien, por su "lo de siempre" Zénobe sabía que frecuentaba el bar, o que aquel joven conocía sus gustos más íntimos.. En parte, no le extrañaba nada.. Annie estaba preciosa. Qué dices Zénobe, Annie es preciosa.  

"This time, it´s not about angels.´"

Annie.

     Una pequeña curvatura en sus labios deja ver la pequeña mueca que Annie ha dibujado al ver como Zénobe aparta la mirada, suspirando de forma honda y un poco confusa. ¿Qué se supone que debería hacer? La última vez que le había visto ella había perdido en control, se había dejado llevar por el dulce aroma de su sangre.. "Para, de verdad. Tienes que pensar en otra cosa. Si sigues echándote todo encima va a ser imposible que vuelvas a ser quién eras" . Escucha sus pasos alejarse y muerde su labio inferior para hacer que deje de temblar. El hecho de tenerlo tan cerca y no poder hacer nada la estaba matando. Empezaba a pensar que realmente había perdido a una de las personas más importantes de su vida, a aquel amor que nunca moría y siempre la había mantenido en pie. Siente una mirada clavada en ella y cuando se gira, la chica que acompaña a Zénobe la está observando, como queriendo recordarle que no puede acercarse más de lo debido. ¿Quién era, y a qué se debía su obsesión? Era gracioso, ya que si Annie quisiera acercarse, lo haria. No había quién podía mantener a aquellas dos almas perdidas alejadas, y menos cuando, al parecer, el destino volvía a juntarlas...

Tras un rato de distracción en el Almacén, enseñando algunos movimientos y tácticas para una defensiva, Annie baja las escaleras despacio, repartiendo cordiales sonrisas a aquellos con los que se cruzaba. Todos los ángeles se sentían emocionados debido a la nueva distracción o más bien, la nueva "clase". Muchos de ellos no habían sido entrenados de forma correcta para una batalla que podría desarrollarse en cualquier momento, en cualquier lugar... y cuando la oscuridad está tan cerca, no se puede perder el tiempo. Algunas personas habían cambiado la opinión con las que se habían quedado la semana pasada, casi creyendo los rumores sobre "la luz".  El ruido de las voces de los humanos hace que vuelva al mundo real y frunza el ceño, respirando hondo: tiene que llenarse de valor e ir a hablar con él. Debía decirle la verdad. Debía decirle que lo sentía, que lo había echado de menos, que... Recorre el lugar con la mirada, a pesar de que está lleno de gente... y ahí está. Su espalda se curva tensa, mientras que parece apoyar su peso en la barra de madera y, enfrente de él, Marcos. Ella hace otra mueca y echa a andar, evitando las conversaciones y parece llegar en el momento exacto:

-Te he visto entrar al Almacén, ¿sabes..? Sé lo que soi...

-Y tú no escuchas y te vas a meter en un buen problema. -Los brazos de Annie se cruzan en su pecho, mientras que Marcos da un salto y se queda mirándola, o más bien, examinándola, sorprendido. Él no era más que un humano (demasiado curioso para el gusto de Ann, pero aún asi, una buena persona)  - Deberías escucharme de vez en cuando, antes de que algo malo te pase, ¿sabes?

- ¡Annie! - Una sonrisa alumbra su rostro tras escucharla. - Luces distinta, ¿te has..?

- Y tú estás cambiando de tema, Marcos. Enserio, tienes que parar. - Ciertamente lucía distinta, pero ese no era el caso. Marcos había notado que ella se había alimentado, y de una forma u otra parecía que aquello hacía al chico sentirse mejor, o más bien, menos preocupado. - Lo de siempre, por favor.

- ¡Marchando!

Cuando el chico le da la espalda Annie se humedece los labios, mirando a Zénobe de reojo. Estira la mano, toma una servilleta y la acerca a sí misma, buscando un bolígrafo con la mirada y cuando lo encuentra (unos centímetros más allá), lo toma. Entonces su mano se mueve despacio, dobla la servilleta y la desliza hasta que se topa con el vaso de alcohol que Zénobe sigue sujetando como si se le fuera la vida en ello.

"El parque del reloj, en cuanto la siguiente canción suene."

Recibe la bebida que Marcos le brinda y asiente despacio, dedicándole una sonrisa para luego beber de golpe lo que tenía frente suyo. Su garganta quema otra vez. Entonces, una nueva canción empieza. La chica se levanta despacio, dejando restos de su aroma en el aire y se dirige a las escaleras que la llevarán al callejón, desapareciendo en la oscuridad.

El parque se encontraba desierto, y ella casi podía sentir el vacío dentro de sí misma. A pesar de que se había alimentado Annie seguía sintiéndose culpable, seguía sintiendo aquellas palabras como balas, atravesándola. Su rostro escruta la oscuridad cuando escucha unos pasos acercarse, tensándose completamente. ¿Zeta? Dice en su interior, como si por alguna casualidad él pudiera escucharle todavía.


Las peores quemaduras pueden ser de hielo.

Zénobe.

Solía dormir con las puertas de la terraza abierta, le gustaba la sensación de estar arropado, sentir calidez pero al mismo tiempo oler la frescura del rocío por la mañana. Desde la calle tocaban dos músicos el violín y violonchelo, se trataba de una música melódica que despertaba y hacía amanecer a todos los seres del lugar. Zénobe se retuerce en la cama despertándose, siente algo de frío.. Anoche se dejó caer sobre la cama, y la gelidéz de la noche se apoderó de él. Frota la cara contra la colcha y entonces cae en la cuenta de su nariz, pero sin embargo no hay rastro de sangre en ella. Siente incomodidad al levantarse de la cama, su ropa está sucia y siente cierta angustia por ello, se deshace de ella, rápidamente, quedándose tan solo en unos boxers color blanco perla. Se agacha frente la jaula de pájaros que tiene próxima a la terraza, allí se encuentran dos pequeños diamantes de Gould, dos pequeños pajaritos australianos de vivos colores que disfrutaban de un baño en un cuenquito de agua que Zénobe les dejaba listo, la jaula siempre estaba abierta, pero los pájaros siempre que salían a la aventura, volvían a su hogar, pues sentían afinidad con su dueño. 

El agua comienza a correr en el baño mientras Zénobe se desnuda frente al espejo, se examina el cuerpo, especialmente el cuello, lleno de marcas... Las cura con sumo cuidado, y se sumerje en un baño de espuma.. El agua deja su piel perlada, se deja resbalar por la porcelana de la bañera hasta que su cabeza queda sumergida. No abre los ojos, simplemente se centra en escuchar el sonido de las ondas del agua, la melodía de la calle entrando por la ventana, y suspira, pensando en la noche anterior... Tal vez aquello fue un aviso para no acercarse a ella, tal vez deberían seguir sus caminos separados... como lo habían hecho hasta ahora. "Mi pequeña Annie", piensa por un momento antes de sacar la cabeza del agua, volviendo a suspirar. "Annie. Suya, no mía". 

La semana ha sido larga, Zénobe apenas hace mucho ya, siempre ha tenido dinero asegurado para toda una vida y más, pero le gusta sentirse útil, ayuda en comederos sociales, haciéndole los recados a su vecina La señora Bipsy que desde que perdió a su marido en la guerra, se distrae contando historias y dando largos paseos con Zénobe por el parque, otros días participa en actividades en el orfanato, donde le toman como a un hermano mayor. 

El viernes llega a casa tras haber ido a la mañana a Willowtown, y haber hecho un par de recados en el mercado, el papeleo matutino.. Sabe que debe acudir al local ese viernes, que Meredith y Eros vendrán a buscarlo hoy a la noche, y sobre todo está totalmente mentalizado de que puede volver a ver a Annie allí, o tal vez, lo que queda de la antigua Annie. 

Las nueve y media. Tocan a la puerta. Meredith.
-Zénobe.. ¿Qué tal? -Dice mientras este le abre la puerta a su casa, y termina de colocar una manta sobre el regazo del sofá, encogiendo los hombros, mirándola tan solo un instante.
-Bien, estoy mejor. -Asiente, algo frío, pero las palabras de Meredith traian consigo cierta preocupación, y se lo agradece, por lo que intenta cambiar de tema para no molestarla- Esta mañana estuve en Willowtown, en el mercado. Había una gran cantidad de frutas.. exóticas sobre todo. Tal vez algún día podamos ir. 
-Sí, eso estaría bien.. -Dice ella, agachando la mirada, apartándose un mechón de pelo del rostro y dejándoselo tras la oreja- Te espero abajo, está Eros en el coche.

Los tres acuden al local, y para sorpresa de Zénobe, se topa con un Husky que viene a recibirle con amor y ternura, rozando la cabeza y el lomo contra su pierna. Zénobe lo reconoce y se agacha a acariciarlo y a rascarle la barbilla. Sonríe cuando Tonca anicha los ojos ante aquel masaje y por ello, aprobecha esa fuente de mimos recostándose sobre el regazo de Zénobe durante la charla. Esta vez al menos, parece más interesante. En el ambiente hay una tensión y un divertido jugueteo por las armas, algunos las examinan con las manos mientras otros lanzan estas hacia un tablero preparado para ello. Sabe que Annie debe estar ahí, pero deja de que el azar decida por él, no quiere volverse a ver en la misma situación de hace una semana.
Eros le acerca una copa, moja los labios en ginebra y los saborea, Meredith observa con detalle sus movimientos pero algo llama su atención y pronto desaparece. Zénobe bebe su copa y después pasea por la estancia hasta acercarse a la mesa donde se depositaban las armas. Ella.. estaba ahí. Se acerca silencioso, no lo suficiente pues esta se gira, y ambos quedan frente a frente, a unos metros. Zénobe la mira a los ojos, pero pronto desvía la mirada al suelo. La situación le  parece incómoda y nisiquiera sabe que decirle. Nisiquiera sabe, si ella quiere recibir una sola palabra de él. Se lleva una mano al flequillo y se lo echa hacia atras como de costumbre. En su rostro no hay ningun signo de felicidad, pero tampoco de tristeza, es totalmente neutro. Sin embargo, la mirada perdida en el suelo habla por si sola. 
Alguien pasa por detras y roza su hombro, entonces vuelve en si y reacciona. No quiere molestarla, no quiere hacerla sentir mal o presionarla al hablar. Por ello se gira, buscando la salida cuando de pronto Meredith se le acerca con una daga, y curiosa se la enseña con fascinación. -¿Has visto la empuñadura? -Zénobe asiente pero susurra cerca de ella. -Voy al bar, no me apetece estar aqui. -Y tras eso, se dirige hacia la puerta, bajando las escaleras despacio. Meredith ha seguido su recorrido con la mirada, pero intenta sonsacar el motivo de que esté asi, y dirige la mirada hacia la mesa de armas. Allí está ella. Supone que han hablado y eso la enfurece, no quiere verle mal. La mira a los ojos, lanzándole una mirada de atención, y luego vuelve con Eros y otros ángeles.

Abajo, Zénobe se sienta en un taburete de la barra, y el joven camarero se acerca a él con rapidéz ignorando a los demás clientes, como si hubiera atraido la atención del muchacho. Y en parte, era así, pues Marcus estaba lleno de curiosidad por saber más sobre esos seres. 
-Ponme... un combinado. -Encoge los hombros, y el joven prepara con agilidad la bebida, decorándola con un limón. 
-Ahí tienes. ¿Mala noche? -Pregunta, haciéndose el loco- El alcohol a veces sirve para ahogar las penas.
-Mala racha. -Dice Zénobe, sonriendo amablemente. Sin embargo, le resulta algo extraño el comportamiento del joven camarero, pues se le ha quedado observando mientras seca un vaso con un trapo, como tratando de sacarle cada pequeño detalle. Entonces se aproxima nuevamente hacia Zeta, apoyándose en la barra.
-Sabes.. yo soy un simple camarero, pero se guardar muy bien los secretos. -Dice Marcus, mientras habla con Zénobe, ordenando la barra y recogiendo copas de algunos clientes, pues el bar comienza a vaciarse poco a poco.
-No es cuestión de secretos... -Zénobe alza una ceja, pues no comprende las segundas intenciones del interés del joven, terminándose el combinado de un trago. Niega cuando este le pregunta si desea tomar otro, pues nota algo de calor ya.

Parece que la gente va saliendo la charla, están algo revoloteados, cuentan cotilleos entre si y los más jóvenes salen haciendo gestos ninjas tras la emoción de la prueba de armas. Mira de reojo la escalera, saludando a algunos con la cabeza o un simple gesto de mano. Mientras, espera sentado, jugando a deslizar el dedo por el filo del vaso, creando una melodía. 

"Un segundo sin pensar en ti."

Annie.

  Se siente mareada otra vez, por lo que mantiene su mano sana pegada la pared, haciendo una mueca ante es escozor que la otra le produce: sigue sangrando, derramando poco a poco su fuerza vital. La voz de aquel ángel repelente comienza a angustiarla; Annie no necesita más demonios que los que ya tiene. No responde, sabe que no lo tiene porqué. Levanta la vista y la clava en el chico musculoso. Zénobe se ha ido, lo cuál hace que Annie se derrumbe un poquito más, si es que era posible. Aquel muchacho se había dado cuenta, por eso no se ha acercado a ella, por eso no le grita nada. Zeta debería saber aquello que ella no se atrevía a decir, pero ¿cómo? nisiquiera le había mirado a los ojos...

Una figura aparece en el cielo y baja, soltando un gruñido mientras mira a los dos desconocidos. Tonca. Ya no es un dragón tan pequeño, y parece lo suficientemente furioso como para dejar a aquellos dos a raya. Annie niega, da un paso adelante y se sube en su lomo, bajando su cuerpo hasta casi quedar acostada, sin fuerzas. "Vámonos, Tonca.." Susurra en su interior y el animal toma vuelo, sacándola de un infierno que se había convertido en realidad.
La noche se marcha más rápido de lo debido, dejando que el día llegue e ilumine toda la ciudad, sin embargo, para Annie todo sigue siendo oscuro. Ha dejado de llamar a Zénobe en silencio, y al parecer, la fiebre y alucinaciones han pasado también. Aquello era lo que pasaba cuando Annie no se alimentaba. Anoche lo había entendido, o al menos, así lo había interpretado. Los ángeles no iban a comprenderla, nunca lo harían. Y Zénobe... Sus ojos se abren despacio, de un color azul tan puro que parecia que brillaran solos. La chica hace una mueca ante el dolor de cabeza y se lleva la mano a esta, como si así pudiera calmarlo. ¿Y Tonca..? Annie suspira, ya que supone que ha ido a dar una vuelta. Se pone en pie y camina despacio hasta una nevera que se encuentra justo frente a la cama deshecha, la abre y recoge de ésta una bolsa semiabierta que contiene sangre humana. Ella sabía la solución.. Sabía que para volver a ser ella misma debía beber una entera, o quizás más, pero eso la convertiría en... Traga saliva, abre la bolsa y coloca la parte superior entre sus labios, dejando que aquel líquido cubriera su  garganta y la llenara de vida, de fuerza.. Cuando la termina mira hacia abajo y entrecierra los ojos, tomando otra entre sus manos, abriéndola sin pensar y acabándola en menos de un minuto. Tira el plástico y vuelve a su cama, sentándose. La herida en su mano comienza a curar, despacio. Las ojeras desaparecen. Todo signo de la Annie de la noche anterior termina sin dejar rastro, devolviendo de repente el ser que solía ser, a pesar de que aquellos ojos azules seguían reteniendo tristeza, melancolía y sobretodo, culpa.

Los días pasan lentamente, torturándola. No sabe si volverá a ver a Zénobe otra vez, pero tiene miedo. Quizá él ya siguió adelante. Quizá aquella chica... Sí, tenía que ser eso.
La noche del viernes llega antes de lo previsto, tomándola por sorpresa. El Almacén la espera. Ha estado alimentándose, por lo que la antigua Annie parece estar de vuelta. Tonca no había regresado, pero en su interior, la muchacha sabía que ella estaba bien. Uno, dos, tres... las escaleras hacen que suba y se aleje del griterío de los humanos. La puerta se abre despacio. Todos están dentro ya. Para su sorpresa, su mascota está ahí también, sentada en forma de Husky entre las piernas de Zénobe, pero en cuanto la ve suelta un ladrido, a lo que Annie devuelve una sonrisa. Tonca parecía feliz, reflejando que su dueña volvía a ser lo que solia ser.
La habitación se queda en silencio en cuanto ella da un paso dentro y cierra la puerta tras de si. Retira suavemente su chaqueta, la coloca en uno de los percheros y comienza a andar, haciendo caso omiso a los cuchicheos. Se sienta más adelante y apartada, como queriendo mantener la distancia con todos.  Mira a su ángel por el rabillo del ojo y hay algo que la molesta: aquella chica acosa, como queriendo decirle que no se acerque o terminará tirándosele al cuello. Annie niega, rodando los ojos, y vuelve la atención al ángel superior, que entra en la habitación con diversas armas que ella ya conoce, y comienza a explicarles su uso, y lo peligrosas que pueden llegar a ser en manos equivocadas. Cuando la charla termina, todos están invitados a tomar una de las armas y practicar con ella (aunque sin matar a nadie). La chica sigue en su silla, pensando en uno de los casos que ha atendido esa semana, cuando de repente alza la vista y se encuentra con los dos chicos que la habían molestado en el callejón.

Se pone de un salto, de golpe y suelta un pequeño gruñido, a lo que ellos responden dando un paso atrás. Tienen cicatrices, por lo que ella supone que ha sido..Zénobe. Los deja ir tras escuchar de sus bocas un "lo siento, de verdad", y en un segundo siente el filo de una de las espadas tocar su espalda. Gira suavemente y se encuentra con aquella chica, otra vez. No se había acercado, pero sin embargo ella había venido a ella. Los dos muchachos parecen escrutarlas del otro lado de la habitación. Annie permanece inmóvil, sintiendo el filo ahora en su vientre, pero no duele porque no parecen sus intenciones.

- ¿Y bien? ¿Qué crees que vas a hacer con eso? - La voz de Annie suena distinta esta vez, haciendo que el ángel frente a ella se sorprenda. Una pequeña sonrisa curva en su rostro y estira la mano, apartando la espada y negando despacio.- Mejor deja de jugar con eso, ¿va? Es peligroso en manos de quién no sabe utilizarlo.

Calmada y evaluando sus movimientos, Annie se aparta, acercándose a la mesa. Toma un cuchillo con ciertas marcas en él entre sus manos y roza su filo despacio, clavando la vista en el frente cuando siente una presencia tras ella. Mira la pared del frente y suspira, dejando el cuchillo en la mesa y volviéndose despacio, para encontrarse con la persona a la que menos quería enfrentarse pero si que quería consolar. Su Zénobe.

No son buenos tiempos.

Zénobe.
La sensación de la fría pared le hizo estremecerse, se encontraba arrinconado y tomado por el cuello de la persona por la que él, claramente daría la vida. A pesar de la rapidéz en la que se han dado lugar los hechos, Zénobe controla el instinto de querer defenderse, se retiene y trata de no mirarla a los ojos, por que esos... No son sus ojos. 
Su pecho se mueve al mismo ritmo que su respiración, entre jadeos, sabe que la situación ha pasado a ser extremadamente peligrosa. 
Comienza a caer el rocío de la noche sobre sus párpados cuando nota el filo de sus colmillos recorrer su piel, en parte es una sensación agradable, entre morbo y desesperación. 
Mantiene el cuello tenso como si de ess manera los afilados colmillos de Annie no pudieran atravesarlo. Ingenuo. 
La escucha hablar, y entra practicamente en un estado de embriaguez, cierra los ojos y siente lo que en muchos años no sentía: miedo. Es un miedo dulce, si ella necesitara sangre él se la daría, si necesitara matar él moriría.. Era un dolor semejante a un martírio, habría sido dulce como el sufrimiento de un tatuaje. Por ello no la aparta, está listo para morir para derramar sangre o morir si era necesario. 
Su insinto en ocasiones trata de escaparse de esa encerrona, pero se resiste, dejandose hacer todo por ella..

La sangre humedece sus labios que son practicamente besados por la Annie más oscura, el olor a hierro, perfume y las calles mojadas ambientan los escasos centimetros que les separa.. Y de pronto voces. Eros y Meredith.
Una fuerza aparta a Massy del suelo pero Zénobe no reacciona, se ha quedado ahí, inmovil. Escucha la voz de Meredith pero no hace esfuerzos en comprender el mensaje. Simplemente se queda observando a un charco del suelo, a colo las hondas de la lluvia dibujan óvalos en la superficie con ira.

De pronto nota una mano en su mejilla, la joven trata de inspeccionar los ojos de Zénobe pues estaban en un color intenso que rozaba casi el negro. Eros lo toma del brazo y le lleva consigo unos metros más atras, se deja llevar, apenas trata de mantenerse en pie mientras Meredith hace desaparecer los cuerpos inmoviles pero con vida del suelo.

De pronto, un silbido.
Le recordaba tanto ese melodico sonido a la llamada de Tonca. Tonca... Su mundo empieza a derrumbarse, y se lleva las manos al cuello perfilando con los dedos una zona que le produce dolor,  donde mañana probablemente decoren hematomas.. Alza brevemente la mirada, un escaso segundo al cielo y observa una imagen borrosa, la lluvia cae por su joven rostro y mojandole la piel.
Se gira buscando el equilibrio de Eros y se suelta comenzando a andar, hundido en agua y en una sensación extraña, siente traición y melancolía, aquello le supera y es mayor a su fuerza emocional,  Annie estaba tan cambiada.. No era ella, llevaba a su gemela casi bordeando su alma y llenándola de oscuridad y malícia.
-Zénobe, Zénobe.. -dice una voz femenina que corre tras él hasta cogerle del brazo, pero este la aparta con suavidad pues no quiere compañía, y comienza a andar calle abajo para tratar de buscar una salida al laberinto de casas, arrastrando los pies y escuchando la escena de fondo.
-¡NO QUIERO QUE TE VUELVAS A ACERCAR MÁS A ÉL! ¿ENTENDIDO?-Eros trata de calmar a la joven que parece proteger a Zénobe de Annie y la retiene para que no siga a Zeta, pues Eros sabe que él va a estar bien, que necesita soledad y tiempo. Ha visto en sus ojos algo que hacía tiempo que no veía: la fuerza de un vínculo fuera de todo lo posible en el mundo terrenal. Eros ha captado que es Zénobe el ángel guardian asignado a Annie, y tal vez ese haya dido el motivo de el inexperado reencuentro del destino. Sabe por su madurez y años de experiencia que Zénobe se hubiera dejado matar por ella si fuera necesario, habría derramado toda su sangre sin preámbulos solo para saciarla. Por ello le observa calle abajo mientras un ser aparece del cielo, en la búsqueda y rescate de la joven.

Zénobe se gira un instante, apenas ve nada, solo formas y cuerpos más alla de la membrana de agua y lágrimas de ira e impotencia que cubren sus ojos. Y es que siente ira, ira como nunca la había sentido. Sabe que ella le ha perdonado la vida pero él no se merecía aquello, se siente traicionado y en parte unas oscuras voces comienzan a rondarle la cabeza: "ella ya no te quiere, te odia..", "Ha estado a punto de matarte tan solo por saciar su sed..", "Ella ya no te necesita" , "Su poder es tan fuerte que puede tener a otros.. " , "Si no te ha hincado el diente es por que te tiene asco.. Eso es lo que das Zénobe, asco".. Las voces son ajenas a su ser, parecen rodearle y merodearle constantemente, no puede más y suelta un grito desgarrador que capta la presencia de los presentes, creando eco entre las calles del barrio antiguo.. Tras el grito ronco y de impotencia, se descarga de todas sus fuerzas y una inmensa luz ciega totalmente el lugar.

De pronto cae sobre su cama. No sabe como lo ha hecho pero no quiere saberlo. Se agarra a las sábanas y entre sollozos aprieta los dientes con rabía- Por qué ahora.. -murmura, recogiendo las piernas, observando como cae la lluvia contra la pared de cristal de su habitsción, pues vive en un pequeño pero bonito ático entre el barrio gótico y el centro, por lo cual su edificio es antiguo pero reformado con elementos contemporaneos, grandes cristaleras e interiores diáfanos y luminosos. Cierra los ojos y cae en un inmenso sueño, donde le acechan más voces y pesadillas.

viernes, 30 de mayo de 2014

"Oh, Zénobe.."

Annie.

Despierta, tomando una bocanada de aire, al momento en el que siente unas manos tocándola. Siente asco y se remueve, intentando apartarse pero la pared se lo impide, mientras que escucha aquellas voces, sintiendo como sus deseos de vomitar aumentaban. "No me toques, no me toques, no me toques." ¿Ángeles? ¿Qué tipo de educación habían recibido? Incluso aunque hubieran sido criados en la Tierra, aunque fueran mitad humanos, ¿qué tipo de comportamiento era ese? Pero bueno... ¿quién era ella para hablar? Lo siguiente pasa demasiado rápido: la chica escucha la voz de Zénobe, pero esconde la cabeza. No puede con ello. Las lágrimas vuelve a recorrer sus mejillas y su respiración se corta. ¿Cómo había llegado a estar de esa forma? Golpes, golpes, golpes. Y de repente... sangre. Annie abre los ojos de golpe. "No, no, no, no.." Levanta la cabeza despacio, sintiendo como sus ojos azules cambian de color, pasando a ser bicolores; negro y rojo. Su garganta quema y sus labios se entreabren, dejando que se vean las puntas de sus colmillos. Ella lo mira, aterrorizada. "Vete, Zénobe. Vete." Quiere decirle, pero no puede. Entonces se levanta despacio, observando cuidadosamente como la sangre sale de su nariz y recorre su rostro hasta quedarse en sus labios, haciéndolo mucho más rojos y apetecibles... Curva ligeramente la cabeza, sin decir nada. Y entonces, en menos de un segundo, está en frente de él, agarrándolo por el cuello de la camisa, haciendo que se pegue, casi con violencia, a la pared. Sus dedos aprietan la tela, como si intentara  recordarse a sí misma que es Zénobe, que está mal hacer eso. Pero hay algo en su interior que la domina. Si Annie bebe de Zénobe, si él comparte su sangre con ella, el vínculo será incluso mayor. Pero ella no quiere probarlo, no quiere que sus colmillos atraviesen su piel y... pero él estaba ahí, enfrente suya. Podía sentir su respiración acelerada, su corazón y su pumpumpum...
Deja que su mejilla repose en la de él y se llena de su perfume, aún presionándolo con fuerza contra la pared del viejo edificio, sin dejarlo escapar. No cabe duda de que es real, y de que está allí. Entonces su nariz se mueve despacio, acariciando su piel de una forma que sólo ella podía hacer, hasta que roza la del chico y abre sus ojos bicolores, tan extraños como su propia alma. Sus labios estaban llenos de sangre, pero ella no debía, pero quería...

-Zénobe, no deberías estar aquí... No deberías...

Su mirada baja hasta su boca, y la chica traga saliva, soltando una de las partes de su camiseta para apretar su propia mano con fuerza, haciéndose sangre a sí misma, pero sin curar esta vez. ¿Por qué huele tan bien? ¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué su Zeta? Seguramente estaría pensando que ella era un monstruo. Estaría asustado. "Oh, Zénobe..." Inclina la cabeza y por un segundo roza sus labios, como en el inicio de uno de esos besos que solo ellos sabían compartir.  Demasiado autocontrol tenía la chica, y mucho más necesitaba con su ángel guardián.
Los pasos rápidos de dos personas hacen que ella mire a Zénobe a los ojos, como si quisiera decirle mil cosas al mismo tiempo, como si él estuviera a punto de elegir y ella quisiera que le creyera, entonces se escucha:

-¡Eh! ¡Aléjate de él!

Siente unas fuertes manos apartarla de Zénobe y ella se remueve, apuntando al musculoso muchacho de antes con la mano que no está herida y gritando:

- ¡NO-ME-TO-QUES!

Sus dos compañeros se encontraban al lado de su ángel, mirándola aterrorizados. Annie pega su espalda a la pared paralela, sintiendo toda la culpa del mundo. Cierra los ojos, baja la mirada y aprieta un poco más la mano, dejando que la sangre corra al mismo tiempo que la lluvia. Cuando vuelve a mirar, es "ella" otra vez, y ellos siguen ahí, él sigue ahí, tan cerca, pero tan inalcanzable.

- ¿Y TÚ ERES LA LUZ? ¡MÁS PARECES LA JODIDA OSCURIDAD? ¿CÓMO SE LLAMABA? ¡SARAH! ¿NO ES CIERTO? -Grita la chica enfrente de ella, claramente molesta. - SIENDO COMO TÚ, CUALQUIER HUMANO MORIBUNDO PODRÍA SALVAR EL MUNDO.

Y entonces, silencio. Annie entreabre los labios y clava la vista en el cielo, sin responder. Suelta un pequeño silvido, como llamando a alguien.

- ¿¡PERO QUÉ HACES!? ¡¡¿NO VES QUE CASI LO MATAS?!! ¿A QUIÉN LLAMAS?-Grita otra vez. Su voz de pito comenzaba a molestarla.

Instinto guardián.

Zénobe.
Annie parece estar fuera de si, ha bebido en exceso y parece que los motivos de su alineación no se limitan tampoco al alcohol. Parece muy debil y Zénobe lo nota, al fin y al cabo él es su ángel guardian y el vínculo que mantienen es grandioso. 
Traga saliva al escucharla, hacía tiempo que no escuchaba su voz y sus palabras le resultan hirientes, la nota completamente rota y eso le mata por dentro. Que Annie esté mal influye en Zénobe tanto como su propio estado. Se queda con la mirada agachada, nota un sin fin de sentimientos, por un lado nota verguenza y reencor, por otro nostalgia y un gran nudo en la garganta. Se sorprende ante sus palabras hacia Meredith, y esta se queda sorprendida, boquiabierta y ofendida al igual que muchos de los ángeles presentes en la sala, espectantes de la escena. La observa salir dando tumbos de la sala, sumergida en alcohol y dolor personal. Zénobe se acerca donde sus dos compañeros mientras la sala se va vaciando, se aparta de la puerta cuando dos jovenes salen riendose y haciendose bromas entre ellos. Meredith abraza a Zénobe un par de segundos y luego preguntan, ambos practicamente al mismo tiempo. -Algo va mal, ¿verdad? -murmura la joven, que atrapa un momento la mano de Zénobe aunque este la libere enseguida. -Estoy bien, he tenido un ligero ataque.. Ya sabeis. -dice, poniendo como excusa su don. 

-¿La conocías de antes? Annie Massey, digo. -Pregunta Eros mientras Meredith va en busca de su bolso, Zénobe asienta con la cabeza y susurra. -Es una larga historia.
Justo cuando pretendían salir por la puerta, escucha a unos jóvenes de su misma edad bromear y bacilar entre ellos, mientras todos los presentes salisn de la sala: "Kyle y Jordan han ido a buscar a la chica esta, que se le ha notado con ganas de guerra!" Dice uno riendo, haciendo un gesto obsceno, moviendo la cadera de forma sexual, mientras sus amigos se ríen.

Entonces Zénobe los mira, y algo debtro de él prende tan llama que su mirada parece de un psicópata, los jovenes se asustan y se callan, y empujándoles, Zénobe baja las escaleras practicamente de tres en tres, deslizandose entre la gente que lo pierde de vista. Sale practicamente corriendo al callejón y sigue su instinto calle abajo, cruzando entre callejuelas hasta que empieza a escuchar las voces de los dos jóvenes, recientes en el múndo de los ángeles, primerizos que fardan de sus pateticos poderes. -Eres muy bonita.. Deberías venirte a casa con nosotros.. Te vamos a ciudad bien.. -Dice uno mientras se agacha al lado de Annie, mirandola con lujuria.
Ambos jóvenes eran mucho mas inferiores que Annie, pero se aprobechaban del debil estado de la joven.
Zénobe llega y contempla la escena, acercándose a un paso rapido y firme pero sigiloso, sorprendiendo a los dos chicos que le miran algo inquietos. Uno de ellos se acerca a Zénobe pensando que este se iba a unir al juego, pero Zeta con un simple gesto lo hace volar por los aires dejándolo inconsciente. Se acerca donde el otro chico y lo levanta de al lado de Annie, agarrándolo por el cuello y alzándolo del suelo. Sus dientes estan tensos y se le marcan las venas en el cuello, está fuera de si, lleno de celos e ira. -Como la toques te juro que te arranco la puta cabeza. -Sus ojos azul cristalinos se tornan a un azul oscuro, como el agua del mar en una tormenta, y trata de controlarse sin mucho exito pues está asfixiando al chico.
El chico se defiende lanzandole a Zénobe un tipo de bola de fuerza al estómago y se libera, pero Zénobe está completamente fuera de si y se abalanza sobre "Kyle" dejandolo contra el suelo, agarrandolo nuevamente del cuello y dejando las marcas de sus manos, creandole hematomas y el joven empieza a perder color..
Sueltalo.
Sueltalo... Dice una voz dentro de él. Y sielta inmediatamente al joven, dejándolo con vida. Zénobe se levanta del suelo, le sangra la nariz y Annie huele la sangre. Es sangre pura, divina, y por ello resulta como beber nectar. 
En silencio, se gira hacia Annie observándola muy debil, le tiembla el labio y se siente un monstruo por lo que ha hecho.
Da unos pasos para enderezarse, llevandose la mano a la nariz pues parece tener una hemorragea, que llama la atención de Annie..

"No soy más que el fantasma de lo que solía ser."

Annie.

Sus labios comienzan a temblar cuando escucha al ángel superior llamar a Zénobe. ¿Qué tipo de broma era aquella? ¿Cómo se supone que podía verle? Él no era... él no era real, ¿o sí? Annie se levanta al escuchar la conversación, acercándose a una de las mesas, tomando un vaso y llenándolo con alcohol, volviendo a su espacio "personal" y dejando que la bebida la hiriera por dentro, otra vez. Comenzaba a hacerle efecto, por lo que podría esperarse cualquier cosa. A veces, ella necesitaba escapar... y esa noche era uno de esos días. Aquella voz parecía querer endulzarle el alma, pero la estaba volviendo loca. Puede escuchar el palpitar del corazón de Zénobe, convenciéndola poco a poco de que es real, de que está allí, de que no es una visión, o una alusinación, o un efecto secundario de su estado. Por suerte para ella, nadie se le ha acercado, la han dejado sola.  Baja la mirada y termina de un trago lo que quedaba en el vaso, levantándose despacio, tambaleándose. Está demasiado débil, demasiado mareada, demasiado fuera de si misma para tomarse nada enserio. Sentía como la temperatura bajaba, sus poderes se descontrolaban y el frío la llenaba. Sus labios habían perdido el rojo pálido de siempre, para transformarse en morado, su rostro se tornaba más pálido que nunca y en ese momento no parecía luz... tan sólo un vampiro, como si su lado oscuro emergiera poco a poco.

- Mi nombre es Annie Massey, encantada, y tú, maldito fantasma, podrías dejar de torturarme al menos esta vez, ¿no?

Su voz es un susurro, pero casi todos los ángeles la miran. Ella escruta a Zénobe. Entonces se da la vuelta, harta de estar encerrada, harta de no entender y no poder definir la realidad. Le faltaba el aire. La habitación estaba en silencio, puesto que nadie había esperado verla de esa manera. Annie echa a andar, pasando por el lado de los dos ángeles que habían entrado con Zénobe.

-Pues yo nunca me imaginé que fuera una borracha... -Dice en un susurro la voz femenina. Parecía que no le gustaba Annie. ¿El motivo? Desconocido.

La chica se queda quieta, chasquea la lengua y se gira despacio, colocándose a su lado y diciendo de vuelta:

-¿Enserio? Yo nunca pensé que un ángel podría ser gilipollas.

Ante la palabrota, la multitud se alarma. Annie se da la vuelta y baja las escaleras, sin importarle realmente la reacción de la prepotente chica. Casi podía escuchar sus pasos tras ella, y su respiración acelerada debido a la furia. Los escalones parecían moverse y con mucho esfuerzo llega a suelo firme, recorriendo el salón lo más rápido que puede, subiendo las escaleras de la salida y encontrándose (más rápido de lo que ella cree) en el callejón. El aire frío la golpea, haciendo que tiemble y sienta como si su sangre se helara en su interior. Zénobe, Zénobe, Zénobe. 
Las lágrimas dibujan ríos en sus mejillas de porcelana, y ella se lleva la mano a la cara para apartarlas de un manotazo. "No otra vez, no aquí, no.." Sus pasos son rápidos, aunque se tambalea. Le queda un largo camino para  llegar al pequeño apartamento, aunque apenas puede ver los nombres de las calles. Si Annie no se alimenta, algo malo pasará. Si Annie no bebe sangre, no podrá soportar lo que le viene encima. Y Annie... muchos no entendían qué era, o cómo era realmente. Sabían que había nacido humana y luego, había sido convertida en vampiro. Después de siglos, su alma había sido lo suficientemente pura como para convertirse en "la luz", pero la oscuridad existía en ella. Por eso no era un ángel. Por eso no podía entrar al cielo. Por eso no lo... "No, no lo mereces, Massey. Mírate."
Las gotas de lluvia helada caen desde el cielo como balas, golpeándola más fuerte de lo que ella pensaba. Entonces deja de andar, se apoya en la pared y deja que su cuerpo, tan liviano como siempre, se deslice hasta quedar sentada en el suelo. Las lágrimas la ahogan, pero no puede parar. Sabe que siempre va a despertar en la mañana, siempre...

Pero por primera vez, Annie no quería despertar.
Así que deja que el aire salga de su cuerpo y aguanta la respiración, hasta que su subconsciente la lleva a un sitio donde la oscuridad reina, y el mundo real deja de existir.

¿Bienvenido?

Zénobe.
La gente parecía hablar cada vez más bajo, aunque el local estaba despejándose, parecía que parte de las personas que había ahí estaban saliendo del bar o simplemente subian con cierto disimulo hacia la zona de arriba, hacia el almacen.
Inmovil, trata de volver en si yendo hacia los servicios, allí, se queda mirándose al espejo, con las manos apoyadas en el plato de el lavamanos. No estaba solo, un hombre estaba en los urinarios y de pronto, Eros entra en los baños.
-¡Zénobe! -Lo llama por su nombre, y el hombre del baño, que ahora se está lavando las manos lo mira con curiosidad, por su extraño nombre. Zénobe no reacciona, y el hombre se marcha del baño dejando a los dos jóvenes en los servicios solos, mientras Meredith sube al almacen junto los demas. -¿Qué diablos haces aqui? Tenemos que subir arriba, nos han llamado desde el almacén y por lo visto hay un tipo de charla informativa, puede ser importante, debemos ir. -Coge del brazo a Zénobe que parece algo aturdido. -¿Qué te pas? ¿Te ha sentado algo mal? ¿Es por Meredith? -Pregunta Eros, pues Zénobe y ella se besaron hace un par de meses, tras una presentación en el local, cuando les comentaron la situación y lo que debían hacer para acudir a este tipo de reuniones. Desde entonces, la situación entre ambos es tensa, pues Zénobe no se sintió a gusto al hacerlo, aun no estaba preparado para experimentar nuevas sensaciones. 
-No.. no es por eso. Estoy bien, un poco mareado, el calor del local, y eso.. -Murmura, mientras se moja las muñecas para refrescarse.- Ve yendo, ahora subo yo. 

Eros y Meredith se encuentran en la reunión, y Zénobe ha tardado algo más en subir por las escaleras de metal hacia la planta de arriba, parece que la reunión ha comenzado, pero pasa desapercibido al entrar en la sala, pues su sigilo es cuidadoso y todos prestan atención a un hombre que comenta con mucha retórica el objetivo de reunir a los ángeles. 
Se sienta al otro lado de la sala, y Meredith le mira, sabe que hay algo en él que no está bien. Al fin y al cabo, Meredith tiene un gran corazón debajo de esa armadura que utiliza como mecanismo de defensa.

Dirige la mirada hacia aquel hombre, es un ángel superior, no es que haya oído hablar de él, sino que cuando desterraron al padre de Zénobe del cielo, fue él quien le hubicó en una escuela hasta que pudiera vivir por si solo. Le tiene respeto y lo escucha, prestandole solo atención a él y sus palabras hasta que se topa con una joven de pelo oscuro.
-No puede ser.- Susurra para su interior.
Baja la mirada tratando de esconderse, tratando de desaparecer en ese momento y junta las manos, apretándose los metacarpos y haciendolos crujir. Vuelve a llamar la atención de Meredith, que da un suave codazo a Eros para que fije la mirada en Zénobe, inquieto y practicamente sin aliento. 
-¿Crees que...? -Pregunta Meredith por lo bajo a Eros, pues ambos saben el ligero problema que tiene Zénobe para controlar su fuerza, pues es mayor que la de la mayoría de ángles de la sala, y muchas veces pierde el control de sus poderes.
-Espero que no... -Susurra Eros, sin quitarle la vista de encima. 

El ángel superior parece haber acabado la charla y los demás se acomodan en sus sitios, charlando sobre lo que se ha estado comentando en la reunión, algunos se levantan a reyenar sus vasos con unas botellas de Whisky, Ron, Vodka o Ginebra que hay en el bodegón. Eros se acerca donde Zénobe preocupado, y Meredith acude por detras.
-¿Todo bien? -Pregunta, posando la mano en el hombro de Zénobe.
Enseguida reacciona y con rapidez se levanta de la silla, tanta que llega a sorprender a sus dos compañeros, asiente con la cabeza varias veces y vuelve a mirar a Annie, que parece que ha notado su presencia, pues la ha pillado apartando la mirada veloz.

-Tengo que irme.. -Dice, y busca la salida con la mirada cuando de repente...
-¡Zénobe Yvvvvvvvves! -Una voz, le llama desde el otro lado de la sala. Era él, el ángel superior. Que llama al joven para que se acerque, haciendole un gesto con la mano. -¡Ven! 

Zénobe se pasa la mano por la nuca, nervioso, y Meredith le da un ligero empujón para que se acerque, susurrándole a Eros "pero que cojones le pasa".
Se acerca.
Se acerca.
Se acerca...
Hasta estar practicamente a dos o tres metros de Annie, que permanece sentada en la silla. En ángel superior posa la mano en el hombro de Zénobe dandole un suave golpe. -¡Te veo bien! Estás hecho un toro. -Comenta con una sonrisa en los dientes, y Zénobe hace una mueca, intento de sonrisa, y finalmente habla con una voz algo ronca. 
-Bueno.. Veo que usted también está genial, señor. -Agacha la mirada, nervioso, mientras el ángel superior se despide alegre de él para ir a comentar otros asuntos entre los demas ángeles.

Se quedan ellos dos, practicamente al lado, mientras que algunos ángeles van saliendo ya  fuera de la sala, poco a poco. Meredith y Eros aun permanecen cerca de la puerta, algo atentos a la situación.

Solo has venido a torturarme, ¿verdad?

Annie.

- Pero Annie, ¿por quéeee? ¡Es todo tan divertido..! - Cam comentaba y reía, mientras que a Annie todo empezaba a darle vueltas.

Su respiración se había cortado completamente, y los puntos negros y rojos comenzaban a llenar su vista, evitando que pudiera concentrarse. "Necesito salir, necesito salir, necesito salir." Se da la vuelta, dándole la espalda a todas las miradas y baja la cabeza, dejando que su liso cabello tape parte de su rostro, como si estuviera escondiéndose de algo... Y claramente lo estaba. Marcos la mira preocupado, aunque no dice una palabra. Se siente impotente porque sabe que no puede hacer nada por ella, quien ha hecho tanto por todos.  Annie estira la mano y con un enorme esfuerzo, deja que el alcohol queme su garganta y caiga en su estómago vacío, colándose entre sus venas y esparciéndose por ella como si de veneno se tratase. Seguía mareada, con la respiración entrecortada, y sentía que no podía hablar. De repente, sólo quería llorar. No era divertido que le hicieran pasar por eso otra vez. Había visto a Zénobe en sus visiones, siempre cuidándole en secreto, pero viéndolo ahí... "No, no es real, Annie." Con un brusco movimiento, la chica pone la mano en su frente y aprieta, dejando dos marcas rosadas al lado de esta. "Parad, por favor." Dice al ser invisible que parece torturarla, aunque no recibe ninguna respuesta.

- Annie, él está aquí... -La voz de Marcos la saca de su infierno personal, y la chica, con los ojos envueltos en lágrimas, levanta la vista. Uno de los ángeles superiores está en una barandilla, escrutando a todos los miembros de su grupo. Como por arte de magia, casi todos los seres de luz han desaparecido y se han dirigido al salón privado que se esconde tras las paredes, ese que los humanos llaman "Almacén".
Ella asiente despacio, pasa la mano por su rostro y retira las lágrimas, levantándose despacio, sintiendo como el mareo aumenta. Zénobe no está, como ella pensaba, no es real. De repente, todos los recuerdos que tenía con él vienen a su mente, haciendo que se derrumbe cada vez más. Una voz la llama desde arriba, pero ella no mira; sabe que tiene que estar presente, al menos este viernes. Hace un gesto con la mano y desaparece entre los humanos, entrando por una de las puertas a la que sólo los "superiores" tienen acceso.
El Almacén está lleno de gente. Ésta vez son más de los previstos, y sus voces, melódicas, adornan el ambiente. Algunos ríen, otros están serios, pero todos saben mantener la compostura, a pesar de que están en el mundo de locos donde ella había nacido. Todavía fuera de su vista, Annie se apoya en la pared, intentando tranquilizarse. Puede oír los murmullos: todos quieren verla. Todos quieren conocerla. Todos tienen preguntas que hacerle.
Ella niega despacio, aunque sabe que no puede escapar esta vez. Desearía tener otra copa de las que Marcos sabe prepararle. Sigue con la sensación de que va a explotar en cualquier momento, y aquel perfume... "No, por favor. Aquí no.."
Suspira y da unos pasos, saliendo por una puerta que había estado cubierta por una cortina oscura. De repente, la habitación se queda en silencio. Puede sentir a cada ángel mirándola, examinándola, juzgándola, o simplemente, admirando a una persona que ellos ni siquiera conocían. Las ojeras bajo los ojos de la chica eran notables esta vez, puesto a las lágrimas que había derramado, aunque de estas no había ningún rastro. Ella nunca dejaba que la vieran llorar. Nunca, nadie. Como había dicho aquella chica, Annie no lucía especialmente bien esa noche. Entonces se sienta en una de las sillas vacías, y el ángel superior empieza a recitar un discurso que ella ya se sabía, ya que ella era quién le había dicho todo eso. Por respeto, la chica no baja la cabeza. Por respeto no se duerme. Por respeto no se marcha. Entonces, como si alguien la llamara, Annie levanta la vista y la clava en el otro lado de la habitación, sintiendo aquel aroma mucho más fuerte que antes. Aquellos ojos.... Ella hace una mueca, entrecierra los ojos, dándose por vencida y entonces susurra mentalmente, sin esperar respuesta del fantasma del que podía llamar amor de su vida.

- Solo has venido a torturarme, ¿verdad...? No has tenido suficiente..

La figura de Zénobe seguía ahí, tan real que incluso parecía que iba a poder tocarla. Su perfuma iba a terminar volviéndola loca. La chica aparta la vista y vuelve al mundo real, escrutando al ángel superior, que ahora la mira como esperando algo de ella. Él la entiende, o eso le ha hecho creer. Sabe que no está en situación de hablar, ni de dar ánimos, ni siquiera de levantarse, por eso no hace que la chica lo haga. Simplemente la mira y ella asiente, murmurando para él:

-Estoy bien.

Y entonces, el ángel termina el discurso, dejando que los ángeles comienzen a comentar entre sí, a conocerse, a informarse... Annie se mantiene donde está, respirando hondo. Le esperaba una larga noche.

Esos no son modales de una señorita.

Zénobe.

Llaman a la puerta. 
Llaman a la puerta.
Llaman a la puerta....
Zénobe yacía en la cama dormido, su propio subconsciente estaba avisandole de que debía despertar. Estaba cansado, en realidad, vivía cansado desde hace unos meses. Pero no se trataba de un cansancio fisico, sino más bien anémico. Estaba ya vestido para salir pero al ver que faltaba tiempo para que vinieran a recogerle, optó por echarse una pequeña cabezada..
-¡Yves Loyvesant! -una voz, tras la puerta.
Parpadea y se frota los ojos, se humedece los labios y entonces reacciona levantándose rapidamente de la cama, en apenas dos segundos está ya en la puerta, la abre confiado, dejando pasar a cualquiera que estuviera esperando.
-Espero que haga disfrutado del plácido sueño en el que estaba inmerso... -comenta con cierto aire irónico Eros, apoyándose en la puerta mientras espera que Zénobe estuviera listo. Ambos eran jovenes musculosos, como esculpidos por el propio Miguel Angel o trazados a cincel por Da Vinci. Sin embargo, se notaban los años en la madurez de Eros, a pesar de su rostro joven, sus palabras eran practicamente anacrónicas y para la época, un tanto medievales.
Zenobe se movía con agilidad a pesar de haberse despertado hace unos minutos, peinándose el cabello castaño hacia atras con los dedos, perfumándose las muñecas y cogiendo las llaves y la cartera de su pequeño apartamento. Al llegar a la puerta el joven seguía ahi.
Ambos salen por la puerta bajando con agilideza las escaleras, en una pequeña carrera de escalones, ambos ciertamente competitivos. Al bajar, allí estaba Meredith esperando, impaciente pero radiante.
Los tres jóvenes se dirigieron juntos al bar, donde tenían esperado reunirse para hablar y comentar algunos temas de interes actual, pues se corría el rumor de que malos tiempos llegaban para estos seres.

El olor a tabaco dulce y cierto aroma a alcohol flambeado deleita a Zénobe, que charla con sus amigos, mientras entran al local. 
-Está bastante lleno de gente, a veces no entiendo a los humanos. Por que tienen que acudir a estos sitios... -comenta Meredith mientras empuja la puerta a cerrarse con el codo, evitando tocar nada, escrupulosamente. -..Es más, no entiendo por que tenemos que reunirnos siempre aqui, con los locales tan... -Estaban pasando por las mesas, cuando de pronto se escucha una voz en todo el local. Annie Massey. Escucha Zénobe. Y un escalofrío le recorre la espalda. Lo ignora, siempre le pasa. Escuchar su nombre se ha vuelto tan común como el tic tac del reloj de la cocina. 
-¿Veis? De eso os estaba hablando. -Meredith, comentando los gritos de la chica, mientras se sientan en un sofá que hace esquina, y Eros llama al camarero con la mano, para pedir las mismas tres bebidas de siempre, pues se conocen entre si.

-Meredith de verdad, por mucho que tu presencia no disfrute en un ambiente como este, debes intentar hacer el esfuerzo de comportarte. No están los asuntos como para además estar eligiendo un acogedor local de ambiente. -Conversan Eros y Meredith, mientras Zénobe se distrae observando la gente del lugar.

Los tres jovenes llaman la atención en cierto modo, parecen sacados de una revista y en los humanos causan un efecto atrayente. Un grupo de hombres, unos cuatro, comentan la belleza de Meredith y tratan de crear especulaciones sobre por qué la acompañan dos hombres tan... perfectos.
Zénobe está atento como un felino, observa minuciosamente cada pequeño detalle del lugar: el molesto ruido al mascar el chicle de una joven que trata de ligar con uno en la barra, el tick nervioso de un anciano que jugaba al pocker con sus amigos...

-Aqui teneis chicos. ¿Qué tal estais? ¿Todo bien? No tengo aún nada de interés para vosotros. -El camarero, mientras iba dejando las bebidas en la pequeña mesa, junto con unos cacahuetes. Tanto Meredith como Eros optan por pedir una bebida alcohólica. Zénobe, una cocacola con pajita. Realmente, odia beber con pajita, pero le sirve para remover la cocacola y asi poder eliminar el gas. Odia el gas. 

-Bien la verdad, muchas gracias. -Dice Meredith, breve y cortante. 
Eros la mira fijamente, entrecerrando los ojos pues para él esos no son modales de una señorita, como siempre dice. Conversan, pero Zénobe esta noche parece estar callado, está desganado y otra vez...
Annie Massey.
Annie Massey.
Annie Massey.....
Parecía que la dulce voz femenina provenía de la barra, que constantemente repetía el nombre para todos los presentes del local.
Meredith comenta la situación, parece conocer a esa tal Annie. Pues Zénobe aun no conoce muy bien a sus nuevos compañeros. La verdad no conoce muy bien su situación, no conoce por qué tanto interés por tratar de reunir a los ángeles, tanto secretismo y tener que acudir a ese local todos los viernes para ver si hay noticias. Pues les dijeron que debían acudir ahí, hasta que les llegara esa información, de a que se debía tanto interés por los ángeles, y por que los necesitaban juntos.
Zénobe se vuelve tenso, su propio rostro lo expresa, toma a Meredith por el brazo suave, pero haciendo algo de presión, frunciendo el ceño. -¿Qué has dicho? 
Meredith se queda algo sorprendida pues no tienen tanta confianza como para que actue así con ella, además, se trataba de una joven muy coqueta y no dejaba que cualquiera la tocara. -Annie. Annie Massey. No creo que la conozcas. Es una chica que está en la barra.. Aunque.. no se que hace aqui la verdad, y menos así.. Ha perdido tanto. -Comenta con cierto aire crítico.
Zénobe busca rapidamente a Annie en la barra.
No, esa no, esa tampoco, tampoco.. ahí está. Es... ella.
Algo dentro de él se ha quedado helado. A pasado tanto tiempo, aunque por ninguno de los dos parece que el tiempo haya dejado rastro, siguen jóvenes, no tan risueños, pero jóvenes.

-Disculpad. -Dice, levantándose y dejando a los compañeros algo confusos, pero continuan hablando de sus cosas. Zénobe mientras se pasea entre las mesas, quedando practicamente detrás de una columna, fuera de la visión de Annie. Nervioso, remueve la cocacola con la pajita y decide llevarse el limón a los labios, mordiéndolo y dando ul largo trago, acabándose el refresco, para dejarlo en una mesa cercana. Observa a Annie en el reflejo del cristal de detrás de la barra, donde se encuentra el botellero y la cafetera del local. Es ella,... tan igual pero tan diferente. 
¿Y qué hace aqui? Por qué el destino a optado a volver a hacerles esto.

La oscuridad me acompaña... ¿a ti no?

Annie. 


     Las nubes encapotaban el cielo, evitando que se viera cualquier rastro de luz lunar. Era una noche oscura, y las corrientes de aire helado recorrían las paredes de las antiguas construcciones del centro histórico. La vida se había tornado de esa manera también: dura, fría, oscura, y sin rastro de luz. En un año las cosas habían cambiado mucho, para todos en general, y no había a quién echarle las culpas, puesto que nadie las merecía. El vaho se dibuja cuando Annie deja salir el aire de entre sus labios, los cuales se encuentran fríos y secos, y la chica hace una pequeña mueca, dejando ver su incomodidad ante su nueva situación. Se había pasado meses a "dieta", o más bien, apenas alimentándose. En algún lugar, alguien le había dicho que no era lo suficientemente pura, que no merecía estar en el lugar en el que se encontraba y ella, por primera vez en su vida, se lo había creído. ¿La razón? Ni ella misma la sabía.  Así que había pasado meses sin apenas alimentarse, lo cual hacía que su hambre y ansias por sangre aumentaran y por lo tanto, la hicieran hacer sentirse peor. ¿Quién había tenido el suficiente poder para poner a Annie Massey de aquella forma? Eso era algo que la muchacha se guardaba para sí misma, como si en su interior estuviera la caja de Pandora y de ninguna manera pudiera abrirla.
   Apenas podía escuchar el gran reloj sonar a lo lejos, pero contaba los segundos como si fueran imprescindibles para ella, como si fuera su manera de mantenerse cuerda. El callejón se abre paso entre la oscuridad y la chica entra en él, intentando no prestar atención a aquello que la observaba entre las sombras. Vuelve a hacer una mueca, ignorándolo por completo. No podía distraerse y no estaba de humor para bromas ni juegos. El ruido comienza a escucharse cuando se aproxima al final de la calle, y sin decir nada entra por la puerta y baja las escaleras, entrecerrando los ojos ante el barullo de toda aquella gente que parecía no entender que los verdaderos problemas estaban fuera de aquel espacio cerrado, y que allí no iban a resolverlos. Pero ahí estaba ella también, ya sentada en una de las sillas del bar, con ambos antebrazos apoyados en la madera y mirando al frente, como perdida.

-Hey, Annie. ¿Annie? ¿Sigues viva? ¡Heeeeeey! - Un chico movía la mano enfrente de ella, intentando llamar su atención. Mostraba una sonrisa en sus labios, y cuando se da cuenta de que Annie ha "vuelto al mundo real", pregunta - ¿Dónde has estado? ¡Hace mucho que no te pasas! Además, pareces cansada.. ¿estás bien?

La chica parpadea despacio, centrando sus ojos azules turqueza en el muchacho. Una pequeña, y apenas visible sonrisa se curva en sus labios, y entonces su voz se hace oír - Hola, Marcos. Un largo día, ya ves. - La chica evita responder sobre su ubicación. Duda mucho que a alguien le interese y en aquellos tiempos, lo mejor era no confiar en nadie. - ¿Qué tal si me pones uno de esos que sabes prepararme?

- ¡Marchando! - Satisfecho con sus respuestas (o eso parecía), Marcos le da la espalda y empieza a mezclar bebidas alcohólicas, entregando luego a la muchacha una elegante copa llena, la cual ella empieza a beber despacio. - Verás, tenemos gente nueva. Tres personas. Tres ángeles. -Annie deja de beber y vuelve a centrar su atención en él.

- ¿Ángeles? Marcos, te he dicho que dejes de investigar. No te metas en eso, joder, es peligroso. Eres un humano, no deberías... Además, ¿cómo se supone que sabes que..?

-  ¡Eso no es justo, Annie! Además... ¡Los he oído hablar en el almacén! Y los he visto, ya sabes, esa luz que por poco me deja ciego en el callejón.. no era un coche, lo sé, y tú lo sabes también. Cuando los veas te darás cuenta de que digo la verdad. Es más, mira, acaban de llegar... no entiendo cómo los demás no se dan cuenta de lo que son...

En ese momento, Annie hace la silla girar y centra la vista en las escaleras. Mientras bajan, la chica va analizándolos poco a poco. Una joven excesivamente llamativa y femenina. Un musculoso chico tras ella, el cual no dejaba de escrutar a todos los presentes como si de un momento a otro fuera a matarlos. Y tras ellos... La chica se da la vuelta de repente, coge la copa entre sus manos y la bebe de golpe, haciendo una mueca.

-Ponme otra, Marcos.

-Pero Annie, te va a hacer daño.. ¿desde cuándo no has..?

-Ponme otra, por favor.

El chico asiente y, sin poder decir lo contrario, prepara otra mezcla de alcohol para ella. Zénobe. Sus músculos se tensan y ella siente un escalofrío. Él no podía verla así. No él. Por lo que tenía que buscar la forma de salir de allí...

- ¿ANNIE? ¿ANNIE MASSEY? ¿DÓNDE ESTÁ? ¡OOOOOOOOOOOH! ¡AHÍ ESTÁS, ESCURRIDIZA! ¿QUÉ PENSABAS, EH? ¿QUE PODÍAS ESCAPARTE ASÍ, PORQUE SÍ? - Un grito recorre el local, llamando la atención de casi todas las personas, quienes clavan su mirada en la chica de ojos azules y cabello oscuro. Ella hace una mueca, pero se da la vuelta. Sí, eso de salir corriendo de allí iba a ser un poco dificil ahora... Una chica de pelos rojizos se acerca corriendo y la abraza con fuerzas, riendo, claramente borracha. -Te quiero Annie, te quiero, te quiero, te quiero...

Ella sonríe despacio, pero una voz parece colarse entre todas las demás y llama su atención. Era el ángel que había entrado con Zénobe y el otro.

- ¿Annie Massey? ¿Esa "Annie Massey"? ¿Qué está haciendo aquí? No luce demasiado bien que digamos... - Y cuando la muchacha de ojos claros atraviesa la habitación, solo puede encontrarse con una mirada que conoce bien, y con otras dos, que ni siquiera...

- Escucha, Cam. Necesito que me saques de aquí.

- ¿POR QUÉEEEEEEEEE? ¡Vamos a pasárnosla bien, Annie!

-Sacadme de aquí. -Repite despacio, casi en un ataque de pánico.