martes, 5 de agosto de 2014

Confusión.

Annie.


El sonido de los pájaros al amanecer. La brisa que se paseaba entre los árboles cuando empezaba a caer la noche. Las carreteras entre los árboles que, vacias, esperaban un nuevo visitante al cual relatarle una de sus historias. El susurro de los grillos y las estrellas observándoles desde el cielo puro y limpio. Se habían adaptado al nuevo lugar como si siempre hubieran vivido allí. Despertó con la luz que se colaba entre las cortinas, como si le dijera que no podía ser tan dormilona. Entre remoloneos estira uno de sus brazos, buscando la calidez de Zénobe pero no lo encuentra y entonces recuerda que se ha ido temprano al trabajo y gruñe en forma de queja; no había nada mejor que despertar con aquella sonrisa y su voz melodiosa. Se levanta después de un rato, vistiéndose para salir; normalmente tomaría algo de su 'alimento' antes de ir fuera, pero al ser nuevos en el lugar la chica no tenía de dónde tomar la sangre sin llamar la atención o alimentarse de alguien...El hospital estaba a unas horas, pero por cómo se sentía sabía que aún podría aguantar un poco más. No había motivos para preocuparse. Aún. La temperatura fresca del lugar la golpea al salir y de una u otra forma ella agradece que no sea tan alta. Annie adora los lugares fríos, la nieve y las tormentas.
Sus pasos la guían hasta el centro del pequeño pueblo, en donde los olores a pan y pasteles recién hechos llegan a ella. Busca con sus ojos azules el reloj que se encuentra en la plaza, el cuál le indica que no son más de las 11:30 a.m. y que tiene tiempo para hacer varias cosas antes de que Zénobe vuelva de trabajar. En primer lugar, ella debía buscar algo para quemar las horas, además de su labor de todos los días; curar almas. Segundo, buscaba algo que le diera a la casa un toque de ellos mismos..aunque aún no sabía qué debía comprar de forma específica y suponía que en cuanto lo viera lo sabría. Tercero, debía llevarle fresas. Sabía cuánto le encantaban. Sus pasos la guían por pequeños negocios, entre ellos una tienda de viejos artículos y cosas que se han dejado de usar, todo a muy bajo precio pero que para Annie escondían un montón de secretos en su interior. El sonajero de la puerta anuncia al dueño que ella se encuentra ahí y con una sonrisa la recibe, la cual ella devuelve amistosamente. Se cuela entre los pasillos, dejándose envolver por el olor a viejo, el aroma del olvido. Y allí, entre viejos recuerdos el tiempo va pasando... pero algo la distrae; su móvil vibra levemente en su bolso. Lo toma despacio y al ver lo que alumbra en su pantalla se le escapa una sonrisa, respondiendo: "Yo también te echo de menos, ven ya." Enviar. Da unas vueltas al móvil en su propia mano y mira la hora, dándose cuenta de que tenía poco tiempo para ir hasta la cafetería debido a que las distancias son largas y a plena luz del día no puede utilizar sus poderes. No si hay mucha gente. Sale de la tienda, despidiéndose del señor y caminando bajo la sombra que brindan los tejados, esquivando algunas miradas y comentarios... Supone que es lo que pasa siempre que alguien llega nuevo a un pueblo.
Casi en la entrada algo la detiene; una presencia que no conoce pero le pone los pelos de punta. Annie se para en medio de la acera y mira a su alrededor; de repente todo se ha quedado vacío y en silencio, como si el tiempo se hubiera parado. Frunce el ceño y gira sobre sus talones, sin despegar los pies del suelo y pum, ojos naranjas. Una sensación rara la llena; es como si le conociera de toda la vida y al mismo tiempo sabía que era una de las personas más peligrosas con las que se cruzaría jamás. Un joven se presenta como Kenneth, diciendo conocer a su hermana y reconciendo que debe hablar con la otra gemela de temas importantes. Annie se deja llevar, no sintiéndose muy cómoda. A pesar de su carácter, no le gustaba no saber qué estaba pasando.
Cuando vuelve a ser consciente de qué pasa, ve a Zénobe a su lado. Está molesto, puede sentirlo. Vuelve a la realidad como si alguien le hubiera tirado un cubo de agua fría y de repente mira a Kenneth, desconcertada. Se remueve, intentando alejarse del contacto del joven que la mira desde el asiento paralelo. ¿Cómo habia llegado hasta allí? Se levanta y se despide, teniendo en mente que no lo volverá a ver. Segundos después de que Zénobe cierra la puerta, ella está ahí, sentada a su lado, con el ceño fruncido y la mirada clavada en la calle, como si estuviese fuera de sí. Las palabras de Zeta la devuelven al mundo real y ella parpadea, dedicándole toda su atención.

-Pues..ha sido...rara. Se llama Kenneth, conoce a Sarah y dijo que debía hablar conmigo. -A pesar de que llevan unos minutos en marcha, Annie parece inquieta. Se inclina hacia adelante, tomando el puente de su nariz con sus propios dedos y aprieta. No logra recordar la conversación que ha tenido con el que para ella es un desconocido, y eso la está sacando de sí.

Por el otro lado, una parte de ella le dice que no debe preocuparse, que está todo bien y que él es de confianza. La casa los recibe y ella baja del coche, apareciendo justo delante de Zénobe antes de que pueda recoger la comida china del asiento trasero. Sus brazos se envuelven alrededor de él y lo mira desde abajo con unos ojos azules tan puros y brillantes que podrían ser parte del mismo firmamento. Siente su incomodidad y levanta una mano, colocándola sobre su cuello, como si así pudiera tranquilizarle. Poniéndose de puntillas le roba varios besos, haciendo de esta forma que se afloje un poco y en cuanto puede toca uno de sus costados, buscando hacerle reír.

-Te he echado de menos. Y te amo. ¿Cómo ha ido tu día? Oh, ¿sabes qué? Deberíamos ir a ver esa fiesta que tienen cerca del lago... he escuchado a algunas personas hoy en el pueblo hablar de ello, ¿qué te parece?

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