domingo, 3 de agosto de 2014

"Los de la casa del bosque".

Zénobe.

El aire surca entre los árboles como un velero, baila errante entre las ramas. A pesar de los suaves rayos de sol, el ambiente es frío, pero sin embargo, en casa de Annie y Zénobe se puede palpar la calidez de un hogar. 
Zénobe distraido con la leña, refunfuña con cariño ante el gesto de su nueva compañera de piso. 
De piso, y de vida. 
-¡Me has asustado! -ríe como solo Zénobe podría reir, con una risa joven y llena de vida. -Aferrate a las consecuencias... -Dice entredientes, aprobechando que Annie está de cuclillas para tomarla en brazos, colocarsela sobre su hombro y darle un pequeño azote en el culo, riendo entonces aun mas ante la sorpresa de Annie, que trata de escapar sin exito de sus brazos. La deja sobre los cojines del sofá y se hace hueco entre sus piernas, sin dejar caer todo el peso sobre Annie, buscando sus labios con los propios y besando estos vivaz, con cierta ansia, como queriendo transmitir un falso enfado por el susto. La besa como si fuera el último beso de los tiempos, jadeando entre sus labios y luego se retira satisfecho habiendo cumplido su cometido.
-A la próxima te pondré un cascabel para  tenerte localizada. -Ladea una seductora sonrisa, sentandose a su lado, tomando sus piernas para colocarlas sobre él, masajeandolas por encima de los vaqueros. -Esta casa es preciosa. Ya me he instalado en el dormitorio, que conste que te he dejado el lado de la ventana... ¿Ya has deshecho las maletas? Podríamos ir a conocer los alrededores. 


La verdad es que la casa era preciosa. Rústica pero guardaba detalles actuales, fresca y natural. Estaba próxima a la carretera del pueblo, pero parecía ajena a  todo lo que sucedía allí por el gran bosque y los árboles que custodiaban el hogar de la pareja. 
Tras el polvoriento camino se encontraba la carretera principal, asfaltada y guiada por setos, abetos y pinos. A cada lado de la calzada había adosados y casitas rústicas de pueblo cada una con su propio porche y jardín. El pueblo a pesar de ser pequeño tenía de todo, y la gente era mucho mas abierta y amable que en la ciudad. 
Zénobe había encontrado trabajo como ayudante en la farmacia del pueblo, atendía de cara al público y hacía que la mayoría de las mujeres del pueblo frecuentaran mas a menudo la farmacia en busca de cosas absurdas como tiritas, agua oxigenada, pastillas contra el dolor de cabeza, etcétera. 
El jefe de Zénobe era un hombre de avanzada edad de bigote perfectamente rizado, serio y dedicado a su oficio. Solía pasarse las horas en su despacho, detras del almacen.
"Salgo en media hora, te paso a recoger por la cafetería. Te echo de menos. Z." Le da a la tecla enviar pensando en Annie, en su pelo, en su sonrisa... 
La campanilla de la farmacia le hace volver a la realidad, un hombre entra por la puerta con paso firme y se acerca al mostrador buscando con la mirada a alguien. 
-¿En que le puedo ayudar? -Pregunta Zénobe vestido de camisa blanca con una pequeña placa con su nombre. Se fija en la marcada mandivula del hombre, con cara chupada como si estuviera enfermo, sus ojeras son bastante pronunciadas. 
-Estoy buscando al Doctor McGregor. -Dice con voz grave pero temblorosa.
-El Doctor se encuentra en su despacho, señor. Yo le atenderé. 
El hombre se pasa las manos por la cabellera suspirando con cierto aire de desesperacion. Zénobe se queda pensativo. Sí, es nuevo en el pueblo, pero por ello no debería infravalorar su trabajo en la farmacia. 
-Señor, no podré ayudar si no me informa sobr...
-Zénobe yo le atenderé. -De pronto la voz del doctor McGregor haciendole un gesto al hombre, para que pase consigo al despacho. Este aliviado le sigue y ambos se encierran. Zénobe se queda molesto, reyena unos informes y archiva unas recetas. Tras quitarse la placa, observa y espera que el Doctor McGregor y el hombre misterioso, ahora con un aspecto mucho mas fresco y sano, abandonen la farmacia para cerrar. Que extraño. 
Al llegar a la cafetería en coche, aparca enfrente, y observa desde el asiento que Annie parece estar en compañía. La cafetería en realidad era una gran biblioteca donde podías tomar un café o té en los sillones, leer libros, conectarte a internet o probar repostería italiana. A Annie le encantaba pasar allí las tardes libres leyendo tranquilamente.
Zénobe observa la escena desde el coche, apaga el motor mientras mira detenidamente a un joven que conversa con Annie, la hace sonreir, y eso en parte le enfurece.
Sale del coche tras esperarla alli y se adentra en la cafetería pues parece que Annie ha perdido la noción del tiempo con aquel guaperas de cabello castaño. Parece que conversan sobre un libro, y el joven roza en ocasiones su mano con la de Annie. Eso molesta aún mas a Zénobe. 
Parece como si hubiera encandilado a Annie de alguna manera, la hace reir y parece algo atontada mirandole, pero a él no le da muy buena espina, todo lo contrario.
¿Zénobe Yvess, celoso?

Se acerca al sofá con paso firme, y ambos alzan la mirada al verle llegar, Annie da un breve respingo por haberse despistado con la hora, el joven sin embargo ladea una sonrisa que enseguida reprime al observar la fulminante mirada azul de Zénobe. Retirando la mano del hombro de Annie con rapidez.
-Llevo esperándote un rato fuera. -Frunce el ceño, sin apartar del todo la mirada del joven, que nisiquiera parece presentarse. Hace un rápido gesto señalandole el coche, diciéndole que la espera alli, sacando de la cartera unos dolares para que pague el té que se estaba tomando, dejandolo sobre la mesa y volviendo a dirigirse hacia el coche. Parece molesto. Hacía tiempo que no veía a Annie sonreir de esa manera a otro. Sí, Marcus. Pero Marcus al menos tenía la decencia de comportarse y al fin y al cabo por aquel entonces ellos dos no estaban juntos. Una oleada de pensamientos le invaden, pero trata de ignorarlos subiendo la música de la radio, Bruce Springteen. Annie no tarda en llegar y se sienta en el asiento del copiloto tras despedirse de su nuevo amigo. Parece que va a empezar a chispear y que será una noche lluviosa. Zénobe se centra en la carretera dirección a casa, observando de vez en cuando las nubes que empiezan a encapotar el cielo.
-He cogido algo de comida china para cenar. -Dice en todo serio, señalando un instante la parte de atras del depotivo, donde hay algunas bolsas de la compra. -¿Qué tal la tarde? ¿Quién era ese? -Dice por fin, algo asqueado.

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