viernes, 8 de agosto de 2014

Un recordatorio.

Annie.

    El lugar era mágico, lleno de detalles donde perderse, de rincones donde aprender a amarse. Las luces tenues iluminaban el verdor del césped y la parte cercana al bosque. El lago se encontraba justo frente a ellos, dejando ver que era hermoso pero al ser desconocido, peligroso. La oscuridad que lo llenaba atormentaba a Annie; quizá era porque no sabía qué había en el fondo o por el simple hecho de que no conocía el lugar, pero algo comenzaba a inquietarla. Cuando Zénobe se retira a por bebidas la chica se queda observando el cielo, el cual se ve alumbrado por los pequeños aunque hermosos astros. A su alrededor las risas aumentan y las conversaciones suben de volumen; hay personas a las que el alcohol les ha subido y no pueden evitarlo. Ella entrelaza sus manos al frente, como si estuviera esperando por algo y... ¡pum! Como si algo la envolviera, gira la cabeza y se encuentra con esos ojos naranjas. Otra vez la sensación la inunda, casi ahogándola. No sabía por qué se sentía tan segura y confiada con Kenneth, ya que realmente no le conocía, y a la parte de luz de la chica le daba escalofríos, sin embargo, a su lado oscuro le llamaba como si fuera un imán.

-Bonita noche, Massey, ideal para salir y dar un paseo. ¿Me acompañas?-Su voz. El chico le ofrece el brazo de forma educada.

Annie frunce el ceño, dudando por un segundo. "¿Qué demo..?" Sus pensamientos se esfuman como si soplaras al humo de un cigarro y cuando se da cuenta otra vez, se encuentra rodeada de la oscuridad del bosque. No se escuchan las voces, ni las risas, ni la música. Huele a humedad. La chica frunce el ceño y se separa de Kenneth, sintiéndose insegura al no saber qué está ocurriendo realmente. El chico afirma en voz baja que debe estar tranquila, que no va a hacerle daño. Sin embargo, aunque Annie no se ha dado cuenta aún, la piel de sus brazos está marcada por moretones y algún que otro pinchazo, los que se marcan por un leve color verdoso... casi como si se hubieran hecho con brusquedad. La chaqueta que Zénobe le había dado ha desaparecido y ella no sabe realmente dónde ha quedado. Mira a su alrededor, apartándose de Kenneth otra vez. A pesar de que sentía algo muy extraño respecto a él, algo en su interior le decía que debía salir corriendo. Ahora. Por primera vez en su vida su mente, o su alma, comenzaba a trabajar separada. En su interior algo gritaba: "¡Zénobe!". Lo llamaba con fuerzas, casi desgarrándose, ya que sabía que ella sola no podría enfrentarlo. Él debía sentirla. Él debía saber dónde estaba.
A la joven le habían quitado sangre para debilitarla y, de esta forma, hacerla vulnerable. Si a eso añadimos el hecho de que no se ha alimentado, ponemos a Annie en una situación que ella no puede controlar porque ni siquiera puede luchar contra la persona que tiene delante y su influencia.
Las manos de Kenneth agarran sus caderas y la atraen hacia él, cosa que termina alterando a Annie. Posa sus manos en su pecho y se aparta, gruñendo por lo bajo.

-¿¡Pero qué coño haces!? -Grita, golpeándole con la fuerza que le queda. Sabe que no debe hacerlo. "Zénobe, Zénobe, Zénobe". Su mente repite su nombre de forma constante.

-¿Qué pasa, Annie? ¿Crees que ahora que te tengo así voy a dejar que te escapes? Sarah tenía razón..-La voz de Kenneth comenzaba a causarle escalofríos.

La chica se bloquea, entrando en pánico. Sarah había hablado de ella con este muchacho, pero dudaba que ella estuviera tras aquello; su gemela habría ido a por ella de forma personal, sin tener que buscar a nadie para hacer su trabajo. Se remueve, bajando los brazos hasta apartar sus manos de ella, cosa que se le hace practicamente imposible y en ese momento sabe que su debilidad ha sido aprovechada por aquel desconocido. Da dos pasos atrás. Tres. Entonces se da la vuelta y echa a correr. Entre los árboles y las sombras, algo araña sus antebrazos de forma vertical y horizontal, simulando el corte de una cuchilla. La sangre no sale apenas, pero si se ven varias gotitas empapando su piel de porcelana. Las voces. Las luces. Zénobe.
La pureza de la brisa del lago la recibe de golpe. "¿Por qué hace tanto frío? ¿Por qué..? Zénobe." La chica alza la vista y se encuentra a un grupo mirándola. En su cabello negro se encuentran hojas de árboles y algunas ramas de arbustos, casi como si se hubiera chocado con todos ellos. Y en cierto modo lo hizo. Más adelante ve a Zénobe; su ceño fruncido indica que está molesto.

-Zeta..-Un susurro es suficiente. Sabe que la va a escuchar.

Y el mundo se vuelve negro. Annie cae al suelo de redondo, como si no fuera más que un peso muerto. A su alrededor alguien intenta levantarla, pero ella ya se encuentra en los brazos de alguien; su ángel.

"Esta vez te he dejado escapar, Massey. No habrá próxima."

Alguien susurra en su mente, haciendo que ella se encoja en su interior, se hiciera chiquitita y dejase de existir por un rato, en donde la oscuridad es lo único que la acompaña.

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