Pasan el viaje en silencio, cediendo la palabra a la radio que suena ambientando el incómodo espacio entre ellos. Al llegar le reciben los brazos de Annie, le enternecen sus palabras, haciéndole olvidar parte de lo ocurrido en la cafetería. Nunca ha sido posesivo, pero el hecho de que puedan arrebatársela o simplemente tocarla le saca de su sano juicio.
La escucha con atención, alzando las cejas ante su propuesta. ¿Una fiesta? Sonríe y responde a su te amo con un sonoro beso.
-Sí, podemos ir si te apetece. -susurra cerca de sus labios, abrazándola y aprobechando el abrazo para colocarle su cazadora negra por los hombros para que no coja frío. -Pero cámbiate, así vas a coger un resfriado y voy a estar un mes encontrándome pañuelos con tus mocos hasta en la sopa. -Trata de silenciar el refunfuño de Annie volviendo a besar sus labios.
Zénobe la espera en la cocina, ya ha cenado y se ha aseado, pues detesta el olor a desinfectante y medicamento que se impregna su ropa tras estar trabajando en la farmacia, optando por vestir con unos vaqueros negros y una camisa gris, restándole formalidad con una cazadora de cuero. Está sentado bebiendo Perrier Jouet en una copa, observando el juego de luces rojizas que se forman al catar este espumoso vino francés. Al de unos minutos Annie baja las escaleras vestida con un vestido negro de manga larga, impecable. En sus pies unas Converse de talle bajo y el pelo ligeramente recogido hacia un lado. Zénobe suspira y sonríe mientras le cede su copa, para que se deleite del excelente vino, contemblándola.
-Eres preciosa, Annie. -Murmura, besando su frente con ternura y se dirige a la entrada para coger ambas chaquetas, colocandole a Annie la suya por los hombros.
El lago no estaba lejos, pero estaba lo suficientemente apartado para tener que conducir hasta él, al menos de noche. Cuando se acercan, Zeta aparca en el improvisado parking y Annie se entretiene a observar el camino de farolillos que guía a todos los presentes hacia el lago, donde está situada la fiesta. Toma su mano y caminan juntos entre las luces, ignorando a algunos invitados que tratan de averiguar de quien se trata aquella preciosa pareja, ambos con rostros y presencia perfecta.
Un grupo de música toca en el escenario, la gente baila tranquilamente y otros hablan cerca de las mesitas de ponche y bebidas. Hay pequeñas luces decorando el lago, los árboles, el entorno.
-Vaya, no me imaginé que lo tuvieran tan bien preparado.. -Asiente con aprobación y mira a Annie que parece sorprendida también, y aprobecha ese momento para tomarla en brazos, en volandas y dar una vuelta con ella, que ríe ante la sorpresa y luego la atrae a él, rodeándola con los brazos y besándola con ternura.
-Voy a por algo para beber. Espérame por aqui. No te muevas, que por aquí hay mucho forastero de manos largas.. -Sonríe de lado con diversión y aprobecha para volver a besarla por ultima vez, dirigiéndose hacia una de las largas mesas con ponche y bebidas. Se topa con las miradas de jovencitas del pueblo, que cuchichean entre ellas sobre el joven, sin embargo, sus acompañantes se limitan a mirarlo con recelo, tratando de volver a ser el centro de atención de sus novias. Zénobe sirve champagne en la copa de Annie y ron con hielo en la suya. Vuelve para reunirse con ella pero una joven le para en el camino, y sus amigas se quedan más atras, sin atreverse a acercarse a hablar. Son mas jóvenes que Zénobe, y este alza las cejas sorprendido.
-¡Hola! Soy Bethany, vivo en el pueblo.. Tú eres el nuevo farmaceútico, ¿No? -Dice la rubia, sonrojada y Zénobe asiente mientras sostiene ambas copas en la mano. Sin embargo su atención se centra en Annie, que parece que habla con un joven... Con el joven de la cafetería. -Frunce el ceño, impaciente por llegar.
-Bueno... Pues ya nos veremos por el pueblo.. tal vez..
-¡Beth ni que le estuvieras pidiendo anticonceptivos! -Dice una de sus amigas y las mejillas de esta se tornan del mismo color que su vestido. Bajando la mirada.
-Señoritas, debo irme, si me lo permiten. -Dice Zénobe con un tono serio, adentrándose entre la gente y sin poder evitar escuchar los cuchicheos de las jovenes por los educados modales de Zeta.
Sin embargo, al llegar al punto de encuentro, Annie no está allí. "Annie dónde coño te has metido", murmura para su interior, preocupado, buscándola con la mirada, dando un largo sorbo a su vaso de ron.
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