Zénobe.
Las estrellas esperaban espectantes, los ojos de los presentes, también como estrellas luminosas posaron la vista en los dos jóvenes. Ambos perfectos, hechos para amarse y dejarse ser amados. Recorrió su cuerpo con una sonrisa hasta llegar a la suya, dejando escapar un suspiro entre los labios y subiendo un par de escalones en la entrada para tomar su mano y ayudarla a bajar, estaba tan bonita. Notó su sonrojo en las mejillas, que fueron besadas proximamente por un fugaz beso lleno de ternura, musitó en esa piel, perfumada- Estás preciosa. -Un segundo beso, esta vez en los labios, con los presentes delante, que morían de envidia al ser testigos de aquella escena de película o novela romántica. Era la noche de los dos, era la noche para aquellos que se aman. Unos pasos hasta el deportivo que les esperaba en la calle. Abrió su puerta dejándola entrar y cerrándola tras de si, para que el fino rocío de la llegada madrugada no dañara su peinado. Agradeció al botones tras dejar las maletas junto a las propias en el maletero, dándole propina y sentándose en el coche, poniendo la llave en el contacto, antes de arrancar, la mira y vuelve a sonreir. Poniendo la mano sobre la suya, en el reposabrazos. -¿Estás lista? -Pregunta, y responde seguido a la duda de Annie, sobre que debía estar preparada. -Para vivir una vida a mi lado. -Un hoyuelo se marca en su mejilla cuando este ya arranca, tomando la carretera general, observando por el retrovisor que algunos de los huéspedes presentes en el salón y recibidor del hotel estaban en la puerta, como despidiéndose de alguna manera de aquella curiosa pareja, llena de un misterio que dejaría el pequeño pueblo lleno de mágia.
No sería un trayecto largo, además el paisaje era precioso. Una carretera entre bosques y frondosos árboles. En la radio había una música de fondo, una canción de Coldplay en bajo, el grupo favorito de Zénobe, que inconscientemente acariciaba el volante con los dedos al compás del piano, instrumento que tocaba como los ángeles, literalmente. Murmurando un "And I will try, to fix you". Ajenas de la civilización, el cielo se vestía con constelaciones que Annie miraba como si fueran de la misma familia. -Brujita, estamos casi llegando. -Interrumpe su clase de astronomia mientras la mira de reojo, sin perder sonrisa, y hace un gesto de cabeza para señalar un precioso restaurante que iluminaba parte del bosque con candelabros y antorchas.
El sitio era precioso. Abre la puerta de Annie dejando que saliera con cuidado después de haber aparcado en el parquin de piedritas. -No te tropieces, ten cuidado. -Dice, tomando su mano por si las moscas y volviendo a besar su mejilla, esta vez dejando ahí los labios unos segundos. Cierra la puerta y el coche con la mano libre, pues la otra rodea la cintura de Annie, uniendolos en un abrazo en el parking. Al de unos segundos se encuentran caminando por un camino de piedra guiado por luces y abetos. Las luciérnagas juegan esta noche con las sombras que forman algunas antorchas en el suelo. Sin soltar su mano, se dirigen poco a poco hasta una terraza exterior donde esperan a Zénobe y su acompañante los colegas de el joven con sus respectivas parejas. Sonríen al verle llegar y se acercan de forma dibertida a por él, como si lo tuvieran planeado para saludarle y recibirle entre abrazos y alguna que otra jugarreta, como si todos fueran cachorros de león con cuerpo de hombre pero alma de niños. Vuelve a tomar la mano de Annie cuando estos le dejan respirar más tranquilo y ríe al verla sorprendida por la recibida de sus amigos. -Estos pueden llegar a ser más peligrosos que esas criaturas malévolas. -Bromea guiñando un ojo rapidamente y deja nuevamente al descubierto su blanca dentadura para llevarla hasta el grupo, estos toman asiento y la guía hasta su lado, donde en los platos se encontraban unas cartas con sus nombres, el de Annie y su sitio, y el de Zénobe y el suyo. Se sientan bajo las miradas de los presentes que admiran la belleza de la joven, las chicas no pierden detalle del vestido y de su rostro, que parece no haber sido campo de batalla de ninguna imperfección. -Ella es Annie. -La presenta, mientras todos la reciben cariñosamente entre saludos y presentandose alegremente, encantados de la visita de la pareja. -¡Que callado te lo tenías cabrón! -Comenta Ryan riendose, haciendo también reir a los demás de la mesa y Zénobe mira a Annie prensando los labios para reprimir reirse tambien, terminando por sonreir y tomar su mano por debajo del mantel, acariciandola.
La velada iba como la seda, hacian bromas, comentaban anecdotas sobre Somalia, se dibertían con el camarero que acababa siempre por reirse él también. Las chicas se quejaban a sus novios en bajo al ver algunos gestos de el joven ángel hacia Annie, pues ellas nunca habían sido tratadas de aquella manera tan respetuosa y cariñosa. Zénobe estaba pasándoselo en grande, explicandole en ocasiones detalles a Annie para que se enterara mejor de los comentarios de los chicos, sin embargo notaba en ocasiones a Annie distraida con una chica presente en la mesa, no se conocían pero ambas notaban algo extraño en la mesa, un ligero presentimiento. Por lo visto aquella chica era de raza vampiro, sin embargo parecía totalmente pacífica, humana. Zénobe sin embargo no había notado nada diferente, para él ella era Leena la novia de Ryan. A veces preguntaba a Annie si se encontraba bien, sabía que algo la preocupaba o entretenía en cierta manera, esta sin embargo negaba diciendo que solo se entretenía observando las antorchas. Leena sabía de ambos, sabía de Zénobe y una enorme curiosidad se invadía de ella al verle y aún más... Acompañándola a ella. Los postres. Ambas no habían comido apenas bocado en la cena, Zénobe sabía el por qué de Annie, y pensó que la otra joven simplemente seria víctima de esas dietas obsesivas. La cena había sido perfecta a la luz de las estrellas y una luna que iluminaba las copas de los árboles, los jóvenes se despendían, la mayoría se despidió tambien de Annie, la tomaron enseguida como un miembro más de aquella familia que ellos formaban, Leena tomó el brazo de Ryan y Zénobe fue con Annie a despedirse también de ellos. Ellas quedaron mirando de frente, ellos se despidieron mientras comentaban cuando volver a verse. Empezaron a irse poco a poco en los coches, serían las dos de la madrugada cuando Annie y Zénobe se disponían a entrar al coche, ella se sentó y él después, poniendo la llave en el contacto. -Bueno, ¿Qué tal lo has pasado? Son geniales. -Sonrié, apoyando la nuca sobre el asiento del conductor, diriendo la mirada a ella que aun parecía un poco distraida. -Annie.. ¿Estás bien? -Pregunta, algo preocupado mientras espera respuesta, escuchando a los grillos fuera del coche frotar sus alas-
domingo, 23 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
"Es maravilloso... como él."
Annie.
La chica suelta una risotada ante el comentario de Zénobe. Había cerrado las ventanas por simple intimidad, siempre cuidando que no hubiera nadie del otro lado observándolos. No convenía verlos de aquella forma, no por ella, ella podía combatir cualquier cosa por él, pero tenía que cuidarlo antes de cualquier cosa que deseara. Enreda ambas manos tras su cuello, viéndose de repente encima suya. Aparta el cabello de su frente con suavidad, encontrándose con sus labios, los cuales acaricia con los propios de una forma tan suave.. sabe que podía quedarse así todo el día. Una sonrisa se muestra y sus ojos casi consiguen toda la luz que parecen haber perdido en todo aquel tiempo. Su vuelta le traía también una parte de sí misma. Quizá era cierto eso de que depender de una persona era el mayor de los errores pero.. ¿qué podía hacer? Él era la felicidad, él era la paz, él era el amor. Él era todo lo que ella conocía por el momento y lo único que quería seguir conociendo. Lo observa detenidamente, como si quisiera quedarse con su rostro un ratito más. El refunfuño no falta cuando el chico dice que tiene que marcharse y se ve sentada en la cama. Inmediatamente cruza los brazos sobre el pecho y las piernas sobre el colchón, tan sólo observándolo con una sonrisa ante sus gestos. Ya cuando iba a irse, aquel beso de despedida llena a Annie de un mariposeo indescriptible, atrapando sus mejillas con las manos, intentando que no se marchase... pero la puerta se cierra y ella vuelve a su mundo. Le esperaba una buena noche, lo prevenía.
Después de un rato, ya tiene las maletas hechas y las cosas completamente recogidas. Ha dejado el dinero por el hueco de la alfombra en una de las mesitas de noche y observa el sitio con el ceño fruncido. Le gustaban las buhardillas más de lo que podía decir. La cortina vuelve a abrirse y ve del otro lado una pequeña ardilla, posada sobre el alféizar de la ventana. Annie se aproxima y abre cuidadosamente la ventana, dejando que el animalillo entre. Ahí está Tonca, mirándola con cierta preocupación a pesar de que sabía que Annie se encontraba bien en esos momentos. El animal parecía saber que se aproximaban tiempos duros, llenos de peleas, riñas y muertes, pero sabía también que era necesario. Annie cierra la ventana y suspira, encogiendo los hombros, dando a entender que no podía hacer nada más. Nada más que su misión y lo protegería con la vida. Se agacha, tomando a su mascota entre las manos y acariciándola suavemente, casi mandándole un mensaje. La acompañará aquella noche; Tonca siempre va con ella. A donde sea. Un sonido llama la atención de ambas. Han tocado a la puerta. Se acerca con lentitud y abre, casi como si temiera lo que hay del otro lado, pero la reciben unos ojos curiosos de un humano que trae consigo una caja, la cual entrega con cuidado, como si temiera que se rompiese. Annie frunce el ceño; no tiene ni idea de qué se trata, aunque le encanta la decoración de la antes nombrada. El chico se marcha y ella cierra la puerta, acercándose a la cama y abriendo la tapa... para encontrarse aquella preciosidad. Su boca se queda semiabierta por la sorpresa. Parpadea con rapidez. Es maravilloso. Y es de Zénobe. Suspira, escondiendo una sonrisa mientras muerde su labio inferior, colándose en el baño rápidamente. Unos minutos más tarde y la chica sale envuelta en una toalla, con el pelo empapado, el cual seca y comienza su trabajo. Al final, un bonito aunque sencillo recogido adorna su rostro. Frente al espejo perfila la línea de sus ojos, aunque se mantiene totalmente natural. No hace falta rubor en sus mejillas ni un tono muy fuerte en sus labios.
Casi llega la hora. Annie se acerca a la cama y saca el vestido, admirando una vez más la belleza del último. Poco a poco se lo coloca, viéndose enseguida al espejo. El gusto de Zénobe es exquicito. Frunce los labios y vuelve a sonreír, buscando entre sus zapatos, los que ya están en la maleta, unos tacones cerrados y de color negro. Annie solo vestía así en ocasiones especiales y al parecer, aquella lo era. Después de unos minutos el teléfono suena y se acerca, asintiendo. Zénobe estaba abajo. Pide por favor que alguien venga a recoger las maletas. Antes de que la puerta vuelva a sonar, un perfume adorna su piel. Es dulce aunque no empalagoso. Y entonces una mariposa roja revolotea a su alrededor, colándose en su cabello y posándose ahí, como un adorno. Annie sonríe y entrega la llave al mismo chico que le entregó la caja, el cual se lleva sus maletas.
Quinto, cuarto, tercer, segundo y primer piso. El sonido del ascensor anuncia que va a abrirse y Annie suspira una vez más, nerviosa. No lo ha hecho esperar mucho, pero aún así... Las puertas se abren y ella toma aire, dejando pasar al chico primero y adentrándose al pasillo después, encontrándose con la mirada azulada de Zénobe. El salón se ha quedado en silencio, como si todos observasen a la pareja. Una sonrisa tímida se muestra en los labios de Annie, que ya se ha ruborizado. No le gusta ser el centro de atención. Camina despacio hasta alcanzar la mano de su acompañante. Él está precioso. Nunca lo había visto vestido de traje. Y dejándose llevar por él, se entrega a la oscuridad y humedad que los espera en la calle.
La chica suelta una risotada ante el comentario de Zénobe. Había cerrado las ventanas por simple intimidad, siempre cuidando que no hubiera nadie del otro lado observándolos. No convenía verlos de aquella forma, no por ella, ella podía combatir cualquier cosa por él, pero tenía que cuidarlo antes de cualquier cosa que deseara. Enreda ambas manos tras su cuello, viéndose de repente encima suya. Aparta el cabello de su frente con suavidad, encontrándose con sus labios, los cuales acaricia con los propios de una forma tan suave.. sabe que podía quedarse así todo el día. Una sonrisa se muestra y sus ojos casi consiguen toda la luz que parecen haber perdido en todo aquel tiempo. Su vuelta le traía también una parte de sí misma. Quizá era cierto eso de que depender de una persona era el mayor de los errores pero.. ¿qué podía hacer? Él era la felicidad, él era la paz, él era el amor. Él era todo lo que ella conocía por el momento y lo único que quería seguir conociendo. Lo observa detenidamente, como si quisiera quedarse con su rostro un ratito más. El refunfuño no falta cuando el chico dice que tiene que marcharse y se ve sentada en la cama. Inmediatamente cruza los brazos sobre el pecho y las piernas sobre el colchón, tan sólo observándolo con una sonrisa ante sus gestos. Ya cuando iba a irse, aquel beso de despedida llena a Annie de un mariposeo indescriptible, atrapando sus mejillas con las manos, intentando que no se marchase... pero la puerta se cierra y ella vuelve a su mundo. Le esperaba una buena noche, lo prevenía.
Después de un rato, ya tiene las maletas hechas y las cosas completamente recogidas. Ha dejado el dinero por el hueco de la alfombra en una de las mesitas de noche y observa el sitio con el ceño fruncido. Le gustaban las buhardillas más de lo que podía decir. La cortina vuelve a abrirse y ve del otro lado una pequeña ardilla, posada sobre el alféizar de la ventana. Annie se aproxima y abre cuidadosamente la ventana, dejando que el animalillo entre. Ahí está Tonca, mirándola con cierta preocupación a pesar de que sabía que Annie se encontraba bien en esos momentos. El animal parecía saber que se aproximaban tiempos duros, llenos de peleas, riñas y muertes, pero sabía también que era necesario. Annie cierra la ventana y suspira, encogiendo los hombros, dando a entender que no podía hacer nada más. Nada más que su misión y lo protegería con la vida. Se agacha, tomando a su mascota entre las manos y acariciándola suavemente, casi mandándole un mensaje. La acompañará aquella noche; Tonca siempre va con ella. A donde sea. Un sonido llama la atención de ambas. Han tocado a la puerta. Se acerca con lentitud y abre, casi como si temiera lo que hay del otro lado, pero la reciben unos ojos curiosos de un humano que trae consigo una caja, la cual entrega con cuidado, como si temiera que se rompiese. Annie frunce el ceño; no tiene ni idea de qué se trata, aunque le encanta la decoración de la antes nombrada. El chico se marcha y ella cierra la puerta, acercándose a la cama y abriendo la tapa... para encontrarse aquella preciosidad. Su boca se queda semiabierta por la sorpresa. Parpadea con rapidez. Es maravilloso. Y es de Zénobe. Suspira, escondiendo una sonrisa mientras muerde su labio inferior, colándose en el baño rápidamente. Unos minutos más tarde y la chica sale envuelta en una toalla, con el pelo empapado, el cual seca y comienza su trabajo. Al final, un bonito aunque sencillo recogido adorna su rostro. Frente al espejo perfila la línea de sus ojos, aunque se mantiene totalmente natural. No hace falta rubor en sus mejillas ni un tono muy fuerte en sus labios.
Casi llega la hora. Annie se acerca a la cama y saca el vestido, admirando una vez más la belleza del último. Poco a poco se lo coloca, viéndose enseguida al espejo. El gusto de Zénobe es exquicito. Frunce los labios y vuelve a sonreír, buscando entre sus zapatos, los que ya están en la maleta, unos tacones cerrados y de color negro. Annie solo vestía así en ocasiones especiales y al parecer, aquella lo era. Después de unos minutos el teléfono suena y se acerca, asintiendo. Zénobe estaba abajo. Pide por favor que alguien venga a recoger las maletas. Antes de que la puerta vuelva a sonar, un perfume adorna su piel. Es dulce aunque no empalagoso. Y entonces una mariposa roja revolotea a su alrededor, colándose en su cabello y posándose ahí, como un adorno. Annie sonríe y entrega la llave al mismo chico que le entregó la caja, el cual se lleva sus maletas.
Quinto, cuarto, tercer, segundo y primer piso. El sonido del ascensor anuncia que va a abrirse y Annie suspira una vez más, nerviosa. No lo ha hecho esperar mucho, pero aún así... Las puertas se abren y ella toma aire, dejando pasar al chico primero y adentrándose al pasillo después, encontrándose con la mirada azulada de Zénobe. El salón se ha quedado en silencio, como si todos observasen a la pareja. Una sonrisa tímida se muestra en los labios de Annie, que ya se ha ruborizado. No le gusta ser el centro de atención. Camina despacio hasta alcanzar la mano de su acompañante. Él está precioso. Nunca lo había visto vestido de traje. Y dejándose llevar por él, se entrega a la oscuridad y humedad que los espera en la calle.
Cambiando de aires.
Zénobe.
Que haya aceptado lo pone más feliz, y es verdad, entre ellos hay algo que hace olvidar problemas ajenos, el mundo desaparece sin rechistar cuando ellos estan cerca. Sólo hace falta ver sus gestos para darse cuenta de que la ama. La ama por encima de todo, la ama por encima del cosmos, por encima de leyes universales, la ama, tan simple y complejo como el amor de dos jóvenes. Juega con un largo mechón de su pelo, que se desliza sedoso entre los dedos, sonriendo de lado ante el gesto de que las cortinas se cerrasen para crear un ambiente diferente, Zénobe alza las cejas divertido, intentando chincharla y pinchándole suavemente con un dedo uno de sus costados, haciéndole cosquillas.- Eh, que estás buscando pequeña, ¿Un ambiente más erótico? -Dice mordiéndose el labio para no reir, viendo su reacción y se le hace imposible no achucharla entre sus brazos, cariñoso y cogiéndola en el aire a su antojo, se sienta en la cama y la coloca sobre su regazo, dejando que esta acomode las piernas una en cada lado de su torso. Este también le roba un beso, besos que a pesar de ser "robados", llevan su nombre escrito en los labios. Posa las manos en su cintura y vuelve a robar otro beso, esta vez jugó con sus labios, rozando estos varias veces, atrapando alguno suyo con los propios, besando sus labios con total ternura, mientras sus respiraciones se unen, respirando ambos del mismo aire, musitando en su boca, recorriendo y perfilando su manibula con besos antes de hablar, bajando hasta su cuello pálido como la nieve, depositando en este un par de besos más, susurrando contra la piel- Tengo que marchar. Tengo que ir a arreglar cuentas a la granja, decir que me voy y recoger todas mis cosas. Me pasaré a recogerte, ten todo listo. Para cuando vuelva te esparé abajo para ir a cenar. -Hace como que muerde su cuello, al contrario que cualquier otro ser, Zénobe tenía los dientes perfectamente alineados y sus colmillos estaban como limados para no ser puntiagudos, por lo cual el mordisco es tan suave que provoca un escalofrío en Annie. Busca sus labios de nuevo, terminando con un breve beso y sentándola a su lado en la cama. Este se levanta aún sin camiseta, pero también sin rasgos de heridas. Toma la daga, que al contrario que a ella, no le causa ninguna molestia, es más, parece adecuarse a su mano y encajar, se la envuelve en la camiseta ya rota, al fin y al cabo no prentedía ir enseñándola por la calle, bastantes miradas atraería ya sin camiseta hasta llegar a la granja. -Te veo luego, ¿Vale? -Se apoya en el marco del pasillo, y le guiña un ojo burlón, dirigiéndose después hacia la puerta, sin embargo retrocede rapidamente, y vuelve donde Annie con un dedo en alto, diciendo- ¡Se me olvidaba! -Vuelve a besar sus labios, terminando por sonreir en estos y susurrar un te quiero, entonces sí, ya sale de la habitación de Annie sin preocupación alguna.
Los padres de Coraline se tomaron bien la noticia, Zénobe les explicó que tenía una beca o algo improvisado en la ciudad y que debía marchar, estos se lo tomaron bastante bien aunque a su madre se le notaba cierto aire melancólico en los ojos, Zeta le parecía perfecto para su hija y ahora se le marchaba a la ciudad. Se despidió de ellos y les dijo que iría a recoger sus pertenencias a la casa, que hoy dormiría en otro lugar. Y así fue, estaba en casa guardando su ropa en una maleta y una bolsa de mano, guardó todo lo del neceser, el maletín en la maleta, el traje en el portatrajes, el uniforme en la bolsa.. Haciendo lista de todo aquello, terminó y dejó sus pertenencias en la puerta de casa, estaba ordenando un poco la casa cuando la puerta se abrió de golpe y unos gritos invadieron aquellas paredes. -¡ZETA NO TE PUEDES IR! -Grita mientras busca a su "caballero andante" por la casa, hasta encontrarlo y lanzarse a sus brazos sollozando- ¿Es por lo sucedido esta mañana? ¡Me da igual que seas un ángel! ¡No pasa nada, tendremos hijos ángeles! ¡Yo seré un ángel si quieres! ¡Quiero volar quiero cruzar las nubes! -Decía, parecía que se le estaba llendo totalmente la cabeza, Zénobe sentía un poco de pena por ella, al fin y al cabo era como la hermana pequeña que nunca tuvo, aunque esta estaría dispuesta a cometer incesto por su "hermano". -Cora no es por eso, debo marcharme y ya está, te dije que mi estancia aquí sería temporal, no dramatices. -Dice, intentando quitársela de encima pues esta besuque su casa y no suelta la camiseta que ahora Zénobe viste. -Coraline.. de verdad, tengo prisa, vamos.. -Pone los ojos en blanco, paciente con la muchacha pues no parece ceder, negándose a soltarlo como si fuera un tipo de peluche de feria, enfurruñada. -¡NO! ¡NO! ¡NO! -Niega, y se lanza sobre este esperando que la coja en brazos, cosa que no hace asique van a parar ambos al suelo por la inercia. Zénobe apoya los codos, está empezando a cansarse y eso no es bueno, y menos ahora que no sabe en que momento podrá controlarse o dejar que sus poderes fluyan, aprobechando la ocasión la joven de cabellos dorados se inclina hasta besar sus labios, con cierta ansia y este se sorprende, intentando apartarla de su torso, parece un koala ahí plantada. -Coraline, ¡Basta! -Grita, su voz parece haber dejado a la joven de piedra, que retira sus labios de los de él, y se levanta del suelo, algo avergonzada por su actitud, este se levanta también en un rápido movimiento, echándose la bolsa a un hombro y tomando la maleta por el asa, ya que el camino polvoriento no permitía llevarla arrastras. En el porche hace un gesto de cabeza, mientras baja las escaleras hasta el jardín- Hasta otra Coraine, espero que todo te vaya bien. -Dice, algo agobiado por la situación y echa a andar, mientras la joven se queda en la puerta, observando como se le escapa la situación de las manos. -Adiós Zeta, ¡Volveremos a vernos! -Es lo único que ha llegado a escuchar, mientras se aleja poco a poco en el camino.
Al llegar al pueblo, se las apaña para hacer algunos recados antes de marchar, entre ellos unas llamadas a tiendas de la ciudad. Se encontró con Rafaella, la joven camarera, que al enterarse de que se marchaba del pueblo, accedió a que Zénobe dejara las cosas en su casa hasta que este se hubiera vestido para ir a cenar, y así fue. Dejó las cosas en casa de Rafaella, era una pequeña casita con flores en la plaza del pueblo. Zénobe bajó otra vez a la plaza para volver a llamar por el teléfono público, en efecto, su encargo ya había sido entregado al motel. Más tranquilo, se dirigió a comer. Decían que Rafaella hacía los mejores guisos del lugar, y era verdad, le preparó uno esquisito, dándole mil veces gracias subió a uno de los cuartos que esta le indicó para cambiarse, estaba empezando a atardecer. El encargo de Zénobe era un vestido rojo para Annie, un rojo intenso y elegante. El vestido consistía en una parte más corta por delante mostrando las piernas, sin embargo por detras tenía capas de gasa y seda que se entrelazaban sedosas, resbalandose por cada curva de Annie, creando un tipo de cola, en el escote, de un tipo de palabra de honor corazón, con pedrería de Swarovski fina. El encargo había llegado, asique Zénobe podía vestirse tranquilo. Se empezó duchándose y con el aseo, después se secó el pelo con secador, cosa que no solía hacer pero de esta manera se le quedó el flequillo con un cierto tupé que le gustaba, al fin y al cabo así no tendría que estar él apartándoselo de la cara. Era un traje negro de Prada, corbata roja y gemelos dorados, estaba hecho un pincel. Bajó con las maletras para esperar al auto que había alquilado para ese día, y Rafaella se quedó boquiabierta al verle. -¡Zénobe, estás guapísimo! -Le dijo al verle, y ambos rieron. El coche llegó después de haber estado hablando con Rafaella un rato, sobre su estancia en Somalia. Dejó las maletas en el maletero y dando las gracias al chofer que ahora se retiraba para coger otro coche en vuelta a casa, Zénobe se despidió de la camarera, conduciendo después hasta el motel. Era un coche negro brillante, un deportivo BMW. Habló en recepción para que avisaran a Annie de que estaba abajo esperándole y que bajara también sus respectivas maletas. Espera impaciente apoyado en el coche, ansioso de verla bajar por la escalinata del motel hasta la carretera, algo nervioso.
Que haya aceptado lo pone más feliz, y es verdad, entre ellos hay algo que hace olvidar problemas ajenos, el mundo desaparece sin rechistar cuando ellos estan cerca. Sólo hace falta ver sus gestos para darse cuenta de que la ama. La ama por encima de todo, la ama por encima del cosmos, por encima de leyes universales, la ama, tan simple y complejo como el amor de dos jóvenes. Juega con un largo mechón de su pelo, que se desliza sedoso entre los dedos, sonriendo de lado ante el gesto de que las cortinas se cerrasen para crear un ambiente diferente, Zénobe alza las cejas divertido, intentando chincharla y pinchándole suavemente con un dedo uno de sus costados, haciéndole cosquillas.- Eh, que estás buscando pequeña, ¿Un ambiente más erótico? -Dice mordiéndose el labio para no reir, viendo su reacción y se le hace imposible no achucharla entre sus brazos, cariñoso y cogiéndola en el aire a su antojo, se sienta en la cama y la coloca sobre su regazo, dejando que esta acomode las piernas una en cada lado de su torso. Este también le roba un beso, besos que a pesar de ser "robados", llevan su nombre escrito en los labios. Posa las manos en su cintura y vuelve a robar otro beso, esta vez jugó con sus labios, rozando estos varias veces, atrapando alguno suyo con los propios, besando sus labios con total ternura, mientras sus respiraciones se unen, respirando ambos del mismo aire, musitando en su boca, recorriendo y perfilando su manibula con besos antes de hablar, bajando hasta su cuello pálido como la nieve, depositando en este un par de besos más, susurrando contra la piel- Tengo que marchar. Tengo que ir a arreglar cuentas a la granja, decir que me voy y recoger todas mis cosas. Me pasaré a recogerte, ten todo listo. Para cuando vuelva te esparé abajo para ir a cenar. -Hace como que muerde su cuello, al contrario que cualquier otro ser, Zénobe tenía los dientes perfectamente alineados y sus colmillos estaban como limados para no ser puntiagudos, por lo cual el mordisco es tan suave que provoca un escalofrío en Annie. Busca sus labios de nuevo, terminando con un breve beso y sentándola a su lado en la cama. Este se levanta aún sin camiseta, pero también sin rasgos de heridas. Toma la daga, que al contrario que a ella, no le causa ninguna molestia, es más, parece adecuarse a su mano y encajar, se la envuelve en la camiseta ya rota, al fin y al cabo no prentedía ir enseñándola por la calle, bastantes miradas atraería ya sin camiseta hasta llegar a la granja. -Te veo luego, ¿Vale? -Se apoya en el marco del pasillo, y le guiña un ojo burlón, dirigiéndose después hacia la puerta, sin embargo retrocede rapidamente, y vuelve donde Annie con un dedo en alto, diciendo- ¡Se me olvidaba! -Vuelve a besar sus labios, terminando por sonreir en estos y susurrar un te quiero, entonces sí, ya sale de la habitación de Annie sin preocupación alguna.
Los padres de Coraline se tomaron bien la noticia, Zénobe les explicó que tenía una beca o algo improvisado en la ciudad y que debía marchar, estos se lo tomaron bastante bien aunque a su madre se le notaba cierto aire melancólico en los ojos, Zeta le parecía perfecto para su hija y ahora se le marchaba a la ciudad. Se despidió de ellos y les dijo que iría a recoger sus pertenencias a la casa, que hoy dormiría en otro lugar. Y así fue, estaba en casa guardando su ropa en una maleta y una bolsa de mano, guardó todo lo del neceser, el maletín en la maleta, el traje en el portatrajes, el uniforme en la bolsa.. Haciendo lista de todo aquello, terminó y dejó sus pertenencias en la puerta de casa, estaba ordenando un poco la casa cuando la puerta se abrió de golpe y unos gritos invadieron aquellas paredes. -¡ZETA NO TE PUEDES IR! -Grita mientras busca a su "caballero andante" por la casa, hasta encontrarlo y lanzarse a sus brazos sollozando- ¿Es por lo sucedido esta mañana? ¡Me da igual que seas un ángel! ¡No pasa nada, tendremos hijos ángeles! ¡Yo seré un ángel si quieres! ¡Quiero volar quiero cruzar las nubes! -Decía, parecía que se le estaba llendo totalmente la cabeza, Zénobe sentía un poco de pena por ella, al fin y al cabo era como la hermana pequeña que nunca tuvo, aunque esta estaría dispuesta a cometer incesto por su "hermano". -Cora no es por eso, debo marcharme y ya está, te dije que mi estancia aquí sería temporal, no dramatices. -Dice, intentando quitársela de encima pues esta besuque su casa y no suelta la camiseta que ahora Zénobe viste. -Coraline.. de verdad, tengo prisa, vamos.. -Pone los ojos en blanco, paciente con la muchacha pues no parece ceder, negándose a soltarlo como si fuera un tipo de peluche de feria, enfurruñada. -¡NO! ¡NO! ¡NO! -Niega, y se lanza sobre este esperando que la coja en brazos, cosa que no hace asique van a parar ambos al suelo por la inercia. Zénobe apoya los codos, está empezando a cansarse y eso no es bueno, y menos ahora que no sabe en que momento podrá controlarse o dejar que sus poderes fluyan, aprobechando la ocasión la joven de cabellos dorados se inclina hasta besar sus labios, con cierta ansia y este se sorprende, intentando apartarla de su torso, parece un koala ahí plantada. -Coraline, ¡Basta! -Grita, su voz parece haber dejado a la joven de piedra, que retira sus labios de los de él, y se levanta del suelo, algo avergonzada por su actitud, este se levanta también en un rápido movimiento, echándose la bolsa a un hombro y tomando la maleta por el asa, ya que el camino polvoriento no permitía llevarla arrastras. En el porche hace un gesto de cabeza, mientras baja las escaleras hasta el jardín- Hasta otra Coraine, espero que todo te vaya bien. -Dice, algo agobiado por la situación y echa a andar, mientras la joven se queda en la puerta, observando como se le escapa la situación de las manos. -Adiós Zeta, ¡Volveremos a vernos! -Es lo único que ha llegado a escuchar, mientras se aleja poco a poco en el camino.
Al llegar al pueblo, se las apaña para hacer algunos recados antes de marchar, entre ellos unas llamadas a tiendas de la ciudad. Se encontró con Rafaella, la joven camarera, que al enterarse de que se marchaba del pueblo, accedió a que Zénobe dejara las cosas en su casa hasta que este se hubiera vestido para ir a cenar, y así fue. Dejó las cosas en casa de Rafaella, era una pequeña casita con flores en la plaza del pueblo. Zénobe bajó otra vez a la plaza para volver a llamar por el teléfono público, en efecto, su encargo ya había sido entregado al motel. Más tranquilo, se dirigió a comer. Decían que Rafaella hacía los mejores guisos del lugar, y era verdad, le preparó uno esquisito, dándole mil veces gracias subió a uno de los cuartos que esta le indicó para cambiarse, estaba empezando a atardecer. El encargo de Zénobe era un vestido rojo para Annie, un rojo intenso y elegante. El vestido consistía en una parte más corta por delante mostrando las piernas, sin embargo por detras tenía capas de gasa y seda que se entrelazaban sedosas, resbalandose por cada curva de Annie, creando un tipo de cola, en el escote, de un tipo de palabra de honor corazón, con pedrería de Swarovski fina. El encargo había llegado, asique Zénobe podía vestirse tranquilo. Se empezó duchándose y con el aseo, después se secó el pelo con secador, cosa que no solía hacer pero de esta manera se le quedó el flequillo con un cierto tupé que le gustaba, al fin y al cabo así no tendría que estar él apartándoselo de la cara. Era un traje negro de Prada, corbata roja y gemelos dorados, estaba hecho un pincel. Bajó con las maletras para esperar al auto que había alquilado para ese día, y Rafaella se quedó boquiabierta al verle. -¡Zénobe, estás guapísimo! -Le dijo al verle, y ambos rieron. El coche llegó después de haber estado hablando con Rafaella un rato, sobre su estancia en Somalia. Dejó las maletas en el maletero y dando las gracias al chofer que ahora se retiraba para coger otro coche en vuelta a casa, Zénobe se despidió de la camarera, conduciendo después hasta el motel. Era un coche negro brillante, un deportivo BMW. Habló en recepción para que avisaran a Annie de que estaba abajo esperándole y que bajara también sus respectivas maletas. Espera impaciente apoyado en el coche, ansioso de verla bajar por la escalinata del motel hasta la carretera, algo nervioso.
jueves, 6 de junio de 2013
Sólo tienes que decir "sí":
Annie.
Arruga la nariz en respuesta a su repentino pero juguetón beso, viendo la sonrisa que esperaba en ese justo momento. Annie junta los labios, mordiéndolos desde dentro y dejándose ver como si fuera una niña pequeña, que luego lo ve alejarse y ladea el rostro, examinando la daga también desde su posición. Escucha sus palabras y alza las cejas, en menos de lo que puede pensar se encuentra entre sus brazos y se le escapa la risa, apoyando las manos sobre sus hombros, dejándose llevar por él. Si alguna vez tuviera que describir lo que era felicidad, sólo tenía que decir su nombre. No hacían falta detalles, ni adjetivos. Sólo y únicamente...su nombre. Su mirada azul celeste se posa en sus ojos y a todos sus gestos y cariños le devuelve risitas por lo bajo y sonrisas que pensaba haber olvidado hacía mucho, mucho tiempo. Alza las cejas ante su incinuación, inclinándose hacia adelante, lo suficiente para que ambas narices se rocen. Lo mira desde esa distancia, entreabriendo los labios, enarcando suavemente una ceja. La chica estaba en silencio, sólo observaba su rostro. Sus manos suben despacio por su pecho, rozando su piel con las yemas de los dedos hasta dejarlas posadas sobre sus hombros, en donde presiona un poco y luego se relaja. Y entonces, cuando lo ve completamente quieto, en silencio, le roba un beso. Es uno rápido, fugaz, pero totalmente suave. Y cuando termina se separa, dedicándole una mediana sonrisa. Atrapa por un segundo su mano, estirándose hasta parecer como si estuviesen bailando, se enrolla sobre estos y lo mira de nuevo desde allí, sonriendo como una niña chica:
-Estaría encantada de acompañarlo esta noche y de trasladarme con usted, señorito Yves Levourdée..
Y entonces vuelve a reír, rebosante de alegría por el momento. Olvida los problemas que hay fuera de esas paredes y esas ventanas, olvida todo lo que no tenga que ver con ellos dos, en ese instante. Sin que apenas haga nada la cortina se cierra de repente, dejando la habitación casi sin iluminación a pesar de que todavía era temprano. Estaba el tema de Caroline y en todas las explicaciones que Zénobe tendría que darle pero...¡No iba a pensar en la rubia por ahora! No le gustaba nada a pesar de que sabia que no era mala. La idea de no seguir estando alejada de él la ilusionaba y, a pesar de que sabía que no debía hacerlo, no podía resistirlo. Annie tenía otro asunto en mente; el día que conoció a Zénobe, éste traía consigo un dragón de aspecto refunfuñón llamado Rufo. Tenía pensado recuperarlo, traérselo de vuelta. Sabía que era importante para él y que le devolvería la parte que aquella pequeña aunque curiosa mascota se había llevado consigo al irse. De un momento a otro Annie lo abraza con fuerza, descansando su mejilla en su pecho, terminando por apoyar allí la barbilla, frunciendo los labios, con un brillo especial en la mirada.
Arruga la nariz en respuesta a su repentino pero juguetón beso, viendo la sonrisa que esperaba en ese justo momento. Annie junta los labios, mordiéndolos desde dentro y dejándose ver como si fuera una niña pequeña, que luego lo ve alejarse y ladea el rostro, examinando la daga también desde su posición. Escucha sus palabras y alza las cejas, en menos de lo que puede pensar se encuentra entre sus brazos y se le escapa la risa, apoyando las manos sobre sus hombros, dejándose llevar por él. Si alguna vez tuviera que describir lo que era felicidad, sólo tenía que decir su nombre. No hacían falta detalles, ni adjetivos. Sólo y únicamente...su nombre. Su mirada azul celeste se posa en sus ojos y a todos sus gestos y cariños le devuelve risitas por lo bajo y sonrisas que pensaba haber olvidado hacía mucho, mucho tiempo. Alza las cejas ante su incinuación, inclinándose hacia adelante, lo suficiente para que ambas narices se rocen. Lo mira desde esa distancia, entreabriendo los labios, enarcando suavemente una ceja. La chica estaba en silencio, sólo observaba su rostro. Sus manos suben despacio por su pecho, rozando su piel con las yemas de los dedos hasta dejarlas posadas sobre sus hombros, en donde presiona un poco y luego se relaja. Y entonces, cuando lo ve completamente quieto, en silencio, le roba un beso. Es uno rápido, fugaz, pero totalmente suave. Y cuando termina se separa, dedicándole una mediana sonrisa. Atrapa por un segundo su mano, estirándose hasta parecer como si estuviesen bailando, se enrolla sobre estos y lo mira de nuevo desde allí, sonriendo como una niña chica:
-Estaría encantada de acompañarlo esta noche y de trasladarme con usted, señorito Yves Levourdée..
Y entonces vuelve a reír, rebosante de alegría por el momento. Olvida los problemas que hay fuera de esas paredes y esas ventanas, olvida todo lo que no tenga que ver con ellos dos, en ese instante. Sin que apenas haga nada la cortina se cierra de repente, dejando la habitación casi sin iluminación a pesar de que todavía era temprano. Estaba el tema de Caroline y en todas las explicaciones que Zénobe tendría que darle pero...¡No iba a pensar en la rubia por ahora! No le gustaba nada a pesar de que sabia que no era mala. La idea de no seguir estando alejada de él la ilusionaba y, a pesar de que sabía que no debía hacerlo, no podía resistirlo. Annie tenía otro asunto en mente; el día que conoció a Zénobe, éste traía consigo un dragón de aspecto refunfuñón llamado Rufo. Tenía pensado recuperarlo, traérselo de vuelta. Sabía que era importante para él y que le devolvería la parte que aquella pequeña aunque curiosa mascota se había llevado consigo al irse. De un momento a otro Annie lo abraza con fuerza, descansando su mejilla en su pecho, terminando por apoyar allí la barbilla, frunciendo los labios, con un brillo especial en la mirada.
Una proposición.
Zénobe.
¡Que ha matado a quién! Alza las cejas al escucharlo, haciéndose un leve masaje de nudillos, pero sin embargo sus palabras lo tranquilizan.. Un demonio más, un demonio menos.. piensa, sin dejar de escucharla. Presta más atención con el tema de la daga, y eso le crea una intenta curiosidad, ¿Quién le ha podido dársela? Zénobe era tan joven cuando fue expulsado que le costaba recordar rostros con algun gesto familiar. Parecía suya, la daga que nunca tuvo, tal vez, quien sabe.
Inconscientemente sonríe un poco más alegre que hace unos segundos ante el comentario de Annie, aprobechando que está cerca para besar su naricilla, juguetón. Se levanta de la silla y encoge los hombros mientras observa con detenimiento la daga, tomándola y curioseando los marcados que estan hechos meticulosamente por artesanos celestiales. Mientras tanto, habla. -Pues hoy se supone que tengo una cena con los colegas de la armada. -Deja el arma sobre la mesa, volviendo a prestar total atención a Annie, tomándola por la cintura y elevándola del suelo en un giro, girando sobre sus talones y besando varias veces sus mejillas velozmente, riendo pues parece una niña pequeña, la coloca sobre sus pies como siempre hace,pues le gusta tenerla a esa altura fácil y tan cerca. -Podrías venir conmigo, ellos van a llevar a sus parejas también y yo pues llevaré a mi pequeña jovenzuela, vamos, si ella quiere. -Dice, refiriéndose a ella, alzando varias veces las cejas jugueton, dejando a la vista una blanquecina sonrisa. -Tengo que ir de traje, yo si fuera tú no me perdía la oportunidad de verme.. -Ríe divertido, mordiendo con suavidad y ternura la mejilla de Annie. -Además así aprobechamos para visitar un poco la ciudad. ¿Sabes? He pensado en comprar una casita, cerca del lago, al fin y al cabo no queda tan lejos de la ciudad como este pueblo, podrias transladarte también conmigo, prometo buscar alguna que tenga un bonito desván o un ático con vistas al cielo. Sería algo temporal, hasta que las cosas se calmen un poco, ademas, no se ni que le voy a contar a Caroline en cuanto me vuelva a ver.. -Hace una graciosa mueca, sonriente.- ¿Te parece buena idea?
¡Que ha matado a quién! Alza las cejas al escucharlo, haciéndose un leve masaje de nudillos, pero sin embargo sus palabras lo tranquilizan.. Un demonio más, un demonio menos.. piensa, sin dejar de escucharla. Presta más atención con el tema de la daga, y eso le crea una intenta curiosidad, ¿Quién le ha podido dársela? Zénobe era tan joven cuando fue expulsado que le costaba recordar rostros con algun gesto familiar. Parecía suya, la daga que nunca tuvo, tal vez, quien sabe.
Inconscientemente sonríe un poco más alegre que hace unos segundos ante el comentario de Annie, aprobechando que está cerca para besar su naricilla, juguetón. Se levanta de la silla y encoge los hombros mientras observa con detenimiento la daga, tomándola y curioseando los marcados que estan hechos meticulosamente por artesanos celestiales. Mientras tanto, habla. -Pues hoy se supone que tengo una cena con los colegas de la armada. -Deja el arma sobre la mesa, volviendo a prestar total atención a Annie, tomándola por la cintura y elevándola del suelo en un giro, girando sobre sus talones y besando varias veces sus mejillas velozmente, riendo pues parece una niña pequeña, la coloca sobre sus pies como siempre hace,pues le gusta tenerla a esa altura fácil y tan cerca. -Podrías venir conmigo, ellos van a llevar a sus parejas también y yo pues llevaré a mi pequeña jovenzuela, vamos, si ella quiere. -Dice, refiriéndose a ella, alzando varias veces las cejas jugueton, dejando a la vista una blanquecina sonrisa. -Tengo que ir de traje, yo si fuera tú no me perdía la oportunidad de verme.. -Ríe divertido, mordiendo con suavidad y ternura la mejilla de Annie. -Además así aprobechamos para visitar un poco la ciudad. ¿Sabes? He pensado en comprar una casita, cerca del lago, al fin y al cabo no queda tan lejos de la ciudad como este pueblo, podrias transladarte también conmigo, prometo buscar alguna que tenga un bonito desván o un ático con vistas al cielo. Sería algo temporal, hasta que las cosas se calmen un poco, ademas, no se ni que le voy a contar a Caroline en cuanto me vuelva a ver.. -Hace una graciosa mueca, sonriente.- ¿Te parece buena idea?
Yo cuidaré de ti.
Annie.
Atrapa las manos con delicadeza, entrelazando sus dedos y bajándola despacio, viendo luego como sus alas desaparecen en su espalda. Vuelve a alzar la mirada, encontrándose con el azul de sus ojos y entrecierra los propios, sintiendo como el lugar comienza a cambiar. Desaparecen, se consumen como mismo lo hace el humo de un cigarro y cuando su mirada vuelve a localizar el sitio donde se encuentran, siente la suavidad de la alfombra sobre sus pies. Retira suavemente sus zapatos, quizá era una mala costumbre, pero le encantaba andar descalza. Lo ve andar hacia el cuarto de baño y cuando el agua comienza a correr por las tuberías, casi puede oler como el olor a sangre que acompañaba al ángel aquella tarde se esfumaba. Tenía que ayudarlo a curar esas heridas. Deja sobre una pequeña mesita la daga envuelta en la tela, retirando la última hasta poder examinarla, aunque sin tocarla. Hace una mueca, quedándose por un momento concentrada. Sabía que esa daga acababa con demonios, era un tesoro angelical y a pesar de que había oído hablar de ella, nunca la había usado. No podía, más bien. debía arreglársela siempre por sus propios medios. Por mucho que fuera la luz tenía oscuridad.. y ese tipo de armas repelían todo tipo de "maldad". Alguien le había dado esa arma a Zénobe...¿o la había tenido siempre? Desvía la mirada al escuchar sus pasos y niega despacio, sin saber qué responderle y al mismo tiempo, él le había dicho lo que quería saber. Alguien se la había entregado y debido a las cualidades de la daga, no había sido un demonio, ni nadie que quisiera tentarlo a caer en la trampa. Había sido un ángel, un ángel que estaba de su parte, al parecer. Y si Zénobe había sido capaz de utilizarla...significaba que no había ningún tipo de maldad en su alma, en su corazón o incluso en sus pensamientos. Aquello la tranquiliza; Lucifer no ha logrado ninguno de sus objetivos. Camina despacio hacia la cama y lo observa, escuchando sus preguntas y el trabajo que hace con el papel hasta hacerlo un barco... entonces comienza a hablar:
-Has..herido a demonios, al parecer. Luchaste contra ellos. Esa daga sirve para eso. - En realidad, lo más seguro es que los hubiera matado, pero temía siquiera decir esa palabra. Aún así, no puede mentirle, por lo que antes de hablar traga saliva y... - creo que los has matado, ¡cosa que es completamente buena! Menos en la lista. Esto también significa que sabes defenderte mejor que lo que pensábamos... -Espera su reacción, pero por ahora solo hay silencio- Escucha, Zénobe... alguien te ha dado esa daga, ¿vale? No puedo tocarla, tengo parte de oscuridad en mi alma... lo que significa que te la ha entregado un ángel. ¿Quién? No lo sabemos, pero..es una ayuda, ¿sabes? Alguien, en algún lugar, sigue velando por ti.
Se levanta despacio y se acerca a él, agachándose justo en frente. Acerca una mano a su pecho, justo donde una herida corta su piel y amenaza con una cicatriz... y entonces puede sentir como su propia energía se traspasa y enseguida, aquello que lo marcaba desaparece. Y asi hace con todas aquellas que lo marcan hasta dejarlo como nuevo. Se ha retirado la sangre, así que parece como si nunca hubiera pasado. Se levanta despacio y se inclina hacia adelante, apartando unos mechones de su frente y besándola con cuidado, cerrando los ojos por un momento y suspirando, calmada por tenerlo a salvo, allí, con ella. Entonces susurra:
-Y hoy te quedas aquí, no me obligues a atarte a la cama y a poner a Tonca a gruñirte.
Se le escapa una sonrisita, esperando que el comentario le saque una a él. Entonces baja la mirada y apoya su propia frente contra la de él, sin ir más allá. Estaban lo suficientemente cerca para ser "sospechosos" y no sabía quién los observaba.
-Yo cuidaré de ti, Zénobe. ¡Y no acepto ningún tipo de negativa, excusa o cualquier cosa que te lleve lejos de estas paredes!
Atrapa las manos con delicadeza, entrelazando sus dedos y bajándola despacio, viendo luego como sus alas desaparecen en su espalda. Vuelve a alzar la mirada, encontrándose con el azul de sus ojos y entrecierra los propios, sintiendo como el lugar comienza a cambiar. Desaparecen, se consumen como mismo lo hace el humo de un cigarro y cuando su mirada vuelve a localizar el sitio donde se encuentran, siente la suavidad de la alfombra sobre sus pies. Retira suavemente sus zapatos, quizá era una mala costumbre, pero le encantaba andar descalza. Lo ve andar hacia el cuarto de baño y cuando el agua comienza a correr por las tuberías, casi puede oler como el olor a sangre que acompañaba al ángel aquella tarde se esfumaba. Tenía que ayudarlo a curar esas heridas. Deja sobre una pequeña mesita la daga envuelta en la tela, retirando la última hasta poder examinarla, aunque sin tocarla. Hace una mueca, quedándose por un momento concentrada. Sabía que esa daga acababa con demonios, era un tesoro angelical y a pesar de que había oído hablar de ella, nunca la había usado. No podía, más bien. debía arreglársela siempre por sus propios medios. Por mucho que fuera la luz tenía oscuridad.. y ese tipo de armas repelían todo tipo de "maldad". Alguien le había dado esa arma a Zénobe...¿o la había tenido siempre? Desvía la mirada al escuchar sus pasos y niega despacio, sin saber qué responderle y al mismo tiempo, él le había dicho lo que quería saber. Alguien se la había entregado y debido a las cualidades de la daga, no había sido un demonio, ni nadie que quisiera tentarlo a caer en la trampa. Había sido un ángel, un ángel que estaba de su parte, al parecer. Y si Zénobe había sido capaz de utilizarla...significaba que no había ningún tipo de maldad en su alma, en su corazón o incluso en sus pensamientos. Aquello la tranquiliza; Lucifer no ha logrado ninguno de sus objetivos. Camina despacio hacia la cama y lo observa, escuchando sus preguntas y el trabajo que hace con el papel hasta hacerlo un barco... entonces comienza a hablar:
-Has..herido a demonios, al parecer. Luchaste contra ellos. Esa daga sirve para eso. - En realidad, lo más seguro es que los hubiera matado, pero temía siquiera decir esa palabra. Aún así, no puede mentirle, por lo que antes de hablar traga saliva y... - creo que los has matado, ¡cosa que es completamente buena! Menos en la lista. Esto también significa que sabes defenderte mejor que lo que pensábamos... -Espera su reacción, pero por ahora solo hay silencio- Escucha, Zénobe... alguien te ha dado esa daga, ¿vale? No puedo tocarla, tengo parte de oscuridad en mi alma... lo que significa que te la ha entregado un ángel. ¿Quién? No lo sabemos, pero..es una ayuda, ¿sabes? Alguien, en algún lugar, sigue velando por ti.
Se levanta despacio y se acerca a él, agachándose justo en frente. Acerca una mano a su pecho, justo donde una herida corta su piel y amenaza con una cicatriz... y entonces puede sentir como su propia energía se traspasa y enseguida, aquello que lo marcaba desaparece. Y asi hace con todas aquellas que lo marcan hasta dejarlo como nuevo. Se ha retirado la sangre, así que parece como si nunca hubiera pasado. Se levanta despacio y se inclina hacia adelante, apartando unos mechones de su frente y besándola con cuidado, cerrando los ojos por un momento y suspirando, calmada por tenerlo a salvo, allí, con ella. Entonces susurra:
-Y hoy te quedas aquí, no me obligues a atarte a la cama y a poner a Tonca a gruñirte.
Se le escapa una sonrisita, esperando que el comentario le saque una a él. Entonces baja la mirada y apoya su propia frente contra la de él, sin ir más allá. Estaban lo suficientemente cerca para ser "sospechosos" y no sabía quién los observaba.
-Yo cuidaré de ti, Zénobe. ¡Y no acepto ningún tipo de negativa, excusa o cualquier cosa que te lleve lejos de estas paredes!
En busca de información.
Zénobe.
Estaba frustrado, no se metió en la leve riña entre las chicas, al fin y al cabo, ¿Qué iba a hacer? Se pondría de parte de Annie y luego Caroline le causaría más y más problemas. Ella se aleja y su pequeña se acerca, tomándole la mano y comentándole la situación, Zénobe asiente y deja los ojos entrecerrados, sus alas parecen desaparecer en su espalda y este asiente, está listo. -Está bien, pero hoy dormiré en casa, de verdad necesito acostumbrarme a este miedo no puedo estar durmiendo bajo tu vigilancia como un niño pequeño, me hace sentir fatal. -Suspira mientras se intenta quitar los rastros de sangre ya cuagulada y seca del rostro.
Se deja llevar por ella, en realidad le encanta hacer esos saltos en el espacio, le encantaría mantener los ojos abiertos mientras ella los teletransporta, pero por la inercia los cierra, y eso le hace rabiar como a un bebé que pretende mantener los ojos abiertos en un estornudo. Al abrirlos están en su habitación, Zénobe aprobecha que están en el pasillo para que Annie se vaya instalando mientras él se limpia la cara, vaya, sigue sin camiseta. Tras eliminar todo ese rastro, se frota los ojos en busca de alguna lagrima, se humedece los dedos con estas y pasa la mano por alguna de las heridas con peor pinta, Zénobe no podía emplear sus poderes curativos en el, tan sólo sus lágrimas podían curar alguna de sus heridas más leves. Se moja el rostro con agua fresca, despejándose. Sale al cuarto, cerrando la puerta del baño, buscándola. -¿Que se supone que hago yo con eso? ¿De dónde lo he sacado? -Pregunta, sentándose en una de las sillas que hay enfrente del escritorio, ojeando los papeles de publicidad del motel, mientras espera respuesta. Sin embargo, la curiosidad puede con él. -Anoche noté algo fuera, mientras miraba por la ventana, después hablé contigo y me dormí. Al despertar estaba en aquel campo y te tenía a mi lado. No se que ha pasado Annie, pero dudo mucho que esa sangre fuera mía por mucho que quiera creer que sí. Y qué es esa daga, por el amor de Dios, ¿Qué cojones he hecho? -Alza una ceja, mientras esta parece examinarla- Tengo miedo a que me pase algo Annie, a que algo tome control de mi cuerpo por las noches, no se que hago, estoy sonámbulo, y me da miedo hacerte daño, o aunque sea intentarlo.. -La mira curioso, como a un libro abierto, supone que Annie debe saber bastante del tema, más que él por lo menos, juguetea a doblar un papel de propaganda barato, haciendo un pequeño barquito de papel-
Estaba frustrado, no se metió en la leve riña entre las chicas, al fin y al cabo, ¿Qué iba a hacer? Se pondría de parte de Annie y luego Caroline le causaría más y más problemas. Ella se aleja y su pequeña se acerca, tomándole la mano y comentándole la situación, Zénobe asiente y deja los ojos entrecerrados, sus alas parecen desaparecer en su espalda y este asiente, está listo. -Está bien, pero hoy dormiré en casa, de verdad necesito acostumbrarme a este miedo no puedo estar durmiendo bajo tu vigilancia como un niño pequeño, me hace sentir fatal. -Suspira mientras se intenta quitar los rastros de sangre ya cuagulada y seca del rostro.
Se deja llevar por ella, en realidad le encanta hacer esos saltos en el espacio, le encantaría mantener los ojos abiertos mientras ella los teletransporta, pero por la inercia los cierra, y eso le hace rabiar como a un bebé que pretende mantener los ojos abiertos en un estornudo. Al abrirlos están en su habitación, Zénobe aprobecha que están en el pasillo para que Annie se vaya instalando mientras él se limpia la cara, vaya, sigue sin camiseta. Tras eliminar todo ese rastro, se frota los ojos en busca de alguna lagrima, se humedece los dedos con estas y pasa la mano por alguna de las heridas con peor pinta, Zénobe no podía emplear sus poderes curativos en el, tan sólo sus lágrimas podían curar alguna de sus heridas más leves. Se moja el rostro con agua fresca, despejándose. Sale al cuarto, cerrando la puerta del baño, buscándola. -¿Que se supone que hago yo con eso? ¿De dónde lo he sacado? -Pregunta, sentándose en una de las sillas que hay enfrente del escritorio, ojeando los papeles de publicidad del motel, mientras espera respuesta. Sin embargo, la curiosidad puede con él. -Anoche noté algo fuera, mientras miraba por la ventana, después hablé contigo y me dormí. Al despertar estaba en aquel campo y te tenía a mi lado. No se que ha pasado Annie, pero dudo mucho que esa sangre fuera mía por mucho que quiera creer que sí. Y qué es esa daga, por el amor de Dios, ¿Qué cojones he hecho? -Alza una ceja, mientras esta parece examinarla- Tengo miedo a que me pase algo Annie, a que algo tome control de mi cuerpo por las noches, no se que hago, estoy sonámbulo, y me da miedo hacerte daño, o aunque sea intentarlo.. -La mira curioso, como a un libro abierto, supone que Annie debe saber bastante del tema, más que él por lo menos, juguetea a doblar un papel de propaganda barato, haciendo un pequeño barquito de papel-
A los humanos curiosos se les amenaza.
Annie.
Observa los ojos de Zénobe, buscando por un momento una respuesta a la pregunta que rondaba su mente. Por suerte estaba bien, aparentemente normal. Sus pupilas no decían ni gritaban nada más que confusión; no esperaba menos. En un segundo observa a Coraline al lado de Zénobe, llenándolo de besos pero sin embargo, aprisionando sus alas con las piernas sin darse cuenta. Suelta un gruñido y sus ojos parecen volverse platos, ya que aquel dolor era indescriptible. Luego vuelve a mirarla, comenzando a desesperarse por todas las preguntas que estaba haciendo. Se lleva una mano a la frente, apretando el puente de la nariz con dos dedos para controlar sus nervios, los cuales en un momento le había hecho perder. ¿¡Por qué no se callaba ya!? La fulmina con la mirada, casi ordenándole que deje de preguntar tantas cosas. Ahora no iba a decirle nada, absolutamente nada. Y tampoco quería que se enterase de lo que ella era. Corría riesgos al saber lo de Zénobe, ya que ella ni siquiera era su protegida, ni su encargada. Cuando el muchacho se levanta Annie lo observa desde abajo, con apariencia tranquila aunque preocupada. Lo nota enfadado o quizá está igual de nervioso que ella. Coraline se ha quedado callada ante la orden del ángel, que se había puesto serio con ella. Su cabello negro se desordena ante el viento y Annie se levanta despacio, girándose en la dirección de Caroline y comienza a andar, casi acorralándola contra el caballo. Tan solo la mira, y cuando está lo suficientemente cerca, dice, en tono amenazante:
-Sé que esto te parece algo de cuento, pero es serio. Si alguien se entera de lo que es Zénobe, se lo llevarán ahí a donde ninguno de los cristianos quieren terminar y no voy a poder hacer nada para evitarlo. Así que te aconsejo que hagas como que no lo has visto, que dejes de hacer preguntas hasta que haya tiempo de responderlas y que...¡Es más! ¡Olvídalo! ¡No has visto absolutamente nada! Podría borrarte la memoria pero...-Chasquea la lengua suavemente, volviendo a hablar- ..no lo haré, así que si no quieres empezar a tener lagunas y problemas psicológicos, mejor que no abras la boca.
La mira directamente a los ojos; sabe que ha exagerado en alguna que otra cosa, como lo de los problemas psicológicos, pero no le importa. El rostro de la chica se ha endurecido, pero permanece asustada, emocionada, quizá está enfadada por el tono que ha usado con ella... ni siquiera lo sabe bien. Asiente despacio y Annie se da la vuelta. No le ha gustado hacer eso, no suele tratar así a las personas, pero es que esa chica... la desespera y al ser tan curiosa, había que dejarle las cosas claras desde el principio. Cierto es que pudo habérselo dicho de otra forma pero...¡por todos los cielos! Le había salido así y punto. Se acerca a Zénobe, que parece esperarla con aquellas enormes alas, pero antes... mira su propia camiseta y la rompe, tomando ese pedazo de tela para atrapar la daga que se encuentra en el suelo. No podía tomarla directamente; la quemaría. La envuelve despacio y frunce los labios, soltando de repente un suspiro. Vuelve a mirarlo y niega despacio, mirando sus alas. Siente a Caroline atrás de ella, como si se preguntase: ¿por qué ella sí y yo no? Susurra a Zénobe:
-Hay humanos en la calle... no puedes ir con las alas fueras y menos aterrizar en un motel. Tu brillo te delataría y ya tenemos suficiente con una humana curiosa.. -Frunce los labios una vez más, en una pequeña mueca.- Debes guardarlas, te llevaré yo. Pero guárdalas. No puedes seguir llamando la atención.
Lo dice seria, más preocupada que otra cosa. Escucha el sonido de las pisadas del caballo alejándose y al girar el rostro, ella ya se ha ido. Suspira de nuevo y mira a Zeta desde abajo debido a la altura. Y entonces alza una mano, esperando a que él la tome cuando haya tomado su decisiión. Sabe que está enfadado, pero no por eso puede actuar de manera impulsiva, porque entonces los problemas aumentarían. Parpadea suavemente, quedándose en silencio, dejándolo pensar.
Observa los ojos de Zénobe, buscando por un momento una respuesta a la pregunta que rondaba su mente. Por suerte estaba bien, aparentemente normal. Sus pupilas no decían ni gritaban nada más que confusión; no esperaba menos. En un segundo observa a Coraline al lado de Zénobe, llenándolo de besos pero sin embargo, aprisionando sus alas con las piernas sin darse cuenta. Suelta un gruñido y sus ojos parecen volverse platos, ya que aquel dolor era indescriptible. Luego vuelve a mirarla, comenzando a desesperarse por todas las preguntas que estaba haciendo. Se lleva una mano a la frente, apretando el puente de la nariz con dos dedos para controlar sus nervios, los cuales en un momento le había hecho perder. ¿¡Por qué no se callaba ya!? La fulmina con la mirada, casi ordenándole que deje de preguntar tantas cosas. Ahora no iba a decirle nada, absolutamente nada. Y tampoco quería que se enterase de lo que ella era. Corría riesgos al saber lo de Zénobe, ya que ella ni siquiera era su protegida, ni su encargada. Cuando el muchacho se levanta Annie lo observa desde abajo, con apariencia tranquila aunque preocupada. Lo nota enfadado o quizá está igual de nervioso que ella. Coraline se ha quedado callada ante la orden del ángel, que se había puesto serio con ella. Su cabello negro se desordena ante el viento y Annie se levanta despacio, girándose en la dirección de Caroline y comienza a andar, casi acorralándola contra el caballo. Tan solo la mira, y cuando está lo suficientemente cerca, dice, en tono amenazante:
-Sé que esto te parece algo de cuento, pero es serio. Si alguien se entera de lo que es Zénobe, se lo llevarán ahí a donde ninguno de los cristianos quieren terminar y no voy a poder hacer nada para evitarlo. Así que te aconsejo que hagas como que no lo has visto, que dejes de hacer preguntas hasta que haya tiempo de responderlas y que...¡Es más! ¡Olvídalo! ¡No has visto absolutamente nada! Podría borrarte la memoria pero...-Chasquea la lengua suavemente, volviendo a hablar- ..no lo haré, así que si no quieres empezar a tener lagunas y problemas psicológicos, mejor que no abras la boca.
La mira directamente a los ojos; sabe que ha exagerado en alguna que otra cosa, como lo de los problemas psicológicos, pero no le importa. El rostro de la chica se ha endurecido, pero permanece asustada, emocionada, quizá está enfadada por el tono que ha usado con ella... ni siquiera lo sabe bien. Asiente despacio y Annie se da la vuelta. No le ha gustado hacer eso, no suele tratar así a las personas, pero es que esa chica... la desespera y al ser tan curiosa, había que dejarle las cosas claras desde el principio. Cierto es que pudo habérselo dicho de otra forma pero...¡por todos los cielos! Le había salido así y punto. Se acerca a Zénobe, que parece esperarla con aquellas enormes alas, pero antes... mira su propia camiseta y la rompe, tomando ese pedazo de tela para atrapar la daga que se encuentra en el suelo. No podía tomarla directamente; la quemaría. La envuelve despacio y frunce los labios, soltando de repente un suspiro. Vuelve a mirarlo y niega despacio, mirando sus alas. Siente a Caroline atrás de ella, como si se preguntase: ¿por qué ella sí y yo no? Susurra a Zénobe:
-Hay humanos en la calle... no puedes ir con las alas fueras y menos aterrizar en un motel. Tu brillo te delataría y ya tenemos suficiente con una humana curiosa.. -Frunce los labios una vez más, en una pequeña mueca.- Debes guardarlas, te llevaré yo. Pero guárdalas. No puedes seguir llamando la atención.
Lo dice seria, más preocupada que otra cosa. Escucha el sonido de las pisadas del caballo alejándose y al girar el rostro, ella ya se ha ido. Suspira de nuevo y mira a Zeta desde abajo debido a la altura. Y entonces alza una mano, esperando a que él la tome cuando haya tomado su decisiión. Sabe que está enfadado, pero no por eso puede actuar de manera impulsiva, porque entonces los problemas aumentarían. Parpadea suavemente, quedándose en silencio, dejándolo pensar.
¿Puedo ser una sirena?
Zénobe.
Oscuridad. Inmenso en un oscuro sueño, recuperando energias y respirando de forma tranquila, al fin y al cabo ha acabado desatando todo su poder. "¡ES ZETA!, PERO, PERO, PERO, ¿COMO ES POSIBLE?" ... ¿Qué era aquella voz que le hacía volver en si? Intentó abrir los ojos pero tenía migrañas, parecidas a un día de resaca y la luz le molestaba. Gruñó en lo bajo por ser despertado, era una voz conocida, sabía que era Caroline, pero ¿Qué hacía Caroline ahí? Se habría quedado dormido.. que sería esta vez, ¿Otra cañería rota? ¿Encerar el suelo del granero? De pronto, la voz de Annie se unió a aquel despertar. ¿Annie? Miles de preguntas le recorrieron la mente, por que estaban ellas dos juntas, la principal. Abrió los ojos con dificultad en busca de respuestas. Buscó a Annie, que estaba allí, tenía la cabeza apoyada en sus rodillas, se sentía tan cómodo, sin tensiones, su cama era tan suave.. Espera, conocía ese tacto, era igual que el de sus alas, el de su plumaje. Se sobresalto y con torpes movimientos intentó recostarse un poco, y en efecto: estaba sobre sus alas, desplegadas por completo. No se lo podía creer, había cedido al final y había acabado ahí tumbado, en medio del campo, sin saber donde se encontraba, confuso y vuelve a alterarse, Zénobe no paraba de ir en susto en susto. -¿Por qué estoy aqui? ¿Que ha pasad.. -Hace un gesto de asco, llevándose la mano a los labios, tocando estos y examinando de donde provenía ese asqueroso sabor. Era sangre. Él pensaba que era la propia. -¿Pero que me han hecho..? -Dice, observandose el torso lleno de heridas. Su pecho sube y baja con frecuencia pues está alterado y su respiración profunda es un síntoma de ello, de pronto la ve en busca de explicaciones, era Coraline. -¡ZETA QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ! -Estaba ahí plantada, medio horrorizada pero sin embargo la joven sentía morbo por aquella escena, parecía que su galán además de caballero era un ángel, ¡Un ángel!- Annie... Annie.. -Frunció el ceño, preocupado por la reacción de Coraline, que se acercó gateando por las alas del joven hasta quedar próxima a su torso, con cierto aire de preocupación al verlos tan preocupados. Coraline se pensaba que estaba en un tipo de cuento de hadas. Perfiló con uno de sus dedos una de las heridas de Zénobe y este rápidamente encogió las costillas en forma de reacción, pues le dolía y Cora como si fuera su novio, ignorando a Annie besaba sus mejillas intentando calmarlo. -¿Te duele? -Decía ignorante, Zénobe pensaba en su interior "Estás sobre mis alas y además vienes a meter el dedo en las heridas.. Como no me va a doler", pero se limitó a suspirar, intentando no volver a perder la consciencia.
Coraline volvió a besar por ultima vez su mejilla y preguntó a Annie, con los ojos como platos totalmente curiosa. -¿Tu también eres un ángel? ¿Haceis cosas de ángeles? ¿Y yo? ¿Yo puedo ser un ángel? Aunque siempre he querido ser una sirena.. ¿Existen las sirenas? -Preguntaba una y otra vez, a Zénobe le retumbaban sus preguntas en la cabeza, no había peor cosa que un humano curioso. Murmuró en bajo, para que sólo le escuchara Annie. -Déjala, total, nadie la va a creer. -Chasquea la lengua, pues sabía que existía el poder de borrar recuerdos, pero en humanos tenía efectos secundarios, lagunas mentales y algun que otro transtorno si se hacía con frecuencia- Annie tenemos mucho de que hablar sácame de aqui,.. Coraline, quitate de encima. -Dice, con un tono de voz más serio, quiere respuestas a todas las preguntas, y las quiere ya. Suspira, esta vez puede levantarse y mantiene las alas desplegadas, no tiene ni interes en volverlas a guardar en su piel, estaba tan sumamente amelondrado, total, que más podía pasar. Agitó sus alas para quitar cualquier rasto de miga de trigo, y eso provocó una ventolera, los cabellos de las dos jóvenes se ondearon al viento, entonces Zénobe divisó una daga en el suelo, miró a Annie, como comuicándose mediante miradas, volvió a mirar a la daga, y negó con la cabeza frotándose la cara, no podía estar pasando. Musita en bajo. -Vámonos.
Oscuridad. Inmenso en un oscuro sueño, recuperando energias y respirando de forma tranquila, al fin y al cabo ha acabado desatando todo su poder. "¡ES ZETA!, PERO, PERO, PERO, ¿COMO ES POSIBLE?" ... ¿Qué era aquella voz que le hacía volver en si? Intentó abrir los ojos pero tenía migrañas, parecidas a un día de resaca y la luz le molestaba. Gruñó en lo bajo por ser despertado, era una voz conocida, sabía que era Caroline, pero ¿Qué hacía Caroline ahí? Se habría quedado dormido.. que sería esta vez, ¿Otra cañería rota? ¿Encerar el suelo del granero? De pronto, la voz de Annie se unió a aquel despertar. ¿Annie? Miles de preguntas le recorrieron la mente, por que estaban ellas dos juntas, la principal. Abrió los ojos con dificultad en busca de respuestas. Buscó a Annie, que estaba allí, tenía la cabeza apoyada en sus rodillas, se sentía tan cómodo, sin tensiones, su cama era tan suave.. Espera, conocía ese tacto, era igual que el de sus alas, el de su plumaje. Se sobresalto y con torpes movimientos intentó recostarse un poco, y en efecto: estaba sobre sus alas, desplegadas por completo. No se lo podía creer, había cedido al final y había acabado ahí tumbado, en medio del campo, sin saber donde se encontraba, confuso y vuelve a alterarse, Zénobe no paraba de ir en susto en susto. -¿Por qué estoy aqui? ¿Que ha pasad.. -Hace un gesto de asco, llevándose la mano a los labios, tocando estos y examinando de donde provenía ese asqueroso sabor. Era sangre. Él pensaba que era la propia. -¿Pero que me han hecho..? -Dice, observandose el torso lleno de heridas. Su pecho sube y baja con frecuencia pues está alterado y su respiración profunda es un síntoma de ello, de pronto la ve en busca de explicaciones, era Coraline. -¡ZETA QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ! -Estaba ahí plantada, medio horrorizada pero sin embargo la joven sentía morbo por aquella escena, parecía que su galán además de caballero era un ángel, ¡Un ángel!- Annie... Annie.. -Frunció el ceño, preocupado por la reacción de Coraline, que se acercó gateando por las alas del joven hasta quedar próxima a su torso, con cierto aire de preocupación al verlos tan preocupados. Coraline se pensaba que estaba en un tipo de cuento de hadas. Perfiló con uno de sus dedos una de las heridas de Zénobe y este rápidamente encogió las costillas en forma de reacción, pues le dolía y Cora como si fuera su novio, ignorando a Annie besaba sus mejillas intentando calmarlo. -¿Te duele? -Decía ignorante, Zénobe pensaba en su interior "Estás sobre mis alas y además vienes a meter el dedo en las heridas.. Como no me va a doler", pero se limitó a suspirar, intentando no volver a perder la consciencia.
Coraline volvió a besar por ultima vez su mejilla y preguntó a Annie, con los ojos como platos totalmente curiosa. -¿Tu también eres un ángel? ¿Haceis cosas de ángeles? ¿Y yo? ¿Yo puedo ser un ángel? Aunque siempre he querido ser una sirena.. ¿Existen las sirenas? -Preguntaba una y otra vez, a Zénobe le retumbaban sus preguntas en la cabeza, no había peor cosa que un humano curioso. Murmuró en bajo, para que sólo le escuchara Annie. -Déjala, total, nadie la va a creer. -Chasquea la lengua, pues sabía que existía el poder de borrar recuerdos, pero en humanos tenía efectos secundarios, lagunas mentales y algun que otro transtorno si se hacía con frecuencia- Annie tenemos mucho de que hablar sácame de aqui,.. Coraline, quitate de encima. -Dice, con un tono de voz más serio, quiere respuestas a todas las preguntas, y las quiere ya. Suspira, esta vez puede levantarse y mantiene las alas desplegadas, no tiene ni interes en volverlas a guardar en su piel, estaba tan sumamente amelondrado, total, que más podía pasar. Agitó sus alas para quitar cualquier rasto de miga de trigo, y eso provocó una ventolera, los cabellos de las dos jóvenes se ondearon al viento, entonces Zénobe divisó una daga en el suelo, miró a Annie, como comuicándose mediante miradas, volvió a mirar a la daga, y negó con la cabeza frotándose la cara, no podía estar pasando. Musita en bajo. -Vámonos.
En medio del trigo.
Annie.
"Matar es un pecado, y yo.." Annie frunce el ceño al escuchar esa frase. Es cierto, quitarle la vida a otra persona era lo que más se castigaba. Escucha todo lo que dice y parece incluso estudiar sus pasos, por si volvía a descontrolarse. Lo malo en ese justo momento era que Zeta no era capaz de controlar sus poderes, ni su ira y eso preocupaba a la muchacha. Fuera lo estaban esperando, ella lo sabía, casi podía presentirlo, como si la estuvieran buscando a ella también... pero sus asuntos eran totalmente distintos a los de su ángel, aunque sin duda, ella merecía estar más en las profundidades que él. Había cometido actos que Zénobe no llegaba a imaginar, y viendo su reacción, lo mejor era que no lo supiera. Es más, era la primera vez en mucho tiempo que llegaba a mostrarse así frente a Zénobe, aunque fuese por protegerle y no le tocase ni un pelo. Lo más seguro es que el muchacho estuviera asustado de ella, o ya ni siquiera la mirara igual..pero ese era el riesgo que iba a tener que tomar si quería estar a su lado, aceptar cada una de sus diferencias y todo aquello que él calificaba como "pecado", que para Annie no era más que hacer su deber o defenderse. Sabe perfectamente que algo está cambiando en él, puede verlo en sus pupilas... Quizá esa era su naturaleza. Decían que nadie, nunca, es totalmente bueno, ni totalmente malo. Pero Zénobe.. lo observa detalladamente, allí, en la ventana. Sus músculos parecen tensarse. Está asustado y ella lo sabe. Baja la mirada, volviendo a subirla cuando él comienza a hablar y se aparta del colchón, dejándole espacio. Poco minutos después, Zeta se ha dormido. Termina sentada sobre la alfombra, justo frente a él, observándolo. ¿Cómo podía un alma tan pura ser torturada de aquella manera, sin siquiera un poquito de piedad? Sube la mano y la acerca a su frente, aunque parece temerosa de tocarle, por si se despierta, al final termina rozando su piel y respirando hondo. No merecía todo aquello, él no. Y ella, que era una justiciera, lo sabía perfectamente. Termina yendo a la ducha y dándose un baño rápido, volviendo en pijama a la cama, tomando su sitio un poco más allá. Zénobe está en el borde, dando señal que no quería molestar. Annie alza la mano y poco a poco, con cuidado, lo arrastra hacia sí misma, colocándolo mucho más cómodo. Tiene un sueño profundo, mucho más que ella... aunque sabe que eso durará poco. Antes Annie podía dormir sin preocupaciones... hasta que llegó el tema de "la luz" y empezaron a acosarla todo tipo de pesadillas. Entre pensamientos se cuela un sueño, que pronto la ayudará, pero eso todavía no lo sabe..
"Un descampado. La poca luz del día ilumina cada uno de los rincones de aquella llanura. El aire roza suavemente el trigo, haciéndolo moverse. En el suelo una silueta. Parece tranquilo. Algo lo rodea aunque no sabe qué es exactamente. De cabello corto, piel blanquecina y alas enormes. Lo conocía, ¿verdad? Lo observa desde arriba, como si fuese de su misma especie y sus alas brillaran como las de él. Pero espera, hay algo, algo va mal. En su mano se encuentra una daga... y esa daga no es cualquier arma. La conoce también. Las heridas marcan su piel, amenazando con dejar cicatrices. Frunce el ceño, ¿qué está pasando? ¡Zénobe! Intenta aproximarse pero algo se lo impide. Sabe que no es un sueño cualquiera, es una visión. Y tiene que encontrarle. No sabe qué hora es, sólo sabe que está en peligro y que ha desatado la magia que lo acompaña y seguramente, todo su poder. Observa a su alrededor. No hay rastro del bosque. Pero hay más; un caballo. ¿Dónde está? Y entonces..."
Se despierta de golpe, con la respiración agitada y casi sudando. Mira a su alrededor; no está. El hecho de que pudiera ser solo un sueño no estaba entre las posibilidades. Se levanta corriendo, diciéndole a Tonca mentalmente lo que ha pasado y casi siente al animal ponerse en marcha. Sigue su rastro pero lo pierde en la carretera. Ahí ha echado a volar. Annie sale del motel, mirando al cielo nublado como si pudiera darle alguna respuesta. A su alrededor cubre un completo silencio que no le agrada. Al menos sabe que, como es de día, no atacarán. No pueden correr ese riesgo. ¡Pero Zénobe está solo en un campo de trigo y cualquiera puede descubrirlo! Echa a correr, adentrándose en los bosques. No conoce el lugar, pero sabe que si termina saliendo de entre los árboles, la recibirá el trigo. Espera... ¡Caroline! Más allá de su granja hay un campo. En menos de un segundo ha pasado la granja, encontrando lo que buscaba. No hay rastro de Tonca, pero más adelante se encuentra un caballo. A su lado los cabellos dorados brillan. Annie llega hasta allí y entonces puede observar la cara de Caroline. No sabe cómo ha llegado a encontrarlo, pero es preocupante. En el suelo..Zénobe. Justo como lo había visto. Annie se arrodilla a su lado, aparta la daga, que por un momento parece quemarla. Gruñe suavemente; ataca su parte oscura.
-Caroline...-La mira desde abajo, empezando a pensar qué hará con ella. Acomoda sus piernas bajo la cabeza de Zénobe, dejándola apoyada ahí, acariciando su nuca con cuidado. No va a despertarlo, sabe que necesita dormir, al menos ahora que hay luz.
-¿Es real? ¿Está pasando? ¿Es..es..ES ZETA? ¿ES UN ÁNGEL? ¿CÓMO ES ESO POSIBLE? ¿Y TÚ? ¿QUÉ ERES TÚ? ¿ERES UN ÁNGEL TAMBIÉN? ¿NO ERA QUE SÓLO OS CONOCÍAIS DE PEQUEÑOS? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? ¿Qué..?
Los gritos parecen sacar a Zénobe del sueño, mientras que Annie sólo observa a la chica con el ceño fruncido, casi pareciendo regañarla, aunque todavía no sabe qué va a hacer con todo eso. ¿Tendría que hacerla olvidar? Sí, era la mejor opción. No confiaba en ella. No confiaba en ningún humano que no le hubiera demostrado lo contrario. Quizá era por Zénobe, quizá era por.. Presta atención al muchacho, que ya ha abierto los ojos.
-Zénobe..estoy aquí..tranquilo..
"Matar es un pecado, y yo.." Annie frunce el ceño al escuchar esa frase. Es cierto, quitarle la vida a otra persona era lo que más se castigaba. Escucha todo lo que dice y parece incluso estudiar sus pasos, por si volvía a descontrolarse. Lo malo en ese justo momento era que Zeta no era capaz de controlar sus poderes, ni su ira y eso preocupaba a la muchacha. Fuera lo estaban esperando, ella lo sabía, casi podía presentirlo, como si la estuvieran buscando a ella también... pero sus asuntos eran totalmente distintos a los de su ángel, aunque sin duda, ella merecía estar más en las profundidades que él. Había cometido actos que Zénobe no llegaba a imaginar, y viendo su reacción, lo mejor era que no lo supiera. Es más, era la primera vez en mucho tiempo que llegaba a mostrarse así frente a Zénobe, aunque fuese por protegerle y no le tocase ni un pelo. Lo más seguro es que el muchacho estuviera asustado de ella, o ya ni siquiera la mirara igual..pero ese era el riesgo que iba a tener que tomar si quería estar a su lado, aceptar cada una de sus diferencias y todo aquello que él calificaba como "pecado", que para Annie no era más que hacer su deber o defenderse. Sabe perfectamente que algo está cambiando en él, puede verlo en sus pupilas... Quizá esa era su naturaleza. Decían que nadie, nunca, es totalmente bueno, ni totalmente malo. Pero Zénobe.. lo observa detalladamente, allí, en la ventana. Sus músculos parecen tensarse. Está asustado y ella lo sabe. Baja la mirada, volviendo a subirla cuando él comienza a hablar y se aparta del colchón, dejándole espacio. Poco minutos después, Zeta se ha dormido. Termina sentada sobre la alfombra, justo frente a él, observándolo. ¿Cómo podía un alma tan pura ser torturada de aquella manera, sin siquiera un poquito de piedad? Sube la mano y la acerca a su frente, aunque parece temerosa de tocarle, por si se despierta, al final termina rozando su piel y respirando hondo. No merecía todo aquello, él no. Y ella, que era una justiciera, lo sabía perfectamente. Termina yendo a la ducha y dándose un baño rápido, volviendo en pijama a la cama, tomando su sitio un poco más allá. Zénobe está en el borde, dando señal que no quería molestar. Annie alza la mano y poco a poco, con cuidado, lo arrastra hacia sí misma, colocándolo mucho más cómodo. Tiene un sueño profundo, mucho más que ella... aunque sabe que eso durará poco. Antes Annie podía dormir sin preocupaciones... hasta que llegó el tema de "la luz" y empezaron a acosarla todo tipo de pesadillas. Entre pensamientos se cuela un sueño, que pronto la ayudará, pero eso todavía no lo sabe..
"Un descampado. La poca luz del día ilumina cada uno de los rincones de aquella llanura. El aire roza suavemente el trigo, haciéndolo moverse. En el suelo una silueta. Parece tranquilo. Algo lo rodea aunque no sabe qué es exactamente. De cabello corto, piel blanquecina y alas enormes. Lo conocía, ¿verdad? Lo observa desde arriba, como si fuese de su misma especie y sus alas brillaran como las de él. Pero espera, hay algo, algo va mal. En su mano se encuentra una daga... y esa daga no es cualquier arma. La conoce también. Las heridas marcan su piel, amenazando con dejar cicatrices. Frunce el ceño, ¿qué está pasando? ¡Zénobe! Intenta aproximarse pero algo se lo impide. Sabe que no es un sueño cualquiera, es una visión. Y tiene que encontrarle. No sabe qué hora es, sólo sabe que está en peligro y que ha desatado la magia que lo acompaña y seguramente, todo su poder. Observa a su alrededor. No hay rastro del bosque. Pero hay más; un caballo. ¿Dónde está? Y entonces..."
Se despierta de golpe, con la respiración agitada y casi sudando. Mira a su alrededor; no está. El hecho de que pudiera ser solo un sueño no estaba entre las posibilidades. Se levanta corriendo, diciéndole a Tonca mentalmente lo que ha pasado y casi siente al animal ponerse en marcha. Sigue su rastro pero lo pierde en la carretera. Ahí ha echado a volar. Annie sale del motel, mirando al cielo nublado como si pudiera darle alguna respuesta. A su alrededor cubre un completo silencio que no le agrada. Al menos sabe que, como es de día, no atacarán. No pueden correr ese riesgo. ¡Pero Zénobe está solo en un campo de trigo y cualquiera puede descubrirlo! Echa a correr, adentrándose en los bosques. No conoce el lugar, pero sabe que si termina saliendo de entre los árboles, la recibirá el trigo. Espera... ¡Caroline! Más allá de su granja hay un campo. En menos de un segundo ha pasado la granja, encontrando lo que buscaba. No hay rastro de Tonca, pero más adelante se encuentra un caballo. A su lado los cabellos dorados brillan. Annie llega hasta allí y entonces puede observar la cara de Caroline. No sabe cómo ha llegado a encontrarlo, pero es preocupante. En el suelo..Zénobe. Justo como lo había visto. Annie se arrodilla a su lado, aparta la daga, que por un momento parece quemarla. Gruñe suavemente; ataca su parte oscura.
-Caroline...-La mira desde abajo, empezando a pensar qué hará con ella. Acomoda sus piernas bajo la cabeza de Zénobe, dejándola apoyada ahí, acariciando su nuca con cuidado. No va a despertarlo, sabe que necesita dormir, al menos ahora que hay luz.
-¿Es real? ¿Está pasando? ¿Es..es..ES ZETA? ¿ES UN ÁNGEL? ¿CÓMO ES ESO POSIBLE? ¿Y TÚ? ¿QUÉ ERES TÚ? ¿ERES UN ÁNGEL TAMBIÉN? ¿NO ERA QUE SÓLO OS CONOCÍAIS DE PEQUEÑOS? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? ¿Qué..?
Los gritos parecen sacar a Zénobe del sueño, mientras que Annie sólo observa a la chica con el ceño fruncido, casi pareciendo regañarla, aunque todavía no sabe qué va a hacer con todo eso. ¿Tendría que hacerla olvidar? Sí, era la mejor opción. No confiaba en ella. No confiaba en ningún humano que no le hubiera demostrado lo contrario. Quizá era por Zénobe, quizá era por.. Presta atención al muchacho, que ya ha abierto los ojos.
-Zénobe..estoy aquí..tranquilo..
Escena paralela.
Zénobe.
La escucha, aunque en su cabeza sólo permanezcan palabras clave "Aprender a defenderte", "rastreadores", "perros babosos", "vas a estar bien, Zeta"... No se sentía seguro, Zénobe era algo desconfiado en estos casos, sabía proteger mejor que nadie, pero cuando se sentía intimidado por algo o en peligro, se creía que nadie podría defenderle a él. Niega varias veces con la cabeza, no le agrada para nada esta situación. "Con lo felíz que era yo en Somalia", suspira, mientras mantenía un diálogo con su propio subsconsciente, nervioso a pesar de las palabras de Annie, tranquilizantes pero no lo suficientes como para que este vuelva a un estado pacífico. -No Annie, no quiero. No quiero ni defenderme ni luchar ni que esas malditas mierdas se vuelvan a presentar. No quiero. -Así se refería a las criaturas, las nombraba como "mierdas", las maldecía, las criticaba y las odiaba. Todo ser que no le respetara ni dejara vivir tranquilo a otros seres no era bienvenido en la vida de Zénobe. -Yo no hago esas cosas Annie. Me horririza el simple hecho de haberte visto en esa situación, matar es un pecado y yo... -Vuelve a negar con la cabeza volviendo a levantarse de la cama- Que no lo voy a hacer, y punto. -Se posa frente la ventana apoyando las manos en esta, la noche es fría y el cristal está practicamente congelado, sin embargo las manos de Zénobe no sufren por el frío, es más, parece que le agrada, aunque él siempre haya sido un ser cálido y dulce como el primer amor.
-Creo que algo en mi está cambiado Annie. -Comenta, mientras se centra en observar el bosque, sintiendo en su interior nuevas presencias que lo acechan allá afuera, volviendo a notarse nervioso, como si algo lo llamara desde los arbustos de la carretera de enfrente, tentándolo, jugando con él, un estruendo le hizo retirar la mirada hacia el cielo, parecía que se acercaba tormenta, en su reloj: la una menos cuarto de la madrugada. Seguía estando cansado fisicamente, pero el susto le había despejado un tanto la mente, o eso creía él. -Tal vez debería dormir un poco. -Se muerde el labio sin girarse de la ventana, pero corre las cortinas en cuanto puede intentando no caer en esa tentación desconocida, que le llama para salir a investigar. -¿Podría quedarme? Prometo no dar patadas, puedo dormir en el suelo si lo deseas. Dormiría en el baño pero .. -Hace una mueca, frotándose la nuca, esperando su respuesta, esta acepta, sabe por lo que está pasando, sabe que le tientan a morder ese anzuelo. Zénobe finalmente duerme en la cama, en un extremo, casi al borde del suelo pero mantiene un perfecto equilibrio, Annie al principio lo observa, le asombra la facilidad que tiene de dormirse, se podría quedar dormido en cualquier lado si se lo propone, se tumba a su lado, colocándole un poco mejor la manta, ya que el ambiente es frío al igual que la noche. Zeta parece haber entrado en un coma, la una, las dos, las tres, tres y veinte para ser más exactos. Sigue inmovil, usando escasos centímetros de la cama para no ser un estorbo, parece que despúes de unas horas Annie se ha quedado dormida, en un sueño ligero. La habitación está en calma, tan sólo se escuchan ruidos de coches pasando de vez en cuando por la carretera general. Zénobe abre los ojos de pronto, un negro intenso invade sus pupilas. ...
Las ocho de la mañana. El Motel. El sol comienza a brotar y entra en la habitación, no hay rastro de la noche, pero sí de una tormenta pasajera, los cristales están mojados, Annie está a punto de despertarse en su cama junto a.. No, Zénobe no está. No hay rastro de Zénobe en el cuarto. La puerta está cerrada.
Las ocho de la mañana. En las afueras, en un campo de trigo. Zénobe permanece dormido, su cara muestra signos más relajados, sin embargo, no duerme sobre el campo de cosecha, sino sobre sus enormes alas, tiene la boca manchada de sangre y cerca de él una daga. Algo ha pasado por la noche, sonámbulo o no ha llegado hasta este lugar a un par de kilometros del pueblo. No lleva camiseta pero tiene cortes por todo el cuerpo. Al olor de la sangre unos cuervos sobrevuelan su cuerpo, curiosos por aquel ser para ellos nuevo e inexplorado. ¿Lo sucedido? Un misterio. Zénobe aún no despierta, parece descansar.
La escucha, aunque en su cabeza sólo permanezcan palabras clave "Aprender a defenderte", "rastreadores", "perros babosos", "vas a estar bien, Zeta"... No se sentía seguro, Zénobe era algo desconfiado en estos casos, sabía proteger mejor que nadie, pero cuando se sentía intimidado por algo o en peligro, se creía que nadie podría defenderle a él. Niega varias veces con la cabeza, no le agrada para nada esta situación. "Con lo felíz que era yo en Somalia", suspira, mientras mantenía un diálogo con su propio subsconsciente, nervioso a pesar de las palabras de Annie, tranquilizantes pero no lo suficientes como para que este vuelva a un estado pacífico. -No Annie, no quiero. No quiero ni defenderme ni luchar ni que esas malditas mierdas se vuelvan a presentar. No quiero. -Así se refería a las criaturas, las nombraba como "mierdas", las maldecía, las criticaba y las odiaba. Todo ser que no le respetara ni dejara vivir tranquilo a otros seres no era bienvenido en la vida de Zénobe. -Yo no hago esas cosas Annie. Me horririza el simple hecho de haberte visto en esa situación, matar es un pecado y yo... -Vuelve a negar con la cabeza volviendo a levantarse de la cama- Que no lo voy a hacer, y punto. -Se posa frente la ventana apoyando las manos en esta, la noche es fría y el cristal está practicamente congelado, sin embargo las manos de Zénobe no sufren por el frío, es más, parece que le agrada, aunque él siempre haya sido un ser cálido y dulce como el primer amor.
-Creo que algo en mi está cambiado Annie. -Comenta, mientras se centra en observar el bosque, sintiendo en su interior nuevas presencias que lo acechan allá afuera, volviendo a notarse nervioso, como si algo lo llamara desde los arbustos de la carretera de enfrente, tentándolo, jugando con él, un estruendo le hizo retirar la mirada hacia el cielo, parecía que se acercaba tormenta, en su reloj: la una menos cuarto de la madrugada. Seguía estando cansado fisicamente, pero el susto le había despejado un tanto la mente, o eso creía él. -Tal vez debería dormir un poco. -Se muerde el labio sin girarse de la ventana, pero corre las cortinas en cuanto puede intentando no caer en esa tentación desconocida, que le llama para salir a investigar. -¿Podría quedarme? Prometo no dar patadas, puedo dormir en el suelo si lo deseas. Dormiría en el baño pero .. -Hace una mueca, frotándose la nuca, esperando su respuesta, esta acepta, sabe por lo que está pasando, sabe que le tientan a morder ese anzuelo. Zénobe finalmente duerme en la cama, en un extremo, casi al borde del suelo pero mantiene un perfecto equilibrio, Annie al principio lo observa, le asombra la facilidad que tiene de dormirse, se podría quedar dormido en cualquier lado si se lo propone, se tumba a su lado, colocándole un poco mejor la manta, ya que el ambiente es frío al igual que la noche. Zeta parece haber entrado en un coma, la una, las dos, las tres, tres y veinte para ser más exactos. Sigue inmovil, usando escasos centímetros de la cama para no ser un estorbo, parece que despúes de unas horas Annie se ha quedado dormida, en un sueño ligero. La habitación está en calma, tan sólo se escuchan ruidos de coches pasando de vez en cuando por la carretera general. Zénobe abre los ojos de pronto, un negro intenso invade sus pupilas. ...
Las ocho de la mañana. El Motel. El sol comienza a brotar y entra en la habitación, no hay rastro de la noche, pero sí de una tormenta pasajera, los cristales están mojados, Annie está a punto de despertarse en su cama junto a.. No, Zénobe no está. No hay rastro de Zénobe en el cuarto. La puerta está cerrada.
Las ocho de la mañana. En las afueras, en un campo de trigo. Zénobe permanece dormido, su cara muestra signos más relajados, sin embargo, no duerme sobre el campo de cosecha, sino sobre sus enormes alas, tiene la boca manchada de sangre y cerca de él una daga. Algo ha pasado por la noche, sonámbulo o no ha llegado hasta este lugar a un par de kilometros del pueblo. No lleva camiseta pero tiene cortes por todo el cuerpo. Al olor de la sangre unos cuervos sobrevuelan su cuerpo, curiosos por aquel ser para ellos nuevo e inexplorado. ¿Lo sucedido? Un misterio. Zénobe aún no despierta, parece descansar.
miércoles, 5 de junio de 2013
Respirando hondo.
Annie.
Su propia respiración va disminuyendo el ritmo poco a poco, encontrándose mucho más calmada que cuando acababan de llegar. Se muerde suavemente la pared interior de su boca,quedándose pensativa mientras lo observaba. ¿Qué le pasaba a Zénobe? ¿Por qué sentía que había algo distinto en él, en aquella mirada que...? Lo ve levantarse con rapidez. No le molesta que no le haya pedido permiso, casi considera lo suyo de él, sin embargo no lo sigue. Sabe cómo se siente en ese momento, cómo todos tus sentidos se descontrolan hasta que crees que no vas a volver a ser la misma persona, que te quedarás en ese estado... pero también sabe que todo eso pasa cuando aprendes a controlarte a ti mismo y conoces esa parte de ti que siempre había estado escondida. Según lo que le había contado Zénobe, era un ángel caído. Sí, eso ya lo sabía... No todos los ángeles caídos tenían que rendirse ante la oscuridad de Lucifer y su mundo infernal, junto a aquellas bestias y bicharracos que atacaban cuando tenían oportunidad. Eso sí, le iba a ser difícil resistirse a la oscuridad, a todas y cada una de las cosas que le pondrá en la mano para ver si las toma y luego.. será como una pesca, una pesca fácil. Si muerdes el anzuelo, estás muerto. Escucha el agua correr desde el baño y ella se observa las manos, haciendo una mueca. Qué asco. La sangre de algunos demonios era venenosa para los vampiros,por lo que nunca se le ocurriría tomarla, ni probarla siquiera; podría provocarle una muerte larga y dolorosa en menos de dos segundos. Un gruñido sale de su garganta en forma de queja y ella se da la vuelta, retirándose la camisa y buscando otra, aprovechando que Zénobe aún está en el baño. Cuando el chico sale, viene perseguido de un halo de hielo y frío, como si... La alarma se nota por un momento en sus ojos, ya que la toma de sorpresa, pero al verlo quieto, la chica se relaja. No temía al frío, ya que controlaba todos los elementos y aquello no era más que agua..o al menos eso esperaba. Echa a andar, quitándose los zapatos por el camino y adentrándose a todo aquello, sintiendo el frío entumedecer sus pies y su piel. Ladea el rostro con suavidad. Se encuentra de espaldas a Zénobe, examinando aquello que ha dejado a su rastro. Roza la pared con cuidado y de repente, todo aquello comienza a derretirse. La chica se aparta por si acaso, mirando el hueco en la alfombra y suspirando. No le importaba pagarlo, pero tendría que explicarlo. ¡Se le ocurriría algo, como siempre! Gira suavemente sobre sus talones y lo encuadra con la mirada, volviendo a suspirar. Vuelve al pasillo y entra al baño, mirando el pomo en el suelo, recogiéndolo y tirándolo a la basura. Enseguida se lava las manos y a su paso, casi todo parece derretirse. Nada podía resistirse al calor, nada sólido a una temperatura adecuada.
Camina hacia él, se para justo en frente y estira las manos, posándolas en sus mejillas y susurrando:
-Respira, Zeta... tienes que respirar y centrarte. Esto no es más que un poder descontrolado que hay que domar. Te ayudaré, lo prometo..pero tienes que respirar y calmarte.
Sus manos se mueven hasta alcanzar su nuca, la cual acaricia con cuidado, suavemente, hasta que siente sus músculos un poco más relajados. Sabe que está dando todo lo que puede de sí mismo, cosa que admira muchísimo. Frunce los labios y cuando lo siente más tranquilo toma una de sus manos, obligándolo a sentarse en la cama, acomodándose a su lado y susurrando:
-Lo que viste en el bosque... son rastreadores. Pueden presentarse en muchas formas, la más común es como un perro baboso de dientes enormes y ojos.. rojos. - Al tiempo que explica hace una mueca de desagrado- He tenido que luchar contra ellos varias veces, por eso ya conozco sus puntos flojos... aunque nunca es bueno confiarse, siempre salen con una distinta. Los he mandado de vuelta de donde han venido, Zeta... no tienes que preocuparte. Aquí estás seguro. No dejaré que te hagan daño. Y... no sé si volverán, si te digo cualquier cosa con respecto a eso te mentiría.. Por eso tienes que aprender a defenderte.
Vuelve la vista a él y encoge los hombros, intentando transmitirle un poco de confianza o tranquilidad. Se inclina hacia él y deposita un beso sobre su mejilla, susurrando:
-Vas a estar bien, Zeta..
Su propia respiración va disminuyendo el ritmo poco a poco, encontrándose mucho más calmada que cuando acababan de llegar. Se muerde suavemente la pared interior de su boca,quedándose pensativa mientras lo observaba. ¿Qué le pasaba a Zénobe? ¿Por qué sentía que había algo distinto en él, en aquella mirada que...? Lo ve levantarse con rapidez. No le molesta que no le haya pedido permiso, casi considera lo suyo de él, sin embargo no lo sigue. Sabe cómo se siente en ese momento, cómo todos tus sentidos se descontrolan hasta que crees que no vas a volver a ser la misma persona, que te quedarás en ese estado... pero también sabe que todo eso pasa cuando aprendes a controlarte a ti mismo y conoces esa parte de ti que siempre había estado escondida. Según lo que le había contado Zénobe, era un ángel caído. Sí, eso ya lo sabía... No todos los ángeles caídos tenían que rendirse ante la oscuridad de Lucifer y su mundo infernal, junto a aquellas bestias y bicharracos que atacaban cuando tenían oportunidad. Eso sí, le iba a ser difícil resistirse a la oscuridad, a todas y cada una de las cosas que le pondrá en la mano para ver si las toma y luego.. será como una pesca, una pesca fácil. Si muerdes el anzuelo, estás muerto. Escucha el agua correr desde el baño y ella se observa las manos, haciendo una mueca. Qué asco. La sangre de algunos demonios era venenosa para los vampiros,por lo que nunca se le ocurriría tomarla, ni probarla siquiera; podría provocarle una muerte larga y dolorosa en menos de dos segundos. Un gruñido sale de su garganta en forma de queja y ella se da la vuelta, retirándose la camisa y buscando otra, aprovechando que Zénobe aún está en el baño. Cuando el chico sale, viene perseguido de un halo de hielo y frío, como si... La alarma se nota por un momento en sus ojos, ya que la toma de sorpresa, pero al verlo quieto, la chica se relaja. No temía al frío, ya que controlaba todos los elementos y aquello no era más que agua..o al menos eso esperaba. Echa a andar, quitándose los zapatos por el camino y adentrándose a todo aquello, sintiendo el frío entumedecer sus pies y su piel. Ladea el rostro con suavidad. Se encuentra de espaldas a Zénobe, examinando aquello que ha dejado a su rastro. Roza la pared con cuidado y de repente, todo aquello comienza a derretirse. La chica se aparta por si acaso, mirando el hueco en la alfombra y suspirando. No le importaba pagarlo, pero tendría que explicarlo. ¡Se le ocurriría algo, como siempre! Gira suavemente sobre sus talones y lo encuadra con la mirada, volviendo a suspirar. Vuelve al pasillo y entra al baño, mirando el pomo en el suelo, recogiéndolo y tirándolo a la basura. Enseguida se lava las manos y a su paso, casi todo parece derretirse. Nada podía resistirse al calor, nada sólido a una temperatura adecuada.
Camina hacia él, se para justo en frente y estira las manos, posándolas en sus mejillas y susurrando:
-Respira, Zeta... tienes que respirar y centrarte. Esto no es más que un poder descontrolado que hay que domar. Te ayudaré, lo prometo..pero tienes que respirar y calmarte.
Sus manos se mueven hasta alcanzar su nuca, la cual acaricia con cuidado, suavemente, hasta que siente sus músculos un poco más relajados. Sabe que está dando todo lo que puede de sí mismo, cosa que admira muchísimo. Frunce los labios y cuando lo siente más tranquilo toma una de sus manos, obligándolo a sentarse en la cama, acomodándose a su lado y susurrando:
-Lo que viste en el bosque... son rastreadores. Pueden presentarse en muchas formas, la más común es como un perro baboso de dientes enormes y ojos.. rojos. - Al tiempo que explica hace una mueca de desagrado- He tenido que luchar contra ellos varias veces, por eso ya conozco sus puntos flojos... aunque nunca es bueno confiarse, siempre salen con una distinta. Los he mandado de vuelta de donde han venido, Zeta... no tienes que preocuparte. Aquí estás seguro. No dejaré que te hagan daño. Y... no sé si volverán, si te digo cualquier cosa con respecto a eso te mentiría.. Por eso tienes que aprender a defenderte.
Vuelve la vista a él y encoge los hombros, intentando transmitirle un poco de confianza o tranquilidad. Se inclina hacia él y deposita un beso sobre su mejilla, susurrando:
-Vas a estar bien, Zeta..
Descontrol.
Zénobe.
Recuerda llevarla entre sus alas, abrazada a él, cruzando los cielos por encima de las copas de los árboles, Annie reía y besaba sus labios intentando distraerle de su vuelo, ambos parecen hechos el uno para el otro, enamorados, como si nada ni nadie pudiera separarlos. Ella se ve tan inocente, tan dulce, tan frágil, es su pequeña... El roce en su mano le volvió a recuperar la consciencia, bajó la mirada, perplejo de toda aquella sangrienta escena que le había dejado de hielo, Zénobe se había criado entre los placeres del Edén, la felicidad, la luz y la alegría y armonía que esta transmitía, no estaba acostumbrado ni hecho para presenciar ese tipo de actos, Zénobe no estaba creado para matar, tan sólo defenderse, y defenderse si la situación lo requería o su protegida lo ordenaba o necesitaba. La mano de Annie estaba empapada en sangre, por un momento pensó apartar la mano, no quería mancharse de sangre de aquellos seres, pero segundos más tarde se encontraba en su habitación. Seguía con la mente en blanco, absorvido por lo presenciado y asiente a las preguntas de Annie, encogiendo los hombros, mirando más allá de la ventana, fijando la vista en el final de la carretera, hasta donde su vista podía llegar. Busca la cama con el tacto de las manos y se sienta, suspirando al hacerlo, no quiere verla en ese estado hasta que vuelva a ser como él define alguien "normal". Busca su mirada y se encuentra con unos ojos más comunes, no diabólicos. sin embargos los de Zénobe parecen no poder volver a la normalidad, tienen hasta un cierto aire siniestro, la pupíla toma más lugar en su ojo que el propio iris, asique el negro toma protagonismo en su mirada en vez del clásico azul, se encuentra fuera de si, parece no ser el mismo, esta descolocado, por lo sucedido y por lo visto, se encuentra alterado pero sin embargo no hay facciones ni signos fisicos que lo demuestre. Se ojeala las manos, observando la sangre que se ha quedado en estas por haber tocado las de Annie, e inconscientemente se las lleva a la nariz, buscando un olor, para él desagradable, un olor a fuerte hierro y a putrefacción, arrugando la nariz y levantándose en un gesto rápido para buscar el baño, con o sin permiso tiene que deshacerse de esa sangre, entrando al baño y dejando la puerta entornarda. Abre el grifo y usando la jaboneta, se refrota las manos como con ansia, dejando que la sangre seca se humedezca y corra con el agua por las cañerias, cerrando el grifo, observándose en el espejo, su mirada, apenas se reconoce y se lleva las manos a los ojos, frotándoselos y parpadeando para que aquel tono volviera a la normalidad, poniéndose entonces más nervioso de lo normal, susurrando- Que ha pasado.. ¿Qué eran esa mierda? ¿Que cojones le has hecho? ¿Están muertos? ¿Van a volver?.. -Empieza a preguntar, desde el baño, y respirando rapido, en una de estas abre la puerta del baño y rompe el pomo, sin tener control de la fuerza que tiene en ese momento, soltando el pomo, dejando que caiga al suelo, y de su palma parece salir una tira de luz que congela a todo lo que toma, por lo que crea un agujero en la alfombra del frío causado, como si se tratara de nitrogeno líquido, y la mira, como preocupado- Pero que me está pasando... -Prensa los labios, inmovilizado, para no hacer ningún rasguño más al cuarto, pues ya ha dejado medio pasillo congelado con tan solo pretender coger el pomo al aire. Quedándose quieto, esperando explicaciones.
Recuerda llevarla entre sus alas, abrazada a él, cruzando los cielos por encima de las copas de los árboles, Annie reía y besaba sus labios intentando distraerle de su vuelo, ambos parecen hechos el uno para el otro, enamorados, como si nada ni nadie pudiera separarlos. Ella se ve tan inocente, tan dulce, tan frágil, es su pequeña... El roce en su mano le volvió a recuperar la consciencia, bajó la mirada, perplejo de toda aquella sangrienta escena que le había dejado de hielo, Zénobe se había criado entre los placeres del Edén, la felicidad, la luz y la alegría y armonía que esta transmitía, no estaba acostumbrado ni hecho para presenciar ese tipo de actos, Zénobe no estaba creado para matar, tan sólo defenderse, y defenderse si la situación lo requería o su protegida lo ordenaba o necesitaba. La mano de Annie estaba empapada en sangre, por un momento pensó apartar la mano, no quería mancharse de sangre de aquellos seres, pero segundos más tarde se encontraba en su habitación. Seguía con la mente en blanco, absorvido por lo presenciado y asiente a las preguntas de Annie, encogiendo los hombros, mirando más allá de la ventana, fijando la vista en el final de la carretera, hasta donde su vista podía llegar. Busca la cama con el tacto de las manos y se sienta, suspirando al hacerlo, no quiere verla en ese estado hasta que vuelva a ser como él define alguien "normal". Busca su mirada y se encuentra con unos ojos más comunes, no diabólicos. sin embargos los de Zénobe parecen no poder volver a la normalidad, tienen hasta un cierto aire siniestro, la pupíla toma más lugar en su ojo que el propio iris, asique el negro toma protagonismo en su mirada en vez del clásico azul, se encuentra fuera de si, parece no ser el mismo, esta descolocado, por lo sucedido y por lo visto, se encuentra alterado pero sin embargo no hay facciones ni signos fisicos que lo demuestre. Se ojeala las manos, observando la sangre que se ha quedado en estas por haber tocado las de Annie, e inconscientemente se las lleva a la nariz, buscando un olor, para él desagradable, un olor a fuerte hierro y a putrefacción, arrugando la nariz y levantándose en un gesto rápido para buscar el baño, con o sin permiso tiene que deshacerse de esa sangre, entrando al baño y dejando la puerta entornarda. Abre el grifo y usando la jaboneta, se refrota las manos como con ansia, dejando que la sangre seca se humedezca y corra con el agua por las cañerias, cerrando el grifo, observándose en el espejo, su mirada, apenas se reconoce y se lleva las manos a los ojos, frotándoselos y parpadeando para que aquel tono volviera a la normalidad, poniéndose entonces más nervioso de lo normal, susurrando- Que ha pasado.. ¿Qué eran esa mierda? ¿Que cojones le has hecho? ¿Están muertos? ¿Van a volver?.. -Empieza a preguntar, desde el baño, y respirando rapido, en una de estas abre la puerta del baño y rompe el pomo, sin tener control de la fuerza que tiene en ese momento, soltando el pomo, dejando que caiga al suelo, y de su palma parece salir una tira de luz que congela a todo lo que toma, por lo que crea un agujero en la alfombra del frío causado, como si se tratara de nitrogeno líquido, y la mira, como preocupado- Pero que me está pasando... -Prensa los labios, inmovilizado, para no hacer ningún rasguño más al cuarto, pues ya ha dejado medio pasillo congelado con tan solo pretender coger el pomo al aire. Quedándose quieto, esperando explicaciones.
lunes, 3 de junio de 2013
La parte de oscuridad que escondía.
Annie.
Los días pasaban lentos, mientras ella esperaba algo de provecho que poder hacer. Alex, su guardiana pelirrosa parecía haber desaparecido; lo más seguro es que tuviera una misión y un Humano que atender y quizá estaba del otro lado del mundo. Al parecer, no había tenido tiempo de avisarle. De vez en cuando salía al pueblo, ayudando a las personas que lo necesitaban aunque fuese con in gesto tan simple como era llevar las bolsas de la compra hasta la casa o ayudar a los ancianos en in asilo. Pasaba las tardes en la plaza, jugando con los pequeños niños que se quedaban hasta tarde. Su habitación en el motel iba tomando un poco de su ambiente; el olor dulce de su perfume, los colores que solía llevar e incluso se había atrevido a colgar alguna fotos y recuerdos que había podido poner en la maleta. Se sentía mejor si tenía todo eso a su alrededor, como si estuviera en casa. Además, había pasado horas en la biblioteca del pueblo, buscando un libro que la ayudase a responder todas sus preguntas. Tras unos días de búsqueda, por fin lo había encontrado y se habia llevado además varios libros. Las noches se hacían largas por los sueños, que a veces la perturbaban y otras, por el contrario, la ayudaban a entender lo que estaba pasando. Su responsabilidad era proteger a su ángel por encima de todo y de todos. A veces, ángeles que nunca había visto se le aparecían, explicándole las dudas.. En realidad no sabia si Zénobe podría controlar una situación de esas en caso de encontrarse solo. Una cosa era proteger a alguien y otra, cuidarse a si mismo y en paralelo, luchar contra todo lo que intentaba tumbarlo. Ni siquiera ella era capaz de escapar de ellos y llevaba tiempo intentando apartarlos...
Aquella noche, Annie se había quedado en la buhardilla donde se escondía y podia ordenar todas sus ideas. Sus piernas se encontraban cruzadas sobre la almohada, mientras que se apoyaba contra la pared para poder leer mejor. Era una noche despejada y al parecer, tranquila. Tonca había preferido quedarse fuera, rondando los alrededores, como si ella también tuviera que cuidarlo. Baja el libro y lo apoya sobre sus rodillas, quedándose por in momento pensativa, persiviendo algo extraño. Rápidamente se incorpora, asomándose a la ventana , clavando los dedos en esta, dejando la marcado de su respiración sobre el cristal. Algo está mal, muy mal. Siente como el pecho se le comprime en una sensación que no le gusta nada. Abre la ventana, dejándose caer en el aparcamiento, que se encontraba totalmente desierto. Annie está descalza, pero sin embargo se adentra entre los árboles y echa a correr, siguiendo su instinto, que parecía gritarle un sólo nombre: Zénobe. La humedad va rodeándola poco a poco y la temperatura disminuye hasta el punto que su propia respiración aparece como un vaho, adornando el ambiente. Demasiada oscuridad para una noche tan tranquila. Demasiado frío. 'Demonios', le dice algo en su cabeza. ¡Lo estaban atacando! Annie comienza a temblar de rabia, por lo que en un minuto lo encuentra. No se encuentra a la vista; está subida en la rama de un árbol y sus ojos están bicolores. La mejor forma de enfrentrarse a ellos sin llamar tanto la atención era con su parte oscura, aquella que nunca había dejado ver a Zeta. Pero..si dejaba ver su luz llamaría demasiado la atención, mejor era refugiarse y moverse entre ellos como una más.
Un gruñido se escapa desde su garganta, llamando la atención de aquellos que persiguen a su ángel. La chica se levanta de forma elegante y lenta, observándoles desde arriba con los labios fruncidos y una expresión demasiado seria para parecer ella. Cualquiera pensaría que se trataba se Sarah, su gemela. Aterriza con suavidad en el suelo, apareciendo justo delante de Zénobe. Su rostro no parece el mismo, pero sus intenciones no cambian; debe protegerle. La chica gira sobre sus talones y suelta otro gruñido, dándose cuenta de que no eran demonios, sino seres inferiores que se dedicaban a rastrear y sacar de quicio a las víctimas para que se rindieran a la oscuridad. Los conocia, más de una vez habia tenido que cruzárselos y sacarlos de su camino para salvar la vida de un humano. La lucha empieza y nadie puede impedirlo. En medio de la penumbra, un lobo se une a ella, despedazándolos. Cuando el bosque se queda en silencio la lucha termina. Annie aparece tras Zénobe, tomando su mano. Está llena de sangre y tiene heridas, pero se siente orgullosa de lo que ha hecho. El lobo desaparece y luego ellos. La siguiente imagen que deja que observe es la luz de su habitación, en el motel. Tonca se ha quedado abajo, cuidando. Por suerte, ella no tiene heridas. La chica cierra la ventana y asegura la puerta, girándose para observarlo y, a pesar de sus ojos bicolores y parecer que está completamente descontrolada, Annie susurra:
-¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?
Lo mira, dejando que su mirada vuelva a su color natural, notándose por primera vez en la noche su miedo. Antes había dejado que Zénobe viera su naturaleza vampírica, la parte de oscuridad que tenía su alma.
Los días pasaban lentos, mientras ella esperaba algo de provecho que poder hacer. Alex, su guardiana pelirrosa parecía haber desaparecido; lo más seguro es que tuviera una misión y un Humano que atender y quizá estaba del otro lado del mundo. Al parecer, no había tenido tiempo de avisarle. De vez en cuando salía al pueblo, ayudando a las personas que lo necesitaban aunque fuese con in gesto tan simple como era llevar las bolsas de la compra hasta la casa o ayudar a los ancianos en in asilo. Pasaba las tardes en la plaza, jugando con los pequeños niños que se quedaban hasta tarde. Su habitación en el motel iba tomando un poco de su ambiente; el olor dulce de su perfume, los colores que solía llevar e incluso se había atrevido a colgar alguna fotos y recuerdos que había podido poner en la maleta. Se sentía mejor si tenía todo eso a su alrededor, como si estuviera en casa. Además, había pasado horas en la biblioteca del pueblo, buscando un libro que la ayudase a responder todas sus preguntas. Tras unos días de búsqueda, por fin lo había encontrado y se habia llevado además varios libros. Las noches se hacían largas por los sueños, que a veces la perturbaban y otras, por el contrario, la ayudaban a entender lo que estaba pasando. Su responsabilidad era proteger a su ángel por encima de todo y de todos. A veces, ángeles que nunca había visto se le aparecían, explicándole las dudas.. En realidad no sabia si Zénobe podría controlar una situación de esas en caso de encontrarse solo. Una cosa era proteger a alguien y otra, cuidarse a si mismo y en paralelo, luchar contra todo lo que intentaba tumbarlo. Ni siquiera ella era capaz de escapar de ellos y llevaba tiempo intentando apartarlos...
Aquella noche, Annie se había quedado en la buhardilla donde se escondía y podia ordenar todas sus ideas. Sus piernas se encontraban cruzadas sobre la almohada, mientras que se apoyaba contra la pared para poder leer mejor. Era una noche despejada y al parecer, tranquila. Tonca había preferido quedarse fuera, rondando los alrededores, como si ella también tuviera que cuidarlo. Baja el libro y lo apoya sobre sus rodillas, quedándose por in momento pensativa, persiviendo algo extraño. Rápidamente se incorpora, asomándose a la ventana , clavando los dedos en esta, dejando la marcado de su respiración sobre el cristal. Algo está mal, muy mal. Siente como el pecho se le comprime en una sensación que no le gusta nada. Abre la ventana, dejándose caer en el aparcamiento, que se encontraba totalmente desierto. Annie está descalza, pero sin embargo se adentra entre los árboles y echa a correr, siguiendo su instinto, que parecía gritarle un sólo nombre: Zénobe. La humedad va rodeándola poco a poco y la temperatura disminuye hasta el punto que su propia respiración aparece como un vaho, adornando el ambiente. Demasiada oscuridad para una noche tan tranquila. Demasiado frío. 'Demonios', le dice algo en su cabeza. ¡Lo estaban atacando! Annie comienza a temblar de rabia, por lo que en un minuto lo encuentra. No se encuentra a la vista; está subida en la rama de un árbol y sus ojos están bicolores. La mejor forma de enfrentrarse a ellos sin llamar tanto la atención era con su parte oscura, aquella que nunca había dejado ver a Zeta. Pero..si dejaba ver su luz llamaría demasiado la atención, mejor era refugiarse y moverse entre ellos como una más.
Un gruñido se escapa desde su garganta, llamando la atención de aquellos que persiguen a su ángel. La chica se levanta de forma elegante y lenta, observándoles desde arriba con los labios fruncidos y una expresión demasiado seria para parecer ella. Cualquiera pensaría que se trataba se Sarah, su gemela. Aterriza con suavidad en el suelo, apareciendo justo delante de Zénobe. Su rostro no parece el mismo, pero sus intenciones no cambian; debe protegerle. La chica gira sobre sus talones y suelta otro gruñido, dándose cuenta de que no eran demonios, sino seres inferiores que se dedicaban a rastrear y sacar de quicio a las víctimas para que se rindieran a la oscuridad. Los conocia, más de una vez habia tenido que cruzárselos y sacarlos de su camino para salvar la vida de un humano. La lucha empieza y nadie puede impedirlo. En medio de la penumbra, un lobo se une a ella, despedazándolos. Cuando el bosque se queda en silencio la lucha termina. Annie aparece tras Zénobe, tomando su mano. Está llena de sangre y tiene heridas, pero se siente orgullosa de lo que ha hecho. El lobo desaparece y luego ellos. La siguiente imagen que deja que observe es la luz de su habitación, en el motel. Tonca se ha quedado abajo, cuidando. Por suerte, ella no tiene heridas. La chica cierra la ventana y asegura la puerta, girándose para observarlo y, a pesar de sus ojos bicolores y parecer que está completamente descontrolada, Annie susurra:
-¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?
Lo mira, dejando que su mirada vuelva a su color natural, notándose por primera vez en la noche su miedo. Antes había dejado que Zénobe viera su naturaleza vampírica, la parte de oscuridad que tenía su alma.
Primer encuentro.
Zénobe.
Su vida había vuelto a dar un gran jiro, las cosas con Annie estaban bien, dentro de lo que cabe, pero no se iba a arriesgar a perder todo lo que tenía, intentaría jugar bien sus cartas para que aquellos seres no le encontraran, lo primero pasasr completamente desapercibido, cosa dificil. Tras despedirse de la jove, Zénobe emprende su camino hacia la granja, con las manos en los bolsillos, cansado y aún sin haber empezado el día. Se encontró con Coraline, que lo recibe con un fuerte abrazo y unos besos en las mejillas, contenta de verle nuevamente, Zénobe y Cora comienzan las tareas de la granja. Así pasaron un día, dos, tres y hasta cuatro.
Aquel día fue bastante duro, que si llevar el heno hacia el establo, llevar el ganado al río, ordenar las bridas y echarles grasa al cuero, arreglar unas cañerías en la cocina y para completar la tarde, una vuelta al pueblo para despejar la mente.
Paseaba por las calles tranquilo, el sol estaba escondiéndose por las colinas y pensativo, esta vez sin la compañía de la joven muchacha, que a pesar de querer acompañarle en el paseo, tuvo que quedarse en casa para estudiar, al fin y al cabo era una chiquilla que iba al instituto. Las calles empezaban a vaciarse, pero aún quedaban mujeres en el mercado, después de la semanal feria de lacteos, sus respectivos maridos cargando furgonetas y gatos callejeros buscando cama para la noche.
Se sentía bastante cansado, casi sin fuerzas y suspiró, arrepintiéndose de haberse ido de paseo, pero le gustaban los paseos nocturnos, dormía mejor al empatizarse con gente corriente, pues así se concienciaba de que él era uno como ellos, sin rasgos diferentes. "¿Dónde estará Annie?" Pensó, jugando a chutar una piedrecilla del suelo, hacía días que no sabía de ella, la verdad tampoco tuvo mucho tiempo de ir a verla, la granja le tenía ocupado y al llegar a casa apenas llegaba a la cama, se solía quedar dormido en el sofá. "¿Estaría cenando? ¿Leyendo? ¿Disfrutando de la noche? ¿Banándose tal vez?" Se divertía imaginándosela en diferentes escenas, se imaginó hasta a Annie vestida de piloto de carreras, a Annie vestida de granjera, a Annie de veterinaria.. Como si fuera una de esas Barbies de oficio asignado. Se había desviado del camino con tanto fantaseo, la piedra que chutaba se quedó hace rato atrás solitaria en el camino. Sin embargo conocía el lugar, era un camino que también llegaba a su pequeña casa de madera, sólo que tardaría el doble en llegar.
La noche se le vino encima, caminaba más deprisa para poder llegar a casa pronto, lo había decidido ya, se haría una tortilla de patata con unos pimientos, tenía tanta hambre... De pronto Zénobe se paró de golpe, alguien le estaba siguiendo. Se giró en un rápido movimiento pero allí no había nadie. Volvió a retomar su camino pero esta vez alerta, "Ha sido tu imaginación, algun animalillo de campo", dijo para tranquilizarse. Pero notaba una presencia en su espalda, y este volvió a tragar saliva y se giró en sus talones, intentando ver más allá de los matorrales, se estaba empezando a emparanoyar y no era bueno ponerle nervioso, a la mínima era capaz de soltar sus poderes o incluso peor, al mínimo susto sus alas se desplegarían. Esta vez estaba seguro, algo le estaba siguiendo, comenzó a seguir su ruta a un paso más rápido de lo normal, poniéndose la capucha de la sudadera como si a "aquello" que le seguía fuera a importarle que llevara la cabeza cubierta en el anonimato o no. Algo le cogió el pie y le hizo tropezar, cayendo al suelo de morros, soltando un gruñido pues esta vez sabía de que se trataba, y lo peor, parecía que se estaban cachondeando de él. -No tiene ni puta gracia. -Dice, incorporándose del suelo, pero nuevamente vuelven a tomar su pie volviendo a hacerle caer sobre el suelo, practicamente en el mismo sitio, Zénobe empieza a cabrearse de ese jueguecito, y sabía quien estaba detrás de todo esto. Sabía que con Annie cerca le encontrarían tarde o temprano. -Lárgate. -Dice, volviendo a retomar su camino, esta vez anda con cuidado, y sigue sin hacer uso de sus poderes. Ya se veía la pequeña casa a lo lejos, y camina entre los árboles del bosque de forma ágil, decidido a llegar a casa para que los "enviados" rastreadores le dejaran tranquilo, quería hacerles parecer que era un humano más, por muy absurdo que eso pareciera.
El ambiente volvió a la calma, estaba en casa haciéndose la cena, pero de pronto la puerta de la casa de abrió por arte de magia, la fue a cerrar pero no había nadie allí, tragó saliva, Zénobe no estaba hecho para enfrentarse al miedo, y en verdad, era bastante miedica. Intenta distraerse y enciende la radio, pero esta empieza a perder la frecuencia y parecen escucharse psicofonias, es entonces cuando comienza a alterarse, apaga el fuego de la cocina y pone la tortilla en un plato, comenzando a cenar. Antes de empezar, empiezan a caerse los estantes del salón, los libros de una pequeña biblioteca salen disparados hacia la pared, estaban jugando con su cordura y estabilidad. -Joder... -Maldice, dejando de cenar sin tomar bocado, encogiendo los hombros y llendo al salón, medio encogido y buscando por la habitacion algún tipo de presencia, entonces nota que alguien le sopla en el cuello, se le eriza la piel y se queda paralizado, volviendo a tragar saliva y acojonado. Ríe como metodo de defensa, pues no le hace gracia la situación y se frota la cara con las manos, cuando abre los ojos la habitacion ha cambiado completamente, y los muebles están en un órden diferente, entonces empieza a desquiciarse, a querer escapar de allí. Sale de la casa, cerrando la puerta tras de si, asustado pues él no tolera la oscuridad y los misterios de esta. Comienza a andar sin dirección hacia el pueblo, tal vez allí alguien podría distraerlo de aquella tortura, pero cuando iba en camino por la ruta del bosque, una silueta se le presenta de golpe, asustando tanto a Zénobe que le hace perder por un momento el control, haciendo que sus pupilas se dilataran y sus ojos se volvieran de un tono aguamarina, él sabe que está perdiendo los papeles por culpa de estos sabuesos chupasangres, que intentan alterarle para que se manifieste con sus poderes y transformándose en ángel, para que ellos puedan actuar justamente llevándoselo a las entrañas de la tierra- Annie.. -murmura en un sollozo, pues no sabe ni como actuar con este tipo de criaturas, para él es un mundo nuevo, buscando escapatoria por todos los ángulos del bosque, percatándose de que le rodean más de una silueta, parece estar rodeado.
Su vida había vuelto a dar un gran jiro, las cosas con Annie estaban bien, dentro de lo que cabe, pero no se iba a arriesgar a perder todo lo que tenía, intentaría jugar bien sus cartas para que aquellos seres no le encontraran, lo primero pasasr completamente desapercibido, cosa dificil. Tras despedirse de la jove, Zénobe emprende su camino hacia la granja, con las manos en los bolsillos, cansado y aún sin haber empezado el día. Se encontró con Coraline, que lo recibe con un fuerte abrazo y unos besos en las mejillas, contenta de verle nuevamente, Zénobe y Cora comienzan las tareas de la granja. Así pasaron un día, dos, tres y hasta cuatro.
Aquel día fue bastante duro, que si llevar el heno hacia el establo, llevar el ganado al río, ordenar las bridas y echarles grasa al cuero, arreglar unas cañerías en la cocina y para completar la tarde, una vuelta al pueblo para despejar la mente.
Paseaba por las calles tranquilo, el sol estaba escondiéndose por las colinas y pensativo, esta vez sin la compañía de la joven muchacha, que a pesar de querer acompañarle en el paseo, tuvo que quedarse en casa para estudiar, al fin y al cabo era una chiquilla que iba al instituto. Las calles empezaban a vaciarse, pero aún quedaban mujeres en el mercado, después de la semanal feria de lacteos, sus respectivos maridos cargando furgonetas y gatos callejeros buscando cama para la noche.
Se sentía bastante cansado, casi sin fuerzas y suspiró, arrepintiéndose de haberse ido de paseo, pero le gustaban los paseos nocturnos, dormía mejor al empatizarse con gente corriente, pues así se concienciaba de que él era uno como ellos, sin rasgos diferentes. "¿Dónde estará Annie?" Pensó, jugando a chutar una piedrecilla del suelo, hacía días que no sabía de ella, la verdad tampoco tuvo mucho tiempo de ir a verla, la granja le tenía ocupado y al llegar a casa apenas llegaba a la cama, se solía quedar dormido en el sofá. "¿Estaría cenando? ¿Leyendo? ¿Disfrutando de la noche? ¿Banándose tal vez?" Se divertía imaginándosela en diferentes escenas, se imaginó hasta a Annie vestida de piloto de carreras, a Annie vestida de granjera, a Annie de veterinaria.. Como si fuera una de esas Barbies de oficio asignado. Se había desviado del camino con tanto fantaseo, la piedra que chutaba se quedó hace rato atrás solitaria en el camino. Sin embargo conocía el lugar, era un camino que también llegaba a su pequeña casa de madera, sólo que tardaría el doble en llegar.
La noche se le vino encima, caminaba más deprisa para poder llegar a casa pronto, lo había decidido ya, se haría una tortilla de patata con unos pimientos, tenía tanta hambre... De pronto Zénobe se paró de golpe, alguien le estaba siguiendo. Se giró en un rápido movimiento pero allí no había nadie. Volvió a retomar su camino pero esta vez alerta, "Ha sido tu imaginación, algun animalillo de campo", dijo para tranquilizarse. Pero notaba una presencia en su espalda, y este volvió a tragar saliva y se giró en sus talones, intentando ver más allá de los matorrales, se estaba empezando a emparanoyar y no era bueno ponerle nervioso, a la mínima era capaz de soltar sus poderes o incluso peor, al mínimo susto sus alas se desplegarían. Esta vez estaba seguro, algo le estaba siguiendo, comenzó a seguir su ruta a un paso más rápido de lo normal, poniéndose la capucha de la sudadera como si a "aquello" que le seguía fuera a importarle que llevara la cabeza cubierta en el anonimato o no. Algo le cogió el pie y le hizo tropezar, cayendo al suelo de morros, soltando un gruñido pues esta vez sabía de que se trataba, y lo peor, parecía que se estaban cachondeando de él. -No tiene ni puta gracia. -Dice, incorporándose del suelo, pero nuevamente vuelven a tomar su pie volviendo a hacerle caer sobre el suelo, practicamente en el mismo sitio, Zénobe empieza a cabrearse de ese jueguecito, y sabía quien estaba detrás de todo esto. Sabía que con Annie cerca le encontrarían tarde o temprano. -Lárgate. -Dice, volviendo a retomar su camino, esta vez anda con cuidado, y sigue sin hacer uso de sus poderes. Ya se veía la pequeña casa a lo lejos, y camina entre los árboles del bosque de forma ágil, decidido a llegar a casa para que los "enviados" rastreadores le dejaran tranquilo, quería hacerles parecer que era un humano más, por muy absurdo que eso pareciera.
El ambiente volvió a la calma, estaba en casa haciéndose la cena, pero de pronto la puerta de la casa de abrió por arte de magia, la fue a cerrar pero no había nadie allí, tragó saliva, Zénobe no estaba hecho para enfrentarse al miedo, y en verdad, era bastante miedica. Intenta distraerse y enciende la radio, pero esta empieza a perder la frecuencia y parecen escucharse psicofonias, es entonces cuando comienza a alterarse, apaga el fuego de la cocina y pone la tortilla en un plato, comenzando a cenar. Antes de empezar, empiezan a caerse los estantes del salón, los libros de una pequeña biblioteca salen disparados hacia la pared, estaban jugando con su cordura y estabilidad. -Joder... -Maldice, dejando de cenar sin tomar bocado, encogiendo los hombros y llendo al salón, medio encogido y buscando por la habitacion algún tipo de presencia, entonces nota que alguien le sopla en el cuello, se le eriza la piel y se queda paralizado, volviendo a tragar saliva y acojonado. Ríe como metodo de defensa, pues no le hace gracia la situación y se frota la cara con las manos, cuando abre los ojos la habitacion ha cambiado completamente, y los muebles están en un órden diferente, entonces empieza a desquiciarse, a querer escapar de allí. Sale de la casa, cerrando la puerta tras de si, asustado pues él no tolera la oscuridad y los misterios de esta. Comienza a andar sin dirección hacia el pueblo, tal vez allí alguien podría distraerlo de aquella tortura, pero cuando iba en camino por la ruta del bosque, una silueta se le presenta de golpe, asustando tanto a Zénobe que le hace perder por un momento el control, haciendo que sus pupilas se dilataran y sus ojos se volvieran de un tono aguamarina, él sabe que está perdiendo los papeles por culpa de estos sabuesos chupasangres, que intentan alterarle para que se manifieste con sus poderes y transformándose en ángel, para que ellos puedan actuar justamente llevándoselo a las entrañas de la tierra- Annie.. -murmura en un sollozo, pues no sabe ni como actuar con este tipo de criaturas, para él es un mundo nuevo, buscando escapatoria por todos los ángulos del bosque, percatándose de que le rodean más de una silueta, parece estar rodeado.
'Todo va a ir bien, mi ángel..'
Annie.
Por su expresión, puede darse cuenta de que no está de acuerdo con el plan. Lo que Zénobe no sabía era que si en algún momento se lo habían asignado, por mucho que rehuyese, era ella quién podría y quién tendría que protegerlo de todo mal. El chico era un ángel y sabía perfectamente que esas cosas no podían cambiarse. Y...si decidía hacerle caso y no actuar, ni proteger, ¿cómo pensaba que terminaría ella si a él le pasase algo? Igual que un ángel guardián, terminaría en el suicidio y entonces no solo sería su final, sino el de toda la humanidad. Acepta sus gestos, sonriendo por momentos de manera infantil, como si de una niña chica se tratase, terminando apoyada sobre sus pies y cuando el chico espera una respuesta a su promesa, la muchacha se mantiene en silencio, sin hacer gesto alguno. No iba a prometerle algo que no iba a cumplir. Si le encontraban se marcharía y si no..también. No iba a correr riesgos, no si su vida estaba en juego. Annie frunce el ceño cuando el muchacho habla de salir de ese lugar, abrazándose a él con fuerzas, como si asi le dijera que no quería irse de allí y una risotada se le escapa cuando la compara con el Yeti. La verdad si tenía que cambiarse y tirar esa ropa...
Se le escapa un suspiro. Pasaba de estar enfadada con él a sentirse de nuevo bien consigo misma, como si hubiese recuperado una parte de si, aquella ilusión que le había entregado siempre. A pesar de todo lo que le había explicado, a pesar de que no quedó en su momento más remedio que marcharse sin decir siquiera 'adiós', no creía que la manera en que hizo todo fuera la adecuada. Siempre iba a estar a su lado, fuera como fuese..y no lo tuvo en cuenta, aunque fuese por su propia protección. En medio de todos aquellos pensamientos, el roce de sus labios contra los suyos casi parece sorprenderla. Una sonrisa acompaña aquel gesto, mientras que la chica lo rodea con los brazos y acaricia con cuidado sus costados. Sus palabras también la toman por sorpresa, aunque parece que sus ojos se iluminan ante estas. El próximo beso se hace mucho más duradero, aunque calmado y cuando terminan, la chica deposita varios besos sobre su rostro, dando el último sobre su boca y soltando una risita. Aprieta con fuerza su mano y ante su intento de molestarla, la chica le hace cosquillas antes de volver a atraerlo hacia si, besar su nuca y susurrar:
- Todo va a ir bien, mi ángel...
Y entonces la luz los lleva de regreso al bosque, donde el cantar de los pajarillos, el caminar de los animales y la humedad del ambiente los devuelve al mundo real. Cuando se abren sus ojos, las alas y su luz han desaparecido, volviendo a ser ella aquella chica de ojos azules y ropajes manchados. Annie suelta suavemente a Zénobe, dejando otra vez su mano enlazada con la suya. Acaricia sus dedos con suavidad antes de soltarle, ya que ya conocía los riesgos;/ no de que los vieran juntos, sino de que los vieran de esa forma. Da in paso atrás y con una sonrisita se despide, alejándose in poco, pero de repente vuelve, casi se tira entre sus brazos y deposita un beso en su mejilla, quedándose ahí in ratito. Luego vuelve a soltarlo, le despeina y sale corriendo, adentrándose entre los árboles para terminar en una carretera que la llevaría al motel. Camina bajo la luz de un Sol mañanero, que suavemente le da los buenos dias. No era muy tarde, por lo que los pasillos del edificio se encuentran vacíos. Y tras una subida en ascensor, su habitación le espera. Se deshace de sus zapatos, tanto como del ropaje que lleva y terminan bajo la ducha, dejando que toda aquella agua limpie su cuerpo, aprovechando ese tiempo para pensar en lo sucedido.
Por su expresión, puede darse cuenta de que no está de acuerdo con el plan. Lo que Zénobe no sabía era que si en algún momento se lo habían asignado, por mucho que rehuyese, era ella quién podría y quién tendría que protegerlo de todo mal. El chico era un ángel y sabía perfectamente que esas cosas no podían cambiarse. Y...si decidía hacerle caso y no actuar, ni proteger, ¿cómo pensaba que terminaría ella si a él le pasase algo? Igual que un ángel guardián, terminaría en el suicidio y entonces no solo sería su final, sino el de toda la humanidad. Acepta sus gestos, sonriendo por momentos de manera infantil, como si de una niña chica se tratase, terminando apoyada sobre sus pies y cuando el chico espera una respuesta a su promesa, la muchacha se mantiene en silencio, sin hacer gesto alguno. No iba a prometerle algo que no iba a cumplir. Si le encontraban se marcharía y si no..también. No iba a correr riesgos, no si su vida estaba en juego. Annie frunce el ceño cuando el muchacho habla de salir de ese lugar, abrazándose a él con fuerzas, como si asi le dijera que no quería irse de allí y una risotada se le escapa cuando la compara con el Yeti. La verdad si tenía que cambiarse y tirar esa ropa...
Se le escapa un suspiro. Pasaba de estar enfadada con él a sentirse de nuevo bien consigo misma, como si hubiese recuperado una parte de si, aquella ilusión que le había entregado siempre. A pesar de todo lo que le había explicado, a pesar de que no quedó en su momento más remedio que marcharse sin decir siquiera 'adiós', no creía que la manera en que hizo todo fuera la adecuada. Siempre iba a estar a su lado, fuera como fuese..y no lo tuvo en cuenta, aunque fuese por su propia protección. En medio de todos aquellos pensamientos, el roce de sus labios contra los suyos casi parece sorprenderla. Una sonrisa acompaña aquel gesto, mientras que la chica lo rodea con los brazos y acaricia con cuidado sus costados. Sus palabras también la toman por sorpresa, aunque parece que sus ojos se iluminan ante estas. El próximo beso se hace mucho más duradero, aunque calmado y cuando terminan, la chica deposita varios besos sobre su rostro, dando el último sobre su boca y soltando una risita. Aprieta con fuerza su mano y ante su intento de molestarla, la chica le hace cosquillas antes de volver a atraerlo hacia si, besar su nuca y susurrar:
- Todo va a ir bien, mi ángel...
Y entonces la luz los lleva de regreso al bosque, donde el cantar de los pajarillos, el caminar de los animales y la humedad del ambiente los devuelve al mundo real. Cuando se abren sus ojos, las alas y su luz han desaparecido, volviendo a ser ella aquella chica de ojos azules y ropajes manchados. Annie suelta suavemente a Zénobe, dejando otra vez su mano enlazada con la suya. Acaricia sus dedos con suavidad antes de soltarle, ya que ya conocía los riesgos;/ no de que los vieran juntos, sino de que los vieran de esa forma. Da in paso atrás y con una sonrisita se despide, alejándose in poco, pero de repente vuelve, casi se tira entre sus brazos y deposita un beso en su mejilla, quedándose ahí in ratito. Luego vuelve a soltarlo, le despeina y sale corriendo, adentrándose entre los árboles para terminar en una carretera que la llevaría al motel. Camina bajo la luz de un Sol mañanero, que suavemente le da los buenos dias. No era muy tarde, por lo que los pasillos del edificio se encuentran vacíos. Y tras una subida en ascensor, su habitación le espera. Se deshace de sus zapatos, tanto como del ropaje que lleva y terminan bajo la ducha, dejando que toda aquella agua limpie su cuerpo, aprovechando ese tiempo para pensar en lo sucedido.
Te amo, Annie Massey.
Zénobe.
Él también se sentía más tranquilo que nunca, estaban en un lugar dónde sólo ellos dos eran protagonistas, no sonríe, no muestra expresión alguna en la cara, sólo se le eriza la piel cuando recibe cariños por parte de su protegida. Acerca su rostro al propio juntando ambas mejillas y acariciandola como si fuera un cachorro de felino en busca de mimos, terminando por abrazarla y rodearla con los brazos, alzandola del suelo unos segundos hasta darse cuenta de que los pies de esta flotan en el aire, sonríe entonces y la vuelve a dejar esta vez sobre sus propios piesa, así esta más alta y no tiene por que agacharse tanto para besar su nariz, cariñoso y respirando con más tranquilidad, escondiendo despues la cara en su cuello, hablando sobre su piel- No Annie... Las cosas no son así, si me fui fue por el hecho de no querer involucrarte en mis asuntos, no me hagas volver a marchar, por que lo haré si piensas hacer semejante burrada. No vas a hacer nada, no te metas en asuntos externos y menos con ese tipo de seres Annie. Prometemelo. -Añade, mientras besa su cuello, con delicadeza y esperando que esta responda aunque sea con un gesto de cabeza, algo que le permita saber que no va a cometer locuras. -Por que de lo contrario me volveré a ir, y entonces no me busques por que me aseguraré de no dejar rastro alguno. -Suspira, soltando el cálido abrazo que los une, bajándola de sus pies con cuidado, apartando la mirada- Annie yo no voy a actuar como un ángel mientras esté contigo, seré un humano más. Cuanto menos uso mis poderes más fuerza voy acumulando en ellos y eso puede llegar a ser un problema, pero se como controlarlo y de ese modo no detectaran magia en mi, les será mucho más dificil encontrarme. -Se alisa, una de las arrugas de la camiseta, distraido- Vamos, sácame de este lugar, tengo que trabajar y probalemente Coraline esté como una desquiciada buscándome por toda la casa. Además tú deberías cambiarte, mira que pintas llevas. -Sonríe juguetón, señalando su ropa, manchada por la sangre- Quien te vea así va a pensar que eres el Yeti. -Ríe en bajo, hasta darse cuenta que el Yeti no es precisamente un ser muy agradable- ¡Un Yeti bonito y precioso! -Exclama rapidamente intentando arreglar lo dicho anteriormente, frotándose la nuca- Pero primero una cosa, ya que no se si podré volver a hacerlo nunca más, por muy enfadada que estés tómatelo como un bonus extra que he ganado por serte fiel y sincero. -Alza las cejas, sonriendo con cierto aire de malicia infantil, tomándola por la cintura y ladeando el rostro hasta encargarlo con el suyo y posar sus labios en los de ella, besándola. Es un beso que dura escasos segundos, entrando en un juego de roces en los que Zénobe sonríe inconscientemente, terminando por decir a escasos centímetros, donde su boca y la de Annie tienen lugar- Te amo Annie. Tal vez esté condenado a morir, a servir o exclavizado en el purgatorio, pero nunca podrán cambiar la idea de que te amo. Por mucho que te ame sin más, o me hayan creado para amarte. -Le roba un último beso, bastante más relajado que la anterior vez y la vuelve a estrechar con cuidado entre sus brazos, suavizándolo hasta soltarla exceptuando una mano, que la mantiene entrelazada- Vamos, voy a llegar tarde por tu culpa. -Frunce el ceño, divertido queriendo hacerla de rabiar- ¡Rápido! -Ríe, impaciente-
Él también se sentía más tranquilo que nunca, estaban en un lugar dónde sólo ellos dos eran protagonistas, no sonríe, no muestra expresión alguna en la cara, sólo se le eriza la piel cuando recibe cariños por parte de su protegida. Acerca su rostro al propio juntando ambas mejillas y acariciandola como si fuera un cachorro de felino en busca de mimos, terminando por abrazarla y rodearla con los brazos, alzandola del suelo unos segundos hasta darse cuenta de que los pies de esta flotan en el aire, sonríe entonces y la vuelve a dejar esta vez sobre sus propios piesa, así esta más alta y no tiene por que agacharse tanto para besar su nariz, cariñoso y respirando con más tranquilidad, escondiendo despues la cara en su cuello, hablando sobre su piel- No Annie... Las cosas no son así, si me fui fue por el hecho de no querer involucrarte en mis asuntos, no me hagas volver a marchar, por que lo haré si piensas hacer semejante burrada. No vas a hacer nada, no te metas en asuntos externos y menos con ese tipo de seres Annie. Prometemelo. -Añade, mientras besa su cuello, con delicadeza y esperando que esta responda aunque sea con un gesto de cabeza, algo que le permita saber que no va a cometer locuras. -Por que de lo contrario me volveré a ir, y entonces no me busques por que me aseguraré de no dejar rastro alguno. -Suspira, soltando el cálido abrazo que los une, bajándola de sus pies con cuidado, apartando la mirada- Annie yo no voy a actuar como un ángel mientras esté contigo, seré un humano más. Cuanto menos uso mis poderes más fuerza voy acumulando en ellos y eso puede llegar a ser un problema, pero se como controlarlo y de ese modo no detectaran magia en mi, les será mucho más dificil encontrarme. -Se alisa, una de las arrugas de la camiseta, distraido- Vamos, sácame de este lugar, tengo que trabajar y probalemente Coraline esté como una desquiciada buscándome por toda la casa. Además tú deberías cambiarte, mira que pintas llevas. -Sonríe juguetón, señalando su ropa, manchada por la sangre- Quien te vea así va a pensar que eres el Yeti. -Ríe en bajo, hasta darse cuenta que el Yeti no es precisamente un ser muy agradable- ¡Un Yeti bonito y precioso! -Exclama rapidamente intentando arreglar lo dicho anteriormente, frotándose la nuca- Pero primero una cosa, ya que no se si podré volver a hacerlo nunca más, por muy enfadada que estés tómatelo como un bonus extra que he ganado por serte fiel y sincero. -Alza las cejas, sonriendo con cierto aire de malicia infantil, tomándola por la cintura y ladeando el rostro hasta encargarlo con el suyo y posar sus labios en los de ella, besándola. Es un beso que dura escasos segundos, entrando en un juego de roces en los que Zénobe sonríe inconscientemente, terminando por decir a escasos centímetros, donde su boca y la de Annie tienen lugar- Te amo Annie. Tal vez esté condenado a morir, a servir o exclavizado en el purgatorio, pero nunca podrán cambiar la idea de que te amo. Por mucho que te ame sin más, o me hayan creado para amarte. -Le roba un último beso, bastante más relajado que la anterior vez y la vuelve a estrechar con cuidado entre sus brazos, suavizándolo hasta soltarla exceptuando una mano, que la mantiene entrelazada- Vamos, voy a llegar tarde por tu culpa. -Frunce el ceño, divertido queriendo hacerla de rabiar- ¡Rápido! -Ríe, impaciente-
domingo, 2 de junio de 2013
"Eso nadie podrá quitártelo."
Annie.
En cuanto Zénobe comienza a hablar, la muchacha queda escuchándolo todo el tiempo, frunciendo los labios y dejando que sus ojos azules celestes reflejaran sus emociones. Casi podía sentir su dolor, poniéndose en cada una de sus situaciones. ¿Cómo podían hacerle eso a un ángel como él? Aunque fuese un caído, la excusa para echarle del cielo había sido absurda y si en ese momento ella hubiera estado allí arriba con él, se hubiera puesto de su parte. No resistía las injusticias, ni las maldades, ni que no se le diera una segunda oportunidad a un alma tan pura como Zénobe. Poco a poco la rabia va inundándola y se nota tanto en sus facciones como en su mirada, la cual desvía rápidamente, ya que comenzaba a volverse bicolor... Cierra los ojos y respira hondo, bajando la mirada mientras escucha la historia, todo aquello que había hecho para mantenerse lejos de ella..y todo por su propio bien. La chica eleva la mirada y la clava en él, recibiendo su beso con tranquilidad y suspirando ante ese gesto, colocando los brazos y las manos alrededor de su cuerpo, apretándolo con fuerza. Cuando el chico termina de hablar, ella comienza, mirándolo a los ojos, prestando atención a cada uno de sus movimientos:
-No le perteneces a nadie, Zénobe... eres libre de tomar tus decisiones, de hacer lo que te apetezca, de luchar o quedarte quieto, de volar, de alcanzar el cielo o quedarte en la tierra. Tus decisiones son tuyas y no deben estar regidas por nadie, ni siquiera por mi. Aunque yo sea quién soy, aunque te hayan mandado a protegerme. Eres libre y lo has sido siempre, ten eso en cuenta y no lo olvides. ¡No puedes dejar que nadie te controle, sea quién sea! ¡No perteneces al cielo, ni al infierno, ni a Lucifer ni a Dios, no me perteneces! ¡Te perteneces a ti mismo!-Su voz se eleva sin que la chica se de cuenta, aunque mantiene el tono tranquilo y suave- Nadie va a hacerte daño, ¡y cuando digo nadie es nadie! -La chica alza otra vez las manos y atrapa sus mejillas, obligándola a mirarla a los ojos- Nadie va a atraparte en sus redes, no si yo estoy aquí para cuidar de que esa sonrisa no desaparezca nunca.
Suelta suavemente su rostro, suspirando y quedándose por un momento mirando al suelo. Quizá aquella era su misión, la misión más importante que le habían asignado jamás. Quizá esta vez no era el ángel guardián quién debía proteger, sino que el "protegido" debía mantenerlo alejado de cualquier peligro y cuidar de él. Annie lo comprende rápido y no necesita que nadie le diga nada más. Han tardado mucho tiempo en darse cuenta de que esta vez las cosas serían distintas. Quizá Alex lo sabía, quizá aquellos con los que hablaba también tenían consciencia de ello, pero nunca le habían dicho que aquella era su misión definitiva. Se informaría con quién tenía que informarse cuando estuvieran seguros, cuando fuese el momento adecuado. No iba a ponerlo en peligro. No permitiría que nadie tocase ni siquiera una pequeña pluma de las enormes alas de Zénobe.
-No eres un monstruo, Zeta... ¡Yo soy más monstruo que tú! ¡Yo tengo oscuridad! ¡Me alimento de sangre humana porque sino termino desvaneciéndome! He matado, he asesinado a humanos inocentes porque no controlaba mis fuerzas. Tú eres puro y se te fue expulsado por una injusticia, una injusticia imperdonable. No puedes culparte a ti mismo porque te hayan sacado de allí, no cuando luchabas por una buena causa... No todos los caídos son malos, no todos tienen que pasar al otro lado ni tener que bajar a aquel mundo tan... horrible. No todos tienen que ser iguales.. y si nunca ha sucedido, tú serás la excepción. Voy a protegerte, Zénobe. Voy a protegerte y si tengo que morir, moriré..
La chica asiente y respira hondo, haciéndose idea a la decisión que acaba de tomar. Sabe que está haciendo lo correcto, que por él haría eso y más. También sabe que si se lucha, la oscuridad no tiene por qué poder con él, ni con ellos, ni con nadie. Lleva años haciendo todo lo que debe por alejarla de sí misma. Además... Lucifer no podía destruirla, porque destruiría a su mitad, Sarah, la cual si pertenecía a su bando. Si la tocaba, desaparecería todo. Ellas eran la balanza y sin una no existía la otra. Eso era algo que también explicaría a Zénobe más adelante. En un momento, la chica se inclina hacia adelante y apoya la cabeza sobre su hombro, cerrando los ojos y aspirando el aroma de su piel, ese que tanto había añorado..
-Te quiero, Zénobe. Eso nadie, nunca, va a poder quitártelo..-Su voz se escucha como un susurro, pero sabe perfectamente que la ha escuchado. Vuelve a suspirar y se queda así un rato, tranquila y relajada como hacía tiempo no estaba.
En cuanto Zénobe comienza a hablar, la muchacha queda escuchándolo todo el tiempo, frunciendo los labios y dejando que sus ojos azules celestes reflejaran sus emociones. Casi podía sentir su dolor, poniéndose en cada una de sus situaciones. ¿Cómo podían hacerle eso a un ángel como él? Aunque fuese un caído, la excusa para echarle del cielo había sido absurda y si en ese momento ella hubiera estado allí arriba con él, se hubiera puesto de su parte. No resistía las injusticias, ni las maldades, ni que no se le diera una segunda oportunidad a un alma tan pura como Zénobe. Poco a poco la rabia va inundándola y se nota tanto en sus facciones como en su mirada, la cual desvía rápidamente, ya que comenzaba a volverse bicolor... Cierra los ojos y respira hondo, bajando la mirada mientras escucha la historia, todo aquello que había hecho para mantenerse lejos de ella..y todo por su propio bien. La chica eleva la mirada y la clava en él, recibiendo su beso con tranquilidad y suspirando ante ese gesto, colocando los brazos y las manos alrededor de su cuerpo, apretándolo con fuerza. Cuando el chico termina de hablar, ella comienza, mirándolo a los ojos, prestando atención a cada uno de sus movimientos:
-No le perteneces a nadie, Zénobe... eres libre de tomar tus decisiones, de hacer lo que te apetezca, de luchar o quedarte quieto, de volar, de alcanzar el cielo o quedarte en la tierra. Tus decisiones son tuyas y no deben estar regidas por nadie, ni siquiera por mi. Aunque yo sea quién soy, aunque te hayan mandado a protegerme. Eres libre y lo has sido siempre, ten eso en cuenta y no lo olvides. ¡No puedes dejar que nadie te controle, sea quién sea! ¡No perteneces al cielo, ni al infierno, ni a Lucifer ni a Dios, no me perteneces! ¡Te perteneces a ti mismo!-Su voz se eleva sin que la chica se de cuenta, aunque mantiene el tono tranquilo y suave- Nadie va a hacerte daño, ¡y cuando digo nadie es nadie! -La chica alza otra vez las manos y atrapa sus mejillas, obligándola a mirarla a los ojos- Nadie va a atraparte en sus redes, no si yo estoy aquí para cuidar de que esa sonrisa no desaparezca nunca.
Suelta suavemente su rostro, suspirando y quedándose por un momento mirando al suelo. Quizá aquella era su misión, la misión más importante que le habían asignado jamás. Quizá esta vez no era el ángel guardián quién debía proteger, sino que el "protegido" debía mantenerlo alejado de cualquier peligro y cuidar de él. Annie lo comprende rápido y no necesita que nadie le diga nada más. Han tardado mucho tiempo en darse cuenta de que esta vez las cosas serían distintas. Quizá Alex lo sabía, quizá aquellos con los que hablaba también tenían consciencia de ello, pero nunca le habían dicho que aquella era su misión definitiva. Se informaría con quién tenía que informarse cuando estuvieran seguros, cuando fuese el momento adecuado. No iba a ponerlo en peligro. No permitiría que nadie tocase ni siquiera una pequeña pluma de las enormes alas de Zénobe.
-No eres un monstruo, Zeta... ¡Yo soy más monstruo que tú! ¡Yo tengo oscuridad! ¡Me alimento de sangre humana porque sino termino desvaneciéndome! He matado, he asesinado a humanos inocentes porque no controlaba mis fuerzas. Tú eres puro y se te fue expulsado por una injusticia, una injusticia imperdonable. No puedes culparte a ti mismo porque te hayan sacado de allí, no cuando luchabas por una buena causa... No todos los caídos son malos, no todos tienen que pasar al otro lado ni tener que bajar a aquel mundo tan... horrible. No todos tienen que ser iguales.. y si nunca ha sucedido, tú serás la excepción. Voy a protegerte, Zénobe. Voy a protegerte y si tengo que morir, moriré..
La chica asiente y respira hondo, haciéndose idea a la decisión que acaba de tomar. Sabe que está haciendo lo correcto, que por él haría eso y más. También sabe que si se lucha, la oscuridad no tiene por qué poder con él, ni con ellos, ni con nadie. Lleva años haciendo todo lo que debe por alejarla de sí misma. Además... Lucifer no podía destruirla, porque destruiría a su mitad, Sarah, la cual si pertenecía a su bando. Si la tocaba, desaparecería todo. Ellas eran la balanza y sin una no existía la otra. Eso era algo que también explicaría a Zénobe más adelante. En un momento, la chica se inclina hacia adelante y apoya la cabeza sobre su hombro, cerrando los ojos y aspirando el aroma de su piel, ese que tanto había añorado..
-Te quiero, Zénobe. Eso nadie, nunca, va a poder quitártelo..-Su voz se escucha como un susurro, pero sabe perfectamente que la ha escuchado. Vuelve a suspirar y se queda así un rato, tranquila y relajada como hacía tiempo no estaba.
Busca y captura.
Zénobe.
Antes de que pueda darse cuenta, Zénobe se encontraba en un tipo de fantasía, en un lugar donde el espacio tiempo no tenía ley, parecía que no había paredes, que el cielo y el suelo se unian creando un refugio, el refugio de Annie. Se queda perplejo, hacía tanto tiempo que no presenciaba algo así... Hacía tanto tiempo que no presenciaba nada parecido ni nada paranormal.
La escucha hablar, y sus caricias y sus palabras son totalmente bienvenidas, se siente más tranquilo, se sienta un poco más en paz con su ser interior, parece que se ha ganado una pequeña gota de confianza en la vida de Annie, después de todo el mal causado. Sus palabras le confunden, ¿Sería cierto que allí nadie podía escucharlos? ¿Ni siquiera seres supremos? Al fin y al cabo Zénobe siempre había sido vigilado, y aún más cuando se le asignó proteger a Annie, tal vez por un error. Este suspira, pues sigue desconfiando un poco del extraño lugar, se arriesgaría la vida en confesar todo aquello, pero opta por contarselo, al fin y al cabo, no va a volver a tener una oportunidad asi, y no tiene nada que perder, Zénobe estaba en una situación en su vida, a la que no recurriría al suicidio, pero en la que no se defendería si algún tipo de ser quisiera quitarle la vida, no muestra interes por vivir, y el único motivo que tiene para seguir adelante es ella, pero si la tiene que abandonar para siempre, ¿Para qué seguir viviendo?... Mientras piensa, un cortante silencio invade el lugar, y este traga saliva, comprovando que estaban sólos en aquel lugar, tan blanquecino como la propia luz. -Mira Annie... Cuando te digo que dejé de ser un ángel hace mucho, es por que como sabes, fui expulsado del propio Edén por querer salvar la vida a mi abuelo, querían quitarle la vida por una razón injusta, y yo me negué a conciencia a quien nos da las ... órdenes, por asi decirlo. El caso, es que fui expulsado y mataron a mi abuelo, mi única familia en aquel momento. Yo por aquel entonces tenía unos siete años. Sí, a los siete años pasé a ser un ángel caído, sin embargo, era demasiado joven como para aprenderme el protocolo, y crecí como un humano más, fantasioso y con ayuda de Rufo, mi pequeño dragón... Al cual.. me han arrebatado. -Dice, prensando los labios- El caso, es que yo quedé danzando en el limbo, cuando te destierran de arriba -Dice metaforicamente refiriéndose al cielo, a la parte buena-, se supone que empiezas a pertenecer a la parte... de abajo, por así decirlo. Pues yo he estado toda mi vida en una cuerda floja, sin rumbo y entre esa fina linea, tengo prohibido volver a ser un ángel, pero nunca he tenido noticias de el mismo Lucifer. -Sus pupilas se dilatan al decir el nombre, desviando la mirada- Él mismo se encargó de mi busqueda, le pertenezco y nunca me he ofrecido a él, se supone que yo debo de ser de su propiedad pues he sido destinado a ello, a ser un ángel caído como él... Sin embargo, a mi me crearon para ser tuyo, y tú no eres de mi... "bando" -Dice, intentando explicarse, echandose el flequillo hacia atras, dejando sus ojos al descubierto- Lucif... él, no quiere que esté contigo, me busca y si me encuentra también te encontraría a ti y va a eliminarte, y yo te juro que no puedo con eso Annie, no puedo. -Niega, apretando el puño, intentando relajarse- No puedo estar contigo Annie, por alguna razón los ángeles podemos enamorarnos, pero no podemos enamorarnos de la persona que se nos asigna, por que en cuanto la persona que se nos asigna muere, nosotros optamos por el suicidio. E imaginate la situación cuando se enteran los de... ahí abajo, -Vuelve a usar metáforas, para que sus palabras sean más suaves- Se enterasen de que yo, un supuesto ángel caído disfrazado de humano se ha enamorado hasta las putas trancas de la mismísima luz, que resulta ser su protegida. ¿Cojonudo, eh? -Ríe ironicamente, basicamente ríe por no llorar, cogiendo una bocanada de aire y echando el aire por la nariz, tranquilizándose- He estado sin utilizar mis poderes años Annie, para no dejar rastro, tengo que usar... Un tipo de morfina para relajarme cada noche o amaneceré recostado en mis alas.. No controlo mis poderes, nisiquiera se como funcionan mis nuevos poderes por no poder utilizarlos. -Se inquieta,observándose las manos- He estado fingiendo ser un simple humano durante todos estos años Annie, he estado trabajando en la armada, he estado en Somalia ayudando a niños por aquel terrible tsunami, he intentando pasar desapercivido pero entonces volviste a aparecer y... y yo no se que hacer Annie, no se que hacer. -Dice, tragando saliva- Van a colgarme del cuello en cuanto me encuentren o a esclavizarme todos los años que les debo y más. Pero preferiría morir mil veces antes de que te tocaran a ti Annie, no puedo acercarme a ti, me huelen el miedo en cuanto te acercas, por que saben que temo que estés cerca, y... -aprieta los dientes, frotándose la cara- Que no puedo, no puedo, de verdad Annie yo... soy un monstruo. -Toma sus mejillas, besando su frente y dejando los labios en esta- Por las noches a veces se apodera de mi cuerpo para intentar hacerme caer en la tentación, como un tipo de lavado de cerebro, no se que pretende pero sabe que todos los ángeles que caen, caen en sus redes, y basta que yo me resista para darle motivos. -Vuelve a besar su frente y la abraza, escondiendola entre sus brazos y aspirando el olor de su pelo, fresco y con un olor a frutas rojas del bosque- Me he convertido en su juguete favorito, y estoy en un tipo de ... busca y captura.
Antes de que pueda darse cuenta, Zénobe se encontraba en un tipo de fantasía, en un lugar donde el espacio tiempo no tenía ley, parecía que no había paredes, que el cielo y el suelo se unian creando un refugio, el refugio de Annie. Se queda perplejo, hacía tanto tiempo que no presenciaba algo así... Hacía tanto tiempo que no presenciaba nada parecido ni nada paranormal.
La escucha hablar, y sus caricias y sus palabras son totalmente bienvenidas, se siente más tranquilo, se sienta un poco más en paz con su ser interior, parece que se ha ganado una pequeña gota de confianza en la vida de Annie, después de todo el mal causado. Sus palabras le confunden, ¿Sería cierto que allí nadie podía escucharlos? ¿Ni siquiera seres supremos? Al fin y al cabo Zénobe siempre había sido vigilado, y aún más cuando se le asignó proteger a Annie, tal vez por un error. Este suspira, pues sigue desconfiando un poco del extraño lugar, se arriesgaría la vida en confesar todo aquello, pero opta por contarselo, al fin y al cabo, no va a volver a tener una oportunidad asi, y no tiene nada que perder, Zénobe estaba en una situación en su vida, a la que no recurriría al suicidio, pero en la que no se defendería si algún tipo de ser quisiera quitarle la vida, no muestra interes por vivir, y el único motivo que tiene para seguir adelante es ella, pero si la tiene que abandonar para siempre, ¿Para qué seguir viviendo?... Mientras piensa, un cortante silencio invade el lugar, y este traga saliva, comprovando que estaban sólos en aquel lugar, tan blanquecino como la propia luz. -Mira Annie... Cuando te digo que dejé de ser un ángel hace mucho, es por que como sabes, fui expulsado del propio Edén por querer salvar la vida a mi abuelo, querían quitarle la vida por una razón injusta, y yo me negué a conciencia a quien nos da las ... órdenes, por asi decirlo. El caso, es que fui expulsado y mataron a mi abuelo, mi única familia en aquel momento. Yo por aquel entonces tenía unos siete años. Sí, a los siete años pasé a ser un ángel caído, sin embargo, era demasiado joven como para aprenderme el protocolo, y crecí como un humano más, fantasioso y con ayuda de Rufo, mi pequeño dragón... Al cual.. me han arrebatado. -Dice, prensando los labios- El caso, es que yo quedé danzando en el limbo, cuando te destierran de arriba -Dice metaforicamente refiriéndose al cielo, a la parte buena-, se supone que empiezas a pertenecer a la parte... de abajo, por así decirlo. Pues yo he estado toda mi vida en una cuerda floja, sin rumbo y entre esa fina linea, tengo prohibido volver a ser un ángel, pero nunca he tenido noticias de el mismo Lucifer. -Sus pupilas se dilatan al decir el nombre, desviando la mirada- Él mismo se encargó de mi busqueda, le pertenezco y nunca me he ofrecido a él, se supone que yo debo de ser de su propiedad pues he sido destinado a ello, a ser un ángel caído como él... Sin embargo, a mi me crearon para ser tuyo, y tú no eres de mi... "bando" -Dice, intentando explicarse, echandose el flequillo hacia atras, dejando sus ojos al descubierto- Lucif... él, no quiere que esté contigo, me busca y si me encuentra también te encontraría a ti y va a eliminarte, y yo te juro que no puedo con eso Annie, no puedo. -Niega, apretando el puño, intentando relajarse- No puedo estar contigo Annie, por alguna razón los ángeles podemos enamorarnos, pero no podemos enamorarnos de la persona que se nos asigna, por que en cuanto la persona que se nos asigna muere, nosotros optamos por el suicidio. E imaginate la situación cuando se enteran los de... ahí abajo, -Vuelve a usar metáforas, para que sus palabras sean más suaves- Se enterasen de que yo, un supuesto ángel caído disfrazado de humano se ha enamorado hasta las putas trancas de la mismísima luz, que resulta ser su protegida. ¿Cojonudo, eh? -Ríe ironicamente, basicamente ríe por no llorar, cogiendo una bocanada de aire y echando el aire por la nariz, tranquilizándose- He estado sin utilizar mis poderes años Annie, para no dejar rastro, tengo que usar... Un tipo de morfina para relajarme cada noche o amaneceré recostado en mis alas.. No controlo mis poderes, nisiquiera se como funcionan mis nuevos poderes por no poder utilizarlos. -Se inquieta,observándose las manos- He estado fingiendo ser un simple humano durante todos estos años Annie, he estado trabajando en la armada, he estado en Somalia ayudando a niños por aquel terrible tsunami, he intentando pasar desapercivido pero entonces volviste a aparecer y... y yo no se que hacer Annie, no se que hacer. -Dice, tragando saliva- Van a colgarme del cuello en cuanto me encuentren o a esclavizarme todos los años que les debo y más. Pero preferiría morir mil veces antes de que te tocaran a ti Annie, no puedo acercarme a ti, me huelen el miedo en cuanto te acercas, por que saben que temo que estés cerca, y... -aprieta los dientes, frotándose la cara- Que no puedo, no puedo, de verdad Annie yo... soy un monstruo. -Toma sus mejillas, besando su frente y dejando los labios en esta- Por las noches a veces se apodera de mi cuerpo para intentar hacerme caer en la tentación, como un tipo de lavado de cerebro, no se que pretende pero sabe que todos los ángeles que caen, caen en sus redes, y basta que yo me resista para darle motivos. -Vuelve a besar su frente y la abraza, escondiendola entre sus brazos y aspirando el olor de su pelo, fresco y con un olor a frutas rojas del bosque- Me he convertido en su juguete favorito, y estoy en un tipo de ... busca y captura.
Tú siempre serás mi ángel.
Annie.
El bosque parecía recibirla después del incidente de la noche anterior, como si nada hubiera pasado y aquellos árboles no hubieran sido testigo de aquel espectáculo. Sus manos acarician las húmedas hojas, centrando toda su atención en este simple gesto.. Hasta que escucha el sonido de la rama partirse y levanta la mirada, frunciendo el ceño, encontrándoselo allí. No se había dado cuenta de que la había seguido, sus pensamientos habían sido mucho más altos que cualquier ruido o pisada. En menos de lo que puede contar lo tiene a su lado, tan cerca como la última vez.. El aire se escapa de sus labios con rapidez, como si lo hubiese estado reteniendo... Su voz rompe el silencio y la muchacha se limita a apoyar la cabeza en el tronco del árbol, desviando la mirada azulada hasta él y recibiendo sus palabras y sus gestos con tranquilidad, siendo receptiva. Había estado esperando una explicación desde hacia años. El viento sopla de repente, con fuerza, como si quisiera evitar algo.. Annie frunce el ceño, intentando procesar y ordenar la información, buscando sacar alguna conclusión pero.. Zénobe le está diciendo las cosas de una forma distinta, como si no quisiese que se enterase o como si no pudiera decirlo... Eso explicaría el viento, la burbuja protectora..
Cuando el chico se ha incorporado Annie va tras él, confusa. Su yan g era su hermana gemela. ¿Cómo podia ser Zénobe lo contrario a ella y sin embargo, tener un alma tan pura? Había dicho también que no era un ángel pero..si fuese un demonio ella lo hubiera notado con solo cruzarse. Trata saliva y estira la mano, tomando la suya con suavidad, acariciando por un momento su piel con extrema delicadeza, tranquila.. Entonces tira de él, atrayéndolo a si misma en un abrazo. La superaba en altura, pero sin embargo la chica se las arregla para apoyarlo en su hombro, como si intentase protegerlo.. Entonces, por primera vez, una luz blanquecina y celestial comienza a cubrirlos hasta que terminan envueltos en aquella. Annie se inclina ligeramente hacia adelante, dejando que del tatuaje de su espalda se hiciera real; dos alas enormes se desprenden, como si hubieran estado ansiosas de salir de su escondite. Zénobe nunca había visto sus alas, es más, Annie solo las sacaba cuando eran necesarias. A su alrededor el mundo había dejado de existir, como si se hubieran transportado a un sueño, in sitio solo para los dos.
Cuando aquel escondite está completo, Annie suelta suavemente a Zénobe. Sigue rodeada de un halo de luz, como si por in Segundo, fuese a ser un ángel. A pesar de que lo ha soltado, la distancia es corta entre ambos. Annie susurra:
-¿Confías en mi..? - No espera respuesta, tan sólo dice- Nadie puede escucharnos aquí, Zénobe.. Bienvenido a mi escondite.- una media sonrisita se le asoma, pero desaparece rápidamente. Sus pura y elevan la mano que le queda libre, posándola en su mejilla, acariciándola con ternura- Siempre serás in ángel, Zeta.. Siempre vas a ser mi ángel. -Deja por un minuto la mano posada en su mejilla, le da in toque en la nariz con suavidad, pretendiendo hacerle sonreír y luego vuelve a decir- Aquí es seguro, es una de las ventajas de ser quién soy..Quienquiera que esté fuera y no quiera que hables, no puede verte ni escucharte aquí... Los ángeles siempre están siendo vigilados, de forma constante, pero a mi... a mi me dieron la libertad de poder hablar con quien quiera y la confianza de tomar mis propias decisiones...Si tienes algo que decir, tan sólo dilo..
El lugar era más bien una ilusión, pero se sentía real. Todo era blanco y excesivamente limpio. Más bien parecían haberse ido lejos de la realidad, aunque si alguien se pasase por el bosque tan sólo vería una luz tan fuerte que los dejaría ciegos. No podían acercarse, ni tocarlos. Nadie podía alcanzarlos si estaban allí dentro.
El bosque parecía recibirla después del incidente de la noche anterior, como si nada hubiera pasado y aquellos árboles no hubieran sido testigo de aquel espectáculo. Sus manos acarician las húmedas hojas, centrando toda su atención en este simple gesto.. Hasta que escucha el sonido de la rama partirse y levanta la mirada, frunciendo el ceño, encontrándoselo allí. No se había dado cuenta de que la había seguido, sus pensamientos habían sido mucho más altos que cualquier ruido o pisada. En menos de lo que puede contar lo tiene a su lado, tan cerca como la última vez.. El aire se escapa de sus labios con rapidez, como si lo hubiese estado reteniendo... Su voz rompe el silencio y la muchacha se limita a apoyar la cabeza en el tronco del árbol, desviando la mirada azulada hasta él y recibiendo sus palabras y sus gestos con tranquilidad, siendo receptiva. Había estado esperando una explicación desde hacia años. El viento sopla de repente, con fuerza, como si quisiera evitar algo.. Annie frunce el ceño, intentando procesar y ordenar la información, buscando sacar alguna conclusión pero.. Zénobe le está diciendo las cosas de una forma distinta, como si no quisiese que se enterase o como si no pudiera decirlo... Eso explicaría el viento, la burbuja protectora..
Cuando el chico se ha incorporado Annie va tras él, confusa. Su yan g era su hermana gemela. ¿Cómo podia ser Zénobe lo contrario a ella y sin embargo, tener un alma tan pura? Había dicho también que no era un ángel pero..si fuese un demonio ella lo hubiera notado con solo cruzarse. Trata saliva y estira la mano, tomando la suya con suavidad, acariciando por un momento su piel con extrema delicadeza, tranquila.. Entonces tira de él, atrayéndolo a si misma en un abrazo. La superaba en altura, pero sin embargo la chica se las arregla para apoyarlo en su hombro, como si intentase protegerlo.. Entonces, por primera vez, una luz blanquecina y celestial comienza a cubrirlos hasta que terminan envueltos en aquella. Annie se inclina ligeramente hacia adelante, dejando que del tatuaje de su espalda se hiciera real; dos alas enormes se desprenden, como si hubieran estado ansiosas de salir de su escondite. Zénobe nunca había visto sus alas, es más, Annie solo las sacaba cuando eran necesarias. A su alrededor el mundo había dejado de existir, como si se hubieran transportado a un sueño, in sitio solo para los dos.
Cuando aquel escondite está completo, Annie suelta suavemente a Zénobe. Sigue rodeada de un halo de luz, como si por in Segundo, fuese a ser un ángel. A pesar de que lo ha soltado, la distancia es corta entre ambos. Annie susurra:
-¿Confías en mi..? - No espera respuesta, tan sólo dice- Nadie puede escucharnos aquí, Zénobe.. Bienvenido a mi escondite.- una media sonrisita se le asoma, pero desaparece rápidamente. Sus pura y elevan la mano que le queda libre, posándola en su mejilla, acariciándola con ternura- Siempre serás in ángel, Zeta.. Siempre vas a ser mi ángel. -Deja por un minuto la mano posada en su mejilla, le da in toque en la nariz con suavidad, pretendiendo hacerle sonreír y luego vuelve a decir- Aquí es seguro, es una de las ventajas de ser quién soy..Quienquiera que esté fuera y no quiera que hables, no puede verte ni escucharte aquí... Los ángeles siempre están siendo vigilados, de forma constante, pero a mi... a mi me dieron la libertad de poder hablar con quien quiera y la confianza de tomar mis propias decisiones...Si tienes algo que decir, tan sólo dilo..
El lugar era más bien una ilusión, pero se sentía real. Todo era blanco y excesivamente limpio. Más bien parecían haberse ido lejos de la realidad, aunque si alguien se pasase por el bosque tan sólo vería una luz tan fuerte que los dejaría ciegos. No podían acercarse, ni tocarlos. Nadie podía alcanzarlos si estaban allí dentro.
El yin de mi yan.
Zénobe.
Parece ser que las cosas no estaban funcionando bien, se limitó a escucharla pero no alzó la mirada en ningún momento, tan sólo observaba la granja, como las ventanas de el piso de arriba comenzaban a abrirse, pronto vendría Coraline a despertarle, ajena a toda la situación actual. La vió marchar, después de todo aquel discurso se levantó, y comenzó a caminar detrás de ella en sigilo, esperando no ser escuchado, justo cuando ella se sienta esperando a su mascota, el crujido de una hoja le delata y se acerca entonces sin ningún misterio hasta alcanzar su mismo asiento, observa las hojas en las cimas de los árboles, suspira y habla en un tono más tranquilo. -No quiero perderte Annie, pero... Las cosas no están bien. Ojalá pudiera explicarte lo que sucede. -La mira de reojo, sin atreverse a tocar siquiera su mano, observando ahora el suelo, las bellotas y ramitas de árboles. Carraspea aclarándose la voz, quiere dejar las cosas claras. -Espero que ni se te haya pasado por la cabeza pensar que tengo algo con Coraline, -ríe irónico, sin ganas- Por que no es así. Es una niña y es la hija del granjero para el que trabajo, unos arreglillos a la cerca,algunos trabajos de campo y enseguida estaré nuevamente en la carretera, no quiero quedarme aqui por mucho tiempo. La verdad, no se ni que hago aquí. Algún día, cuando tenga tiempo te contaré todo lo que he estado haciendo durante todos estos años. Algún día te contaré también por que me fui. -Suspira, encogiendo los hombros y manteniéndolos asi unos segundos hasta que observa que un pequeño conejito corretea por los alrededores en busca de alimento, observandolo hasta que finalmente se incorpora para quedarse en dirección a ella, retirando su pelo de la cara y colocándoselo detras de la oreja, se odiaba por haberse comportado de tal manera, se odiaba por haberse ido, se odiaba por haber elegido ese camino en su vida. -Sabes... Ojalá pudieramos coger ahora mismo esa maldita camioneta e irnos lejos, a otro mundo, donde nadie... -agacha la mirada, al decir ese "nadie", volviendo otra vez a mirarla a los ojos- ... pudiera encontrarnos nunca. -Murmura, negando con la cabeza y dejando caer su mano sobre la de ella, acariciándola solo un momento y retirándola para perfilar con un dedo una grieta del tronco del árbol. -Se que no debí irme así pequeña, no sabes como se me parte el alma, no sabes como me gustaría poder cambiar las cosas y poder elegir otro tipo de vida. No quiero ser esto, no quiero ser como soy, la vida es injusta, ¿sabes?.. -Habla entre tabúes, sin revelar ningun dato que pueda valer para resolver esa incognita- Yo no soy un ángel Annie, dejé de ser un ángel hace muchos años y eso me pesa en los hombros. Yo ... -Aprieta los labios, pues de repente se levanta una fuerte ventisca de aire, Zénobe cierra los ojos pues las ramas de los árboles vuelan por el aire, como queriendo detenerle para que no diga palabra alguna, queriendo retener su secreto, y este se lleva la mano a la frente desesperado, haciendo un simple gesto con la mano para crear un tipo de burbuja protectora entre los dos, para que el viento les deje tranquilos y en paz, sin embargo, la burbuja poco a poco comienza a tener más y más grietas, como si hubiera alguien controlando sus poderes y queriendo hacerle parar. -No se si soy lo más adecuado para ti Annie... Sabes que te quier.. -Pretende decir, antes de que diga palabra, el fuerte viento rompa la barrera protectora, censurando sus palabras y dejándolo a media frase. Tras la impotencia, se levanta del rústico asiento, no sin antes retirarle del pelo a Annie una pequeña ramita que se posó ahí por culpa del viento, murmura en bajo- Sabes cuando quieres una cosa, pero algo te la impide.. -Añade, volviendo a mirarla a los ojos, tenía tantas ganas de abrazarla y llevársela consigo a algun lugar secreto de la tierra, hacerla suya y amarla para siempre, que fueran el uno para el otro, y se le parte el alma, mordiéndose el labio para reprimir palabra alguna, pues también se pone en su lugar, la empatía se apoderaba de él- Siento haberte causado tantos problemas Annie. Si me fuí sin decirte nada fue para que no pudieras encontrarme. De lo contrario... -Antes de seguir, vuelve ese "algo" a retener sus palabras dándole un fuerte pinchazo en el vientre, llevándose este la mano a la tripa, gruñendo de rabia, intentando hablar en un tipo de código secreto pues ese "algo" conoce los sentimientos de Zénobe hacia Annie, y no los tolera. -Digamos... que si tú eres el yin, yo soy el yan. Opuestos. -Acaba diciendo, sin poder explicarse de otra manera.
Parece ser que las cosas no estaban funcionando bien, se limitó a escucharla pero no alzó la mirada en ningún momento, tan sólo observaba la granja, como las ventanas de el piso de arriba comenzaban a abrirse, pronto vendría Coraline a despertarle, ajena a toda la situación actual. La vió marchar, después de todo aquel discurso se levantó, y comenzó a caminar detrás de ella en sigilo, esperando no ser escuchado, justo cuando ella se sienta esperando a su mascota, el crujido de una hoja le delata y se acerca entonces sin ningún misterio hasta alcanzar su mismo asiento, observa las hojas en las cimas de los árboles, suspira y habla en un tono más tranquilo. -No quiero perderte Annie, pero... Las cosas no están bien. Ojalá pudiera explicarte lo que sucede. -La mira de reojo, sin atreverse a tocar siquiera su mano, observando ahora el suelo, las bellotas y ramitas de árboles. Carraspea aclarándose la voz, quiere dejar las cosas claras. -Espero que ni se te haya pasado por la cabeza pensar que tengo algo con Coraline, -ríe irónico, sin ganas- Por que no es así. Es una niña y es la hija del granjero para el que trabajo, unos arreglillos a la cerca,algunos trabajos de campo y enseguida estaré nuevamente en la carretera, no quiero quedarme aqui por mucho tiempo. La verdad, no se ni que hago aquí. Algún día, cuando tenga tiempo te contaré todo lo que he estado haciendo durante todos estos años. Algún día te contaré también por que me fui. -Suspira, encogiendo los hombros y manteniéndolos asi unos segundos hasta que observa que un pequeño conejito corretea por los alrededores en busca de alimento, observandolo hasta que finalmente se incorpora para quedarse en dirección a ella, retirando su pelo de la cara y colocándoselo detras de la oreja, se odiaba por haberse comportado de tal manera, se odiaba por haberse ido, se odiaba por haber elegido ese camino en su vida. -Sabes... Ojalá pudieramos coger ahora mismo esa maldita camioneta e irnos lejos, a otro mundo, donde nadie... -agacha la mirada, al decir ese "nadie", volviendo otra vez a mirarla a los ojos- ... pudiera encontrarnos nunca. -Murmura, negando con la cabeza y dejando caer su mano sobre la de ella, acariciándola solo un momento y retirándola para perfilar con un dedo una grieta del tronco del árbol. -Se que no debí irme así pequeña, no sabes como se me parte el alma, no sabes como me gustaría poder cambiar las cosas y poder elegir otro tipo de vida. No quiero ser esto, no quiero ser como soy, la vida es injusta, ¿sabes?.. -Habla entre tabúes, sin revelar ningun dato que pueda valer para resolver esa incognita- Yo no soy un ángel Annie, dejé de ser un ángel hace muchos años y eso me pesa en los hombros. Yo ... -Aprieta los labios, pues de repente se levanta una fuerte ventisca de aire, Zénobe cierra los ojos pues las ramas de los árboles vuelan por el aire, como queriendo detenerle para que no diga palabra alguna, queriendo retener su secreto, y este se lleva la mano a la frente desesperado, haciendo un simple gesto con la mano para crear un tipo de burbuja protectora entre los dos, para que el viento les deje tranquilos y en paz, sin embargo, la burbuja poco a poco comienza a tener más y más grietas, como si hubiera alguien controlando sus poderes y queriendo hacerle parar. -No se si soy lo más adecuado para ti Annie... Sabes que te quier.. -Pretende decir, antes de que diga palabra, el fuerte viento rompa la barrera protectora, censurando sus palabras y dejándolo a media frase. Tras la impotencia, se levanta del rústico asiento, no sin antes retirarle del pelo a Annie una pequeña ramita que se posó ahí por culpa del viento, murmura en bajo- Sabes cuando quieres una cosa, pero algo te la impide.. -Añade, volviendo a mirarla a los ojos, tenía tantas ganas de abrazarla y llevársela consigo a algun lugar secreto de la tierra, hacerla suya y amarla para siempre, que fueran el uno para el otro, y se le parte el alma, mordiéndose el labio para reprimir palabra alguna, pues también se pone en su lugar, la empatía se apoderaba de él- Siento haberte causado tantos problemas Annie. Si me fuí sin decirte nada fue para que no pudieras encontrarme. De lo contrario... -Antes de seguir, vuelve ese "algo" a retener sus palabras dándole un fuerte pinchazo en el vientre, llevándose este la mano a la tripa, gruñendo de rabia, intentando hablar en un tipo de código secreto pues ese "algo" conoce los sentimientos de Zénobe hacia Annie, y no los tolera. -Digamos... que si tú eres el yin, yo soy el yan. Opuestos. -Acaba diciendo, sin poder explicarse de otra manera.
"Que si tenía que morir, que fuera con él."
Annie.
Empieza a escuchar las palabras del muchacho, su tono serio, con cierto toque de ironía y sarcasmo que en ocasiones no le gustaba. Ella no le estaba hablando así, sólo había hecho un par de preguntas. Ladea ligeramente el rostro y entrecierra los ojos, evaluando cada uno de sus pasos y movimientos, como si esperase un ataque de repente...aunque la verdad, los golpes venían de su boca y parecían pegarle bastante fuerte. Sin embargo su rostro se mantiene sin ningún tipo de expresión, ni sentimiento, como si de repente se hubiera hecho de piedra. Lo único que hace es fruncir los labios, escuchando atentamente todas y cada una de las palabras que él decía. Era la primera vez que veía a Zénobe de aquella forma, tan enfadado y lleno de furia. Siempre había sido tan..suave, tan tranquilo, con una sonrisa y una actitud capaz de conquistar a cualquier ángel del mismísimo Eden. Parpadea suavemente y observa el zumo caer de la manzana. Sus gestos, impulsivos y violentos, casi consiguen sobresaltar a Annie, que se levanta de la silla cuando él sale, quedándose dentro de la casa por un momento. Tonca ha salido disparada, asustada de la reacción de Zénobe.
Era cierto que Annie se las había arreglado sola. En una época había hecho su vida, había dejado que el muchacho se fuera sin ir tras él, dejándole su espacio a pesar de que moría de ganas de acompañarle. Si tenía que morir, que fuera con él, luchando por lo mismo. Zénobe había vuelto, habían compartido el mismo techo, el mismo colchón, las mismas ganas y la misma pasión... y eso había significado un mundo para Annie. Después de eso él se había marchado y después de años, ahora se habían vuelto a reunir. Alex había intentado retener a la muchacha de cabellos oscuros, pero no lo había conseguido. No había nadie más cabezota que Annie. Había dejado atrás a su familia para emprender un largo y arriesgado viaje por el mundo, buscando a su ángel. Por el camino se paraba a salvar algunas almas, a curar enfermos, a hacer más fácil la vida de las personas más necesitadas. Al fin y al cabo, esa también era su misión. Ella no era un ángel, por lo que no le habían asignado ningún humano al que cuidar. Pero en un tiempo ella sí había sido normal, una joven y preciosa humana con toda una vida por delante... hasta su final. En su travesía había aprendido, había madurado y había conocido mundo. Los lugares menos esperados había revisado con la esperanza de encontrarlo.. hasta que se le presentó un problema; Axel, su hermano, había sido enviado al pasado con todos sus recuerdos anulados. No la recordaba, no recordaba siquiera su apellido. Volvió a aquella época de vestidos apretados, ropa y fiestas de etiqueta, hasta que su hermano estuvo mejor y al menos reconocía una parte de su vida.
Ahora, encerrada en aquella casa con un cristal roto y un ángel enfurecido, se preguntaba a sí misma qué había hecho ella también. "No eres una víctima, Annie". No iba a negar que siempre había sido fuerte, quizá no por ella, sino por las personas que quería y estaban a su lado. Pero como mismo había ayudado a miles de personas, había sufrido. Los demonios la habían hecho pasar todo tipo de riesgos, de problemas, de enfermedades de las cuales, una perduraba. Sus pasos comienzan a escucharse y sale al exterior, sintiendo la brisa mañanera golpear su rostro y los ropajes llenos de su sangre. Frunce los labios, se queda de pie al lado de Zénobe y suspira, sentándose a su lado en completo silencio. No era su responsabilidad salvarla, ya no lo veía así. No iba a obligar a nadie a permanecer a su lado. Quién quisiera quedarse lo haría. Clava la vista al frente y entonces comienza a hablar.
-Siento mucho que hayas tenido que pasar todo eso a lo largo de tu vida, Zénobe.. lo sabes. Siento también no haber podido estar en esos momentos, creo que ni siquiera te conocía. Sinceramente no conozco tus motivos para marcharte, solo sé... Solo sé que te llevaste a la Annie que conocías contigo.- Tras decir esto la chica se levanta, empezando a caminar hasta bajar completamente las escaleras. Entonces se vuelve a quedar quieta y sin darse la vuelta, dice- Gracias por lo de anoche, por todo lo que has hecho por mi. No es responsabilidad tuya sacarme del bosque a esas horas y mantenerme aquí, fuera del alcance de..ellos...Y sin embargo lo hiciste. Comprendo también que ahora tengas una vida, no pretendo colarme así en ella, no cuando... -se queda en silencio, echando la vista al frente y mirando la casa, un poco más allá, donde Caroline y su familia aún descansaban- Ten un buen día, ¿sí?
Su rostro se vuelve un poco atrás, clavando la vista en él y entorna una ligera sonrisita, como si así pudiera subirle los ánimos.. pero no es nisiquiera un rastro de la radiante sonrisa que siempre solía llevar. Echa a andar, colándose un poco más adelante en el bosque, mirando su ropa echa chapuza. Suspira; las despedidas eran demasiado duras para ella, pero con Zénobe... a pesar de todo, él seguía siendo..."él". Sus pasos se amoldan suavemente a las hojas caídas y se detiene en medio de aquel paisaje natural, sentándose bajo un árbol. Respira hondo, sintiendo como su labio comienza a temblar a pesar de todo lo que ha recorrido. Pensaba quedarse allí todo el día, hasta que Tonca la encontrase.
Empieza a escuchar las palabras del muchacho, su tono serio, con cierto toque de ironía y sarcasmo que en ocasiones no le gustaba. Ella no le estaba hablando así, sólo había hecho un par de preguntas. Ladea ligeramente el rostro y entrecierra los ojos, evaluando cada uno de sus pasos y movimientos, como si esperase un ataque de repente...aunque la verdad, los golpes venían de su boca y parecían pegarle bastante fuerte. Sin embargo su rostro se mantiene sin ningún tipo de expresión, ni sentimiento, como si de repente se hubiera hecho de piedra. Lo único que hace es fruncir los labios, escuchando atentamente todas y cada una de las palabras que él decía. Era la primera vez que veía a Zénobe de aquella forma, tan enfadado y lleno de furia. Siempre había sido tan..suave, tan tranquilo, con una sonrisa y una actitud capaz de conquistar a cualquier ángel del mismísimo Eden. Parpadea suavemente y observa el zumo caer de la manzana. Sus gestos, impulsivos y violentos, casi consiguen sobresaltar a Annie, que se levanta de la silla cuando él sale, quedándose dentro de la casa por un momento. Tonca ha salido disparada, asustada de la reacción de Zénobe.
Era cierto que Annie se las había arreglado sola. En una época había hecho su vida, había dejado que el muchacho se fuera sin ir tras él, dejándole su espacio a pesar de que moría de ganas de acompañarle. Si tenía que morir, que fuera con él, luchando por lo mismo. Zénobe había vuelto, habían compartido el mismo techo, el mismo colchón, las mismas ganas y la misma pasión... y eso había significado un mundo para Annie. Después de eso él se había marchado y después de años, ahora se habían vuelto a reunir. Alex había intentado retener a la muchacha de cabellos oscuros, pero no lo había conseguido. No había nadie más cabezota que Annie. Había dejado atrás a su familia para emprender un largo y arriesgado viaje por el mundo, buscando a su ángel. Por el camino se paraba a salvar algunas almas, a curar enfermos, a hacer más fácil la vida de las personas más necesitadas. Al fin y al cabo, esa también era su misión. Ella no era un ángel, por lo que no le habían asignado ningún humano al que cuidar. Pero en un tiempo ella sí había sido normal, una joven y preciosa humana con toda una vida por delante... hasta su final. En su travesía había aprendido, había madurado y había conocido mundo. Los lugares menos esperados había revisado con la esperanza de encontrarlo.. hasta que se le presentó un problema; Axel, su hermano, había sido enviado al pasado con todos sus recuerdos anulados. No la recordaba, no recordaba siquiera su apellido. Volvió a aquella época de vestidos apretados, ropa y fiestas de etiqueta, hasta que su hermano estuvo mejor y al menos reconocía una parte de su vida.
Ahora, encerrada en aquella casa con un cristal roto y un ángel enfurecido, se preguntaba a sí misma qué había hecho ella también. "No eres una víctima, Annie". No iba a negar que siempre había sido fuerte, quizá no por ella, sino por las personas que quería y estaban a su lado. Pero como mismo había ayudado a miles de personas, había sufrido. Los demonios la habían hecho pasar todo tipo de riesgos, de problemas, de enfermedades de las cuales, una perduraba. Sus pasos comienzan a escucharse y sale al exterior, sintiendo la brisa mañanera golpear su rostro y los ropajes llenos de su sangre. Frunce los labios, se queda de pie al lado de Zénobe y suspira, sentándose a su lado en completo silencio. No era su responsabilidad salvarla, ya no lo veía así. No iba a obligar a nadie a permanecer a su lado. Quién quisiera quedarse lo haría. Clava la vista al frente y entonces comienza a hablar.
-Siento mucho que hayas tenido que pasar todo eso a lo largo de tu vida, Zénobe.. lo sabes. Siento también no haber podido estar en esos momentos, creo que ni siquiera te conocía. Sinceramente no conozco tus motivos para marcharte, solo sé... Solo sé que te llevaste a la Annie que conocías contigo.- Tras decir esto la chica se levanta, empezando a caminar hasta bajar completamente las escaleras. Entonces se vuelve a quedar quieta y sin darse la vuelta, dice- Gracias por lo de anoche, por todo lo que has hecho por mi. No es responsabilidad tuya sacarme del bosque a esas horas y mantenerme aquí, fuera del alcance de..ellos...Y sin embargo lo hiciste. Comprendo también que ahora tengas una vida, no pretendo colarme así en ella, no cuando... -se queda en silencio, echando la vista al frente y mirando la casa, un poco más allá, donde Caroline y su familia aún descansaban- Ten un buen día, ¿sí?
Su rostro se vuelve un poco atrás, clavando la vista en él y entorna una ligera sonrisita, como si así pudiera subirle los ánimos.. pero no es nisiquiera un rastro de la radiante sonrisa que siempre solía llevar. Echa a andar, colándose un poco más adelante en el bosque, mirando su ropa echa chapuza. Suspira; las despedidas eran demasiado duras para ella, pero con Zénobe... a pesar de todo, él seguía siendo..."él". Sus pasos se amoldan suavemente a las hojas caídas y se detiene en medio de aquel paisaje natural, sentándose bajo un árbol. Respira hondo, sintiendo como su labio comienza a temblar a pesar de todo lo que ha recorrido. Pensaba quedarse allí todo el día, hasta que Tonca la encontrase.
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