viernes, 8 de agosto de 2014

Transfusión.

Zénobe.
El ambiente comenzaba a ser más fluido, la gente bailaba, algunos hacian pequeños círculos en el lago y conversaban o contaban historias bajo las estrellas... 
Zénobe está parado frente la multitud, buscando a Annie con la mirada preocupado. Ha dejado de sentirla, algo muy extraño pues siempre tiene un sentimiento o una pequeña sensación de donde está. Esta vez, sin embargo, no.
Se empieza a preocupar cada vez más, optando por dejar las bebidas en la mesa mas cercana y mantenerse sobrio. La busca entre la gente, se desliza por la multitud como una pluma y respira nervioso, ansioso.
La frustración le invade el cuerpo al no encontrarla tampoco por la entrada, ni tampoco por la orilla del lago... "Annie dónde coño te has metido", dice en su interior, cabreado, tratando que la escuche. 
Algunos presentes le miran con asombro, el joven está realmente estresado buscando a alguien en la fiesta. Pero una sensación le recorre el cuerpo, un tipo de recuerdo enviado por Annie. Ve árboles que se tambalean y siente un gran mareo en su interior. 
Annie... 
Corre hacia el lado del bosque, y ve un grupo de gente haciendo un semicírculo, la gente preocupada se limita a preguntar "¿Estás bien? ¿Quién te ha hecho esto?" Zénobe se apresura y de pronto allí esta. Annie. 
Corre a tal velocidad que asusta a los presentes como si fuera algo sobrehumano. La coge en brazos antes de que se desplome al suelo. Oh dios, Annie... La coge en brazos y se arrodilla en el suelo, examinando las marcas que tiene en los brazos, sus pupilas, los labios secos y la piel bastante más pálida de lo normal... Pero todas sus dudas se esfuman cuando ve un corte que apenas sangra. Apenas sangra por falta de sangre.
El corazon le va a mil, trata de mantener la cordura y se levanta, tomándola en volandas e ignorando la gente de la fiesta, que cada vez vienen más a observar la escena. Zénobe toma un atajo entre los árboles. No puede desplegar sus alas ante cientos de personas, alguien le vería. Corre a toda velocidad hacia el coche sollozando su nombre, y al llegar la tumba en el asiento trasero. Mete la llave en el contacto. 
Los acontecimientos que pasan a continuación son rápidos. 
Zénobe conduce a toda velocidad por el sendero. Llegan a casa. La coge rapido pero con cuidado en brazos y aprobecha para coger un pequeño maletín del maletero del coche. La introduce en casa sin dejar de hablarla para que no pierda del todo el conocimiento y sea consciente de la situación. Sube con rapidez sobrehumana al cuarto y la tumba sobre la cama.
-Annie... Annie qué ha pasado... Quién cojones te ha tocado... Annie lo siento... -Tensa la mandíbula para reprimir las lágrimas y se dirige al baño con el maletín. 
Empapa una toalla y la deja sobre la encimera del lavabo. Abre el maletín. Se trata de un pequeño maletín médico que usa para el trabajo. 
Trata de respirar con tranquilidad, intentando mantener una calma que ha perdido hace tiempo. Dios Annie...
Se ata una goma verde elástica alrededor del brazo para evitar un mayor flujo de sangre. Toma una jeringuilla y hace una conexion entre la jeringuilla y una pequeña bolsita de plastico esterilizada mediante un tubo. La observa por última vez en la cama, pálida. Se llena de fuerzas y valor y se pincha en la vena del antebrazo. El líquido rojo comienza a fluir llenando poco a poco la bolsita. Los músculos de Zénobe se tensan tratando con todas sus fuerzas de no desmayarse. Zénobe sabe autoregenerarse, por lo que no tendrá problema alguno en recuperar la sangre. Llena practicamente la bolsa entera de sangre. Se siente debil, ya que es una gran cantidad de liquido perdido. Retira la jeringuilla y se acerca donde Annie, suspirando pues no sabe muy bien como va a reaccionar. Al menos está inconsciente, respirando debilmente.
-Annie pórtate bien... -murmura, esperando una reacción violenta por parte de Annie al poner en contacto la bolsita de sangre con sus labios. Le obstruye las fosas nasales con los dedos a modo de pinza para que pueda tragar mejor, dejando que la sangre resbale por sus labios hacia el interior de su boca.
Suspira, se tambalea en ocasiones manchandose él de sangre, pues la imagen le da escalofríos y procura mantener la cordura. 

Cuando ha hecho que Annie beba casi toda la bolsita de sangre, se tumba a su lado, dejando caer esta sobre el suelo. La tapa con una manta para guardar calor, y se preocupa en curar las marcas mas pronunciadas de su cuerpo con las manos. En ocasiones él se moja la sien con la toalla de agua fría para mantenerse despierto y evitar el mareo que le ha producido tener que alimentar a Annie de esa manera. La ama, haría cualquier cosa por ella, como si tuviera que vaciarse entero con tal de que ella viviera 5 minutos más que él.
La piel de Annie vuelve a tomar un tono más rosado. Sabe que la dosis no ha sido suficiente, que mañana tendrán que ocuparse de ese asunto para mantenerla sana. Pero al menos recobrará el sentido. 
Los primeros rayos del sol comienzan a salir entre las montañas. Zénobe ha estado despierto toda la noche, abrazando por la espalda a Annie y acariciando su costado cuando esta tenía alguna que otra convulsión. Está pálido y las ojeras bajo sus ojos son pronunciadas. Está furioso por lo sucedido anoche.. No pudo sentirla, no pudo ayudarla. ¿Quién ha podido hacerle daño? Sea quien sea.. Incapaz de dormir, espera a que Annie recobre el sentido. 

Un recordatorio.

Annie.

    El lugar era mágico, lleno de detalles donde perderse, de rincones donde aprender a amarse. Las luces tenues iluminaban el verdor del césped y la parte cercana al bosque. El lago se encontraba justo frente a ellos, dejando ver que era hermoso pero al ser desconocido, peligroso. La oscuridad que lo llenaba atormentaba a Annie; quizá era porque no sabía qué había en el fondo o por el simple hecho de que no conocía el lugar, pero algo comenzaba a inquietarla. Cuando Zénobe se retira a por bebidas la chica se queda observando el cielo, el cual se ve alumbrado por los pequeños aunque hermosos astros. A su alrededor las risas aumentan y las conversaciones suben de volumen; hay personas a las que el alcohol les ha subido y no pueden evitarlo. Ella entrelaza sus manos al frente, como si estuviera esperando por algo y... ¡pum! Como si algo la envolviera, gira la cabeza y se encuentra con esos ojos naranjas. Otra vez la sensación la inunda, casi ahogándola. No sabía por qué se sentía tan segura y confiada con Kenneth, ya que realmente no le conocía, y a la parte de luz de la chica le daba escalofríos, sin embargo, a su lado oscuro le llamaba como si fuera un imán.

-Bonita noche, Massey, ideal para salir y dar un paseo. ¿Me acompañas?-Su voz. El chico le ofrece el brazo de forma educada.

Annie frunce el ceño, dudando por un segundo. "¿Qué demo..?" Sus pensamientos se esfuman como si soplaras al humo de un cigarro y cuando se da cuenta otra vez, se encuentra rodeada de la oscuridad del bosque. No se escuchan las voces, ni las risas, ni la música. Huele a humedad. La chica frunce el ceño y se separa de Kenneth, sintiéndose insegura al no saber qué está ocurriendo realmente. El chico afirma en voz baja que debe estar tranquila, que no va a hacerle daño. Sin embargo, aunque Annie no se ha dado cuenta aún, la piel de sus brazos está marcada por moretones y algún que otro pinchazo, los que se marcan por un leve color verdoso... casi como si se hubieran hecho con brusquedad. La chaqueta que Zénobe le había dado ha desaparecido y ella no sabe realmente dónde ha quedado. Mira a su alrededor, apartándose de Kenneth otra vez. A pesar de que sentía algo muy extraño respecto a él, algo en su interior le decía que debía salir corriendo. Ahora. Por primera vez en su vida su mente, o su alma, comenzaba a trabajar separada. En su interior algo gritaba: "¡Zénobe!". Lo llamaba con fuerzas, casi desgarrándose, ya que sabía que ella sola no podría enfrentarlo. Él debía sentirla. Él debía saber dónde estaba.
A la joven le habían quitado sangre para debilitarla y, de esta forma, hacerla vulnerable. Si a eso añadimos el hecho de que no se ha alimentado, ponemos a Annie en una situación que ella no puede controlar porque ni siquiera puede luchar contra la persona que tiene delante y su influencia.
Las manos de Kenneth agarran sus caderas y la atraen hacia él, cosa que termina alterando a Annie. Posa sus manos en su pecho y se aparta, gruñendo por lo bajo.

-¿¡Pero qué coño haces!? -Grita, golpeándole con la fuerza que le queda. Sabe que no debe hacerlo. "Zénobe, Zénobe, Zénobe". Su mente repite su nombre de forma constante.

-¿Qué pasa, Annie? ¿Crees que ahora que te tengo así voy a dejar que te escapes? Sarah tenía razón..-La voz de Kenneth comenzaba a causarle escalofríos.

La chica se bloquea, entrando en pánico. Sarah había hablado de ella con este muchacho, pero dudaba que ella estuviera tras aquello; su gemela habría ido a por ella de forma personal, sin tener que buscar a nadie para hacer su trabajo. Se remueve, bajando los brazos hasta apartar sus manos de ella, cosa que se le hace practicamente imposible y en ese momento sabe que su debilidad ha sido aprovechada por aquel desconocido. Da dos pasos atrás. Tres. Entonces se da la vuelta y echa a correr. Entre los árboles y las sombras, algo araña sus antebrazos de forma vertical y horizontal, simulando el corte de una cuchilla. La sangre no sale apenas, pero si se ven varias gotitas empapando su piel de porcelana. Las voces. Las luces. Zénobe.
La pureza de la brisa del lago la recibe de golpe. "¿Por qué hace tanto frío? ¿Por qué..? Zénobe." La chica alza la vista y se encuentra a un grupo mirándola. En su cabello negro se encuentran hojas de árboles y algunas ramas de arbustos, casi como si se hubiera chocado con todos ellos. Y en cierto modo lo hizo. Más adelante ve a Zénobe; su ceño fruncido indica que está molesto.

-Zeta..-Un susurro es suficiente. Sabe que la va a escuchar.

Y el mundo se vuelve negro. Annie cae al suelo de redondo, como si no fuera más que un peso muerto. A su alrededor alguien intenta levantarla, pero ella ya se encuentra en los brazos de alguien; su ángel.

"Esta vez te he dejado escapar, Massey. No habrá próxima."

Alguien susurra en su mente, haciendo que ella se encoja en su interior, se hiciera chiquitita y dejase de existir por un rato, en donde la oscuridad es lo único que la acompaña.

martes, 5 de agosto de 2014

Ahora me ves, ¡Ahora no me ves!

Zénobe.
Pasan el viaje en silencio, cediendo la palabra a la radio que suena ambientando el incómodo espacio entre ellos. Al llegar le reciben los brazos de Annie, le enternecen sus palabras, haciéndole olvidar parte de lo ocurrido en la cafetería. Nunca ha sido posesivo, pero el hecho de que puedan arrebatársela o simplemente tocarla le saca de su sano juicio. 
La escucha con atención, alzando las cejas ante su propuesta. ¿Una fiesta? Sonríe y responde a su te amo con un sonoro beso.
-Sí, podemos ir si te apetece. -susurra cerca de sus labios, abrazándola y aprobechando el abrazo para colocarle su cazadora negra por los hombros para que no coja frío. -Pero cámbiate, así vas a coger un resfriado y voy a estar un mes encontrándome pañuelos con tus mocos hasta en la sopa. -Trata de silenciar el refunfuño de Annie volviendo a besar sus labios. 

Zénobe la espera en la cocina, ya ha cenado y se ha aseado, pues detesta el olor a desinfectante y medicamento que se impregna su ropa tras estar trabajando en la farmacia, optando por vestir con unos vaqueros negros y una camisa gris, restándole formalidad con una cazadora de cuero. Está sentado bebiendo Perrier Jouet en una copa, observando el juego de luces rojizas que se forman al catar este espumoso vino francés. Al de unos minutos Annie baja las escaleras vestida con un vestido negro de manga larga, impecable. En sus pies unas Converse de talle bajo y el pelo ligeramente recogido hacia un lado. Zénobe suspira y sonríe mientras le cede su copa, para que se deleite del excelente vino, contemblándola. 
-Eres preciosa, Annie. -Murmura, besando su frente con ternura y se dirige a la entrada para coger ambas chaquetas, colocandole a Annie la suya por los hombros.

El lago no estaba lejos, pero estaba lo suficientemente apartado para tener que conducir hasta él, al menos de noche. Cuando se acercan, Zeta aparca en el improvisado parking y Annie se entretiene a observar el camino de farolillos que guía a todos los presentes hacia el lago, donde está situada la fiesta. Toma su mano y caminan juntos entre las luces, ignorando a algunos invitados que tratan de averiguar de quien se trata aquella preciosa pareja, ambos con rostros y presencia perfecta. 
Un grupo de música toca en el escenario, la gente baila tranquilamente y otros hablan cerca de las mesitas de ponche y bebidas. Hay pequeñas luces decorando el lago, los árboles, el entorno.
-Vaya, no me imaginé que lo tuvieran tan bien preparado.. -Asiente con aprobación y mira a Annie que parece sorprendida también, y aprobecha ese momento para tomarla en brazos, en volandas y dar una vuelta con ella, que ríe ante la sorpresa y luego la atrae a él, rodeándola con los brazos y besándola con ternura. 
-Voy a por algo para beber. Espérame por aqui. No te muevas, que por aquí hay mucho forastero de manos largas.. -Sonríe de lado con diversión y aprobecha para volver a besarla por ultima vez, dirigiéndose hacia una de las largas mesas con ponche y bebidas. Se topa con las miradas de jovencitas del pueblo, que cuchichean entre ellas sobre el joven, sin embargo, sus acompañantes se limitan a mirarlo con recelo, tratando de volver a ser el centro de atención de sus novias. Zénobe sirve champagne en la copa de Annie y ron con hielo en la suya. Vuelve para reunirse con ella pero una joven le para en el camino, y sus amigas se quedan más atras, sin atreverse a acercarse a hablar. Son mas jóvenes que Zénobe, y este alza las cejas sorprendido.
-¡Hola! Soy Bethany, vivo en el pueblo.. Tú eres el nuevo farmaceútico, ¿No? -Dice la rubia, sonrojada y Zénobe asiente mientras sostiene ambas copas en la mano. Sin embargo su atención se centra en Annie, que parece que habla con un joven... Con el joven de la cafetería. -Frunce el ceño, impaciente por llegar. 
-Bueno... Pues ya nos veremos por el pueblo.. tal vez..
-¡Beth ni que le estuvieras pidiendo anticonceptivos! -Dice una de sus amigas y las mejillas de esta se tornan del mismo color que su vestido. Bajando la mirada.
-Señoritas, debo irme, si me lo permiten. -Dice Zénobe con un tono serio, adentrándose entre la gente y sin poder evitar escuchar los cuchicheos de las jovenes por los educados modales de Zeta. 
Sin embargo, al llegar al punto de encuentro, Annie no está allí. "Annie dónde coño te has metido", murmura para su interior, preocupado, buscándola con la mirada, dando un largo sorbo a su  vaso de ron. 

Confusión.

Annie.


El sonido de los pájaros al amanecer. La brisa que se paseaba entre los árboles cuando empezaba a caer la noche. Las carreteras entre los árboles que, vacias, esperaban un nuevo visitante al cual relatarle una de sus historias. El susurro de los grillos y las estrellas observándoles desde el cielo puro y limpio. Se habían adaptado al nuevo lugar como si siempre hubieran vivido allí. Despertó con la luz que se colaba entre las cortinas, como si le dijera que no podía ser tan dormilona. Entre remoloneos estira uno de sus brazos, buscando la calidez de Zénobe pero no lo encuentra y entonces recuerda que se ha ido temprano al trabajo y gruñe en forma de queja; no había nada mejor que despertar con aquella sonrisa y su voz melodiosa. Se levanta después de un rato, vistiéndose para salir; normalmente tomaría algo de su 'alimento' antes de ir fuera, pero al ser nuevos en el lugar la chica no tenía de dónde tomar la sangre sin llamar la atención o alimentarse de alguien...El hospital estaba a unas horas, pero por cómo se sentía sabía que aún podría aguantar un poco más. No había motivos para preocuparse. Aún. La temperatura fresca del lugar la golpea al salir y de una u otra forma ella agradece que no sea tan alta. Annie adora los lugares fríos, la nieve y las tormentas.
Sus pasos la guían hasta el centro del pequeño pueblo, en donde los olores a pan y pasteles recién hechos llegan a ella. Busca con sus ojos azules el reloj que se encuentra en la plaza, el cuál le indica que no son más de las 11:30 a.m. y que tiene tiempo para hacer varias cosas antes de que Zénobe vuelva de trabajar. En primer lugar, ella debía buscar algo para quemar las horas, además de su labor de todos los días; curar almas. Segundo, buscaba algo que le diera a la casa un toque de ellos mismos..aunque aún no sabía qué debía comprar de forma específica y suponía que en cuanto lo viera lo sabría. Tercero, debía llevarle fresas. Sabía cuánto le encantaban. Sus pasos la guían por pequeños negocios, entre ellos una tienda de viejos artículos y cosas que se han dejado de usar, todo a muy bajo precio pero que para Annie escondían un montón de secretos en su interior. El sonajero de la puerta anuncia al dueño que ella se encuentra ahí y con una sonrisa la recibe, la cual ella devuelve amistosamente. Se cuela entre los pasillos, dejándose envolver por el olor a viejo, el aroma del olvido. Y allí, entre viejos recuerdos el tiempo va pasando... pero algo la distrae; su móvil vibra levemente en su bolso. Lo toma despacio y al ver lo que alumbra en su pantalla se le escapa una sonrisa, respondiendo: "Yo también te echo de menos, ven ya." Enviar. Da unas vueltas al móvil en su propia mano y mira la hora, dándose cuenta de que tenía poco tiempo para ir hasta la cafetería debido a que las distancias son largas y a plena luz del día no puede utilizar sus poderes. No si hay mucha gente. Sale de la tienda, despidiéndose del señor y caminando bajo la sombra que brindan los tejados, esquivando algunas miradas y comentarios... Supone que es lo que pasa siempre que alguien llega nuevo a un pueblo.
Casi en la entrada algo la detiene; una presencia que no conoce pero le pone los pelos de punta. Annie se para en medio de la acera y mira a su alrededor; de repente todo se ha quedado vacío y en silencio, como si el tiempo se hubiera parado. Frunce el ceño y gira sobre sus talones, sin despegar los pies del suelo y pum, ojos naranjas. Una sensación rara la llena; es como si le conociera de toda la vida y al mismo tiempo sabía que era una de las personas más peligrosas con las que se cruzaría jamás. Un joven se presenta como Kenneth, diciendo conocer a su hermana y reconciendo que debe hablar con la otra gemela de temas importantes. Annie se deja llevar, no sintiéndose muy cómoda. A pesar de su carácter, no le gustaba no saber qué estaba pasando.
Cuando vuelve a ser consciente de qué pasa, ve a Zénobe a su lado. Está molesto, puede sentirlo. Vuelve a la realidad como si alguien le hubiera tirado un cubo de agua fría y de repente mira a Kenneth, desconcertada. Se remueve, intentando alejarse del contacto del joven que la mira desde el asiento paralelo. ¿Cómo habia llegado hasta allí? Se levanta y se despide, teniendo en mente que no lo volverá a ver. Segundos después de que Zénobe cierra la puerta, ella está ahí, sentada a su lado, con el ceño fruncido y la mirada clavada en la calle, como si estuviese fuera de sí. Las palabras de Zeta la devuelven al mundo real y ella parpadea, dedicándole toda su atención.

-Pues..ha sido...rara. Se llama Kenneth, conoce a Sarah y dijo que debía hablar conmigo. -A pesar de que llevan unos minutos en marcha, Annie parece inquieta. Se inclina hacia adelante, tomando el puente de su nariz con sus propios dedos y aprieta. No logra recordar la conversación que ha tenido con el que para ella es un desconocido, y eso la está sacando de sí.

Por el otro lado, una parte de ella le dice que no debe preocuparse, que está todo bien y que él es de confianza. La casa los recibe y ella baja del coche, apareciendo justo delante de Zénobe antes de que pueda recoger la comida china del asiento trasero. Sus brazos se envuelven alrededor de él y lo mira desde abajo con unos ojos azules tan puros y brillantes que podrían ser parte del mismo firmamento. Siente su incomodidad y levanta una mano, colocándola sobre su cuello, como si así pudiera tranquilizarle. Poniéndose de puntillas le roba varios besos, haciendo de esta forma que se afloje un poco y en cuanto puede toca uno de sus costados, buscando hacerle reír.

-Te he echado de menos. Y te amo. ¿Cómo ha ido tu día? Oh, ¿sabes qué? Deberíamos ir a ver esa fiesta que tienen cerca del lago... he escuchado a algunas personas hoy en el pueblo hablar de ello, ¿qué te parece?

domingo, 3 de agosto de 2014

"Los de la casa del bosque".

Zénobe.

El aire surca entre los árboles como un velero, baila errante entre las ramas. A pesar de los suaves rayos de sol, el ambiente es frío, pero sin embargo, en casa de Annie y Zénobe se puede palpar la calidez de un hogar. 
Zénobe distraido con la leña, refunfuña con cariño ante el gesto de su nueva compañera de piso. 
De piso, y de vida. 
-¡Me has asustado! -ríe como solo Zénobe podría reir, con una risa joven y llena de vida. -Aferrate a las consecuencias... -Dice entredientes, aprobechando que Annie está de cuclillas para tomarla en brazos, colocarsela sobre su hombro y darle un pequeño azote en el culo, riendo entonces aun mas ante la sorpresa de Annie, que trata de escapar sin exito de sus brazos. La deja sobre los cojines del sofá y se hace hueco entre sus piernas, sin dejar caer todo el peso sobre Annie, buscando sus labios con los propios y besando estos vivaz, con cierta ansia, como queriendo transmitir un falso enfado por el susto. La besa como si fuera el último beso de los tiempos, jadeando entre sus labios y luego se retira satisfecho habiendo cumplido su cometido.
-A la próxima te pondré un cascabel para  tenerte localizada. -Ladea una seductora sonrisa, sentandose a su lado, tomando sus piernas para colocarlas sobre él, masajeandolas por encima de los vaqueros. -Esta casa es preciosa. Ya me he instalado en el dormitorio, que conste que te he dejado el lado de la ventana... ¿Ya has deshecho las maletas? Podríamos ir a conocer los alrededores. 


La verdad es que la casa era preciosa. Rústica pero guardaba detalles actuales, fresca y natural. Estaba próxima a la carretera del pueblo, pero parecía ajena a  todo lo que sucedía allí por el gran bosque y los árboles que custodiaban el hogar de la pareja. 
Tras el polvoriento camino se encontraba la carretera principal, asfaltada y guiada por setos, abetos y pinos. A cada lado de la calzada había adosados y casitas rústicas de pueblo cada una con su propio porche y jardín. El pueblo a pesar de ser pequeño tenía de todo, y la gente era mucho mas abierta y amable que en la ciudad. 
Zénobe había encontrado trabajo como ayudante en la farmacia del pueblo, atendía de cara al público y hacía que la mayoría de las mujeres del pueblo frecuentaran mas a menudo la farmacia en busca de cosas absurdas como tiritas, agua oxigenada, pastillas contra el dolor de cabeza, etcétera. 
El jefe de Zénobe era un hombre de avanzada edad de bigote perfectamente rizado, serio y dedicado a su oficio. Solía pasarse las horas en su despacho, detras del almacen.
"Salgo en media hora, te paso a recoger por la cafetería. Te echo de menos. Z." Le da a la tecla enviar pensando en Annie, en su pelo, en su sonrisa... 
La campanilla de la farmacia le hace volver a la realidad, un hombre entra por la puerta con paso firme y se acerca al mostrador buscando con la mirada a alguien. 
-¿En que le puedo ayudar? -Pregunta Zénobe vestido de camisa blanca con una pequeña placa con su nombre. Se fija en la marcada mandivula del hombre, con cara chupada como si estuviera enfermo, sus ojeras son bastante pronunciadas. 
-Estoy buscando al Doctor McGregor. -Dice con voz grave pero temblorosa.
-El Doctor se encuentra en su despacho, señor. Yo le atenderé. 
El hombre se pasa las manos por la cabellera suspirando con cierto aire de desesperacion. Zénobe se queda pensativo. Sí, es nuevo en el pueblo, pero por ello no debería infravalorar su trabajo en la farmacia. 
-Señor, no podré ayudar si no me informa sobr...
-Zénobe yo le atenderé. -De pronto la voz del doctor McGregor haciendole un gesto al hombre, para que pase consigo al despacho. Este aliviado le sigue y ambos se encierran. Zénobe se queda molesto, reyena unos informes y archiva unas recetas. Tras quitarse la placa, observa y espera que el Doctor McGregor y el hombre misterioso, ahora con un aspecto mucho mas fresco y sano, abandonen la farmacia para cerrar. Que extraño. 
Al llegar a la cafetería en coche, aparca enfrente, y observa desde el asiento que Annie parece estar en compañía. La cafetería en realidad era una gran biblioteca donde podías tomar un café o té en los sillones, leer libros, conectarte a internet o probar repostería italiana. A Annie le encantaba pasar allí las tardes libres leyendo tranquilamente.
Zénobe observa la escena desde el coche, apaga el motor mientras mira detenidamente a un joven que conversa con Annie, la hace sonreir, y eso en parte le enfurece.
Sale del coche tras esperarla alli y se adentra en la cafetería pues parece que Annie ha perdido la noción del tiempo con aquel guaperas de cabello castaño. Parece que conversan sobre un libro, y el joven roza en ocasiones su mano con la de Annie. Eso molesta aún mas a Zénobe. 
Parece como si hubiera encandilado a Annie de alguna manera, la hace reir y parece algo atontada mirandole, pero a él no le da muy buena espina, todo lo contrario.
¿Zénobe Yvess, celoso?

Se acerca al sofá con paso firme, y ambos alzan la mirada al verle llegar, Annie da un breve respingo por haberse despistado con la hora, el joven sin embargo ladea una sonrisa que enseguida reprime al observar la fulminante mirada azul de Zénobe. Retirando la mano del hombro de Annie con rapidez.
-Llevo esperándote un rato fuera. -Frunce el ceño, sin apartar del todo la mirada del joven, que nisiquiera parece presentarse. Hace un rápido gesto señalandole el coche, diciéndole que la espera alli, sacando de la cartera unos dolares para que pague el té que se estaba tomando, dejandolo sobre la mesa y volviendo a dirigirse hacia el coche. Parece molesto. Hacía tiempo que no veía a Annie sonreir de esa manera a otro. Sí, Marcus. Pero Marcus al menos tenía la decencia de comportarse y al fin y al cabo por aquel entonces ellos dos no estaban juntos. Una oleada de pensamientos le invaden, pero trata de ignorarlos subiendo la música de la radio, Bruce Springteen. Annie no tarda en llegar y se sienta en el asiento del copiloto tras despedirse de su nuevo amigo. Parece que va a empezar a chispear y que será una noche lluviosa. Zénobe se centra en la carretera dirección a casa, observando de vez en cuando las nubes que empiezan a encapotar el cielo.
-He cogido algo de comida china para cenar. -Dice en todo serio, señalando un instante la parte de atras del depotivo, donde hay algunas bolsas de la compra. -¿Qué tal la tarde? ¿Quién era ese? -Dice por fin, algo asqueado.

viernes, 27 de junio de 2014

"El sitio perfecto."

Annie.

    A pesar de disfrutar de  la compañía de Zénobe, del paisaje, las bromas, las miradas de reojo... La chica llega a caer en un estado somnoliento después de unas horas, tras una parada en una gasolinera en medio de la nada. Sus ojos azules se cerraron a pesar de su lucha por mantenerse despierta; quería esperar a que Zeta se sintiera cansado también para irse a dormir con él. El sueño es completamente negro, lo que le permite dormir de forma plena y tranquila, sin pesadillas ni interrupciones. En cuanto el primer rayo de Sol alumbra el nuevo día, aquellos ojos claros se abren otra vez y Ann observa el lugar, siempre a la espera de algo peligroso. Pero fuera no hay nada más que un pequeño bosque y in verdor que sorprendería a cualquiera. Echa la cabeza a un lado y observa a Zénobe dormir por un rato, encontrando tranquilidad en sus facciones, por lo que supone que está durmiendo bien también. Tonca se despierta y la mira desde su regazo, haciéndole saber que necesita un poco más de espacio.
   En cuanto abre la puerta del coche la humedad del ambiente la recibe, casi golpeándola. Cierra la puerta con cuidado y lo más rápido posible para mantener la temperatura, y entonces empieza a andar. Le sorprende el tono de verde que abunda en el lugar; esperanza. Una sonrisa se dibuja en sus labios al ver a su mascota jugueteando entre los árboles y entonces se queda seria, frunciendo el ceño. No había visto ni escuchado a Zénobe hablar sobre Rufus, su pequeño dragón, pero suponía que su ángel mantenía un ojo en el animalillo. Algo le atrapa ppr detrás, pero antes de que pueda reaccionar de una forma brusca su esencia le tranquiliza. Con una sonrisa Annie le da los buenos días, dándose la vuelta al escuchar lo que dice, siguiendo sus pasos de forma sigilosa y, antes de que abra la puerta del coche, echa a correr y lo abraza por detrás, juntando sus dos manos en su torso. Su mejilla se acomoda entre sus omóplatos voy por unos segundos ella se queda así, balanceándose despacio como si de un baile lento se tratase, entonces besa su espalda, sonríe  y deja que siga su camino al asiento delantero del coche.
Tonca la espera fuera de su lado del vehículo. Annie abre la puerta y la deja entrar, sentándose tras ella. Mira a Zeta de reojo y entonces susurra:

-No te apresures, primero lo primero. Tienes que desayunar, ¿o crees que voy a dejarte conducir sin nada en el estómago?-Lo mira con las cejas alzadas y frunce los labios, sonriendo sin poderlo evitar al ver como él lo hace también.

  El viaje avanza más rápido y en unas horas, tras desayunar en una gasolinera, se encuentran con un pequeño pueblo que llamaba la atención a los dos, pero sobre todo a Zénobe. Hacen algunos trámites y observan las casas en venta y renta que están disponibles, encontrando una que les venía a los dos a la perfección; espaciosa, cerca del bosque, fresca y coin colores claros. Cuando una amigable señora, la encargada de la casa donde se encontraban, se marcha, Annie se recorre las habitaciones otra vez, como si fuera una niña pequeña. Le ayuda a bajar las maletas y a colocar algunas cosas. Las horas pasan y la temperatura baja tanto que puede ver a su ángel con in abrigo, encendiendo el fuego. Se le acerca por detrás, abrazándolo como hizo en la mañana, esta vez posando su barbilla sobre su hombro, mientras observa las llamas justo frente a ellos:

-¿Tienes frío?- Le susurra, sonriendo después. creo que hemos encontrado el sitio perfecto.

lunes, 23 de junio de 2014

Palmeras y robles.

Zénobe.
Tras bajar las maletas y objetos personales, Zénobe se apresura para meter todo en el maletero. Comprueba que lleva en un maletín ciertos papeles legales y jurídicos consigo, identificación y que esté todo en regla. Al arrancar para dirigirse hacia el barrio que Annie le indica, observa su piso alejarse y esconderse entre las casas por el retrovisor, suspirando un momento pero toma la mano de Annie en lugar de posarla sobre la palanca de cambio de marchas, mirándola unos segundos y sonriendo al hacerlo.
Al llegar al barrio decide que lo mejor es acerle caso, por ello se encierra en el coche tratando de no molestar e ignorar las miradas de los presentes. Por un lado, por el llamativo Cadillac y por otro, el más evidente, por que aquellos seres notaban una presencia no muy familiar entre ellos, una presencia de luz que les atraía la atención.
Comienza a pensar en sitios donde podían ir, haciendose un mapa mental del recorrido, las carreteras, rutas alternativas... Llevaban bastante equipaje, solían moverse mucho de sitio por lo que prescindian bastante de muchas cosas necesarias para los humanos más sedentarios. Aún así, el piso lo mantendría en la ciudad, no lo vendería. 
"Allí seguro que hace frío, tal vez algún día tengamos que ir a comprar algo más calentito, para cuando llegue el invierno... Tal vez los estados del norte estén bien.."
De pronto Annie toca el cristal y lo saca de sus pensamientos, tras una sonrisa la deja entrar en el coche y se apresura para salir de aquella escalofriante zona. 

Ambos comienzan el viaje por una larga carretera, las primeras horas las pasan hablando, conversando de cosas rutinarias, de a donde podían ir, que tipo de casa estaban buscando. Ambos habían llegado al acuerdo de que querían una casa, no un piso y que estuviera en un pueblo a pesar de que fuera grande, rodeado de naturaleza. Mientras Annie miraba en el mapa rutas y charlaban, Tonca dormía placidamente en el regazo de esta como una pequeña ardilla, refrotándose a veces contra Annie para que le hiciera cosquillas por el lomo en busca de mimos. Paran de vez en cuando para estirar las piernas, descansar de la conducción, Zénobe especialmente para comisquear algún dulce, y así disfrutar de las vistas y el paisaje.
El clima comienza a cambiar al de unas horas, Annie dormía tranquila con Tonca en su regazo tratando que el viaje fuera más ameno. Las palmeras, los árboles exóticos y el sofocante calor habían sido sustituidos por un frescor agradable, pinos y robles y un olor a menta en el ambiente. La carretera estaba guiada por una arbolada, las curvas se intentaban amoldar al bosque que la atravesaba y la noche ya había llegado. Era tarde para buscar un motel y además pensaba en despertarse antes de que saliera el sol para continuar conduciendo. Al de un par de kilometros encuentra una explanada entre los árboles y decide estacionar allí hasta la mañana. Annie seguía dormida. La miraba de vez en cuando para comprovar que estuviera bien. Al salir de la carretera, se dirige hacia aquel espacio libre de árboles, apagando el motor del coche. 
Aprobecha para quitarle el cinturón de seguridad a Annie y echarle el asiento hacia atras para que duerma más agusto, tapándola con una manta de viaje, besando su frente y tomando a Tonca en las manos y colocándola sobre una bufanda de Annie para que se hiciera un pequeño nido. 
Zénobe también echa su asiento hacia atras, poniendo los seguros del coche antes por si acaso y aprobechando para comer un par de galletas, quedándose totalmente dormido al de unos minutos con el canto de los buhos y las cigarras.

La noche refrescaba más que en Willowtown y se notaba que estaban lejos de casa.

Al amanecer se despierta y observa que tanto Annie como Tonca no se encuentran en el coche. Confuso se frota los ojos y decide salir a inspeccionar, saliendo del coche y notando la fresca brisa mañanera recorrer su cuerpo. Se está agusto, piensa. De pronto escucha la risa de Annie entre los árboles y decide ir hacia allí. La joven se divertía observando a Tonca que correteaba las ramas feliz y disfrutando de la naturaleza. Zénobe se acerca por detras sigiloso y sorprende a Annie abrazándola por detras, haciendola sonreir ante su sorpresa y besando su mejilla. 
-Buenos días a las dos. -dice, mientras estira el cuello y la espalda, soltando a Annie al de unos segundos. -¿Has dormido bien, pequeña?
Juguetea con el pie, escarbando entre las hojas del suelo, entretenido. -Estamos ya bastante al norte, enseguida comenzaremos a ver los pueblos... A ver si alguno es bonito, y podremos buscar algo que esté en venta. Cogí un panfleto inmobiliario antes de salir del estado, te lo he dejado sobre el asiento de atras por si le quieres echar un vistazo. -Dice mientras alza la voz pues se va acercando otra vez al coche, estirándose completamente y desperezándose, esperando a que ella decida montarse en el auto.

En camino a un cuento de hadas.

Annie.


    Una protesta rápida iba a salir de sus labios pero nunca llega a escucharse debido a que él la calla con uno de sus besos y no, no podía negarse. Claramente Annie no  coincidía con el hecho de que Zénobe fuera un "complemento", dado que para ella él tenía incluso más valor que su propia persona. La chica disfruta de sus besos, dejando que su dulzura y calidez le envuelva y que, como siempre, tengan ese efecto mágico en ella. La chica lo observa marchar, fijándose en sus músculos tensos al observar el paisaje y ciertas partes  de la casa, como si nunca quisiera dejar aquello. Ella sabía que aquel era su pequeño escondite, tan personal y seguro que se sentía como si dejaras una parte de ti mismo atrás si te marchabas. La sensación llena a Annie, quién sigue su camino y siente el calor de sus manos tocar su piel fría, clavando sus ojos azules en el exterior. La ciudad lucía diferente con Zénobe a su lado. Era como s itodos los pequeños detalles se intensificaran, como si los colores fueran más llamativos, como si las voces y sonidos ya no formaran ruidos, sino melodías, como si la oscuridad ya no diera miedo y como si el color azul del cielo fuera más pacífico.
Centra toda la atención en su voz, quedándose en silencio mientras lo escucha. Puede sentir su mirada clavada en ella, pero no es hasta que él empieza a soñar despierto y en alto que ella lo mira, y ahí está el infinito de sus labios otra vez. Haciéndolo así, ¿cómo iba a decirle que no? La chica termina sonriendo, se gira entre sus brazos y posa las manos en su pecho desnudo, presionando levemente los dedos sobre su piel. Ella conoce las "consecuencias" y lo que puede pasar si los encuentran las personas equivocadas, pero confiaba con que su suerte fuera mejor que eso, pero aún así, llegados a este punto, sabía que no iba a dejar que nadie le separara de él, no otra vez. Cuando dos almas estaban destinadas no había forma de mantenerlas separadas... porque de ese modo solo terminarían arruinándoles la vida. Sabe lo que conlleva responder ahora: debían empacar y marcharse lo antes posible, porque el tiempo corría y no esperaba por nadie. Lo tenian vigilado y por lo tanto, a ella también. Se inclina hacia adelante, posando su mejilla justo a la altura de sus hombros, dejando que la punta de su nariz acaricie su piel hasta llegar a su barbilla, la cual besa continuamente hasta su boca, pero ahí se detiene. Lo mira, dejando que vea por un momento el brillo de diversión en su mirada y luego se retira con rapidez, evitando que él encuentre sus labios, manteniendo los propios ocupados en sus mejillas otra vez. Ella ríe por lo bajo, terminando por acabar su tortura y regalarle un beso suave y sincero, susurrando después:

- Vamos a irnos tan lejos que no van a poder encontrarnos nunca. Y podré despertarte con almohadazos, y hacerte cosquillas, y volverte loco hasta que termines enfadado y grites mi nombre. -La chica ríe, haciendo comentarios en broma, intentando contagiarle el buen humor. Sabe que está preocupado y que los cambios, a veces, afectan a las personas... pero ella no iba a permitirlo. No con él.- Y haremos una lista con cosas por hacer tan, pero tan grande, que se nos acabarán los papeles de la casa. Y ésta vez el sueño va a ser para siempre. -Hablaba como si se refiriera a un cuento de hadas, pero de una u otra forma, el optimismo que irradiaba la chica era contagioso.

No deja de hablar hasta que nota que la preocupación ha disminuido un poco y que Zénobe está más relajado. Lo sigue al piso de arriba, acariciando a Tonca al pasar por su lado y los dos abren las maletas, comenzando a empacar. El norte les esperaba y con ello miles de sorpresas. Sabe que encontrarán algún sitio en algún pueblo que a él le guste. Tras unas horas, Annie, Zénobe y Tonca están en el portal del apartamento del chico. El coche está justo frente a ellos y con un pitido las puertas dejan de estar bloqueadas. La chica deja que Zeta acomode las maletas en el maletero mientras ella preparaba el asiento de atrás, buscando que este fuera un lugar cómodo para ambos si necesitaban un tiempo de descanso. El viaje era largo y aunque ella sabía que el chico era resistente, necesitaba horas de sueño. Está casi todo listo. Él cierra el portal y, antes de subirse al coche Annie le regala un beso suave en los labios, susurrando:

- Necesito hacer algo primero..

Lo mira, dejándole saber a lo que se refería; alimento. Sabe que es difícil para Zénobe, pero si no lo hace ahora podría tener consecuencias y ninguno sabe cuánto tiempo estarán fuera. Para compensarlo, le regala otro beso y una sonrisa, prometiendo en silencio que no tardará más de lo debido. Toman las calles por la dirección que ella le indica. El barrio donde se encuentran no parece tan tranquilo. Ella lo mira, justo a su lado y susurra:

-Bajo ninguna circunstancia salgas del coche. Estaré de vuelta antes de lo que crees. -Se echa a un lado y lo besa otra vez, susurrando- Te amo.

Y entonces sale, cerrando tras de sí, escuchando como el chico pone los seguros del coche. Annie se interna en un edificio. Los minutos pasan despacio, como si fueran más lentos.Y entonces su figura se vuelve a ver entre las calles. Tras ella, un par de vampiro observan pero no se le acercan. Annie toca dos veces en el cristal, sacando a Zénobe de sus pensamientos y cuando el coche vuelve a abrir, ella se interna en este y escruta a los dos seres por la ventana, casi amenazando en silencio. Vuelve la atención a su ángel. Está tranquila pero seria.

-Salgamos de aquí. -Sonríe de medio lado- Gracias por escucharme.. este lugar no es..seguro.

domingo, 22 de junio de 2014

Lejos, pero juntos.

Zénobe.
Se sentía tranquilo teniéndola entre sus brazos, toma sus manos y las entrelaza sonriendo con ternura, escuchando sus palabras y niega ante su declaración sobre su luz, bajando la mirada.
-Tú eres la luz Annie. Tú completa. Yo tan sólo soy un complemento. -Murmura y busca sus labios con los propios, encontrándolos y besándolos despacio, mientras en apenas unos segundos las alas desaparecen levantando una suave brisa en la sala.
Zénobe retira detrás de la oreja un travieso mechón de pelo que ha ondeado por el viento creado, tomando sus mejillas con las manos y aprobechando para besarla de nuevo. 
Se separa al de unos segundos, dirigiéndose hacia el gran ventanal para mirar atraves de este la calle, observando la gente pasar. Algunos con prisa, otros caminan tranquilos, los niños juegan en la calle peatonal y unos pájaros anidan en un árbol cercano. 
Zeta apoya las manos en el cristal, suspirando, girándose lo suficiente  como para ver a Annie de reojo acercarse a él, y la recibe rodeando su cintura, mientras ambos observan la vista.
-Pues no se donde ir, pequeña. Pero debemos irnos... yo al menos. No puedo vivir con el peso de que sepan todo sobre mi. Además te tendrían a ti también completamente localizada. A ambos. Dos pájaros de un tiro. -Susurra Zénobe, y pasea la mirada por el piso, como queriendo recordarlo cuando se muden. -El dinero no es un problema, por eso no te preocupes. Había pensado viajar algo más al norte, a algún pueblo grande, nada de ciudades. Siempre me ha gustado el entorno de los pueblos, cuando comienzas a conocer a los vecinos, a la gente del pueblo... Todo se hace mucho más familiar y eso me gusta. El calor familiar. -La observa esta vez, mientras ella le escucha mirando por la ventana. A pesar de que las ciudades tuvieran muchas más ventajas para esconderse, Zénobe siempre trataba de buscar ese calor familiar que nunca tuvo en pueblos, le encantaba conocer a la gente y la hospitalidad que estos le transmitían, pues Zénobe despertaba en la gente un gran interés y solía siempre caer bien, especialmente a humanos. Sentían por él como un tipo de protección y seguridad al tratarse de un ángel guardián- Podríamos vivir en una casa rodeada de árboles y con un jardín que de al bosque. No se, un espacio más rural, suelos de madera, una chimenea de leña.... Te imagino leyendo en el porche... -Annie le mira, y aprobecha ese momento para sonreir y tratar de hacer más ameno el asunto, intentando contagiarle la sonrisa que acaba en un pequeño beso.- Y Tonca tendría todo el sitio del mundo para ir a sus anchas. -Vuelve a sonreir, mientras la pequeña mascota de Annie baja por las escaleras a saltitos. -Tan sólo dame tu opinión... Puedes dar sugerencias. El sitio es lo de menos al fin y al cabo. Si me dices que sí comenzaré a hacer la maleta y nos iremos a rehacer nuestra vida a otro sitio.

 

viernes, 20 de junio de 2014

Hasta el fin del mundo.

Annie.

  Corta las fresas con rapidez y en un segundo el sonido de la batidora llena la habitación. Annie se queda mirando la fruta, la cual es triturada y molida junto al agua para formar un líquido rojizo. Frunce los labios; su mente está en blanco y por ello tarda un poco en apagar el aparato. El ruido termina y ella suspira, preocupada. Lo sirve en un vaso grande; las fresas estaban frías, así como el agua, y realmente ella espera que estén lo suficientemente dulces, ya que ella no añadió nada de azúcar. Sus manos se quedan apoyadas sobre el mármol de la meseta, sintiendo el frío en las yemas de sus dedos. De pronto el aire se inunda con su perfume y cuando se da la vuelta se ve otra vez entre sus brazos, con la frente apoyada en su pecho. Y luego, sus labios. Por un momento le hacen olvidar la preocupación que la llena, hasta que su voz hace que la chica alze las cejas y frunza el ceño, acompañándolo al sofá. Lo que pasa a continuación deja a Annie tanto en silencio como en sorpresa. Ha aceptado lo de Meredith desde que se lo dijo, y nunca hubiera sido capaz de juzgarlo por ello. Los dos habian tenido sus cosas, y habían estado separados por mucho tiempo. Lo importante para ella era el hecho de que sus sentimientos no hubieran cambiado, aunque la idea de que otra persona le tocase no le agradaba, como suponía que pasaba con él.
  Las alas de su ángel traen consigo una luz que hubiera dejado ciego a cualquier humano, pero no a Annie. La chica comienza a acumular en su interior todos aquellos sentimientos y emociones. Se sentía cómo si estuviera frente a un ser completamente superior. Normalmente Annie le veía como un igual, siempre había sido así. Valoraba sus acciones y su trabajo y los evaluaba igual que como hacía con los que ella misma realizaba. Nunca había habido ninguna diferencia entre ellos, y aunque suponía que tampoco las habría a partir de ese momento, ella no podía evitar pensar en todo el potencial que él siempre había tenido, en la majestuosidad que dejaba ver, y en todas las injusticias que se habían cometido con él, que quizá no debían haberse hecho. Ante la caricia de las plumas en sus piernas, Annie clava la mirada en su rostro, dejando que el chico vea la luz en su mirada. Zénobe era lo más grande que ella tenía, y sabe que va a cuidarlo aunque de ello dependa su vida. De una forma u otra, también se correspondían en eso. Uno cuidaba del otro como si el alma fuera la misma. La chica se levanta y, dando pasos despacios para no tocar nada en la habitación, se desliza por el frente de sus alas, rozándolas con las yemas de los dedos hasta llegar a él, en donde para. Frunce los labios y entonces comienza a hablar:

-Hay algo que tienes que entender, Zénobe Yves. No hay nada, ni nadie, que pueda volver a separarme de ti. Ni arcángeles, ni seres superiores, ni demonios. La única persona que puede mandarme lejos de tu lado, y dejarme claro que no me quiere cerca, eres tú. -Sube sus manos a su rostro y toma sus mejillas entre ellas, suspirando- Me iré contigo al fin del mundo si hace falta, me esconderé y me haré chiquitita, invisible, si así es necesario. Haría cualquier cosa por estar contigo.-Acaricia despacio su piel y repite algo que hace él mismo le dijo cuando se habían encontrado- Siempre voy a tener perdón para ti, Zénobe. Pero no te reprocho nada, no tengo derecho ninguno. No quiero que te quede ningún remordimiento, ni ningún tipo de culpabilidad o preocupación. -Se inclina hacia adelante y roba un beso suave de sus labios, volviendo a su sitio después y susurrando- ¿A dónde nos vamos?

Su voz, aunque fuera un susurro, suena completamente decidida. Todo lo que había dicho lo había dicho enserio. Aparta suavemente sus manos de sus mejillas y frunce los labios, bajándolas por los perfiles de sus brazos hasta alcanzar sus propias manos y tomarlas con cuidado. Ellos siempre se habían escondido en lugares donde había mucha gente, como internados, institutos o pueblos. Era más difícil localizarlos de esa forma porque allí fuera habían muchos tipos de almas. Al mismo tiempo, era más fácil para ellos con respecto a quién podían salvar o sacar de las tinieblas. Esta vez, ella le iba a dejar decidir. Le acompañaría a donde fuese. Pero, interrumpiendo sus pensamientos, Annie vuelve su atención a él y susurra:

-No sé cómo pudieron llamarme a mi "la luz", teniéndote a ti..eres el más puro de todos los ángeles, Zeta..

Bajo el punto de mira.

Zénobe.
Habían pasado unos minutos y parecía que en casa no había nadie. Era extraño por que era muy pronto y a pesar de haber gente en las calles, no recordaba que Annie le dijera nada de que tenía algun trabajo o estuviera colaborando en algo. "Lo más probable es que se haya marchado, Zénobe" dice algo dentro de él. Hacía casi tres días que no volvía a casa y tras lo sucedido aquella noche sabía que estaba en todo su derecho de marcharse.
Pero de pronto una voz le hace despegar la frente de la puerta, se gira y ahí están sus brazos, rodeándole e intentando calmarle. Suspira y la abraza sin utilizar mucha fuerza, tal vez por no agobiarla, tal vez por que nisiquiera tenía para estrecharla firme. Se deja llevar hasta el sofá sin decir nada, pero junto a ella se siente mejor. Está ahí y es lo que importa
La escucha hablar y asiente con la cabeza, levantándose y yendo al piso de arriba a intentar refrescarse y limpiar también sus recuerdos. 

El vapor del agua comienza a salir enseguida, Zénobe tras llenar la bañera se mete en ella, está practicamente hirbiendo pero no le importa, apenas se da cuenta de ello. Su piel se enrojece pero aquella sensación le gusta. Le gusta por que le hace sentir algo más que la preocupación que ahora tiene en mente. Tras unos escasos segundos sale del baño, no sin antes fijarse en las dos cicatrices o marcas de nacimiento que tiene en la espalda, por donde nacen sus alas.

Al bajar decide bajar tan solo en pantalones, llevando la camisa en la mano. La deja sobre el respaldo del sofá y la busca con la mirada, yendo donde esta y la vuelve a abrazar. Esta vez la abraza con más ganas, arqueando la espalda para poder alcanzar sus labios y la besa con ternura, murmurando en su boca. -Tenemos de cosas de las que hablar.. -Se muerde el labio y toma el zumo de fresas que le ha preparado, besándola nuevamente en los labios señal de agradecimiento y la lleva hasta el sofá, sentándola ahí y se sienta a su lado, bebiendose el zumo practicamente de un trago. Recostándose sobre el respaldo y echándose el flequillo hacia atras, suspira, sin saber muy bien por donde empezar.
-Sobre lo de aquella noche... Ella decía la verdad. Parcialmente. Hubo algún que otro beso, pero nada más. Nunca quise nada más. Pero el problema no es que fuera ella. El problema era que no eras tú. Y soy incapaz de hacer nada, todo me sabe amargo y a veneno si no se trata de ti.. Me sentía tan sólo y pensé que nunca más volvería a verte, había perdido el rumbo y ella siempre ha sido... fue muy insistente en sus objetivos. Simplemente me dejé llevar pero entonces apareciste tú y madre mia.. -se frota los ojos con las palmas de la mano y vuelve a suspirar, prensando tras esto los labios- Te pido perdón... Debí decirtelo antes de que pasara todo esto, tal vez las cosas hubieran cambiado. -Dirige un momento la mirada a la ventana, pero lo suficientemente poco para volver a tomar la palabra, mientras Annie le escucha. 
-Por otro lado, supongo que sabrás que allí arriba no les gusta ni un pelo que esté enamorado de ti... Ya me lo advirtieron cuando era más joven, antes de conocerte. Que yo estaba destinado a proteger, no a enamorarme, solo a proteger... -Agacha un momento la mirada y la rodea con los brazos, atrayéndola a él por el sofá hasta quedar más cerca- Pero no me importa que me pase, quiero estar contigo. Quiero que estemos juntos y que más dará el resto.. Si no fuera por ti, a mi me daría igual estar aqui o estar en otro sitio, estaría errando por el mundo sin dirección ni objetivos. No se Annie.. eso no me preocupa. No me importa lo que me hagan, me preocupa lo que te pueda pasar a ti. Siempre encontraremos el modo de volver a estar juntos si algo llegara a pasar. -Habla, mientras acaricia la espalda de Annie con las yemas de los dedos, hasta que se queda en silencio, con la mirada perdida más allá de la ventana. Entonces decide volver a hablar, antes de que Annie lo haga primero. Levantándose del sofá con rapidez como si el zumo de fresas le hubiera revitalizado y dado energias como para todo un invierno.
Comienza a mover la mesa del salón, apartándola con sencillez y sin ninguna dificultad crea un espacio bastante amplio en el diáfano ambiente de la primera planta. 
-Tienes que ver algo. -Dice mientras está de pie en la entrada, con la mirada atenta de Annie que no entiende que quiere mostrarle, curiosa. -Esto... Este es uno de los motivos por el cual apartir de ahora me van a tener entre el filo y la pared. Ya saben donde vivo, con quien me relaciono, lo saben practicamente todo y van a intentar tenerme totalmente observado. -Suspira y se echa el flequillo aún más atras, dejando que los mechones resbalen entre los dedos. Antes de que Annie pueda decir nada, Zénobe cierra un momento los ojos, pero los vuelve a abrir prensando los labios. Unas inmensas alas nacen de su espalda ocupando practicamente todo el espacio del apartamento. La punta de una de ellas llega a rozar casi las piernas de Annie que se mantiene perpleja en el sofá. Zénobe acaricia su pierna con una de estas, haciendo que Annie se estremezca por la suavidad de las plumas. Suspira nuevamente, intentando permanecer inmovil para no tirar nada o no crear hondas de aire. 
Entonces vuelve a hablar, mientras se concentra en no tirar ningun cuadro o ninguna maceta. -Me imagino que sabrás que muy pocos ángeles tienen estas alas, y que la mayoría de ellos tienen estancia en un lugar más allá de donde solemos permanecer hasta que se nos asigna un protegido. Ellos probablemente me quieran allí donde la luz se conserva, tú mejor que nadie sabes de lo que te estoy hablando.. -Suspira, mientras la mira solamente en ocasiones de reojo, pues teme a que reaccione mal o asustada.- Había pensado.. que tal vez podríamos mudarnos lejos... Donde no nos encuentren. Puedo hacerlo, el dinero no es un problema y aquí van a encontrarte a ti también, saben que estoy enamorado de ti y que voy a estar contigo. Por lo que al tenerme a mi, también te tienen a ti bajo el punto de mira.  No se que te parecerá la idea... -Dirige la mirada al comienzo de las escaleras, pues Tonca miraba sorprendida desde el piso de arriba, moviendo la cola de una pequeña ardilla.



 

jueves, 19 de junio de 2014

A salvo entre sus brazos.

Annie.

           Cuando el sueño espiritual finaliza, o más bien cuando lo expulsan de él, Annie se queda con una sensación de vacío inexplicable. Al despertar, lo que hizo al momento en que Zénobe se había marchado, sus ojos azules recorren la habitación, buscando, esperando verlo allí, pero no hay nada más que la luz desvaneciéndose a través de las cortinas blancas a medida que el tiempo iba pasando y la noche se iba acercando. Acurrucada entre las sábanas y abrazada a la almohada, Annie apenas se mueve en toda la noche. Está preocupada y no sabe qué puede hacer, sabe que todo está en manos de su ángel y si algo hace es confiar en él. La madrugada se desliza suavemente, dando los buenos días a un nuevo día.

    Annie sale en cuanto los rayos de Sol comienzan a aclarar el cielo. Se mueve entre las calles, silenciosa y con paso rápido, como si estuviera siendo perseguida... pero lo cierto es que no hay ni un alma a esas horas, solo aquellos que debían llegar al trabajo a primera hora. Después de media hora andando a su paso se para frente a una vieja casa con un bonito y cuidado jardín, el cual, incluso si era temprano, dejaba que todos los que pasaran por la acera olieran el perfume de las rosas y flores que lo adornaban. Annie abre la reja despacio y cierra tras de sí. Sube las escaleras de la entrada y toca la puerta despacio, posando sus manos tras la espalda como si fuera una niña en un museo, esperando que el dueño de la casa abra. Tras unos minutos la puerta se abre y ella entra, cerrando tras de sí. La persona que la recibe la abraza con fuerza, sonriendo. Sus cabellos rosas rozaban sus hombros debido a un corte de pelo, pero sus ojos claros seguían teniendo la misma fuerza de siempre. Alex. Las dos chicas se internan en el hogar y, sentadas en el salón, conversan por horas. Annie le cuenta lo que ha pasado con Zénobe, y recibe por respuesta:

- Sabes que va a pasar tarde o temprano, ¿verdad? Van a llamaros porque tú eres su protegida y él está enamorado de ti, siempre lo ha estado.. -Annie se queda en silencio, apretando los labios- ..y porque tú le correspondes. Lo vi desde el primer día. No sé cuales pueden ser las consecuencias y sí, sé lo que estás pensando. Yo tampoco entiendo por qué deben haber consecuencias para el amor, pero todos la sufrimos, mírame a mi. He sido desterrada por amar a quién no debería amar, pero no podía evitarlo. Pero..Ann, no te preocupes, ¿si? Vuestra situación es diferente.Tú... no eres como todos los que se nos asignan. Tú eres tú y, bueno... estoy segura de que sabréis cómo manejarlo. Confío en ello. Y ahora, deja de pensar en eso. Él estará de vuelta pronto, confía en ello.

La chica se queda pensativa por un rato y luego asiente a Alex, su vieja amiga. La invita a ir con ella a un caso y salen las dos de la vieja casa, internándose en la ciudad otra vez, ahora mucho más llena de gente. El tiempo pasa rápido con ella y de una forma u otra eso era lo que la muchacha necesitaba. Ésta vez era un adolescente completamente fuera de sí y no había duda; había sido tocado por Sarah y cada vez que veía a Annie se sentía confundido. Ellas eran idénticas, pero se notaba la diferencia entre ambas en cuanto las conocías. Tras un rato intentando hacer que vea las cosas de forma diferente y corrigiendo su comportamiento, las dos chicas se despiden del chico que poco a poco iba mejorando. En el camino de  regreso una sensación inunda a Annie, que clava sus ojos en el cielo y frunce el ceño. Se despide con rapidez de Alex y se dirige al apartamento de Zénobe, o más bien, su casa. Abre el portal y sube las escaleras. Ya sabía lo que pasaba. Podía ver su espalda moverse ante su respiración, su frente apoyada a la madera de la puerta principal, el pumpumpum de su corazón resonando con fuerza, como si por un momento tuviera miedo,

-Zeta..-Susurra despacio y cuando el chico se da la vuelta ella ya se encuentra entre sus brazos.

Y entonces la calma la inunda y lo arropa despacio, como a un niño que necesita protección. Besa su cabeza despacio, pasando a su frente y, a pesar de que siente como su cabeza reposa en su hombro, se las arregla para besar su mejilla y dejar ahí los labios apoyados.

-Menos mal que ya estás aquí, menos mal que estás bien...-Susurra y luego lo siente moverse, al tiempo que sus manos acarician sus mejillas y se funden en uno de esos besos que podrían congelar el mismísimo tiempo.

La chica lo abraza con fuerza y suspira con calma, sintiendo su corazón ir a mil por hora. Recuerda que la noche pasada no pudieron terminar la conversación sobre Meredith y teme que él esté nervioso por eso, o preocupado. Frunce los labios y abre la puerta, dejándolo pasar y cerrando tras de sí pero, antes de que se marche a ducharse, o a cambiarse de ropa, o a hacer cualquier cosa que quisiera hacer después de la tortura a la que había sido sometido, Annie se acerca, posándose justo frente a él y cuidadosamente aparta el cabello que cubre su frente, fijando sus ojos en él y susurrando:

-No quiero que te preocupes por nada,  ¿lo entiendes? Y no, Zeta... no me lo niegues. Escucho tu corazón bombeando como si fuera a salírsete del pecho. Quiero que estés tranquilo, y que sueltes cualquier cosa que te estés dejando dentro... Por favor, no lo retengas ahí..-Se pone de puntillas para besar su barbilla y luego frunce los labios, susurrando- Anda, ve... te prepararé un zumo de fresas. Te espero aquí abajo, ¿vale?

Le sonríe, esperando que esto le traiga algo de tranquilidad.

miércoles, 18 de junio de 2014

Bajo todas las miradas.

Zénobe.
La noche había caido en aquel lugar también, pero sin embargo no había tranquilidad. Todo lo contrario, aquellos ángeles que habían perdido el norte sentían que la oscuridad les brindaba seguridad y tranquilidad, se rendían ante ella y sus placeres capitales aumentaban y se dejaban llevar por todos los pecados cayendo en las tentaciones. Algunos gritaban con furia, otros parecían que iban a matarse entre ellos mientras los compañeros les animaban a cometer tales delitos, otros disfrutaban de actos sexuales sin vergüenza ni complejos, otros caían en chanchullos para obtener comida guiados por la gula.

Zénobe yacía en una esquina de la celda tranquilo, dormido, ajeno a todo lo que había más allá de los barrotes. Está sumergido en un sueño un tanto extraño. Se encuentra en un tipo de ecosistema donde no encuentra nada más allá del horizonte. Parece el último ser de la tierra, se gira sobre sus talones varias veces, pero no encuentra nada allí. Sin embargo, el sueño es un tanto extraño, pues siente la brisa en su piel, y piensa con total claridad. ¿Se supone que aquello era un tipo de sueño? Niega varias veces con la cabeza y echa a andar tranquilamente con las manos en los bolsillos, dejando que el aire despeine su flequillo. De pronto escucha unos pasos tras de si, se gira con rapidez y antes de que pueda reaccionar tiene a Annie entre sus brazos, y la abraza sorprendido. Puede abrazarla. Puede sentirla. Además huele a vainilla... Besa su pelo, y la estrecha con ternura.
-¿Annie? ¿Esto es real? -Pregunta confuso, y ella se separa un poco, mientras él la toma de las manos para poder sentirla mientras habla. Annie le cuenta todo lo que sabe, todo lo que ha podido saber por el arcangel y Zénobe escucha atento. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Salvar a Meredith? Eso era practicamente imposible en sus circustancias.
-No creo que pueda hacerlo... Está totalmente perdida. Por mucho que quisiera.. No se hacerlo, no se.. no se nisiquiera si quiero intentarlo.. Me siento tan cansado.. -Se lleva una mano libre al corto flequillo, y se lo echa hacia atras. -Annie... lo que pasó el otro día... No pasó nada más que un par de besos entre ella y yo. Me sentía solo por aquel entonces, pensé que no volvería a verte y no se, simplemente dejé llevarme. De verdad, lo siento mucho. No es algo de lo que me sienta orgulloso, y menos ahora que tú estás aqui.
Annie de pronto comienza a separarse de él, pero es él quien está retrocediendo hacia atras, como si una fuerza lo llevara hacia atras como un tipo de imán. La llama nervioso. ¿Qué está pasand...?

De pronto se despierta nervioso, más cansado que antes y se encuentra a Meredith tumbada a su lado, abrazándole mientras duerme. Este vuelve a gruñir por lo bajo y se libera de sus brazos, arrastrandose hasta el otro lado de la celda. Su aspecto es de cansancio, agotamiento, suspira, tapándose los ojos con las manos y frotándose estos. Necesita salir de ahí como sea. Ahora sabe que puede ser liberado, pero necesita comportarse, necesita que los superiores se den cuenta de que él no es un futuro caido.
De pronto, Meredith se despierta y se da cuenta de que Zénobe ha huido de ella. Se arrastra hasta donde él, murmurando en voz baja. 
-Zénobe... ¿Por qué no quieres nada conmigo? Venga.. estamos practicamente solos.. En este punto.. que más da todo. Ella ya no está aqui y no la vas a volver a ver. Ahora tienes algo mejor... Me tienes a mi. 
Zeta rueda los ojos y suspira, tratando de ignorarla hasta que ella lo vuelve a abrazar y este la aparta bruscamente. 
-¡BASTA YA MEREDITH! ¡NO QUIERO NADA CONTIGO! ¡ESTÁS OBSESIONADA! -Gruñe, levantándose del suelo y trata de relajarse masajeándose el puente de la nariz, bajando el tono de voz. -Quiero que te alejes de mi. No quiero saber nada de ti, estás perdiendo totalmente el rumbo de tu vida, vas a perder todo lo que la vida te ha dado, el placer y el privilegio de ser lo que somos. Lo vas a perder todo. Lo estás perdiendo ya. Mírate. Sólo hace falta verte a ti y a todos los que están en este lugar. 

De pronto, se escucha un tipo de relámpago que llama la atención de todos los presentes en aquella estancia. Zénobe alza la mirada al cielo pero los acontecimientos se van a dar más abajo, donde él se hospeda pues se acercan cuatro ángeles trajeados hacia la celda de ellos dos. Zeta se acerca a los barrotes sin tocarlos, observando como estos se acercan poco a poco, hasta estar practicamente frente a él. De pronto, uno de ellos lo agarra de la camisa llevándolo hacia delante, haciendole atravesar los barrotes y Meredith y los demás encarcelados se aferran a los barrotes como si hubieran desaparecido, pero para ellos siguen ahí y reciben una descarga electrica, mostrándoles que para ellos la sentencia sigue permanente.
Zénobe se encuentra custodiado por esos cuatro ángeles que le guian hacia el final de las filas de celdas y de pronto una luz cegadora los atrapa.
Se encuentra en un tipo de sala blanca, y un grupo de ángeles le observan. Está en un tipo de inspección. Uno de ellos se acerca firme, mostrándole una mesa metálica.
-Me llamo Isaac y mi objetivo va a ser hacerte una inspección. Tras esa inspección, si la pasas, entonces serás libre. No se te condenará ni se te impondrán cargos. 

Zénobe acepta y para la prueba tiene que quitarse practicamente toda la ropa menos la ropa interior. Se trata de una prueba de poderes y dones, para determinar que tipo de cualidades son predominantes en las personalidades de los ángeles. La última prueba es una simple inspección de alas. El color de las alas de un ángel totalmente puro es practicamente un blanco cegador a la luz del sol, sin embargo, cuando esa pureza disminuye el blanco se va desgastando hasta ser un blanco crudo, gris, o incluso negrizo. 
Zénobe es incapaz de poner ninguna excusa ante la prueba. Necesita salir de alli. Necesita volver a casa junto a ella. La prueba deja boquiabiertos a los presentes. Zénobe ha heredado las alas de su padre. Tiene un plumaje majestuoso e inmenso. Eso desata rumores y polémica entre las escalas del cielo, los ángeles superiores lo observarán con detenimiento a partir de ahora. Saben que si él lo desea o tan solo lo pidiera, podría ser uno de los pocos ángeles que han alcanzado el éxtasis máximo. Tras pasar un día en un tipo de sala de aislamiento, Zénobe ha tenido tiempo para pensar. Sabe que ahora ya no será uno más entre ellos, sabe que se hablará mucho de él. Incluso podrían tomarle como una amenaza.


El próximo día, Zénobe es llevado al bosque donde lo trajeron días pasados. Se despide allí con cierto rencor, y sin perder tiempo, se apresura cansado hacia su apartamento. Espera encontrarla allí. Por el camino, sin embargo, se encuentra con varias miradas, como si supieran ahora su secreto. ¿Qué estaba pasando? Se siente confuso, cada vez mas. Necesita saber de ella, necesita saber que está bien, si aquel sueño era real.. No encuentra las llaves, y llama a la puerta nervioso, suspirando, espera que esté allí.






 

martes, 17 de junio de 2014

Ilusión.

Annie.


    Desde el tejado la chica observa a los ángeles saliendo, dirigiéndose entre los callejones a un lugar apartado. Ella sigue la línea de los edificios con la mirada hasta ver como una luz cegadora (para cualquier que estuviera cerca) explotaba en una zona apartada de la sociedad. Frunce los labios y preocupada clava la vista en el cielo. Cuando le había dicho a Zénobe que se ocupara de ella no se refería a esa forma. Pasan los minutos y de alguna forma, también las horas. En plena madrugada Annie se pone en pie en el tejado y se retira de allí, tomando las calles hasta el apartamento, en donde entra y se queda con la espalda apoyada en la puerta. Se humedece los labios despacio, asegura el lugar y deja las llaves en una mesita, subiendo al piso de arriba para cambiarse y sentarse en la cama con los pies cruzados.
Ya era madrugada pero Annie no se había dormido; seguía esperándolo. De una u otra forma tenía la esperanza de que regresara esa noche. Pero él no lo hizo. Ninguna señal, ningún mensaje. Annie cae después de un rato, abrazada a la almohada de su ángel, como si por alguna casualidad eso le ayudara a tenerlo más cerca. A la mañana siguiente Annie se despierta bruscamente, con la respiración a mil por hora. Algo iba mal, podía sentirlo. Con rapidez se viste, toma las llaves y sale del apartamento, tomando las calles de la ciudad hasta llegar al pub. Estaba vacío, pero las luces estaban encendidas. Ella sabía que él iba a estar allí.
Sube las escaleras y cuando llega al Almacén se lo encuentra. El arcángel la mira, sorprendido.

-Annie, ¿qué haces..?

-¿Dónde está? ¡Dime! ¿Dónde está? ¡Algo va mal!-Dice la chica, dejando que el nerviosismo se note en su voz. El arcángel la mira desde su esquina, en donde se encuentra sentado y frunce los labios, respondiendo:

-Está con Meredith. Les han encerrado. No hay nada que pueda hacer...

-¡¡Claro que puedes hacer algo!! ¡¡Tú tienes voz allí arriba!! ¡Si alguien de los que nos encontramos aquí puede hacer algo, ese eres tú! Además, ¿por qué se le acusa? ¿¡por qué!?

-...por ahora. Escúchame bien. Zénobe está viviendo una ilusión, todos los que están en el sitio donde él se encuentra la viven, día a día. Es la forma que se tiene de comprobar si son verdaderos, si no se han rendido a la oscuridad. Son reales, todos y cada uno de ellos, muchos se han rendido hace tiempo ya y son los que primero serán expulsados. Zénobe se encuentra en una prisión con Meredith. Ella está...exageradamente lujuriosa y a él se le ha asignado su cuidado. Cuando la pare, y con esto me refiero a que ella deje de cometer uno de los pecados, las barreras desaparecerán y serán libres. Al menos él. Ahora, si se rinde... serán desterrados, los dos.

   Annie se queda en silencio, perpleja. Habían puesto a su ángel guardián en una prueba con Meredith. Algo se revuelve en su estómago y ella frunce el ceño, mirando al arcángel que se encuentra frente a ella y susurrando:

-¿Cuánto tiempo?

-Eso, Annie, depende de ellos.

  Con esa respuesta la chica se da la vuelta y se marcha, pensando en una buena manera de comunicarse con Zénobe. Mira al cielo; las nubes se pasean de un lado a otro, como si danzaran. La chica llega al apartamento antes de lo esperado y empieza a hacer tiempo; coloca alpiste para los pajarillos y les cambia el agua, pasa un rato con Tonca, la cual parece tan preocupada como ella, abre los armarios, intenta organizar algo pero Zeta ha dejado todo impecable. Se sienta en la cama y suspira, posando una mano sobre su frente y bajando la mirada. Entonces se echa atrás, dejando que la claridad le haga cerrar los ojos poco a poco. Y se queda allí, dormitando.. hasta que la luz se hace más fuerte y ella cae en un sueño espiritual, donde la primera persona que ve es a Zénobe, que la mira concernado. Ella echa a correr, refugiándose entre sus brazos, respirando su aroma suavemente.

Sentenciado.

Zénobe.
Cuando Annie soltó su mano ante el comentario de Meredith, un escalofrío recorrió su cuerpo. Sabía todo el poder que Annie llevaba consigo, Meredith no podía hacerle daño, pero ella podía hacerselo, y mucho más daño del que podía imaginar.
Tras las ofensivas palabras de la chica, Zénobe agacha la mirada. No es por una sensación de culpabilidad ni vergüenza, es más bien un sentimiento extraño. El arcangel las mira tenso y manteniendo el control del escaso contacto que hay entre ellas, aunque entre ambos cuerpos salían practicamente chispas.
Escasamente se llegan a tocar, como si fueran dos substancias de diferentes densidades, se limitan.
El arcangel dirige la mirada a Zénobe y este le devuelve la mirada. Tras las palabras de Meredith él también ha sido involucrado en el asunto. Y estaba metido hasta las trancas, debido a que los ángeles guardianes no debían ser más que eso, guardianes. Especialmente con sus protegidos. 

Zénobe había incumplido ya varias normas, el simple hecho de haber besado a ambas le dejaba entre la espada y la pared. De pronto la voz de Annie hace que vuelva en sí de sus pensamientos, pero sabe que se encuentra mal. Y sabe los motivos. No hacía falta ser un ángel para saberlos. Observa como se escapa entre la gente y sale por la puerta, sin dudarlo, la sigue y a escasos centímetros de la salida escucha su nombre en una voz firme y clara. 
-Zénobe. -Lo suficientemente alto para que se detenga, prensando los labios y dándose la vuelta con aire mas relajado que como está por dentro, pues sabe que después de las confesiones hacia su persona no van a dejarle irse así sin mas. -Ven. -Termina diciendo mientras Zeta se acerca al arcangel con el cual vivió parte de su infancia.

Sabe lo que va a pasar ahora. Lo sabe por que él abandonó la tierra terrenal para alcanzar el cielo cuando su padre iba a ser desterrado y condenado a ser caido antes de que se sentenciara la pena de muerte. El padre de Zénobe era un ángel extremadamente poderoso, sus alas eran blancas como perlas pero eran mucho más grandes que las de los demás ángeles, permitiéndole volar más allá de donde muchos podían permitirselo, pudiendo alcanzar sin problema alguno las zonas del cielo más peligrosas, donde se encontraban unos ángeles selectos que gobernaban y tomaban las decisiones. Allí estaban los mensajeros, los ángeles de guardia terrenal y sobre todo, los ángeles que ejecutaban las órdenes de la luz, quienes determinaban practicamente la vida de los humanos. Aquel lugar era inalcanzable para la mayoría de los ángeles y eso proporcionaba seguridad. El padre de Zénobe fue condenado a muerte por ese motivo, por que siendo angel caido, podía alcanzar las puertas de ese lugar y alterar el cosmos para darle vida al caos del universo. Zénobe habia heredado sus alas, las temía, hacía muchísimo que no quería saber de ellas, le resultaba realmente dificil mantenerlas ocultas tanto tiempo pero al verlas veía a su padre sentado en el porche de una casa llamándole con una voz desgarrada y fría. Si aquellos ángeles veían sus alas, pondrian toda la atención en él, apenas dejarían que se mezclara entre humanos para evitar las tentaciones de caer en los pecados más oscuros. Y él era feliz siendo aparentemente un humano.

Tras volver a mirar hacia la puerta donde Annie ha salido, se dirige hacia el arcangel que posa su mano sobre sus hombros y lo guía hasta una sala, entrando ellos dos mientras Meredith queda custodiada. Ambos se sientan en dos sillas separadas por una mesa, Zénobe escucha con atención aunque sus pensamientos ronden a Annie.
-Zénobe Yves.. No voy a juzgarte por tu vida privada. Pero sabes que tenemos ciertas normas. Sé que Annie y tú teneis un vínculo más allá de la protección que se te ha asignado. Tampoco voy a juzgarte por eso, lo haría si fuera humana. Sabes lo que pasaría si ella fuera humana. -Dice la última frase, con un tono cortante y tenso- Aun así debes ocuparte de Meredith, la luz en ella se está apagando y la oscuridad la está llenando por dentro a una velocidad muy rápida. No creo que tenga salvación pero se puede evitar que esa oscuridad se expanda a niveles mayores. Tú vas a ser el responsable de llevarla al cielo e informar a los superiores de su situación, ellos se haran cargo de ella y de su estado anímico. 
-Está bien.. Me ocuparé mañan.. -Antes de que Zénobe pueda acabar la frasd, el arcangel le interrumpe con un "Hoy" claro e indiscutible. Zeta asiente y se retira junto a él llevándose a Meredith junto con otros dos ángeles que la custodian hacia la parte de atras de la calle del pub, llevandosela consigo calle arriba hacia el bosque, ajenos a las miradas de humanos. Sin embargo, algunos de los ángeles de la reunión, especialmente algunos curiosos primerizos les siguen queriendo tratar de observar la escena. 
Zénobe camina preocupado y la angustia se hace dueño de él, el terror está presente en su mirada, no quiere ni puede desplegar sus alas frente a ellos.
Al llegar Meredith parece aún mas retorcida que antes, incluso ha perdido cierto brillo en la mirada, la situación es crítica para ella. 
-Zénobe. -Dice el arcangel desplegando las alas en el bosque junto con los otros dos ángeles. Su mirada ha bastado para que el joven comprenda que tiene que hacerse cargo de llevarla él, y para ello debe hacer aquello que tanto pánico le crea, pánico a ser descubierto y ser juzgado como un ángel superior apartir de ahora, con mucha más vigilancia y atención.
-Hmmm por fin voy a poder estar entre tus brazos cariño.. Espero que me  lagarres bien de donde quieras.. A ver si ne voy a escurrir.. -Dice Meredith cada vez más ida de su ser, impregnada por el pecado de la lujuria. Zénobe se lleva las manos a la cabeza y suspira mientras tres ángeles le miran atentos, haciendole saber que estan esperando y que tienen prisa.
Entonces Zénobe se da por vencido, les niega con la cabeza varias veces pues no puede desplegar sus alas ahí, ante ellos. Y los ángeles se toman esa negación de órdenes como una clara posición a favor de Meredith, como si tratara de protegerla a ella de su crudo final como ángel pura. Para el arcangel algo le hace dudar, Zénobe no suele actuar de esa manera y está ciertamente confuso, pero antes de alzar vuelo, transporta a ambos con un simple gesto de manos al mubdo angelical.


Luz. Zénobe abre un ojo con torpeza y una inmensa luz le ciega, confundiéndole. Se acaba de despertar y algo le rodea el cuerpo tocándole y acariciandole el torso, de pronto, nota unos labios besándole y se deja llevar en ese beso. "Annie" Piensa. Aun no es capaz de abrir los ojos pero esos labios carnosos le confuden, y se lleva las manos a los ojos frotándolos para poder despertarse. La realidad de Zénobe cambia por completo, lo vivido no era un sueño y no está en su piso, y sobre todo:  esos labios no eran Annie. 
Se aparta bruscamente de Meredith que aprobechó su sueño para acercarse a él y se levanta gruñendo, enfadado y tratando de controlar su ira hacia ella, respirando controladamente y levantandose rapidamente del suelo. De pronto lo ve. Se encuentran en el cielo, exactamente en la zona penitenciaria donde eran sentenciados los ángeles para bien o para mal. Una jaula de barrotes transparentes les rodea a ellos dos, sin embargo no estaban solos, habia mas jaulas o celdas con ángeles que parecían sacados de su ser, algunos trataban de matar a su compañero de celda, otros gritaban tratando de convencer a los guardianes de que les dejaran salir, había ángeles disfrutando del sexo sin vergüenza y naturalidad impregnados de lujuría y pecados capitales. La respiración de Zénobe se acelera más al posar las manos sobre los barrotes y recibir una descarga electrica que le hace apartarse y caer al suelo. Meredith acude donde él abrazandole y aprobechando su estado de confusion y desesperación para sentarse sobre él y besarle. Zenobe trata de apartarla con los brazos torpemente, quitandola de encima y jadeando gatea por la celda hasta los barrotes nuevamente, al borde de un ataque de pánico. Vuelve a tocarlos y una nueva descarga electrica le golpea el cuerpo lanzandole hacia atras cayendo al suelo. Meredith vuelve a acudir donde él, volviendo a besarle esta vez mas intenso, aprobechandose de su estado nuevamente mientras él trata de apartarla. Se siente debil. 
Jadea nervioso, llevandose las manos a la cara y murmura- ¿Cuanto tiempo llevamos aqui?..
-Un día, nos trajeron por la noche y enseguida anochecerá. Y tú y yo podremos hacer cosas malas.. -dice con voz sensual mientras acaricia el torso de Zénobe y este aparta su mano bruscamente antes de llegar lo suficientemente abajo como para cabrearle aun mas. Alza la mano apretando los dientes y Meredith en ese momento se asusta, la agarra por el cuello observando el miedo en los ojo de la joven por un momento hasta que la suelta tras casi gritar un "basta". Meredith se sienta en una esquina de la celda observando a los demás angeles proximamente caidos, y Zénobe murmura para su interior el nombre de Annie, cerrando los ojos, tratando de meterse en algún sueño.
Si sentencian a Zénobe por error como ángel caido le harán una inspección completa. Eso conlleva que sus alas sean expuestas a la luz y la condena no sería un destierro de el mundo de los ángeles, sino del mundo de la vida por temor a su poder.

Annie. Annie. Annie... -trata de llamarla, con desesperación, cerrando los ojos con fuerza y arqueando la espalda hacia delante dejandose caer al suelo, intentando colarse en el subsconsciente de Annie para que pueda contactar con ella.

La necesita.


Sobrepasando límites.

Annie.

    Cada vez que Meredith abría la boca Annie sentía como su sangre hervía en su interior pero se dejaba llevar por Zénobe, intentando no explotar ahí mismo. Había un límite para todo y sin duda ella lo había sobrepasado. El roce de su ángel, el hecho de que sujetara su mano hacía que tomara respiraciones más hondas. Annie sabía comportarse en casi todas las situaciones, pero era mejor no buscarla porque eso podría sacar lo peor de ella. La voz de la chica llama la atención de los ángeles que se encuentran alrededor de la galería, interrumpiéndolos y dejando ver en alguno de ellos, los que tenían más años sobre sus hombros, miradas de terror, confusión e incluso preocupación. Todos lo habían sentido, igual que Annie. La oscuridad se revolvía, ansiosa, dentro del alma de Meredith y aunque ninguno tuviera el poder para ver su aura, se sentía. Era como si un día soleado se tornara completamente negro, encapotado.
La última frase desborda el carácter apasiguado de Annie y la chica se escapa del agarre de Zénobe, deslizándose justo por su costado hasta quedar frente a Meredith, tan cerca que incluso se  tocaban. Meredith la superaba en altura debido a los tacones, pero Ann nunca se dejaba intimidar. Una sonrisa aparece en su rostro y ella ladea la cabeza, quedándose mirándola fijamente.

-Tienes un problema, uno grande. Y es mejor que lo trates antes de que empeore.

  Obtiene por respuesta algo que no esperaba, pero aún así mantiene la calma.

-Y tú tienes mis babas en tu boca y nadie te dice nada, ¿a qué sí, Zénobe? ¡Ya era hora! ¿Cómo sienta saber  que prácticamente me estás besando a mi? Qué asco. Y eso porque no conoces los detalles, ¿quieres saberlos? -Dirige su atención a Annie otra vez.

   Se mantiene indiferente, aunque la ha dejado en silencio. Sigue en calma, pero su cerebro se ha parado por un instante. Mira a uno de sus costados y de repente se encuentra con la vieja mirada del arcángel que manejaba todo aquello, el cual escrutaba a las dos jóvenes de una forma bastante dura. Las aparta despacio, aunque firme y dice:

- Esto termina aquí. Si tenéis ganas de luchar iros a la sala de entrenamiento que tendremos en el próximo almacén. -Meredith abre los labios para decir algo y se ve interrumpida- He dicho que ha terminado. Cada una por su lado y como os vea así otra vez, estáis expulsadas.

  Annie sabía que no era posible, no para ella, pero se queda en silencio, se da la vuelta y queda justo al lado de Zénobe, aunque esta vez no toma su mano. No está enfadada, sólo confusa. Sabe que Zénobe no tiene que contarle con quién, o por qué, ha tenido "contacto", pero el hecho de que Meredith la haya cogido por sorpresa la ha dejado fuera de lugar. Sube una mano a su rostro y se aparta el flequillo de la frente, susurrando.

- Necesito tomar el aire.. yo.. en fin, Zénobe.. - Lo mira, frunciendo los labios, dejando que él viera cuál era el problema en su mirada- Ocúpate de ella, por favor. Está yendo por donde no debe y tengo el presentimiento de que sólo va a escucharte a ti, o quizás a Eros. -Mira al chico de reojo y aunque ninguno parece muy contento con la idea, no se niegan-.. Estaré de vuelta en un rato.

Las escaleras la reciben y con ellas el sonido de la música, lo que hace que de repente le venga un fuerte dolor de cabeza. Ella gruñe despacio y sale al exterior, encontrándose con bajas temperaturas y un cielo encapotado, como su humor en ese momento. Ella suspira y se las arregla para llegar al tejado del edificio que queda justo al frente del pub, sentándose justo en el borde, dejando sus piernas caer. No puede observar las estrellas ni la Luna. Sólo hay oscuridad. El viento sopla con más fuerza allá arriba, despeinándola. Ella baja la mirada y frunce el ceño, dedicándose a darle vueltas a lo que escuchó anteriormente aunque sabe que no debería, no sin escuchar a su ángel primero.

lunes, 16 de junio de 2014

Provocaciones.

Zénobe.
Annie de pronto entra en la galería de fotos y proyecciones, Eros tampoco anda muy lejos, también atento a la escena. Zénobe la recibe posando su mano sobre su cintura, medio atrayendola a él, protegiendose y creando un vinculo entre ellos. Meredith parecía haber optado ya por un camino, no el mas facil ni el mas complicado, pero tal vez no el más acertado. Estaba desviándose de toda la luz que guiaba a los ángeles y se dirigía a paso calmado pero firme hacia un precipicio sin retorno.  Escucha la conversación no muy amistosa entre ambas chicas y suspira. Zénobe no podía atacar a ningún tipo de ser acaso de que fuera por defensa o protección si la vida de su protegida corría peligro o era maltratada. 
-Venga Annie vamonos, no tiene importancia.. -Dice Zeta en un susurro, tomandola de la mano y haciendola girar hacia él, caminando tan solo unos pasos por la galería hasta escuchar nuevamente la voz de Meredith, pero esta vez mucho más cerca.  Tan cerca que casi puede palpar su voz, ya queMeredith practicamente hablaba posando sus labios sobre el cuello de Zénobe.
-Vamos Zénobe... Conmigo vas a divertirte más.. -murmura lo suficientemente alto para que Annie tambien pueda escucharlo- Seguro que ella no te da todo lo que yo puedo darte.. Dime, ¿es tan floja en la cama como parece? -terminó por último Meredith. Sus palabras estaban llenas de prepotencia y tono sensual, estaba bastante clara de su objetivo y era testaruda y posesiva por lo que no se rendiría tan facilmente. 

Nota la respiración de Annie más acelerada y siente una presión en la mano que estrecha con ella. Apenas pasan unos segundos cuando ambas ya están medio enzarzadas en una discusión. Zénobe se mantiene en medio de ambas, creando una barrera entre Annie y Meredith. 
-Vamos pequeña.. No tienes lo que hay que tener para estar con un hombre. -Suelta Meredith cada vez con mas ganas de guerra, notando la presión cada vez mas fuerte de la mano de Annie contra la propia. 
-Meredith callate ya. -Suspira Zénobe tratando de mantener la paciencia y compostura. 
-Vamos Zénobe.. Sabes que yo puedo hacer cosas que te harían tocar el cielo... -Meredith de nuevo, pero esta vez aprobecha el tipo de barrera que ha creado Zénobe con su cuerpo para abrazar y manosear el costado que le corresponde.
Zénobe se retuerce resoplando, apartándose y volviendo a tirar de la mano de Annie para avanzar apenas unos escasos pasos. Es presente de la irritación y enfado de Annie, el cual parece aumentar por segundos. Vuelve a tirar de su mano hacia delante para salir de alli pero Meredith continúa con su actuación digna de una tragicomedia.
-Solo espero que pienses en mi cuando te la foll.. -Antes de terminar la frase, Zénobe toma aire casi en un jadeo pues trata de no perder los papeles, volviendo a tirar de la mano de Annie, pero esta se escurre entre sus dedos liberándose.

viernes, 13 de junio de 2014

"Porque ellos no necesitaban un nombre."

Annie.

         Y con los días, su amor se asentaba en su vida, sintiéndose seguro de permanecer allí, como debería haber sido desde el principio. El hilo rojo del destino los había unido bien, porque Annie sabía que no había ni habría nadie que pudiera llenarla como hacía y había hecho siempre Zénobe. Como un puzzle y sus piezas que encajan, dependiendo siempre la una de la otra para completarse. Como el cielo y el mar, siempre unidos en el horizonte. Como él y ella, dos almas destinadas a estar juntas.
Y se acostumbra. Se acostumbra rápido al olor a café por las mañanas, a la frescura y suavidez de su piel al dormir abrazados, a su voz que, melodiosa, la ayudaba a superar todos sus miedos. A sus formas, a su risa, a cómo apartaba su pelo de la frente cuando le molestaba, y cómo brillaban sus ojos cuando hablaban de un futuro juntos. Se había acostumbrado tan rápido a él que si los separaban otra vez no estaba segura de poder continuar. No sin sus besos y sus caricias, porque Zénobe se conocía a Annie como la palma de su mano, y juntaba sus lunares, formando constelaciones.

     El día había sido largo, aunque no tan agotador. Desde aquel beso de despedida se había pasado contando los minutos para volverlo a ver, aunque sabía que debía poner su atención en aquella persona que se había dejado llevar por la depresión. En una pequeña habitación de un apartamento de la ciudad, un alma rota se abre a Annie y la escucha, dejándose endulzar por su voz aterciopelada. Al final de ese caso ella logra una sonrisa y ésta hace que se sienta bien. Todo sea por ayudarles. La lucha entre el bien y el mal se remotaba a tiempos en los que ni siquiera el hombre había escrito y ahora ella la vivía cada día, a cada segundo. La oscuridad existía en ella, pero no la llenaba y cuando se sentía al borde, Annie pensaba en su ángel guardián. El día pasa rápido y cuando sus ojos azules se centran en el cielo, puede observar un hermoso atardecer lleno de colores cálidos, que se difuminan con un azul oscuro, dando paso a la noche.  Desde donde se encuentra puede observar la ciudad, llena de historias y secretos. Después de un rato se marcha, sabiendo que debe hacer algo antes de ir al pub.
Una pequeña habitación la recibe. Es un sótano en un almacén de la ciudad, en donde los vampiros se pasean como si nada. Muchos gruñen y la miran de reojo, conocen su reputación pero ninguno se atreve a tocarla. Annie era una Massey, y como Massey, tenía seres que la respaldaban. Tras su dosis de alimentación, que no solo la mantenía saludable física, sino también mentalmente, la chica sale lo más rápido de allí. Acorta por los callejones y tras un rato se encuentra con el portal, el cual abre con la llave que Zeta le ha dado. Sabe que no está allí, y se da una ducha rápida, vistiéndose tan sencilla como siempre y colocando una chaqueta por encima de sus hombros, sólo por si el tiempo se encaprichaba.

El Almacén está lleno de ángeles y ella sabe que ha llegado tarde, pero no ha podido acortar más el tiempo. Siente la presencia de Zeta en la habitación y una sonrisa se forma en sus labios, haciendo que sus mejillas se tornen a un tono rosa pálido, que hace contraste con su piel de porcelana. Lo busca en la habitación, dejándose llevar por su instinto y cuando lo encuentra algo la para justo frente a la escena que está presenciando. Zénobe está completamente cerrado, tenso y con la mandíbula apretada. Eros lo mira con preocupación. Meredith se muerde el labio inferior despacio, echándose a reír al sentir la presencia de Annie.

-No se lo has dicho, ¿verdad? ¡No se lo has dicho! ¡Viva la confianza!

Annie se acerca despacio, sintiendo un escalofrío al sentir la oscuridad emergiendo en el alma pura de Meredith. Posa una mano en la espalda de Zénobe y presiona despacio, haciéndole saber que está a su lado y de su parte. Esa iba a ser siempre su posición. Eros gruñe ante la actitud de Meredith y dice:

-Tienes que parar esto, Mere..

-¡NO! ¿Por qué debería? ¿No era que entre parejas no existían secretos? ¿O es que no son parejas? ¡Mejor! ¡Más para mi!

Annie gruñe, dando un paso por delante de Zénobe y colocándose delante de la chica, susurrando:

- Es mejor que pares. Necesitas ayuda. Lo digo enserio. Deja de amenazar con cosas sin sentido y, ¡eh! Ponle una mano encima y ya no seré tan educada.