viernes, 27 de junio de 2014

"El sitio perfecto."

Annie.

    A pesar de disfrutar de  la compañía de Zénobe, del paisaje, las bromas, las miradas de reojo... La chica llega a caer en un estado somnoliento después de unas horas, tras una parada en una gasolinera en medio de la nada. Sus ojos azules se cerraron a pesar de su lucha por mantenerse despierta; quería esperar a que Zeta se sintiera cansado también para irse a dormir con él. El sueño es completamente negro, lo que le permite dormir de forma plena y tranquila, sin pesadillas ni interrupciones. En cuanto el primer rayo de Sol alumbra el nuevo día, aquellos ojos claros se abren otra vez y Ann observa el lugar, siempre a la espera de algo peligroso. Pero fuera no hay nada más que un pequeño bosque y in verdor que sorprendería a cualquiera. Echa la cabeza a un lado y observa a Zénobe dormir por un rato, encontrando tranquilidad en sus facciones, por lo que supone que está durmiendo bien también. Tonca se despierta y la mira desde su regazo, haciéndole saber que necesita un poco más de espacio.
   En cuanto abre la puerta del coche la humedad del ambiente la recibe, casi golpeándola. Cierra la puerta con cuidado y lo más rápido posible para mantener la temperatura, y entonces empieza a andar. Le sorprende el tono de verde que abunda en el lugar; esperanza. Una sonrisa se dibuja en sus labios al ver a su mascota jugueteando entre los árboles y entonces se queda seria, frunciendo el ceño. No había visto ni escuchado a Zénobe hablar sobre Rufus, su pequeño dragón, pero suponía que su ángel mantenía un ojo en el animalillo. Algo le atrapa ppr detrás, pero antes de que pueda reaccionar de una forma brusca su esencia le tranquiliza. Con una sonrisa Annie le da los buenos días, dándose la vuelta al escuchar lo que dice, siguiendo sus pasos de forma sigilosa y, antes de que abra la puerta del coche, echa a correr y lo abraza por detrás, juntando sus dos manos en su torso. Su mejilla se acomoda entre sus omóplatos voy por unos segundos ella se queda así, balanceándose despacio como si de un baile lento se tratase, entonces besa su espalda, sonríe  y deja que siga su camino al asiento delantero del coche.
Tonca la espera fuera de su lado del vehículo. Annie abre la puerta y la deja entrar, sentándose tras ella. Mira a Zeta de reojo y entonces susurra:

-No te apresures, primero lo primero. Tienes que desayunar, ¿o crees que voy a dejarte conducir sin nada en el estómago?-Lo mira con las cejas alzadas y frunce los labios, sonriendo sin poderlo evitar al ver como él lo hace también.

  El viaje avanza más rápido y en unas horas, tras desayunar en una gasolinera, se encuentran con un pequeño pueblo que llamaba la atención a los dos, pero sobre todo a Zénobe. Hacen algunos trámites y observan las casas en venta y renta que están disponibles, encontrando una que les venía a los dos a la perfección; espaciosa, cerca del bosque, fresca y coin colores claros. Cuando una amigable señora, la encargada de la casa donde se encontraban, se marcha, Annie se recorre las habitaciones otra vez, como si fuera una niña pequeña. Le ayuda a bajar las maletas y a colocar algunas cosas. Las horas pasan y la temperatura baja tanto que puede ver a su ángel con in abrigo, encendiendo el fuego. Se le acerca por detrás, abrazándolo como hizo en la mañana, esta vez posando su barbilla sobre su hombro, mientras observa las llamas justo frente a ellos:

-¿Tienes frío?- Le susurra, sonriendo después. creo que hemos encontrado el sitio perfecto.

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