viernes, 31 de mayo de 2013

"En la búsqueda de algo que no quiere admitir que está buscando."

Annie.

La subida del ascensor había sido lenta, pero la había ayudado a tomar aire y relajarse. ¿Cómo era posible que se encontraran en el aeropuerto y ahora en el mismo motel? ¿Qué iba a ser lo siguiente? Se sentía vacía, completamente, pero no negaba el hecho de estar enfadada con aquel hermoso ángel que la había cautivado. Enfadada y dolida. La había abandonado y lo había hecho sin reparo alguno, sin dejar siquiera una nota de despedida. Cuando las puertas vuelven a abrirse, Annie se da cuenta de que el último piso está completamente vacío. Tiene dos habitaciones, las cuales son buhardillas y ocupan la mayor parte del espacio, siendo así los cuartos más grandes del motel. Se apresura y camina por el pasillo, dejando su maleta y abriendo la puerta, que con un chirrido le da la bienvenida a lo que sería su nuevo escondite. Cierra tras entrar y observa el lugar; dos ventanas, una cama ancha y al parecer, cómoda, un minibar, un baño, un armario y una tele con dvd y cable. Lo suficiente y no demasiado lujoso, como ella prefería. Se acerca al baño y tras unos minutos se encuentra totalmente limpia, ha podido despejar su mente y tomar una decisión; sea lo que sea que haga, por mucho que se lo cruce, no va a entablar ningún tipo de conversación, ni una mirada, nada. Sería invisible para él, como si no estuviese allí. Al fin y al cabo, el muchacho se había acostumbrado a su ausencia bastante rápido, por no decir que la buscó.
Tras poner su ropa en su lugar y colocar la maleta vacía bajo la cama, Annie se da el lujo de tirarse sobre esta, sintiendo como su espalda se acomoda sobre el colchón y siente una relajante sensación de reposo. El viaje había sido estresante y agotador, lleno de bruscos movimientos por la ventolera. Y todo lo demás... -"No Annie, no pienses"- grita su cabeza, como si por un momento fuese a hacerle caso. Frunce los labios y termina por abrir la ventana que queda justo a su lado, acomodando su rostro de porcelana sobre la almohada y viendo la lluvia caer, escuchando la melodía que crea al chocar sobre las ramas de los árboles, haciendo del lugar un sitio mágico. Siempre había apreciado ese tipo de cosas, detalles que nadie se paraba a contemplar. Un suspiro y la chica se levanta con pesar, arrastrando sus pies descalzos hasta la puerta y abriéndola suavemente. "Quizá debería bajar a buscar algo".-vuelve a pensar. ¿Algo? ¿Qué es algo? No lo sabe, pero simplemente, necesita salir de entre aquellas cuatro paredes. Esta vez toma las escaleras. Parece haber olvidado que Zénobe anda paseándose por los mismos pasillos que ella, en su mismo motel, en su mismo espacio. Mete las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos y, al llegar al final de la escalera unas risotadas la sorprenden. Un grupo de desaliñados hombres clava la mirada en ella. Sí, era cierto que era hermosa y llamaba la atención, pero odiaba que la miraran como si fuera un objeto. Y eso era lo que estaban haciendo. La examinaban y estudiaban lentamente con los ojos, por lo que Annie esbozó una mueca de asco y dio un paso, intentando seguir su camino. Se ve bloqueada por aquellos voluminosos cuerpos y de repente las risotadas vuelven a hacerle caer de que, de esta, va a ser dificil escaparse. Su voz resuena entre la multitud y dice, amablemente:
-Dejadme pasar, por favor.
En respuesta, otra risa. Annie hace una mueca y de repente, se ve haciendo fuerza. Le doblan el tamaño y sin embargo, la chica prefiere hablar antes que ir por las malas. La sensación de que él estuviera cerca vuelve a inundarla. "No, no, no, no, NO". No podía verlo de nuevo. Así que ya, casi cuando el mal humor se ha apoderado de su paciencia, se abre paso entre los hombres y uno de ellos agarra su brazo, lo que la hace quedarse quieta y volverse con rapidez, estrellando su mano en su mejilla, haciendo que quede mirando a la pared.
-Nunca, NUNCA más te atrevas a  tocarme.
Dice en tono tajante, volviendo la vista al frente y encontrándose con él. Otra vez. Un vaso de alcohol y las llaves en la otra mano. Annie hace una mueca y sigue su camino, pasando por su lado con la vista clavada en el suelo, sin intensión de mirarle siquiera. Al parecer, eso era lo mejor que podía hacer. Al final del pasillo; el ascensor. Pulsa el botón, esperando ansiosa a que llegue lo más rápido posible.

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