jueves, 30 de mayo de 2013

Su ángel guardián.

 Annie. 
El viaje había sido largo y demasiado lento para su gusto; aquellos asientos habían terminado por quedarle demasiado pequeños y la incomodidad iba en aumento. ¡Luego le preguntaban por qué se estresaba tanto en aquellos viajes! Todo había sido demasiado rápido, le habían avisado de una emergencia y no había tenido tiempo siquiera de pensar; vidas humanas seguían en riesgo mientras aquellas almas oscuras amenazabaan con provocar el verdadero apocalipsis en la Tierra. Y Annie no podía permitir algo así. El retumbeo del avión anunciaba el aterrizaje y la muchacha de cabellos oscuros, tan largos y brillantes como siempre, se da prisa para desabrocharse el cinturón y poder salir la primera de entre todos los que estarían igual de impacientes que ella. No sabía porqué, simplemente quería salir de allí. Uno, dos, tres pasos. La puerta da camino a una entrada y de repente se ve tomando sus propias maletas. Pero... ¿Qué es esa sensación? Annie se queda quieta y mira a su alrededor por un minuto, frunciendo el ceño, como si estuviese esperando algo. Conocía ese perfume. Conocía esa esencia. Su mirada viaja a la pantalla que anuncia las entradas y salidas de vuelos aquella noche; ninguno conocido. Nadie iba a llegar al mismo tiempo que ella. Respira hondo y se dice a sí misma que sería una coincidencia. Quizá alguien que salvó, quizá... la verdad se sentía como alguien que la había marcado y luego había desaparecido. Alguien que se marchó hace mucho, mucho tiempo. Sus pies siguen su camino, viendo como las puertas se abren y atraviesa todo el lugar hasta sentir como el aire de la ciudad la golpea, revolviendo su melena morena. Y allí estaba, mirándola desde la acera. Alex. A Annie le habían asignado dos ángeles guardianes; Zénobe y Alex. La chica de cabellos rosas se abalanza entre risas y se tira a los brazos de su amiga, pero mucho antes, casi parece gritar:
-¡¡ANNIE!!
Su propia risotada la acompaña, rodeándola con los brazos con cierta fuerza. Era ella quién se había encargado de encontrarle un lugar en la ciudad, una pequeña buhardilla que ahora podía llamar "suya". También había sido quién la había mandado a aquella misión del otro lado del mundo. En un momento, Alex deja de reír y se queda completamente quieta, dejando a Annie de espaldas a la calle. Clava sus ojos morados en aquella espalda, como si lo conociera. Al mismo tiempo, Annie vuelve a sentir esa extraña sensación. Hay alguien allí. Suelta suavemente su abrazo y sigue la mirada de su amiga, frunciendo el ceño. Parecía una persona a la que había conocido. Parecía... parecía él. Pero después de tanto tiempo buscándolo..¿iba a aparecer así, de la nada? Lo dudaba. El muchacho parece moverse, mientras Alex toma el brazo de Annie y empieza a tirar de ella, como si quisiera llevársela de allí. La chica no se mueve apenas, solo arrastra esa maleta ante un suave movimiento. Y de repente... unos ojos azules se encuentran con los suyos y el mundo se le cae a los pies. Es él. Zénobe. Deja escapar un grito ahogado y se queda ahí, de pie, inmóvil entre tanta gente, entre tantas risotadas, entre tantos llantos. El mundo ha dejado de existir. Ahí está su ángel guardián.
-¿Ann?- Dice Alex, pero la chica ya no le escucha.

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