Zénobe.
-¡Zeta tienes fans por aquí atrás! -Reían los colegas de oficio del joven muchacho en la parte trasera del avión, pues bromeaban con uno de sus compañeros, que vestido con una peluca imitaba con guasa a una de las azafatas. -Eres un payaso... -Rio también Zénobe al verlo, llevándose las manos a la cara medio avergonzado. La verdad es que las azafatas parecían platonicamente enamoradas de él, no dejaba lugar a dudas que sus facciones parecían dibujadas y talladas al milímetro por el mismo Adonis. Había madurado, tanto en carácter como fisicamente, dejó atrás aquel chavalín de melena descuidada, sonrisa infantil y tez pálida. Estaba más moreno, tenia pecas del sol por la respingona nariz y llevaba el pelo corto, aunque siempre con unos mechoncillos juguetones de veinteañero cayéndole por la frente, que dejaba resbalar entre los dedos colocándolos hacia atrás, para que pudiera ver con más facilidad.
-¡Zeta tienes fans por aquí atrás! -Reían los colegas de oficio del joven muchacho en la parte trasera del avión, pues bromeaban con uno de sus compañeros, que vestido con una peluca imitaba con guasa a una de las azafatas. -Eres un payaso... -Rio también Zénobe al verlo, llevándose las manos a la cara medio avergonzado. La verdad es que las azafatas parecían platonicamente enamoradas de él, no dejaba lugar a dudas que sus facciones parecían dibujadas y talladas al milímetro por el mismo Adonis. Había madurado, tanto en carácter como fisicamente, dejó atrás aquel chavalín de melena descuidada, sonrisa infantil y tez pálida. Estaba más moreno, tenia pecas del sol por la respingona nariz y llevaba el pelo corto, aunque siempre con unos mechoncillos juguetones de veinteañero cayéndole por la frente, que dejaba resbalar entre los dedos colocándolos hacia atrás, para que pudiera ver con más facilidad.
La
vida de Zénobe había dado muchas vueltas desde la última vez que
decidió marcharse, nunca rebelaría el secreto del porqué de su
repentina ida, ni por que dejó atrás a todo eso que tanto amaba.
Hasta para los colegas de Zeta, su pasado era un misterio, y por
mucho que decidiera contarles la verdad, siempre tendría que ignorar
algunos cuantos detalles como que no se trataba de un simple humano.
Somalia
había quedado arrasada después de aquel catastrófico tsunami a
mediados de septiembre, y cientos de soldados y misioneros fueron
enviados a su costa para poder ayudar a los más necesitados,
entre ellos, Zénobe. Había aprendido sobre la vida después de
casi nueve meses de aventuras y misiones, y se traía consigo
recuerdos y una morriña que tardaría en despegarse, recordaba cada uno de
los rostros de los pequeños alumnos de la escuela donde ayudaba, el
cariño que estos le daban y como llenaban su vida de sonrisas e
historias del poblado. Lo más importante, fue que Somalia le ayudó
a olvidar.
Tras
unas cuantas horas de viaje, el piloto anunciaba por megafonía la
llegada a Ronald Reagan Washington National Airport y los héroes
anónimos bajaban del avión. La recogida de maletas fue breve, entre
risas y vaciles, los jóvenes muchachos se reunían con sus familias
y novias. Zeta sintió un vacío en su interior, desconocido, un
vacío que llevaba tiempo sin salir a la luz. No había nadie
esperando su llegada. Se despidió él también de sus compañeros
con la escusa de que su familia le estaba esperando en casa con
abrazos y calor familiar, sin embargo, todo aquello que él conocía
por familia se resumía en un motel donde pasaría las noches hasta
encontrar una casa y la compañía de un minibar. Se colocó la
bolsa de viaje al hombro y la maleta de ruedas en una mano, parecía
que la camiseta le quedaba un tanto estrecha cuando se estiraba, ya
que seguía manteniendo esa marcada musculatura. Salió del
aeropuerto entre la gente, sonriendo a sus compañeros que al igual
que él, vestían con un uniforme desinformal de la armada, de verde
militar y camiseta blanca, preparado para comenzar lo que iba a ser
otra etapa de su vida. ¿Qué aventuras le esperarían? Lo primordial
era encontrar una vivienda, y a ser posible un trabajo...
-¡Nos
vemos el viernes en la cena Zeta! -Gritó desde el coche en marcha
uno de sus compañeros de viaje, el que se había convertido en su
nuevo mejor amigo, Rayan. Zénobe volvió en si y sonrió asintiendo
con esa blanquecina sonrisa. -Putos taxis.. -Murmura buscando un taxi
con la mirada, que lo pueda llevar a un hotel.
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