Zénobe.
Había comenzado a llover y resopló con cierto aire de desesperación, buscando entre cabezas de gente y maletas un taxi libre. -Como no me de prisa, voy a tener que recurrir a...-Piensa para si y encoge la espalda, sus omoplatos, donde marcadas tiene el nacimiento de su marca de ángel, negando, pues su último recurso sería tener que recurrir a utilizar esas alas que hace tanto que no despliega, por motivos que él tan sólo conoce, por recuerdos que pretende dejar atras antes de que acaben por roer su alma. Se incorpora y decide avanzar entre la gente, escurriendose entre los cuerpos con ligereza, como un camarero por su restaurante, esquivando por allí y por allá a críos jugueteando y a despistadas madres que en busca de sus hijos, desean alcanzarlos en desesperados intentos.
De pronto un aroma familiar. Algo ha llamado su atención, tal vez un rostro conocido entre tanta gente o alucinaciones de el hambre que trae consigo mismo. Camina, cada vez se aleja más, llegando hasta el estacionamiento de taxis. Tras hacer un gesto de cabeza, tan comun en él, el taxista se le aproxima ayudando a cargar las maletas en el maletero, no es tarea fácil pues están repletas de ropa. -¡Madre mía chico! ¡Si no fuera por el uniforme juraría que vienes de una luna de miel! -Comenta el taxista, y Zeta se limita a sonreir musitando en un tono de voz bajo pero firme- Me he traido un par de recuerdos del viaje. -Añade. -Seguro que tu familia está deseando verlos, dime, ¿A dónde te llevo, joven? -Pregunta el taxista. Zénobe vuelve a sentir esa punzada de vacío en su interior, suspira y se sienta en el asiento de atras del taxi, con su equipaje de mano en el regazo, perfilando el asa de hilo con uno de los dedos, dirigiendo la vista a la ventanilla, dejandola perdida entre los rostros de la gente. Cuando el conductor se dispone a arrancar, pregunta con cierto tono neutral- ¿Cual es el hotel más cercano? -El taxista se limita a contestar, parece que ha entendido que el cliente no quiere preguntas, cree que está demasiado cansado del viaje y se centra en su trabajo profesionalmente- Hay un hotel a un par de kilometros de aqui, cerca de un pequeño pueblo, la verdad es que es muy acogedor y el hotel es una maravilla, mi mujer trabajo allí un par de años y... -El taxista carraspea, volviendo al hilo de la conversación- ¿Te llevo allí entonces? -Zénobe asiente y le da las gracias, distraido en observar el cielo, como las nubes se apoderan de el sol que se esconde entre las colinas. De pronto se sobresalta, incorporandose en el asiento y tragando saliva- ¿¡QUE!? -Grita en su interior, intenta negar lo que acaba de ver, pero juraría que había vuelto a ver ese rostro tan familiar entre la multitud del aeropuerto, cree que delira, al fin y al cabo, Annie fue protagonista de mil y un sueños y pesadillas en Somalia, y no le extraña nada volver a verla en una fantasía en su lugar actual. Se pasa la mano por la frente, volviendo a llevarse el flequillo hacia atras, confuso y con ganas de darle un buen tiento al minibar, sin saber que lo que realmente le espera y verá, no serán alucinaciones provocadas por el alcohol.
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