sábado, 31 de mayo de 2014

"This time, it´s not about angels.´"

Annie.

     Una pequeña curvatura en sus labios deja ver la pequeña mueca que Annie ha dibujado al ver como Zénobe aparta la mirada, suspirando de forma honda y un poco confusa. ¿Qué se supone que debería hacer? La última vez que le había visto ella había perdido en control, se había dejado llevar por el dulce aroma de su sangre.. "Para, de verdad. Tienes que pensar en otra cosa. Si sigues echándote todo encima va a ser imposible que vuelvas a ser quién eras" . Escucha sus pasos alejarse y muerde su labio inferior para hacer que deje de temblar. El hecho de tenerlo tan cerca y no poder hacer nada la estaba matando. Empezaba a pensar que realmente había perdido a una de las personas más importantes de su vida, a aquel amor que nunca moría y siempre la había mantenido en pie. Siente una mirada clavada en ella y cuando se gira, la chica que acompaña a Zénobe la está observando, como queriendo recordarle que no puede acercarse más de lo debido. ¿Quién era, y a qué se debía su obsesión? Era gracioso, ya que si Annie quisiera acercarse, lo haria. No había quién podía mantener a aquellas dos almas perdidas alejadas, y menos cuando, al parecer, el destino volvía a juntarlas...

Tras un rato de distracción en el Almacén, enseñando algunos movimientos y tácticas para una defensiva, Annie baja las escaleras despacio, repartiendo cordiales sonrisas a aquellos con los que se cruzaba. Todos los ángeles se sentían emocionados debido a la nueva distracción o más bien, la nueva "clase". Muchos de ellos no habían sido entrenados de forma correcta para una batalla que podría desarrollarse en cualquier momento, en cualquier lugar... y cuando la oscuridad está tan cerca, no se puede perder el tiempo. Algunas personas habían cambiado la opinión con las que se habían quedado la semana pasada, casi creyendo los rumores sobre "la luz".  El ruido de las voces de los humanos hace que vuelva al mundo real y frunza el ceño, respirando hondo: tiene que llenarse de valor e ir a hablar con él. Debía decirle la verdad. Debía decirle que lo sentía, que lo había echado de menos, que... Recorre el lugar con la mirada, a pesar de que está lleno de gente... y ahí está. Su espalda se curva tensa, mientras que parece apoyar su peso en la barra de madera y, enfrente de él, Marcos. Ella hace otra mueca y echa a andar, evitando las conversaciones y parece llegar en el momento exacto:

-Te he visto entrar al Almacén, ¿sabes..? Sé lo que soi...

-Y tú no escuchas y te vas a meter en un buen problema. -Los brazos de Annie se cruzan en su pecho, mientras que Marcos da un salto y se queda mirándola, o más bien, examinándola, sorprendido. Él no era más que un humano (demasiado curioso para el gusto de Ann, pero aún asi, una buena persona)  - Deberías escucharme de vez en cuando, antes de que algo malo te pase, ¿sabes?

- ¡Annie! - Una sonrisa alumbra su rostro tras escucharla. - Luces distinta, ¿te has..?

- Y tú estás cambiando de tema, Marcos. Enserio, tienes que parar. - Ciertamente lucía distinta, pero ese no era el caso. Marcos había notado que ella se había alimentado, y de una forma u otra parecía que aquello hacía al chico sentirse mejor, o más bien, menos preocupado. - Lo de siempre, por favor.

- ¡Marchando!

Cuando el chico le da la espalda Annie se humedece los labios, mirando a Zénobe de reojo. Estira la mano, toma una servilleta y la acerca a sí misma, buscando un bolígrafo con la mirada y cuando lo encuentra (unos centímetros más allá), lo toma. Entonces su mano se mueve despacio, dobla la servilleta y la desliza hasta que se topa con el vaso de alcohol que Zénobe sigue sujetando como si se le fuera la vida en ello.

"El parque del reloj, en cuanto la siguiente canción suene."

Recibe la bebida que Marcos le brinda y asiente despacio, dedicándole una sonrisa para luego beber de golpe lo que tenía frente suyo. Su garganta quema otra vez. Entonces, una nueva canción empieza. La chica se levanta despacio, dejando restos de su aroma en el aire y se dirige a las escaleras que la llevarán al callejón, desapareciendo en la oscuridad.

El parque se encontraba desierto, y ella casi podía sentir el vacío dentro de sí misma. A pesar de que se había alimentado Annie seguía sintiéndose culpable, seguía sintiendo aquellas palabras como balas, atravesándola. Su rostro escruta la oscuridad cuando escucha unos pasos acercarse, tensándose completamente. ¿Zeta? Dice en su interior, como si por alguna casualidad él pudiera escucharle todavía.


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