sábado, 31 de mayo de 2014

"Lo siento."

Annie. 

Sus estrellas estaban allí, tan impresionantes como siempre. Casi como si pudiera leerlas, la chica se concentra en ellas, sintiendo cada vez más cerca los pasos de Zénobe, aunque esta vez...el sonido cambia. Pumpumpumpum. Ella baja la mirada despacio, clavándola en el suelo. Está nervioso, y lo sabe por la melodía de su pulso acelerado. Cuando su voz suena la muchacha siente un escalofrío recorrerla y en ese instante clava su mirada azulada en él, asintiendo cuando dice que ha recibido la nota. ¿Acaso dudaba que era para él? Una vez más en la noche, siente sus dientes morder su labio inferior, el cual tiembla de forma repetitiva. Entonces, tras un largo suspiro parece decidirse. Deja que su cuerpo se mueva solo y se acerca a Zénobe, dejando una corta distancia entre ellos. En ese instante sólo le observa, centrándose en cada uno de los detalles que se había perdido en un año. El filo que había tomado su mandíbula, el nuevo corte de pelo, aquel mechón que, travieso, jugueteaba con el aire frío en su frente, y sus ojos, oh, aquellos ojos azules que se encontraban demasiado tristes como para que ella no se sintiera responsable. Aquellos ojos que dejaban ver toda la nobleza que Zénobe poseía en su alma. Desde el momento en el que había entrado en su vida la había salvado. Había alejado sus demonios y la había hecho entrar en razón, guiándola por un camino diferente. Y ella se había dejado llevar por él porque... ¿cómo no hacerlo? ¿Cómo no dejarse llevar si su amor era mucho más grande que cualquier universo?
Traga saliva y entrecierra los ojos, entonces susurra:

- Lo siento, Zeta.

Y se refería a todo. Al hecho de no haber podido ser lo suficientemente fuerte, a haberse dejado ganar por inseguridades, por aquellos que no lo merecían. Por parecer que se habia rendido cuando también luchaba  contra sí misma.  Por la última noche, por su ataque, por su sed, por la forma en la que lo trató, sin decir palabras, sólo actos llevados por impulsos. Levanta la mirada y se fija en su cuello, el cual muestra una pequeña sombra en donde sus manos habían apretado la semana pasada. Traga saliva, volviendo a sentirse culpable. Pero... ¿cómo decirle que ha estado ahí en cada momento? ¿Cómo expresar con palabras lo que le ha echado en falta? Entonces camina, llenándose de valor y en un momento se encuentra abrazándole, dejando que sus manos se posen en su nuca y enreden levemente sus mechones entre sus dedos. Una vez más, su perfume la embriaga y por unos segundos cierra los ojos y se inunda del anterior, aguantando la respiración por un momento.

Las lágrimas se deslizan suavemente por sus mejillas, y ella puede sentir como sus pestañas rozan su piel, húmedas. Lo suelta un poco, ya que realmente no sabe si se encuentra cómodo, pero antes de dar un paso atrás, pone ambas manos sobre sus mejillas y lo mira a los ojos, dejando que después de tanto tiempo, alguien viera detrás de la muralla de hielo que había hecho a su alrededor.

- Sabes..sa..sabes que preferiría hacerme daño a mi misma antes que tocarte, Zénobe... Lo siento, lo siento, mi ángel, lo siento.. -Susurra con voz rota.

Da un paso atrás e inmediatamente le da la espalda, intentando calmarse. Segundo dia que le ve y ya está en el suelo. Su respiración vuelve a cortarse y ella agacha la cabeza, intentando acallar su propio llanto, pero no puede dejar de susurrar que lo siente, que la perdone por haberle hecho pasar por eso.

-Lo siento, Zeta... -No podía sentirse más pequeña, y más rota.- Te he echado de menos..

Lo suelta sin darse cuenta, pero sin arrepentirse. Es algo que le ha salido completamente del alma, y espera que él pueda creerle.

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