sábado, 31 de mayo de 2014

Como las primaveras..

Zénobe.

Zénobe tenía en su memoria una selección de sensaciones que no cambiaría por nada. Una de ellas, era el tacto de las hojas de trigal entre sus dedos, le gustaba ir al campo tan solo a pasear entre los trigales y rozar las yemas de los dedos entre los ramizales. Otra, era el tacto de las escamas de los peces, incluso en ocasiones se pasaba por las pescaderías para tocar de forma furtiva el pescado recién traido, era una sensación agradable a favor, pero a la contra las escamas se volvían lijas, y eso le producía una sensación de tranquilidad absoluta. Pero entre todas esas variedades de tactos estaba el suyo, el de Annie. El de su piel. No hacía falta tocarla, tan sólo sentirla cerca, sentirla junto a él. Era para él un tipo de vicio que le encantaba, siempre disfrutó acariciando su piel, jugando a besar las delicadas pecas de sus mejillas, especialmente cuando se tornaban rosadas por el sol, como las flores de cerezo en primavera. 

En un instante se siente abrazado por ella, tan pequeña a comparación de su cuerpo, se deja abrazar pero no reacciona, se limita a intentar mantener la compostura y escucha sus palabras... Trata de estar tenso. Zénobe es un romántico de los que no quedan, se deja llevar siempre por los sentimientos que en ocasiones resulta ser ingenuo. Alza ligeramente los brazos como para cerrar ese abrazo, pero de pronto ella se aparta.. 
Se aparta y se aleja.. Zénobe se arrepiente de no haber sido algo más rápido esta vez. Y a pesar de observala, concentra casi toda la atención en que no se le parta el alma al verla así.. Zénobe, Zénobe, Zénobe... dice una voz en su interior, como medio regañándole con ternura, tal y como solía hacer su padre cuando era un crío siempre que pillaba a este metiendo la mano en la lata de las galletas. 

Pero sus palabras le derriten poco a poco el corazón, es debil y no puede hacer nada para cambiar eso. Escucha su sollozo y acude a este firme y fiel, tomándola con cuidado con la cintura e incorporándola de nuevo junto a él, pegándola a él, abrazándola por la espalda y apoyando el rostro en su hombro. Su respiración es algo agitada y le tiembla el pulso, ella lo nota, pero eso no le impide hacerla girar sobre sus talones y alzarla hasta posarla sobre sus pies, dejándola sobre los zapatos de este para que la diferencia de altura sea menor, y la abraza, tratando de ignorar el "No tienes remedio.." de su interior, pues nadie mejor que él sabe que por mucho que esta pudiera hacerle, estaría con ella como si fuera un tipo de hechizo que no le dejara alejarse. Tan sólo se iría si esta se lo pidiese. Y se iría lejos, se aseguraría de cambiar de continente, cambiar de aires, incluso, cambiar de mundo si fuera necesario.

Una ráfaga de aire frío recorre los cuerpos de estos, y él la estrecha con suavidad contra sí, posando una mano en su cintura y la otra en los homoplatos.

-Yo también te he echado de menos... Annie. -Susurra en su barbilla, depositando ahí los labios. Annie. Que bien suena en su voz otra vez. Annie. Así, fresco pero lleno de antiguas historias, Annie, como las primaveras.

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