Zénobe.
La sensación de la fría pared le hizo estremecerse, se encontraba arrinconado y tomado por el cuello de la persona por la que él, claramente daría la vida. A pesar de la rapidéz en la que se han dado lugar los hechos, Zénobe controla el instinto de querer defenderse, se retiene y trata de no mirarla a los ojos, por que esos... No son sus ojos. Su pecho se mueve al mismo ritmo que su respiración, entre jadeos, sabe que la situación ha pasado a ser extremadamente peligrosa.
Comienza a caer el rocío de la noche sobre sus párpados cuando nota el filo de sus colmillos recorrer su piel, en parte es una sensación agradable, entre morbo y desesperación.
Mantiene el cuello tenso como si de ess manera los afilados colmillos de Annie no pudieran atravesarlo. Ingenuo.
La escucha hablar, y entra practicamente en un estado de embriaguez, cierra los ojos y siente lo que en muchos años no sentía: miedo. Es un miedo dulce, si ella necesitara sangre él se la daría, si necesitara matar él moriría.. Era un dolor semejante a un martírio, habría sido dulce como el sufrimiento de un tatuaje. Por ello no la aparta, está listo para morir para derramar sangre o morir si era necesario.
Su insinto en ocasiones trata de escaparse de esa encerrona, pero se resiste, dejandose hacer todo por ella..
La sangre humedece sus labios que son practicamente besados por la Annie más oscura, el olor a hierro, perfume y las calles mojadas ambientan los escasos centimetros que les separa.. Y de pronto voces. Eros y Meredith.
Una fuerza aparta a Massy del suelo pero Zénobe no reacciona, se ha quedado ahí, inmovil. Escucha la voz de Meredith pero no hace esfuerzos en comprender el mensaje. Simplemente se queda observando a un charco del suelo, a colo las hondas de la lluvia dibujan óvalos en la superficie con ira.
De pronto nota una mano en su mejilla, la joven trata de inspeccionar los ojos de Zénobe pues estaban en un color intenso que rozaba casi el negro. Eros lo toma del brazo y le lleva consigo unos metros más atras, se deja llevar, apenas trata de mantenerse en pie mientras Meredith hace desaparecer los cuerpos inmoviles pero con vida del suelo.
De pronto, un silbido.
Le recordaba tanto ese melodico sonido a la llamada de Tonca. Tonca... Su mundo empieza a derrumbarse, y se lleva las manos al cuello perfilando con los dedos una zona que le produce dolor, donde mañana probablemente decoren hematomas.. Alza brevemente la mirada, un escaso segundo al cielo y observa una imagen borrosa, la lluvia cae por su joven rostro y mojandole la piel.
Se gira buscando el equilibrio de Eros y se suelta comenzando a andar, hundido en agua y en una sensación extraña, siente traición y melancolía, aquello le supera y es mayor a su fuerza emocional, Annie estaba tan cambiada.. No era ella, llevaba a su gemela casi bordeando su alma y llenándola de oscuridad y malícia.
-Zénobe, Zénobe.. -dice una voz femenina que corre tras él hasta cogerle del brazo, pero este la aparta con suavidad pues no quiere compañía, y comienza a andar calle abajo para tratar de buscar una salida al laberinto de casas, arrastrando los pies y escuchando la escena de fondo.
-¡NO QUIERO QUE TE VUELVAS A ACERCAR MÁS A ÉL! ¿ENTENDIDO?-Eros trata de calmar a la joven que parece proteger a Zénobe de Annie y la retiene para que no siga a Zeta, pues Eros sabe que él va a estar bien, que necesita soledad y tiempo. Ha visto en sus ojos algo que hacía tiempo que no veía: la fuerza de un vínculo fuera de todo lo posible en el mundo terrenal. Eros ha captado que es Zénobe el ángel guardian asignado a Annie, y tal vez ese haya dido el motivo de el inexperado reencuentro del destino. Sabe por su madurez y años de experiencia que Zénobe se hubiera dejado matar por ella si fuera necesario, habría derramado toda su sangre sin preámbulos solo para saciarla. Por ello le observa calle abajo mientras un ser aparece del cielo, en la búsqueda y rescate de la joven.
Zénobe se gira un instante, apenas ve nada, solo formas y cuerpos más alla de la membrana de agua y lágrimas de ira e impotencia que cubren sus ojos. Y es que siente ira, ira como nunca la había sentido. Sabe que ella le ha perdonado la vida pero él no se merecía aquello, se siente traicionado y en parte unas oscuras voces comienzan a rondarle la cabeza: "ella ya no te quiere, te odia..", "Ha estado a punto de matarte tan solo por saciar su sed..", "Ella ya no te necesita" , "Su poder es tan fuerte que puede tener a otros.. " , "Si no te ha hincado el diente es por que te tiene asco.. Eso es lo que das Zénobe, asco".. Las voces son ajenas a su ser, parecen rodearle y merodearle constantemente, no puede más y suelta un grito desgarrador que capta la presencia de los presentes, creando eco entre las calles del barrio antiguo.. Tras el grito ronco y de impotencia, se descarga de todas sus fuerzas y una inmensa luz ciega totalmente el lugar.
De pronto cae sobre su cama. No sabe como lo ha hecho pero no quiere saberlo. Se agarra a las sábanas y entre sollozos aprieta los dientes con rabía- Por qué ahora.. -murmura, recogiendo las piernas, observando como cae la lluvia contra la pared de cristal de su habitsción, pues vive en un pequeño pero bonito ático entre el barrio gótico y el centro, por lo cual su edificio es antiguo pero reformado con elementos contemporaneos, grandes cristaleras e interiores diáfanos y luminosos. Cierra los ojos y cae en un inmenso sueño, donde le acechan más voces y pesadillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario