viernes, 30 de mayo de 2014

"Oh, Zénobe.."

Annie.

Despierta, tomando una bocanada de aire, al momento en el que siente unas manos tocándola. Siente asco y se remueve, intentando apartarse pero la pared se lo impide, mientras que escucha aquellas voces, sintiendo como sus deseos de vomitar aumentaban. "No me toques, no me toques, no me toques." ¿Ángeles? ¿Qué tipo de educación habían recibido? Incluso aunque hubieran sido criados en la Tierra, aunque fueran mitad humanos, ¿qué tipo de comportamiento era ese? Pero bueno... ¿quién era ella para hablar? Lo siguiente pasa demasiado rápido: la chica escucha la voz de Zénobe, pero esconde la cabeza. No puede con ello. Las lágrimas vuelve a recorrer sus mejillas y su respiración se corta. ¿Cómo había llegado a estar de esa forma? Golpes, golpes, golpes. Y de repente... sangre. Annie abre los ojos de golpe. "No, no, no, no.." Levanta la cabeza despacio, sintiendo como sus ojos azules cambian de color, pasando a ser bicolores; negro y rojo. Su garganta quema y sus labios se entreabren, dejando que se vean las puntas de sus colmillos. Ella lo mira, aterrorizada. "Vete, Zénobe. Vete." Quiere decirle, pero no puede. Entonces se levanta despacio, observando cuidadosamente como la sangre sale de su nariz y recorre su rostro hasta quedarse en sus labios, haciéndolo mucho más rojos y apetecibles... Curva ligeramente la cabeza, sin decir nada. Y entonces, en menos de un segundo, está en frente de él, agarrándolo por el cuello de la camisa, haciendo que se pegue, casi con violencia, a la pared. Sus dedos aprietan la tela, como si intentara  recordarse a sí misma que es Zénobe, que está mal hacer eso. Pero hay algo en su interior que la domina. Si Annie bebe de Zénobe, si él comparte su sangre con ella, el vínculo será incluso mayor. Pero ella no quiere probarlo, no quiere que sus colmillos atraviesen su piel y... pero él estaba ahí, enfrente suya. Podía sentir su respiración acelerada, su corazón y su pumpumpum...
Deja que su mejilla repose en la de él y se llena de su perfume, aún presionándolo con fuerza contra la pared del viejo edificio, sin dejarlo escapar. No cabe duda de que es real, y de que está allí. Entonces su nariz se mueve despacio, acariciando su piel de una forma que sólo ella podía hacer, hasta que roza la del chico y abre sus ojos bicolores, tan extraños como su propia alma. Sus labios estaban llenos de sangre, pero ella no debía, pero quería...

-Zénobe, no deberías estar aquí... No deberías...

Su mirada baja hasta su boca, y la chica traga saliva, soltando una de las partes de su camiseta para apretar su propia mano con fuerza, haciéndose sangre a sí misma, pero sin curar esta vez. ¿Por qué huele tan bien? ¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué su Zeta? Seguramente estaría pensando que ella era un monstruo. Estaría asustado. "Oh, Zénobe..." Inclina la cabeza y por un segundo roza sus labios, como en el inicio de uno de esos besos que solo ellos sabían compartir.  Demasiado autocontrol tenía la chica, y mucho más necesitaba con su ángel guardián.
Los pasos rápidos de dos personas hacen que ella mire a Zénobe a los ojos, como si quisiera decirle mil cosas al mismo tiempo, como si él estuviera a punto de elegir y ella quisiera que le creyera, entonces se escucha:

-¡Eh! ¡Aléjate de él!

Siente unas fuertes manos apartarla de Zénobe y ella se remueve, apuntando al musculoso muchacho de antes con la mano que no está herida y gritando:

- ¡NO-ME-TO-QUES!

Sus dos compañeros se encontraban al lado de su ángel, mirándola aterrorizados. Annie pega su espalda a la pared paralela, sintiendo toda la culpa del mundo. Cierra los ojos, baja la mirada y aprieta un poco más la mano, dejando que la sangre corra al mismo tiempo que la lluvia. Cuando vuelve a mirar, es "ella" otra vez, y ellos siguen ahí, él sigue ahí, tan cerca, pero tan inalcanzable.

- ¿Y TÚ ERES LA LUZ? ¡MÁS PARECES LA JODIDA OSCURIDAD? ¿CÓMO SE LLAMABA? ¡SARAH! ¿NO ES CIERTO? -Grita la chica enfrente de ella, claramente molesta. - SIENDO COMO TÚ, CUALQUIER HUMANO MORIBUNDO PODRÍA SALVAR EL MUNDO.

Y entonces, silencio. Annie entreabre los labios y clava la vista en el cielo, sin responder. Suelta un pequeño silvido, como llamando a alguien.

- ¿¡PERO QUÉ HACES!? ¡¡¿NO VES QUE CASI LO MATAS?!! ¿A QUIÉN LLAMAS?-Grita otra vez. Su voz de pito comenzaba a molestarla.

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