Annie.
- Pero Annie, ¿por quéeee? ¡Es todo tan divertido..! - Cam comentaba y reía, mientras que a Annie todo empezaba a darle vueltas.
Su respiración se había cortado completamente, y los puntos negros y rojos comenzaban a llenar su vista, evitando que pudiera concentrarse. "Necesito salir, necesito salir, necesito salir." Se da la vuelta, dándole la espalda a todas las miradas y baja la cabeza, dejando que su liso cabello tape parte de su rostro, como si estuviera escondiéndose de algo... Y claramente lo estaba. Marcos la mira preocupado, aunque no dice una palabra. Se siente impotente porque sabe que no puede hacer nada por ella, quien ha hecho tanto por todos. Annie estira la mano y con un enorme esfuerzo, deja que el alcohol queme su garganta y caiga en su estómago vacío, colándose entre sus venas y esparciéndose por ella como si de veneno se tratase. Seguía mareada, con la respiración entrecortada, y sentía que no podía hablar. De repente, sólo quería llorar. No era divertido que le hicieran pasar por eso otra vez. Había visto a Zénobe en sus visiones, siempre cuidándole en secreto, pero viéndolo ahí... "No, no es real, Annie." Con un brusco movimiento, la chica pone la mano en su frente y aprieta, dejando dos marcas rosadas al lado de esta. "Parad, por favor." Dice al ser invisible que parece torturarla, aunque no recibe ninguna respuesta.
- Annie, él está aquí... -La voz de Marcos la saca de su infierno personal, y la chica, con los ojos envueltos en lágrimas, levanta la vista. Uno de los ángeles superiores está en una barandilla, escrutando a todos los miembros de su grupo. Como por arte de magia, casi todos los seres de luz han desaparecido y se han dirigido al salón privado que se esconde tras las paredes, ese que los humanos llaman "Almacén".
Ella asiente despacio, pasa la mano por su rostro y retira las lágrimas, levantándose despacio, sintiendo como el mareo aumenta. Zénobe no está, como ella pensaba, no es real. De repente, todos los recuerdos que tenía con él vienen a su mente, haciendo que se derrumbe cada vez más. Una voz la llama desde arriba, pero ella no mira; sabe que tiene que estar presente, al menos este viernes. Hace un gesto con la mano y desaparece entre los humanos, entrando por una de las puertas a la que sólo los "superiores" tienen acceso.
El Almacén está lleno de gente. Ésta vez son más de los previstos, y sus voces, melódicas, adornan el ambiente. Algunos ríen, otros están serios, pero todos saben mantener la compostura, a pesar de que están en el mundo de locos donde ella había nacido. Todavía fuera de su vista, Annie se apoya en la pared, intentando tranquilizarse. Puede oír los murmullos: todos quieren verla. Todos quieren conocerla. Todos tienen preguntas que hacerle.
Ella niega despacio, aunque sabe que no puede escapar esta vez. Desearía tener otra copa de las que Marcos sabe prepararle. Sigue con la sensación de que va a explotar en cualquier momento, y aquel perfume... "No, por favor. Aquí no.."
Suspira y da unos pasos, saliendo por una puerta que había estado cubierta por una cortina oscura. De repente, la habitación se queda en silencio. Puede sentir a cada ángel mirándola, examinándola, juzgándola, o simplemente, admirando a una persona que ellos ni siquiera conocían. Las ojeras bajo los ojos de la chica eran notables esta vez, puesto a las lágrimas que había derramado, aunque de estas no había ningún rastro. Ella nunca dejaba que la vieran llorar. Nunca, nadie. Como había dicho aquella chica, Annie no lucía especialmente bien esa noche. Entonces se sienta en una de las sillas vacías, y el ángel superior empieza a recitar un discurso que ella ya se sabía, ya que ella era quién le había dicho todo eso. Por respeto, la chica no baja la cabeza. Por respeto no se duerme. Por respeto no se marcha. Entonces, como si alguien la llamara, Annie levanta la vista y la clava en el otro lado de la habitación, sintiendo aquel aroma mucho más fuerte que antes. Aquellos ojos.... Ella hace una mueca, entrecierra los ojos, dándose por vencida y entonces susurra mentalmente, sin esperar respuesta del fantasma del que podía llamar amor de su vida.
- Solo has venido a torturarme, ¿verdad...? No has tenido suficiente..
La figura de Zénobe seguía ahí, tan real que incluso parecía que iba a poder tocarla. Su perfuma iba a terminar volviéndola loca. La chica aparta la vista y vuelve al mundo real, escrutando al ángel superior, que ahora la mira como esperando algo de ella. Él la entiende, o eso le ha hecho creer. Sabe que no está en situación de hablar, ni de dar ánimos, ni siquiera de levantarse, por eso no hace que la chica lo haga. Simplemente la mira y ella asiente, murmurando para él:
-Estoy bien.
Y entonces, el ángel termina el discurso, dejando que los ángeles comienzen a comentar entre sí, a conocerse, a informarse... Annie se mantiene donde está, respirando hondo. Le esperaba una larga noche.
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