sábado, 31 de mayo de 2014

"Leí la nota".

Zénobe.

Se trataba de Annie, estaba allí a su lado, hablando con esa voz tan suya, tan dulce, tan.. Sacude la cabeza un instante, como negándose a si mismo el hecho de pensar en ella. Le hacía mal tenerla tan cerca pero a la vez tan lejos. Escucha la conversación en silencio, intentando permanecer lo más quieto posible, como si fuera un tipo de camaleón. Le ha parecido extraña la intervención de Annie en la escena justo cuando Marcus prentedía confesarle algo, y eso le ha desconcertado.. Probablemente Marcus fuera un simple humano aturdido por tanto secretismo, tal vez se pensara que eran un tipo de club del libro o una asociación anónima que investigaba.. ¿ovnis? Tal vez. 

Le hace volver en si el roce del papel contra su mano, y observa el papel, suspira y justo cuando pretende mirarla, para ver de que se trata, ella ya no está ahí, pero la busca por el local rapidamente y la ve saliendo por la puerta hacia el callejón. Curioso, despliega el papel 
"El parquue del reloj, en cuanto la siguiente canción suene". Un escalofrío le recorre el cuerpo lleno de emoción, de miedo a lo desconocido, pero ansioso por conocer más. Saca de la cartera un par de billetes y los deja sobre la barra, haciéndole un gesto de despedida a Marcus, y este sonríe amablemente diciéndole adiós con la mano.

Sale por la puerta del callejón sigiloso, introduce las manos en los bolsillos del pantalón y camina algo incorvado por la solitaria calle. Busca con la mirada el parque y lo encuentra unos metros más arriba. Camina cada vez más lento, practicamente desliza los pies por el suelo en silencio, y mira hacia el cielo. El vaho del frío dibuja formas entre las estrellas, parece una noche despejada y tranquila. Apenas se escuchan unos grillos cerca de los arbustos cuando Zénobe hace su aparición en escena. La ve ahí de pie, observando las estrellas y apreciando aquella obra. Este sigue su mirada y contempla también el cielo, se puede ver la vía lactea y algunas constelaciones, como si el cosmos estuviera espectante de los hechos.
Baja la mirada y la busca nuevamente, acercándose un poco más hasta quedar a unos metros, guardando las distancias, pues desconoce el motivo de su encuentro aún. Esconde los labios en los cuellos de su camisa negra, al igual que los pantalones. Se escucha respirar, y siente el calor de su aliento entre el cuello de la camisa y la piel, pues Zénobe siempre guardaba calidez en su interior.
Carraspea hasta que finalmente encuentra su voz entre tanto nerviosismo.
-Hola... Annie. -Murmura su nombre, pues hacía tanto tiempo que no lo decía en voz alta que le ha resultado hasta extraño. Se siente nervioso, y se saca las manos de los bolsillos para dejarlas sueltas, a pesar de llevar el pelo corto, cae un mechón de pelo de su flequillo, y la observa tras este con unos ojos azules, que buscan entre disculpas y cariño alguna palabra. 

Zénobe apenas ha cambiado, el tiempo no pasa por su cuerpo, tal vez tenga los hombros más anchos, tal vez la mandíbula más perfilada.. Pero sigue teniendo un niño en su mirada.

-Esto.. yo.. leí la nota.. -Dice, prensando los labios pues cae en la cuenta que tal vez la nota no fuera para él, tal vez fuera para el chico de la barra, parecían llevarse tan bien, por su "lo de siempre" Zénobe sabía que frecuentaba el bar, o que aquel joven conocía sus gustos más íntimos.. En parte, no le extrañaba nada.. Annie estaba preciosa. Qué dices Zénobe, Annie es preciosa.  

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