viernes, 30 de mayo de 2014

Esos no son modales de una señorita.

Zénobe.

Llaman a la puerta. 
Llaman a la puerta.
Llaman a la puerta....
Zénobe yacía en la cama dormido, su propio subconsciente estaba avisandole de que debía despertar. Estaba cansado, en realidad, vivía cansado desde hace unos meses. Pero no se trataba de un cansancio fisico, sino más bien anémico. Estaba ya vestido para salir pero al ver que faltaba tiempo para que vinieran a recogerle, optó por echarse una pequeña cabezada..
-¡Yves Loyvesant! -una voz, tras la puerta.
Parpadea y se frota los ojos, se humedece los labios y entonces reacciona levantándose rapidamente de la cama, en apenas dos segundos está ya en la puerta, la abre confiado, dejando pasar a cualquiera que estuviera esperando.
-Espero que haga disfrutado del plácido sueño en el que estaba inmerso... -comenta con cierto aire irónico Eros, apoyándose en la puerta mientras espera que Zénobe estuviera listo. Ambos eran jovenes musculosos, como esculpidos por el propio Miguel Angel o trazados a cincel por Da Vinci. Sin embargo, se notaban los años en la madurez de Eros, a pesar de su rostro joven, sus palabras eran practicamente anacrónicas y para la época, un tanto medievales.
Zenobe se movía con agilidad a pesar de haberse despertado hace unos minutos, peinándose el cabello castaño hacia atras con los dedos, perfumándose las muñecas y cogiendo las llaves y la cartera de su pequeño apartamento. Al llegar a la puerta el joven seguía ahi.
Ambos salen por la puerta bajando con agilideza las escaleras, en una pequeña carrera de escalones, ambos ciertamente competitivos. Al bajar, allí estaba Meredith esperando, impaciente pero radiante.
Los tres jóvenes se dirigieron juntos al bar, donde tenían esperado reunirse para hablar y comentar algunos temas de interes actual, pues se corría el rumor de que malos tiempos llegaban para estos seres.

El olor a tabaco dulce y cierto aroma a alcohol flambeado deleita a Zénobe, que charla con sus amigos, mientras entran al local. 
-Está bastante lleno de gente, a veces no entiendo a los humanos. Por que tienen que acudir a estos sitios... -comenta Meredith mientras empuja la puerta a cerrarse con el codo, evitando tocar nada, escrupulosamente. -..Es más, no entiendo por que tenemos que reunirnos siempre aqui, con los locales tan... -Estaban pasando por las mesas, cuando de pronto se escucha una voz en todo el local. Annie Massey. Escucha Zénobe. Y un escalofrío le recorre la espalda. Lo ignora, siempre le pasa. Escuchar su nombre se ha vuelto tan común como el tic tac del reloj de la cocina. 
-¿Veis? De eso os estaba hablando. -Meredith, comentando los gritos de la chica, mientras se sientan en un sofá que hace esquina, y Eros llama al camarero con la mano, para pedir las mismas tres bebidas de siempre, pues se conocen entre si.

-Meredith de verdad, por mucho que tu presencia no disfrute en un ambiente como este, debes intentar hacer el esfuerzo de comportarte. No están los asuntos como para además estar eligiendo un acogedor local de ambiente. -Conversan Eros y Meredith, mientras Zénobe se distrae observando la gente del lugar.

Los tres jovenes llaman la atención en cierto modo, parecen sacados de una revista y en los humanos causan un efecto atrayente. Un grupo de hombres, unos cuatro, comentan la belleza de Meredith y tratan de crear especulaciones sobre por qué la acompañan dos hombres tan... perfectos.
Zénobe está atento como un felino, observa minuciosamente cada pequeño detalle del lugar: el molesto ruido al mascar el chicle de una joven que trata de ligar con uno en la barra, el tick nervioso de un anciano que jugaba al pocker con sus amigos...

-Aqui teneis chicos. ¿Qué tal estais? ¿Todo bien? No tengo aún nada de interés para vosotros. -El camarero, mientras iba dejando las bebidas en la pequeña mesa, junto con unos cacahuetes. Tanto Meredith como Eros optan por pedir una bebida alcohólica. Zénobe, una cocacola con pajita. Realmente, odia beber con pajita, pero le sirve para remover la cocacola y asi poder eliminar el gas. Odia el gas. 

-Bien la verdad, muchas gracias. -Dice Meredith, breve y cortante. 
Eros la mira fijamente, entrecerrando los ojos pues para él esos no son modales de una señorita, como siempre dice. Conversan, pero Zénobe esta noche parece estar callado, está desganado y otra vez...
Annie Massey.
Annie Massey.
Annie Massey.....
Parecía que la dulce voz femenina provenía de la barra, que constantemente repetía el nombre para todos los presentes del local.
Meredith comenta la situación, parece conocer a esa tal Annie. Pues Zénobe aun no conoce muy bien a sus nuevos compañeros. La verdad no conoce muy bien su situación, no conoce por qué tanto interés por tratar de reunir a los ángeles, tanto secretismo y tener que acudir a ese local todos los viernes para ver si hay noticias. Pues les dijeron que debían acudir ahí, hasta que les llegara esa información, de a que se debía tanto interés por los ángeles, y por que los necesitaban juntos.
Zénobe se vuelve tenso, su propio rostro lo expresa, toma a Meredith por el brazo suave, pero haciendo algo de presión, frunciendo el ceño. -¿Qué has dicho? 
Meredith se queda algo sorprendida pues no tienen tanta confianza como para que actue así con ella, además, se trataba de una joven muy coqueta y no dejaba que cualquiera la tocara. -Annie. Annie Massey. No creo que la conozcas. Es una chica que está en la barra.. Aunque.. no se que hace aqui la verdad, y menos así.. Ha perdido tanto. -Comenta con cierto aire crítico.
Zénobe busca rapidamente a Annie en la barra.
No, esa no, esa tampoco, tampoco.. ahí está. Es... ella.
Algo dentro de él se ha quedado helado. A pasado tanto tiempo, aunque por ninguno de los dos parece que el tiempo haya dejado rastro, siguen jóvenes, no tan risueños, pero jóvenes.

-Disculpad. -Dice, levantándose y dejando a los compañeros algo confusos, pero continuan hablando de sus cosas. Zénobe mientras se pasea entre las mesas, quedando practicamente detrás de una columna, fuera de la visión de Annie. Nervioso, remueve la cocacola con la pajita y decide llevarse el limón a los labios, mordiéndolo y dando ul largo trago, acabándose el refresco, para dejarlo en una mesa cercana. Observa a Annie en el reflejo del cristal de detrás de la barra, donde se encuentra el botellero y la cafetera del local. Es ella,... tan igual pero tan diferente. 
¿Y qué hace aqui? Por qué el destino a optado a volver a hacerles esto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario