Zénobe.
Tras bajar las maletas y objetos personales, Zénobe se apresura para meter todo en el maletero. Comprueba que lleva en un maletín ciertos papeles legales y jurídicos consigo, identificación y que esté todo en regla. Al arrancar para dirigirse hacia el barrio que Annie le indica, observa su piso alejarse y esconderse entre las casas por el retrovisor, suspirando un momento pero toma la mano de Annie en lugar de posarla sobre la palanca de cambio de marchas, mirándola unos segundos y sonriendo al hacerlo.
Al llegar al barrio decide que lo mejor es acerle caso, por ello se encierra en el coche tratando de no molestar e ignorar las miradas de los presentes. Por un lado, por el llamativo Cadillac y por otro, el más evidente, por que aquellos seres notaban una presencia no muy familiar entre ellos, una presencia de luz que les atraía la atención.
Comienza a pensar en sitios donde podían ir, haciendose un mapa mental del recorrido, las carreteras, rutas alternativas... Llevaban bastante equipaje, solían moverse mucho de sitio por lo que prescindian bastante de muchas cosas necesarias para los humanos más sedentarios. Aún así, el piso lo mantendría en la ciudad, no lo vendería.
"Allí seguro que hace frío, tal vez algún día tengamos que ir a comprar algo más calentito, para cuando llegue el invierno... Tal vez los estados del norte estén bien.."
De pronto Annie toca el cristal y lo saca de sus pensamientos, tras una sonrisa la deja entrar en el coche y se apresura para salir de aquella escalofriante zona.
Ambos comienzan el viaje por una larga carretera, las primeras horas las pasan hablando, conversando de cosas rutinarias, de a donde podían ir, que tipo de casa estaban buscando. Ambos habían llegado al acuerdo de que querían una casa, no un piso y que estuviera en un pueblo a pesar de que fuera grande, rodeado de naturaleza. Mientras Annie miraba en el mapa rutas y charlaban, Tonca dormía placidamente en el regazo de esta como una pequeña ardilla, refrotándose a veces contra Annie para que le hiciera cosquillas por el lomo en busca de mimos. Paran de vez en cuando para estirar las piernas, descansar de la conducción, Zénobe especialmente para comisquear algún dulce, y así disfrutar de las vistas y el paisaje.
El clima comienza a cambiar al de unas horas, Annie dormía tranquila con Tonca en su regazo tratando que el viaje fuera más ameno. Las palmeras, los árboles exóticos y el sofocante calor habían sido sustituidos por un frescor agradable, pinos y robles y un olor a menta en el ambiente. La carretera estaba guiada por una arbolada, las curvas se intentaban amoldar al bosque que la atravesaba y la noche ya había llegado. Era tarde para buscar un motel y además pensaba en despertarse antes de que saliera el sol para continuar conduciendo. Al de un par de kilometros encuentra una explanada entre los árboles y decide estacionar allí hasta la mañana. Annie seguía dormida. La miraba de vez en cuando para comprovar que estuviera bien. Al salir de la carretera, se dirige hacia aquel espacio libre de árboles, apagando el motor del coche.
Aprobecha para quitarle el cinturón de seguridad a Annie y echarle el asiento hacia atras para que duerma más agusto, tapándola con una manta de viaje, besando su frente y tomando a Tonca en las manos y colocándola sobre una bufanda de Annie para que se hiciera un pequeño nido.
Zénobe también echa su asiento hacia atras, poniendo los seguros del coche antes por si acaso y aprobechando para comer un par de galletas, quedándose totalmente dormido al de unos minutos con el canto de los buhos y las cigarras.
La noche refrescaba más que en Willowtown y se notaba que estaban lejos de casa.
Al amanecer se despierta y observa que tanto Annie como Tonca no se encuentran en el coche. Confuso se frota los ojos y decide salir a inspeccionar, saliendo del coche y notando la fresca brisa mañanera recorrer su cuerpo. Se está agusto, piensa. De pronto escucha la risa de Annie entre los árboles y decide ir hacia allí. La joven se divertía observando a Tonca que correteaba las ramas feliz y disfrutando de la naturaleza. Zénobe se acerca por detras sigiloso y sorprende a Annie abrazándola por detras, haciendola sonreir ante su sorpresa y besando su mejilla.
-Buenos días a las dos. -dice, mientras estira el cuello y la espalda, soltando a Annie al de unos segundos. -¿Has dormido bien, pequeña?
Juguetea con el pie, escarbando entre las hojas del suelo, entretenido. -Estamos ya bastante al norte, enseguida comenzaremos a ver los pueblos... A ver si alguno es bonito, y podremos buscar algo que esté en venta. Cogí un panfleto inmobiliario antes de salir del estado, te lo he dejado sobre el asiento de atras por si le quieres echar un vistazo. -Dice mientras alza la voz pues se va acercando otra vez al coche, estirándose completamente y desperezándose, esperando a que ella decida montarse en el auto.
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