lunes, 23 de junio de 2014

En camino a un cuento de hadas.

Annie.


    Una protesta rápida iba a salir de sus labios pero nunca llega a escucharse debido a que él la calla con uno de sus besos y no, no podía negarse. Claramente Annie no  coincidía con el hecho de que Zénobe fuera un "complemento", dado que para ella él tenía incluso más valor que su propia persona. La chica disfruta de sus besos, dejando que su dulzura y calidez le envuelva y que, como siempre, tengan ese efecto mágico en ella. La chica lo observa marchar, fijándose en sus músculos tensos al observar el paisaje y ciertas partes  de la casa, como si nunca quisiera dejar aquello. Ella sabía que aquel era su pequeño escondite, tan personal y seguro que se sentía como si dejaras una parte de ti mismo atrás si te marchabas. La sensación llena a Annie, quién sigue su camino y siente el calor de sus manos tocar su piel fría, clavando sus ojos azules en el exterior. La ciudad lucía diferente con Zénobe a su lado. Era como s itodos los pequeños detalles se intensificaran, como si los colores fueran más llamativos, como si las voces y sonidos ya no formaran ruidos, sino melodías, como si la oscuridad ya no diera miedo y como si el color azul del cielo fuera más pacífico.
Centra toda la atención en su voz, quedándose en silencio mientras lo escucha. Puede sentir su mirada clavada en ella, pero no es hasta que él empieza a soñar despierto y en alto que ella lo mira, y ahí está el infinito de sus labios otra vez. Haciéndolo así, ¿cómo iba a decirle que no? La chica termina sonriendo, se gira entre sus brazos y posa las manos en su pecho desnudo, presionando levemente los dedos sobre su piel. Ella conoce las "consecuencias" y lo que puede pasar si los encuentran las personas equivocadas, pero confiaba con que su suerte fuera mejor que eso, pero aún así, llegados a este punto, sabía que no iba a dejar que nadie le separara de él, no otra vez. Cuando dos almas estaban destinadas no había forma de mantenerlas separadas... porque de ese modo solo terminarían arruinándoles la vida. Sabe lo que conlleva responder ahora: debían empacar y marcharse lo antes posible, porque el tiempo corría y no esperaba por nadie. Lo tenian vigilado y por lo tanto, a ella también. Se inclina hacia adelante, posando su mejilla justo a la altura de sus hombros, dejando que la punta de su nariz acaricie su piel hasta llegar a su barbilla, la cual besa continuamente hasta su boca, pero ahí se detiene. Lo mira, dejando que vea por un momento el brillo de diversión en su mirada y luego se retira con rapidez, evitando que él encuentre sus labios, manteniendo los propios ocupados en sus mejillas otra vez. Ella ríe por lo bajo, terminando por acabar su tortura y regalarle un beso suave y sincero, susurrando después:

- Vamos a irnos tan lejos que no van a poder encontrarnos nunca. Y podré despertarte con almohadazos, y hacerte cosquillas, y volverte loco hasta que termines enfadado y grites mi nombre. -La chica ríe, haciendo comentarios en broma, intentando contagiarle el buen humor. Sabe que está preocupado y que los cambios, a veces, afectan a las personas... pero ella no iba a permitirlo. No con él.- Y haremos una lista con cosas por hacer tan, pero tan grande, que se nos acabarán los papeles de la casa. Y ésta vez el sueño va a ser para siempre. -Hablaba como si se refiriera a un cuento de hadas, pero de una u otra forma, el optimismo que irradiaba la chica era contagioso.

No deja de hablar hasta que nota que la preocupación ha disminuido un poco y que Zénobe está más relajado. Lo sigue al piso de arriba, acariciando a Tonca al pasar por su lado y los dos abren las maletas, comenzando a empacar. El norte les esperaba y con ello miles de sorpresas. Sabe que encontrarán algún sitio en algún pueblo que a él le guste. Tras unas horas, Annie, Zénobe y Tonca están en el portal del apartamento del chico. El coche está justo frente a ellos y con un pitido las puertas dejan de estar bloqueadas. La chica deja que Zeta acomode las maletas en el maletero mientras ella preparaba el asiento de atrás, buscando que este fuera un lugar cómodo para ambos si necesitaban un tiempo de descanso. El viaje era largo y aunque ella sabía que el chico era resistente, necesitaba horas de sueño. Está casi todo listo. Él cierra el portal y, antes de subirse al coche Annie le regala un beso suave en los labios, susurrando:

- Necesito hacer algo primero..

Lo mira, dejándole saber a lo que se refería; alimento. Sabe que es difícil para Zénobe, pero si no lo hace ahora podría tener consecuencias y ninguno sabe cuánto tiempo estarán fuera. Para compensarlo, le regala otro beso y una sonrisa, prometiendo en silencio que no tardará más de lo debido. Toman las calles por la dirección que ella le indica. El barrio donde se encuentran no parece tan tranquilo. Ella lo mira, justo a su lado y susurra:

-Bajo ninguna circunstancia salgas del coche. Estaré de vuelta antes de lo que crees. -Se echa a un lado y lo besa otra vez, susurrando- Te amo.

Y entonces sale, cerrando tras de sí, escuchando como el chico pone los seguros del coche. Annie se interna en un edificio. Los minutos pasan despacio, como si fueran más lentos.Y entonces su figura se vuelve a ver entre las calles. Tras ella, un par de vampiro observan pero no se le acercan. Annie toca dos veces en el cristal, sacando a Zénobe de sus pensamientos y cuando el coche vuelve a abrir, ella se interna en este y escruta a los dos seres por la ventana, casi amenazando en silencio. Vuelve la atención a su ángel. Está tranquila pero seria.

-Salgamos de aquí. -Sonríe de medio lado- Gracias por escucharme.. este lugar no es..seguro.

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