viernes, 20 de junio de 2014

Bajo el punto de mira.

Zénobe.
Habían pasado unos minutos y parecía que en casa no había nadie. Era extraño por que era muy pronto y a pesar de haber gente en las calles, no recordaba que Annie le dijera nada de que tenía algun trabajo o estuviera colaborando en algo. "Lo más probable es que se haya marchado, Zénobe" dice algo dentro de él. Hacía casi tres días que no volvía a casa y tras lo sucedido aquella noche sabía que estaba en todo su derecho de marcharse.
Pero de pronto una voz le hace despegar la frente de la puerta, se gira y ahí están sus brazos, rodeándole e intentando calmarle. Suspira y la abraza sin utilizar mucha fuerza, tal vez por no agobiarla, tal vez por que nisiquiera tenía para estrecharla firme. Se deja llevar hasta el sofá sin decir nada, pero junto a ella se siente mejor. Está ahí y es lo que importa
La escucha hablar y asiente con la cabeza, levantándose y yendo al piso de arriba a intentar refrescarse y limpiar también sus recuerdos. 

El vapor del agua comienza a salir enseguida, Zénobe tras llenar la bañera se mete en ella, está practicamente hirbiendo pero no le importa, apenas se da cuenta de ello. Su piel se enrojece pero aquella sensación le gusta. Le gusta por que le hace sentir algo más que la preocupación que ahora tiene en mente. Tras unos escasos segundos sale del baño, no sin antes fijarse en las dos cicatrices o marcas de nacimiento que tiene en la espalda, por donde nacen sus alas.

Al bajar decide bajar tan solo en pantalones, llevando la camisa en la mano. La deja sobre el respaldo del sofá y la busca con la mirada, yendo donde esta y la vuelve a abrazar. Esta vez la abraza con más ganas, arqueando la espalda para poder alcanzar sus labios y la besa con ternura, murmurando en su boca. -Tenemos de cosas de las que hablar.. -Se muerde el labio y toma el zumo de fresas que le ha preparado, besándola nuevamente en los labios señal de agradecimiento y la lleva hasta el sofá, sentándola ahí y se sienta a su lado, bebiendose el zumo practicamente de un trago. Recostándose sobre el respaldo y echándose el flequillo hacia atras, suspira, sin saber muy bien por donde empezar.
-Sobre lo de aquella noche... Ella decía la verdad. Parcialmente. Hubo algún que otro beso, pero nada más. Nunca quise nada más. Pero el problema no es que fuera ella. El problema era que no eras tú. Y soy incapaz de hacer nada, todo me sabe amargo y a veneno si no se trata de ti.. Me sentía tan sólo y pensé que nunca más volvería a verte, había perdido el rumbo y ella siempre ha sido... fue muy insistente en sus objetivos. Simplemente me dejé llevar pero entonces apareciste tú y madre mia.. -se frota los ojos con las palmas de la mano y vuelve a suspirar, prensando tras esto los labios- Te pido perdón... Debí decirtelo antes de que pasara todo esto, tal vez las cosas hubieran cambiado. -Dirige un momento la mirada a la ventana, pero lo suficientemente poco para volver a tomar la palabra, mientras Annie le escucha. 
-Por otro lado, supongo que sabrás que allí arriba no les gusta ni un pelo que esté enamorado de ti... Ya me lo advirtieron cuando era más joven, antes de conocerte. Que yo estaba destinado a proteger, no a enamorarme, solo a proteger... -Agacha un momento la mirada y la rodea con los brazos, atrayéndola a él por el sofá hasta quedar más cerca- Pero no me importa que me pase, quiero estar contigo. Quiero que estemos juntos y que más dará el resto.. Si no fuera por ti, a mi me daría igual estar aqui o estar en otro sitio, estaría errando por el mundo sin dirección ni objetivos. No se Annie.. eso no me preocupa. No me importa lo que me hagan, me preocupa lo que te pueda pasar a ti. Siempre encontraremos el modo de volver a estar juntos si algo llegara a pasar. -Habla, mientras acaricia la espalda de Annie con las yemas de los dedos, hasta que se queda en silencio, con la mirada perdida más allá de la ventana. Entonces decide volver a hablar, antes de que Annie lo haga primero. Levantándose del sofá con rapidez como si el zumo de fresas le hubiera revitalizado y dado energias como para todo un invierno.
Comienza a mover la mesa del salón, apartándola con sencillez y sin ninguna dificultad crea un espacio bastante amplio en el diáfano ambiente de la primera planta. 
-Tienes que ver algo. -Dice mientras está de pie en la entrada, con la mirada atenta de Annie que no entiende que quiere mostrarle, curiosa. -Esto... Este es uno de los motivos por el cual apartir de ahora me van a tener entre el filo y la pared. Ya saben donde vivo, con quien me relaciono, lo saben practicamente todo y van a intentar tenerme totalmente observado. -Suspira y se echa el flequillo aún más atras, dejando que los mechones resbalen entre los dedos. Antes de que Annie pueda decir nada, Zénobe cierra un momento los ojos, pero los vuelve a abrir prensando los labios. Unas inmensas alas nacen de su espalda ocupando practicamente todo el espacio del apartamento. La punta de una de ellas llega a rozar casi las piernas de Annie que se mantiene perpleja en el sofá. Zénobe acaricia su pierna con una de estas, haciendo que Annie se estremezca por la suavidad de las plumas. Suspira nuevamente, intentando permanecer inmovil para no tirar nada o no crear hondas de aire. 
Entonces vuelve a hablar, mientras se concentra en no tirar ningun cuadro o ninguna maceta. -Me imagino que sabrás que muy pocos ángeles tienen estas alas, y que la mayoría de ellos tienen estancia en un lugar más allá de donde solemos permanecer hasta que se nos asigna un protegido. Ellos probablemente me quieran allí donde la luz se conserva, tú mejor que nadie sabes de lo que te estoy hablando.. -Suspira, mientras la mira solamente en ocasiones de reojo, pues teme a que reaccione mal o asustada.- Había pensado.. que tal vez podríamos mudarnos lejos... Donde no nos encuentren. Puedo hacerlo, el dinero no es un problema y aquí van a encontrarte a ti también, saben que estoy enamorado de ti y que voy a estar contigo. Por lo que al tenerme a mi, también te tienen a ti bajo el punto de mira.  No se que te parecerá la idea... -Dirige la mirada al comienzo de las escaleras, pues Tonca miraba sorprendida desde el piso de arriba, moviendo la cola de una pequeña ardilla.



 

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