Annie.
Cada vez que Meredith abría la boca Annie sentía como su sangre hervía en su interior pero se dejaba llevar por Zénobe, intentando no explotar ahí mismo. Había un límite para todo y sin duda ella lo había sobrepasado. El roce de su ángel, el hecho de que sujetara su mano hacía que tomara respiraciones más hondas. Annie sabía comportarse en casi todas las situaciones, pero era mejor no buscarla porque eso podría sacar lo peor de ella. La voz de la chica llama la atención de los ángeles que se encuentran alrededor de la galería, interrumpiéndolos y dejando ver en alguno de ellos, los que tenían más años sobre sus hombros, miradas de terror, confusión e incluso preocupación. Todos lo habían sentido, igual que Annie. La oscuridad se revolvía, ansiosa, dentro del alma de Meredith y aunque ninguno tuviera el poder para ver su aura, se sentía. Era como si un día soleado se tornara completamente negro, encapotado.
La última frase desborda el carácter apasiguado de Annie y la chica se escapa del agarre de Zénobe, deslizándose justo por su costado hasta quedar frente a Meredith, tan cerca que incluso se tocaban. Meredith la superaba en altura debido a los tacones, pero Ann nunca se dejaba intimidar. Una sonrisa aparece en su rostro y ella ladea la cabeza, quedándose mirándola fijamente.
-Tienes un problema, uno grande. Y es mejor que lo trates antes de que empeore.
Obtiene por respuesta algo que no esperaba, pero aún así mantiene la calma.
-Y tú tienes mis babas en tu boca y nadie te dice nada, ¿a qué sí, Zénobe? ¡Ya era hora! ¿Cómo sienta saber que prácticamente me estás besando a mi? Qué asco. Y eso porque no conoces los detalles, ¿quieres saberlos? -Dirige su atención a Annie otra vez.
Se mantiene indiferente, aunque la ha dejado en silencio. Sigue en calma, pero su cerebro se ha parado por un instante. Mira a uno de sus costados y de repente se encuentra con la vieja mirada del arcángel que manejaba todo aquello, el cual escrutaba a las dos jóvenes de una forma bastante dura. Las aparta despacio, aunque firme y dice:
- Esto termina aquí. Si tenéis ganas de luchar iros a la sala de entrenamiento que tendremos en el próximo almacén. -Meredith abre los labios para decir algo y se ve interrumpida- He dicho que ha terminado. Cada una por su lado y como os vea así otra vez, estáis expulsadas.
Annie sabía que no era posible, no para ella, pero se queda en silencio, se da la vuelta y queda justo al lado de Zénobe, aunque esta vez no toma su mano. No está enfadada, sólo confusa. Sabe que Zénobe no tiene que contarle con quién, o por qué, ha tenido "contacto", pero el hecho de que Meredith la haya cogido por sorpresa la ha dejado fuera de lugar. Sube una mano a su rostro y se aparta el flequillo de la frente, susurrando.
- Necesito tomar el aire.. yo.. en fin, Zénobe.. - Lo mira, frunciendo los labios, dejando que él viera cuál era el problema en su mirada- Ocúpate de ella, por favor. Está yendo por donde no debe y tengo el presentimiento de que sólo va a escucharte a ti, o quizás a Eros. -Mira al chico de reojo y aunque ninguno parece muy contento con la idea, no se niegan-.. Estaré de vuelta en un rato.
Las escaleras la reciben y con ellas el sonido de la música, lo que hace que de repente le venga un fuerte dolor de cabeza. Ella gruñe despacio y sale al exterior, encontrándose con bajas temperaturas y un cielo encapotado, como su humor en ese momento. Ella suspira y se las arregla para llegar al tejado del edificio que queda justo al frente del pub, sentándose justo en el borde, dejando sus piernas caer. No puede observar las estrellas ni la Luna. Sólo hay oscuridad. El viento sopla con más fuerza allá arriba, despeinándola. Ella baja la mirada y frunce el ceño, dedicándose a darle vueltas a lo que escuchó anteriormente aunque sabe que no debería, no sin escuchar a su ángel primero.
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