Zénobe.
La noche había caido en aquel lugar también, pero sin embargo no había tranquilidad. Todo lo contrario, aquellos ángeles que habían perdido el norte sentían que la oscuridad les brindaba seguridad y tranquilidad, se rendían ante ella y sus placeres capitales aumentaban y se dejaban llevar por todos los pecados cayendo en las tentaciones. Algunos gritaban con furia, otros parecían que iban a matarse entre ellos mientras los compañeros les animaban a cometer tales delitos, otros disfrutaban de actos sexuales sin vergüenza ni complejos, otros caían en chanchullos para obtener comida guiados por la gula.
Zénobe yacía en una esquina de la celda tranquilo, dormido, ajeno a todo lo que había más allá de los barrotes. Está sumergido en un sueño un tanto extraño. Se encuentra en un tipo de ecosistema donde no encuentra nada más allá del horizonte. Parece el último ser de la tierra, se gira sobre sus talones varias veces, pero no encuentra nada allí. Sin embargo, el sueño es un tanto extraño, pues siente la brisa en su piel, y piensa con total claridad. ¿Se supone que aquello era un tipo de sueño? Niega varias veces con la cabeza y echa a andar tranquilamente con las manos en los bolsillos, dejando que el aire despeine su flequillo. De pronto escucha unos pasos tras de si, se gira con rapidez y antes de que pueda reaccionar tiene a Annie entre sus brazos, y la abraza sorprendido. Puede abrazarla. Puede sentirla. Además huele a vainilla... Besa su pelo, y la estrecha con ternura.
-¿Annie? ¿Esto es real? -Pregunta confuso, y ella se separa un poco, mientras él la toma de las manos para poder sentirla mientras habla. Annie le cuenta todo lo que sabe, todo lo que ha podido saber por el arcangel y Zénobe escucha atento. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Salvar a Meredith? Eso era practicamente imposible en sus circustancias.
-No creo que pueda hacerlo... Está totalmente perdida. Por mucho que quisiera.. No se hacerlo, no se.. no se nisiquiera si quiero intentarlo.. Me siento tan cansado.. -Se lleva una mano libre al corto flequillo, y se lo echa hacia atras. -Annie... lo que pasó el otro día... No pasó nada más que un par de besos entre ella y yo. Me sentía solo por aquel entonces, pensé que no volvería a verte y no se, simplemente dejé llevarme. De verdad, lo siento mucho. No es algo de lo que me sienta orgulloso, y menos ahora que tú estás aqui.
Annie de pronto comienza a separarse de él, pero es él quien está retrocediendo hacia atras, como si una fuerza lo llevara hacia atras como un tipo de imán. La llama nervioso. ¿Qué está pasand...?
De pronto se despierta nervioso, más cansado que antes y se encuentra a Meredith tumbada a su lado, abrazándole mientras duerme. Este vuelve a gruñir por lo bajo y se libera de sus brazos, arrastrandose hasta el otro lado de la celda. Su aspecto es de cansancio, agotamiento, suspira, tapándose los ojos con las manos y frotándose estos. Necesita salir de ahí como sea. Ahora sabe que puede ser liberado, pero necesita comportarse, necesita que los superiores se den cuenta de que él no es un futuro caido.
De pronto, Meredith se despierta y se da cuenta de que Zénobe ha huido de ella. Se arrastra hasta donde él, murmurando en voz baja.
-Zénobe... ¿Por qué no quieres nada conmigo? Venga.. estamos practicamente solos.. En este punto.. que más da todo. Ella ya no está aqui y no la vas a volver a ver. Ahora tienes algo mejor... Me tienes a mi.
Zeta rueda los ojos y suspira, tratando de ignorarla hasta que ella lo vuelve a abrazar y este la aparta bruscamente.
-¡BASTA YA MEREDITH! ¡NO QUIERO NADA CONTIGO! ¡ESTÁS OBSESIONADA! -Gruñe, levantándose del suelo y trata de relajarse masajeándose el puente de la nariz, bajando el tono de voz. -Quiero que te alejes de mi. No quiero saber nada de ti, estás perdiendo totalmente el rumbo de tu vida, vas a perder todo lo que la vida te ha dado, el placer y el privilegio de ser lo que somos. Lo vas a perder todo. Lo estás perdiendo ya. Mírate. Sólo hace falta verte a ti y a todos los que están en este lugar.
De pronto, se escucha un tipo de relámpago que llama la atención de todos los presentes en aquella estancia. Zénobe alza la mirada al cielo pero los acontecimientos se van a dar más abajo, donde él se hospeda pues se acercan cuatro ángeles trajeados hacia la celda de ellos dos. Zeta se acerca a los barrotes sin tocarlos, observando como estos se acercan poco a poco, hasta estar practicamente frente a él. De pronto, uno de ellos lo agarra de la camisa llevándolo hacia delante, haciendole atravesar los barrotes y Meredith y los demás encarcelados se aferran a los barrotes como si hubieran desaparecido, pero para ellos siguen ahí y reciben una descarga electrica, mostrándoles que para ellos la sentencia sigue permanente.
Zénobe se encuentra custodiado por esos cuatro ángeles que le guian hacia el final de las filas de celdas y de pronto una luz cegadora los atrapa.
Se encuentra en un tipo de sala blanca, y un grupo de ángeles le observan. Está en un tipo de inspección. Uno de ellos se acerca firme, mostrándole una mesa metálica.
-Me llamo Isaac y mi objetivo va a ser hacerte una inspección. Tras esa inspección, si la pasas, entonces serás libre. No se te condenará ni se te impondrán cargos.
Zénobe acepta y para la prueba tiene que quitarse practicamente toda la ropa menos la ropa interior. Se trata de una prueba de poderes y dones, para determinar que tipo de cualidades son predominantes en las personalidades de los ángeles. La última prueba es una simple inspección de alas. El color de las alas de un ángel totalmente puro es practicamente un blanco cegador a la luz del sol, sin embargo, cuando esa pureza disminuye el blanco se va desgastando hasta ser un blanco crudo, gris, o incluso negrizo.
Zénobe es incapaz de poner ninguna excusa ante la prueba. Necesita salir de alli. Necesita volver a casa junto a ella. La prueba deja boquiabiertos a los presentes. Zénobe ha heredado las alas de su padre. Tiene un plumaje majestuoso e inmenso. Eso desata rumores y polémica entre las escalas del cielo, los ángeles superiores lo observarán con detenimiento a partir de ahora. Saben que si él lo desea o tan solo lo pidiera, podría ser uno de los pocos ángeles que han alcanzado el éxtasis máximo. Tras pasar un día en un tipo de sala de aislamiento, Zénobe ha tenido tiempo para pensar. Sabe que ahora ya no será uno más entre ellos, sabe que se hablará mucho de él. Incluso podrían tomarle como una amenaza.
El próximo día, Zénobe es llevado al bosque donde lo trajeron días pasados. Se despide allí con cierto rencor, y sin perder tiempo, se apresura cansado hacia su apartamento. Espera encontrarla allí. Por el camino, sin embargo, se encuentra con varias miradas, como si supieran ahora su secreto. ¿Qué estaba pasando? Se siente confuso, cada vez mas. Necesita saber de ella, necesita saber que está bien, si aquel sueño era real.. No encuentra las llaves, y llama a la puerta nervioso, suspirando, espera que esté allí.
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