domingo, 22 de junio de 2014

Lejos, pero juntos.

Zénobe.
Se sentía tranquilo teniéndola entre sus brazos, toma sus manos y las entrelaza sonriendo con ternura, escuchando sus palabras y niega ante su declaración sobre su luz, bajando la mirada.
-Tú eres la luz Annie. Tú completa. Yo tan sólo soy un complemento. -Murmura y busca sus labios con los propios, encontrándolos y besándolos despacio, mientras en apenas unos segundos las alas desaparecen levantando una suave brisa en la sala.
Zénobe retira detrás de la oreja un travieso mechón de pelo que ha ondeado por el viento creado, tomando sus mejillas con las manos y aprobechando para besarla de nuevo. 
Se separa al de unos segundos, dirigiéndose hacia el gran ventanal para mirar atraves de este la calle, observando la gente pasar. Algunos con prisa, otros caminan tranquilos, los niños juegan en la calle peatonal y unos pájaros anidan en un árbol cercano. 
Zeta apoya las manos en el cristal, suspirando, girándose lo suficiente  como para ver a Annie de reojo acercarse a él, y la recibe rodeando su cintura, mientras ambos observan la vista.
-Pues no se donde ir, pequeña. Pero debemos irnos... yo al menos. No puedo vivir con el peso de que sepan todo sobre mi. Además te tendrían a ti también completamente localizada. A ambos. Dos pájaros de un tiro. -Susurra Zénobe, y pasea la mirada por el piso, como queriendo recordarlo cuando se muden. -El dinero no es un problema, por eso no te preocupes. Había pensado viajar algo más al norte, a algún pueblo grande, nada de ciudades. Siempre me ha gustado el entorno de los pueblos, cuando comienzas a conocer a los vecinos, a la gente del pueblo... Todo se hace mucho más familiar y eso me gusta. El calor familiar. -La observa esta vez, mientras ella le escucha mirando por la ventana. A pesar de que las ciudades tuvieran muchas más ventajas para esconderse, Zénobe siempre trataba de buscar ese calor familiar que nunca tuvo en pueblos, le encantaba conocer a la gente y la hospitalidad que estos le transmitían, pues Zénobe despertaba en la gente un gran interés y solía siempre caer bien, especialmente a humanos. Sentían por él como un tipo de protección y seguridad al tratarse de un ángel guardián- Podríamos vivir en una casa rodeada de árboles y con un jardín que de al bosque. No se, un espacio más rural, suelos de madera, una chimenea de leña.... Te imagino leyendo en el porche... -Annie le mira, y aprobecha ese momento para sonreir y tratar de hacer más ameno el asunto, intentando contagiarle la sonrisa que acaba en un pequeño beso.- Y Tonca tendría todo el sitio del mundo para ir a sus anchas. -Vuelve a sonreir, mientras la pequeña mascota de Annie baja por las escaleras a saltitos. -Tan sólo dame tu opinión... Puedes dar sugerencias. El sitio es lo de menos al fin y al cabo. Si me dices que sí comenzaré a hacer la maleta y nos iremos a rehacer nuestra vida a otro sitio.

 

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