Annie.
Cuando el sueño espiritual finaliza, o más bien cuando lo expulsan de él, Annie se queda con una sensación de vacío inexplicable. Al despertar, lo que hizo al momento en que Zénobe se había marchado, sus ojos azules recorren la habitación, buscando, esperando verlo allí, pero no hay nada más que la luz desvaneciéndose a través de las cortinas blancas a medida que el tiempo iba pasando y la noche se iba acercando. Acurrucada entre las sábanas y abrazada a la almohada, Annie apenas se mueve en toda la noche. Está preocupada y no sabe qué puede hacer, sabe que todo está en manos de su ángel y si algo hace es confiar en él. La madrugada se desliza suavemente, dando los buenos días a un nuevo día.
Annie sale en cuanto los rayos de Sol comienzan a aclarar el cielo. Se mueve entre las calles, silenciosa y con paso rápido, como si estuviera siendo perseguida... pero lo cierto es que no hay ni un alma a esas horas, solo aquellos que debían llegar al trabajo a primera hora. Después de media hora andando a su paso se para frente a una vieja casa con un bonito y cuidado jardín, el cual, incluso si era temprano, dejaba que todos los que pasaran por la acera olieran el perfume de las rosas y flores que lo adornaban. Annie abre la reja despacio y cierra tras de sí. Sube las escaleras de la entrada y toca la puerta despacio, posando sus manos tras la espalda como si fuera una niña en un museo, esperando que el dueño de la casa abra. Tras unos minutos la puerta se abre y ella entra, cerrando tras de sí. La persona que la recibe la abraza con fuerza, sonriendo. Sus cabellos rosas rozaban sus hombros debido a un corte de pelo, pero sus ojos claros seguían teniendo la misma fuerza de siempre. Alex. Las dos chicas se internan en el hogar y, sentadas en el salón, conversan por horas. Annie le cuenta lo que ha pasado con Zénobe, y recibe por respuesta:
- Sabes que va a pasar tarde o temprano, ¿verdad? Van a llamaros porque tú eres su protegida y él está enamorado de ti, siempre lo ha estado.. -Annie se queda en silencio, apretando los labios- ..y porque tú le correspondes. Lo vi desde el primer día. No sé cuales pueden ser las consecuencias y sí, sé lo que estás pensando. Yo tampoco entiendo por qué deben haber consecuencias para el amor, pero todos la sufrimos, mírame a mi. He sido desterrada por amar a quién no debería amar, pero no podía evitarlo. Pero..Ann, no te preocupes, ¿si? Vuestra situación es diferente.Tú... no eres como todos los que se nos asignan. Tú eres tú y, bueno... estoy segura de que sabréis cómo manejarlo. Confío en ello. Y ahora, deja de pensar en eso. Él estará de vuelta pronto, confía en ello.
La chica se queda pensativa por un rato y luego asiente a Alex, su vieja amiga. La invita a ir con ella a un caso y salen las dos de la vieja casa, internándose en la ciudad otra vez, ahora mucho más llena de gente. El tiempo pasa rápido con ella y de una forma u otra eso era lo que la muchacha necesitaba. Ésta vez era un adolescente completamente fuera de sí y no había duda; había sido tocado por Sarah y cada vez que veía a Annie se sentía confundido. Ellas eran idénticas, pero se notaba la diferencia entre ambas en cuanto las conocías. Tras un rato intentando hacer que vea las cosas de forma diferente y corrigiendo su comportamiento, las dos chicas se despiden del chico que poco a poco iba mejorando. En el camino de regreso una sensación inunda a Annie, que clava sus ojos en el cielo y frunce el ceño. Se despide con rapidez de Alex y se dirige al apartamento de Zénobe, o más bien, su casa. Abre el portal y sube las escaleras. Ya sabía lo que pasaba. Podía ver su espalda moverse ante su respiración, su frente apoyada a la madera de la puerta principal, el pumpumpum de su corazón resonando con fuerza, como si por un momento tuviera miedo,
-Zeta..-Susurra despacio y cuando el chico se da la vuelta ella ya se encuentra entre sus brazos.
Y entonces la calma la inunda y lo arropa despacio, como a un niño que necesita protección. Besa su cabeza despacio, pasando a su frente y, a pesar de que siente como su cabeza reposa en su hombro, se las arregla para besar su mejilla y dejar ahí los labios apoyados.
-Menos mal que ya estás aquí, menos mal que estás bien...-Susurra y luego lo siente moverse, al tiempo que sus manos acarician sus mejillas y se funden en uno de esos besos que podrían congelar el mismísimo tiempo.
La chica lo abraza con fuerza y suspira con calma, sintiendo su corazón ir a mil por hora. Recuerda que la noche pasada no pudieron terminar la conversación sobre Meredith y teme que él esté nervioso por eso, o preocupado. Frunce los labios y abre la puerta, dejándolo pasar y cerrando tras de sí pero, antes de que se marche a ducharse, o a cambiarse de ropa, o a hacer cualquier cosa que quisiera hacer después de la tortura a la que había sido sometido, Annie se acerca, posándose justo frente a él y cuidadosamente aparta el cabello que cubre su frente, fijando sus ojos en él y susurrando:
-No quiero que te preocupes por nada, ¿lo entiendes? Y no, Zeta... no me lo niegues. Escucho tu corazón bombeando como si fuera a salírsete del pecho. Quiero que estés tranquilo, y que sueltes cualquier cosa que te estés dejando dentro... Por favor, no lo retengas ahí..-Se pone de puntillas para besar su barbilla y luego frunce los labios, susurrando- Anda, ve... te prepararé un zumo de fresas. Te espero aquí abajo, ¿vale?
Le sonríe, esperando que esto le traiga algo de tranquilidad.
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