Zénobe.
Las estrellas esperaban espectantes, los ojos de los presentes, también como estrellas luminosas posaron la vista en los dos jóvenes. Ambos perfectos, hechos para amarse y dejarse ser amados. Recorrió su cuerpo con una sonrisa hasta llegar a la suya, dejando escapar un suspiro entre los labios y subiendo un par de escalones en la entrada para tomar su mano y ayudarla a bajar, estaba tan bonita. Notó su sonrojo en las mejillas, que fueron besadas proximamente por un fugaz beso lleno de ternura, musitó en esa piel, perfumada- Estás preciosa. -Un segundo beso, esta vez en los labios, con los presentes delante, que morían de envidia al ser testigos de aquella escena de película o novela romántica. Era la noche de los dos, era la noche para aquellos que se aman. Unos pasos hasta el deportivo que les esperaba en la calle. Abrió su puerta dejándola entrar y cerrándola tras de si, para que el fino rocío de la llegada madrugada no dañara su peinado. Agradeció al botones tras dejar las maletas junto a las propias en el maletero, dándole propina y sentándose en el coche, poniendo la llave en el contacto, antes de arrancar, la mira y vuelve a sonreir. Poniendo la mano sobre la suya, en el reposabrazos. -¿Estás lista? -Pregunta, y responde seguido a la duda de Annie, sobre que debía estar preparada. -Para vivir una vida a mi lado. -Un hoyuelo se marca en su mejilla cuando este ya arranca, tomando la carretera general, observando por el retrovisor que algunos de los huéspedes presentes en el salón y recibidor del hotel estaban en la puerta, como despidiéndose de alguna manera de aquella curiosa pareja, llena de un misterio que dejaría el pequeño pueblo lleno de mágia.
No sería un trayecto largo, además el paisaje era precioso. Una carretera entre bosques y frondosos árboles. En la radio había una música de fondo, una canción de Coldplay en bajo, el grupo favorito de Zénobe, que inconscientemente acariciaba el volante con los dedos al compás del piano, instrumento que tocaba como los ángeles, literalmente. Murmurando un "And I will try, to fix you". Ajenas de la civilización, el cielo se vestía con constelaciones que Annie miraba como si fueran de la misma familia. -Brujita, estamos casi llegando. -Interrumpe su clase de astronomia mientras la mira de reojo, sin perder sonrisa, y hace un gesto de cabeza para señalar un precioso restaurante que iluminaba parte del bosque con candelabros y antorchas.
El sitio era precioso. Abre la puerta de Annie dejando que saliera con cuidado después de haber aparcado en el parquin de piedritas. -No te tropieces, ten cuidado. -Dice, tomando su mano por si las moscas y volviendo a besar su mejilla, esta vez dejando ahí los labios unos segundos. Cierra la puerta y el coche con la mano libre, pues la otra rodea la cintura de Annie, uniendolos en un abrazo en el parking. Al de unos segundos se encuentran caminando por un camino de piedra guiado por luces y abetos. Las luciérnagas juegan esta noche con las sombras que forman algunas antorchas en el suelo. Sin soltar su mano, se dirigen poco a poco hasta una terraza exterior donde esperan a Zénobe y su acompañante los colegas de el joven con sus respectivas parejas. Sonríen al verle llegar y se acercan de forma dibertida a por él, como si lo tuvieran planeado para saludarle y recibirle entre abrazos y alguna que otra jugarreta, como si todos fueran cachorros de león con cuerpo de hombre pero alma de niños. Vuelve a tomar la mano de Annie cuando estos le dejan respirar más tranquilo y ríe al verla sorprendida por la recibida de sus amigos. -Estos pueden llegar a ser más peligrosos que esas criaturas malévolas. -Bromea guiñando un ojo rapidamente y deja nuevamente al descubierto su blanca dentadura para llevarla hasta el grupo, estos toman asiento y la guía hasta su lado, donde en los platos se encontraban unas cartas con sus nombres, el de Annie y su sitio, y el de Zénobe y el suyo. Se sientan bajo las miradas de los presentes que admiran la belleza de la joven, las chicas no pierden detalle del vestido y de su rostro, que parece no haber sido campo de batalla de ninguna imperfección. -Ella es Annie. -La presenta, mientras todos la reciben cariñosamente entre saludos y presentandose alegremente, encantados de la visita de la pareja. -¡Que callado te lo tenías cabrón! -Comenta Ryan riendose, haciendo también reir a los demás de la mesa y Zénobe mira a Annie prensando los labios para reprimir reirse tambien, terminando por sonreir y tomar su mano por debajo del mantel, acariciandola.
La velada iba como la seda, hacian bromas, comentaban anecdotas sobre Somalia, se dibertían con el camarero que acababa siempre por reirse él también. Las chicas se quejaban a sus novios en bajo al ver algunos gestos de el joven ángel hacia Annie, pues ellas nunca habían sido tratadas de aquella manera tan respetuosa y cariñosa. Zénobe estaba pasándoselo en grande, explicandole en ocasiones detalles a Annie para que se enterara mejor de los comentarios de los chicos, sin embargo notaba en ocasiones a Annie distraida con una chica presente en la mesa, no se conocían pero ambas notaban algo extraño en la mesa, un ligero presentimiento. Por lo visto aquella chica era de raza vampiro, sin embargo parecía totalmente pacífica, humana. Zénobe sin embargo no había notado nada diferente, para él ella era Leena la novia de Ryan. A veces preguntaba a Annie si se encontraba bien, sabía que algo la preocupaba o entretenía en cierta manera, esta sin embargo negaba diciendo que solo se entretenía observando las antorchas. Leena sabía de ambos, sabía de Zénobe y una enorme curiosidad se invadía de ella al verle y aún más... Acompañándola a ella. Los postres. Ambas no habían comido apenas bocado en la cena, Zénobe sabía el por qué de Annie, y pensó que la otra joven simplemente seria víctima de esas dietas obsesivas. La cena había sido perfecta a la luz de las estrellas y una luna que iluminaba las copas de los árboles, los jóvenes se despendían, la mayoría se despidió tambien de Annie, la tomaron enseguida como un miembro más de aquella familia que ellos formaban, Leena tomó el brazo de Ryan y Zénobe fue con Annie a despedirse también de ellos. Ellas quedaron mirando de frente, ellos se despidieron mientras comentaban cuando volver a verse. Empezaron a irse poco a poco en los coches, serían las dos de la madrugada cuando Annie y Zénobe se disponían a entrar al coche, ella se sentó y él después, poniendo la llave en el contacto. -Bueno, ¿Qué tal lo has pasado? Son geniales. -Sonrié, apoyando la nuca sobre el asiento del conductor, diriendo la mirada a ella que aun parecía un poco distraida. -Annie.. ¿Estás bien? -Pregunta, algo preocupado mientras espera respuesta, escuchando a los grillos fuera del coche frotar sus alas-
No hay comentarios:
Publicar un comentario