viernes, 7 de junio de 2013

Cambiando de aires.

Zénobe.

Que haya aceptado lo pone más feliz,  y es verdad, entre ellos hay algo que hace olvidar problemas ajenos, el mundo desaparece sin rechistar cuando ellos estan cerca. Sólo hace falta ver sus gestos para darse cuenta de que la ama. La ama por encima de todo, la ama por encima del cosmos, por encima de leyes universales, la ama, tan simple y complejo como el amor de dos jóvenes. Juega con un largo mechón de su pelo, que se desliza sedoso entre los dedos, sonriendo de lado ante el gesto de que las cortinas se cerrasen para crear un ambiente diferente, Zénobe alza las cejas divertido, intentando chincharla y pinchándole suavemente con un dedo uno de sus costados, haciéndole cosquillas.- Eh, que estás buscando pequeña, ¿Un ambiente más erótico? -Dice mordiéndose el labio para no reir, viendo su reacción y se le hace imposible no achucharla entre sus brazos, cariñoso y cogiéndola en el aire a su antojo, se sienta en la cama y la coloca sobre su regazo, dejando que esta acomode las piernas una en cada lado de su torso. Este también le roba un beso, besos que a pesar de ser "robados", llevan su nombre escrito en los labios. Posa las manos en su cintura y vuelve a robar otro beso, esta vez jugó con sus labios, rozando estos varias veces, atrapando alguno suyo con los propios, besando sus labios con total ternura, mientras sus respiraciones se unen, respirando ambos del mismo aire, musitando en su boca, recorriendo y perfilando su manibula con besos antes de hablar, bajando hasta su cuello pálido como la nieve, depositando en este un par de besos más, susurrando contra la piel- Tengo que marchar. Tengo que ir a arreglar cuentas a la granja, decir que me voy y recoger todas mis cosas. Me pasaré a recogerte, ten todo listo. Para cuando vuelva te esparé abajo para ir a cenar. -Hace como que muerde su cuello, al contrario que cualquier otro ser, Zénobe tenía los dientes perfectamente alineados y sus colmillos estaban como limados para no ser puntiagudos, por lo cual el mordisco es tan suave que provoca un escalofrío en Annie. Busca sus labios de nuevo, terminando con un breve beso y sentándola a su lado en la cama. Este se levanta aún sin camiseta, pero también sin rasgos de heridas. Toma la daga, que al contrario que a ella, no le causa ninguna molestia, es más, parece adecuarse a su mano y encajar, se la envuelve en la camiseta ya rota, al fin y al cabo no prentedía ir enseñándola por la calle, bastantes miradas atraería ya sin camiseta hasta llegar a la granja. -Te veo luego, ¿Vale? -Se apoya en el marco del pasillo, y le guiña un ojo burlón, dirigiéndose después hacia la puerta, sin embargo retrocede rapidamente, y vuelve donde Annie con un dedo en alto, diciendo- ¡Se me olvidaba! -Vuelve a besar sus labios, terminando por sonreir en estos y susurrar un te quiero, entonces sí, ya sale de la habitación de Annie sin preocupación alguna.


Los padres de Coraline se tomaron bien la noticia, Zénobe les explicó que tenía una beca o algo improvisado en la ciudad y que debía marchar, estos se lo tomaron bastante bien aunque a su madre se le notaba cierto aire melancólico en los ojos, Zeta le parecía perfecto para su hija y ahora se le marchaba a la ciudad. Se despidió de ellos y les dijo que iría a recoger sus pertenencias a la casa, que hoy dormiría en otro lugar. Y así fue, estaba en casa guardando su ropa en una maleta y una bolsa de mano, guardó todo lo del neceser, el maletín en la maleta, el traje en el portatrajes, el uniforme en la bolsa.. Haciendo lista de todo aquello, terminó y dejó sus pertenencias en la puerta de casa, estaba ordenando un poco la casa cuando la puerta se abrió de golpe y unos gritos invadieron aquellas paredes. -¡ZETA NO TE PUEDES IR! -Grita mientras busca a su "caballero andante" por la casa, hasta encontrarlo y lanzarse a sus brazos sollozando- ¿Es por lo sucedido esta mañana? ¡Me da igual que seas un ángel! ¡No pasa nada, tendremos hijos ángeles! ¡Yo seré un ángel si quieres! ¡Quiero volar quiero cruzar las nubes! -Decía, parecía que se le estaba llendo totalmente la cabeza, Zénobe sentía un poco de pena por ella, al fin y al cabo era como la hermana pequeña que nunca tuvo, aunque esta estaría dispuesta a  cometer incesto por su "hermano". -Cora no es por eso, debo marcharme y ya está, te dije que mi estancia aquí sería temporal, no dramatices. -Dice, intentando quitársela de encima pues esta besuque su casa y no suelta la camiseta que ahora Zénobe viste. -Coraline.. de verdad, tengo prisa, vamos.. -Pone los ojos en blanco, paciente con la muchacha pues no parece ceder, negándose a soltarlo como si fuera un tipo de peluche de feria, enfurruñada. -¡NO! ¡NO! ¡NO! -Niega, y se lanza sobre este esperando que la coja en brazos, cosa que no hace asique van a parar ambos al suelo por la inercia. Zénobe apoya los codos, está empezando a cansarse y eso no es bueno, y menos ahora que no sabe en que momento podrá controlarse o dejar que sus poderes fluyan, aprobechando la ocasión la joven de cabellos dorados se inclina hasta besar sus labios, con cierta ansia y este se sorprende, intentando apartarla de su torso, parece un koala ahí plantada. -Coraline, ¡Basta! -Grita, su voz parece haber dejado a la joven de piedra, que retira sus labios de los de él, y se levanta del suelo, algo avergonzada por su actitud, este se levanta también en un rápido movimiento, echándose la bolsa a un hombro y tomando la maleta por el asa, ya que el camino polvoriento no permitía llevarla arrastras. En el porche hace un gesto de cabeza, mientras baja las escaleras hasta el jardín- Hasta otra Coraine, espero que todo te vaya bien. -Dice, algo agobiado por la situación y echa a andar, mientras la joven se queda en la puerta, observando como se le escapa la situación de las manos. -Adiós Zeta, ¡Volveremos a vernos! -Es lo único que ha llegado a escuchar, mientras se aleja poco a poco en el camino.


Al llegar al pueblo, se las apaña para hacer algunos recados antes de marchar, entre ellos unas llamadas a tiendas de la ciudad. Se encontró con Rafaella, la joven camarera, que al enterarse de que se marchaba del pueblo, accedió a que Zénobe dejara las cosas en su casa hasta que este se hubiera vestido para ir a cenar, y así fue. Dejó las cosas en casa de Rafaella, era una pequeña casita con flores en la plaza del pueblo. Zénobe bajó otra vez a la plaza para volver a llamar por el teléfono público, en efecto, su encargo ya había sido entregado al motel. Más tranquilo, se dirigió a comer. Decían que Rafaella hacía los mejores guisos del lugar, y era verdad, le preparó uno esquisito, dándole mil veces gracias subió a uno de los cuartos que esta le indicó para cambiarse, estaba empezando a atardecer. El encargo de Zénobe era un vestido rojo para Annie, un rojo intenso y elegante. El vestido consistía en una parte más corta por delante mostrando las piernas, sin embargo por detras tenía capas de gasa y seda que se entrelazaban sedosas, resbalandose por cada curva de Annie, creando un tipo de cola, en el escote, de un tipo de palabra de honor corazón, con pedrería de Swarovski fina. El encargo había llegado, asique Zénobe podía vestirse tranquilo. Se empezó duchándose y con el aseo, después se secó el pelo con secador, cosa que no solía hacer pero de esta manera se le quedó el flequillo con un cierto tupé que le gustaba, al fin y al cabo así no tendría que estar él apartándoselo de la cara. Era un traje negro de Prada, corbata roja y gemelos dorados, estaba hecho un pincel. Bajó con las maletras para esperar al auto que había alquilado para ese día, y Rafaella se quedó boquiabierta al verle. -¡Zénobe, estás guapísimo! -Le dijo al verle, y ambos rieron. El coche llegó después de haber estado hablando con Rafaella un rato, sobre su estancia en Somalia. Dejó las maletas en el maletero y dando las gracias al chofer que ahora se retiraba para coger otro coche en vuelta a casa, Zénobe se despidió de la camarera, conduciendo después hasta el motel. Era un coche negro brillante, un deportivo BMW. Habló en recepción para que avisaran a Annie de que estaba abajo esperándole y que bajara también sus respectivas maletas. Espera impaciente apoyado en el coche, ansioso de verla bajar por la escalinata del motel hasta la carretera, algo nervioso.

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