domingo, 2 de junio de 2013

El yin de mi yan.

Zénobe.

Parece ser que las cosas no estaban funcionando bien, se limitó a escucharla pero no alzó la mirada en ningún momento, tan sólo observaba la granja, como las ventanas de el piso de arriba comenzaban a abrirse, pronto vendría Coraline a despertarle, ajena a toda la situación actual. La vió marchar, después de todo aquel discurso se levantó, y comenzó a caminar detrás de ella en sigilo, esperando no ser escuchado, justo cuando ella se sienta esperando a su mascota, el crujido de una hoja le delata y se acerca entonces sin ningún misterio hasta alcanzar su mismo asiento, observa las hojas en las cimas de los árboles, suspira y habla en un tono más tranquilo. -No quiero perderte Annie, pero... Las cosas no están bien. Ojalá pudiera explicarte lo que sucede. -La mira de reojo, sin atreverse a tocar siquiera su mano, observando ahora el suelo, las bellotas y ramitas de árboles. Carraspea aclarándose la voz, quiere dejar las cosas claras. -Espero que ni se te haya pasado por la cabeza pensar que tengo algo con Coraline, -ríe irónico, sin ganas- Por que no es así. Es una niña y es la hija del granjero para el que trabajo, unos arreglillos a la cerca,algunos trabajos de campo y enseguida estaré nuevamente en la carretera, no quiero quedarme aqui por mucho tiempo. La verdad, no se ni que hago aquí. Algún día, cuando tenga tiempo te contaré todo lo que he estado haciendo durante todos estos años. Algún día te contaré también por que me fui. -Suspira, encogiendo los hombros y manteniéndolos asi unos segundos hasta que observa que un pequeño conejito corretea por los alrededores en busca de alimento, observandolo hasta que finalmente se incorpora para quedarse en dirección a ella, retirando su pelo de la cara y colocándoselo detras de la oreja, se odiaba por haberse comportado de tal manera, se odiaba por haberse ido, se odiaba por haber elegido ese camino en su vida. -Sabes... Ojalá pudieramos coger ahora mismo esa maldita camioneta e irnos lejos, a otro mundo, donde nadie... -agacha la mirada, al decir ese "nadie", volviendo otra vez a mirarla a los ojos- ... pudiera encontrarnos nunca. -Murmura, negando con la cabeza y dejando caer su mano sobre la de ella, acariciándola solo un momento y retirándola para perfilar con un dedo una grieta del tronco del árbol. -Se que no debí irme así pequeña, no sabes como se me parte el alma, no sabes como me gustaría poder cambiar las cosas y poder elegir otro tipo de vida. No quiero ser esto, no quiero ser como soy, la vida es injusta, ¿sabes?.. -Habla entre tabúes, sin revelar ningun dato que pueda valer para resolver esa incognita- Yo no soy un ángel Annie, dejé de ser un ángel hace muchos años y eso me pesa en los hombros. Yo ... -Aprieta los labios, pues de repente se levanta una fuerte ventisca de aire, Zénobe cierra los ojos pues las ramas de los árboles vuelan por el aire, como queriendo detenerle para que no diga palabra alguna, queriendo retener su secreto, y este se lleva la mano  a la frente desesperado, haciendo un simple gesto con la mano para crear un tipo de burbuja protectora entre los dos, para que el viento les deje tranquilos y en paz, sin embargo, la burbuja poco a poco comienza a tener más y más grietas, como si hubiera alguien controlando sus poderes y queriendo hacerle parar. -No se si soy lo más adecuado para ti Annie... Sabes que te quier.. -Pretende decir, antes de que diga palabra, el fuerte viento rompa la barrera protectora, censurando sus palabras y dejándolo a media frase. Tras la impotencia, se levanta del rústico asiento, no sin antes retirarle del pelo a Annie una pequeña ramita que se posó ahí por culpa del viento, murmura en bajo- Sabes cuando quieres una cosa, pero algo te la impide.. -Añade, volviendo a mirarla a los ojos, tenía tantas ganas de abrazarla y llevársela consigo a algun lugar secreto de la tierra, hacerla suya y amarla para siempre, que fueran el uno para el otro, y se le parte el alma, mordiéndose el labio para reprimir palabra alguna, pues también se pone en su lugar, la empatía se apoderaba de él- Siento haberte causado tantos problemas Annie. Si me fuí sin decirte nada fue para que no pudieras encontrarme. De lo contrario... -Antes de seguir, vuelve ese "algo" a retener sus palabras dándole un fuerte pinchazo en el vientre, llevándose este la mano a la tripa, gruñendo de rabia, intentando hablar en un tipo de código secreto pues ese "algo" conoce los sentimientos de Zénobe hacia Annie, y no los tolera. -Digamos... que si tú eres el yin, yo soy el yan. Opuestos. -Acaba diciendo, sin poder explicarse de otra manera.

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