Zénobe.
Su vida había vuelto a dar un gran jiro, las cosas con Annie estaban bien, dentro de lo que cabe, pero no se iba a arriesgar a perder todo lo que tenía, intentaría jugar bien sus cartas para que aquellos seres no le encontraran, lo primero pasasr completamente desapercibido, cosa dificil. Tras despedirse de la jove, Zénobe emprende su camino hacia la granja, con las manos en los bolsillos, cansado y aún sin haber empezado el día. Se encontró con Coraline, que lo recibe con un fuerte abrazo y unos besos en las mejillas, contenta de verle nuevamente, Zénobe y Cora comienzan las tareas de la granja. Así pasaron un día, dos, tres y hasta cuatro.
Aquel día fue bastante duro, que si llevar el heno hacia el establo, llevar el ganado al río, ordenar las bridas y echarles grasa al cuero, arreglar unas cañerías en la cocina y para completar la tarde, una vuelta al pueblo para despejar la mente.
Paseaba por las calles tranquilo, el sol estaba escondiéndose por las colinas y pensativo, esta vez sin la compañía de la joven muchacha, que a pesar de querer acompañarle en el paseo, tuvo que quedarse en casa para estudiar, al fin y al cabo era una chiquilla que iba al instituto. Las calles empezaban a vaciarse, pero aún quedaban mujeres en el mercado, después de la semanal feria de lacteos, sus respectivos maridos cargando furgonetas y gatos callejeros buscando cama para la noche.
Se sentía bastante cansado, casi sin fuerzas y suspiró, arrepintiéndose de haberse ido de paseo, pero le gustaban los paseos nocturnos, dormía mejor al empatizarse con gente corriente, pues así se concienciaba de que él era uno como ellos, sin rasgos diferentes. "¿Dónde estará Annie?" Pensó, jugando a chutar una piedrecilla del suelo, hacía días que no sabía de ella, la verdad tampoco tuvo mucho tiempo de ir a verla, la granja le tenía ocupado y al llegar a casa apenas llegaba a la cama, se solía quedar dormido en el sofá. "¿Estaría cenando? ¿Leyendo? ¿Disfrutando de la noche? ¿Banándose tal vez?" Se divertía imaginándosela en diferentes escenas, se imaginó hasta a Annie vestida de piloto de carreras, a Annie vestida de granjera, a Annie de veterinaria.. Como si fuera una de esas Barbies de oficio asignado. Se había desviado del camino con tanto fantaseo, la piedra que chutaba se quedó hace rato atrás solitaria en el camino. Sin embargo conocía el lugar, era un camino que también llegaba a su pequeña casa de madera, sólo que tardaría el doble en llegar.
La noche se le vino encima, caminaba más deprisa para poder llegar a casa pronto, lo había decidido ya, se haría una tortilla de patata con unos pimientos, tenía tanta hambre... De pronto Zénobe se paró de golpe, alguien le estaba siguiendo. Se giró en un rápido movimiento pero allí no había nadie. Volvió a retomar su camino pero esta vez alerta, "Ha sido tu imaginación, algun animalillo de campo", dijo para tranquilizarse. Pero notaba una presencia en su espalda, y este volvió a tragar saliva y se giró en sus talones, intentando ver más allá de los matorrales, se estaba empezando a emparanoyar y no era bueno ponerle nervioso, a la mínima era capaz de soltar sus poderes o incluso peor, al mínimo susto sus alas se desplegarían. Esta vez estaba seguro, algo le estaba siguiendo, comenzó a seguir su ruta a un paso más rápido de lo normal, poniéndose la capucha de la sudadera como si a "aquello" que le seguía fuera a importarle que llevara la cabeza cubierta en el anonimato o no. Algo le cogió el pie y le hizo tropezar, cayendo al suelo de morros, soltando un gruñido pues esta vez sabía de que se trataba, y lo peor, parecía que se estaban cachondeando de él. -No tiene ni puta gracia. -Dice, incorporándose del suelo, pero nuevamente vuelven a tomar su pie volviendo a hacerle caer sobre el suelo, practicamente en el mismo sitio, Zénobe empieza a cabrearse de ese jueguecito, y sabía quien estaba detrás de todo esto. Sabía que con Annie cerca le encontrarían tarde o temprano. -Lárgate. -Dice, volviendo a retomar su camino, esta vez anda con cuidado, y sigue sin hacer uso de sus poderes. Ya se veía la pequeña casa a lo lejos, y camina entre los árboles del bosque de forma ágil, decidido a llegar a casa para que los "enviados" rastreadores le dejaran tranquilo, quería hacerles parecer que era un humano más, por muy absurdo que eso pareciera.
El ambiente volvió a la calma, estaba en casa haciéndose la cena, pero de pronto la puerta de la casa de abrió por arte de magia, la fue a cerrar pero no había nadie allí, tragó saliva, Zénobe no estaba hecho para enfrentarse al miedo, y en verdad, era bastante miedica. Intenta distraerse y enciende la radio, pero esta empieza a perder la frecuencia y parecen escucharse psicofonias, es entonces cuando comienza a alterarse, apaga el fuego de la cocina y pone la tortilla en un plato, comenzando a cenar. Antes de empezar, empiezan a caerse los estantes del salón, los libros de una pequeña biblioteca salen disparados hacia la pared, estaban jugando con su cordura y estabilidad. -Joder... -Maldice, dejando de cenar sin tomar bocado, encogiendo los hombros y llendo al salón, medio encogido y buscando por la habitacion algún tipo de presencia, entonces nota que alguien le sopla en el cuello, se le eriza la piel y se queda paralizado, volviendo a tragar saliva y acojonado. Ríe como metodo de defensa, pues no le hace gracia la situación y se frota la cara con las manos, cuando abre los ojos la habitacion ha cambiado completamente, y los muebles están en un órden diferente, entonces empieza a desquiciarse, a querer escapar de allí. Sale de la casa, cerrando la puerta tras de si, asustado pues él no tolera la oscuridad y los misterios de esta. Comienza a andar sin dirección hacia el pueblo, tal vez allí alguien podría distraerlo de aquella tortura, pero cuando iba en camino por la ruta del bosque, una silueta se le presenta de golpe, asustando tanto a Zénobe que le hace perder por un momento el control, haciendo que sus pupilas se dilataran y sus ojos se volvieran de un tono aguamarina, él sabe que está perdiendo los papeles por culpa de estos sabuesos chupasangres, que intentan alterarle para que se manifieste con sus poderes y transformándose en ángel, para que ellos puedan actuar justamente llevándoselo a las entrañas de la tierra- Annie.. -murmura en un sollozo, pues no sabe ni como actuar con este tipo de criaturas, para él es un mundo nuevo, buscando escapatoria por todos los ángulos del bosque, percatándose de que le rodean más de una silueta, parece estar rodeado.
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