Annie.
Aquella situación no era de su agrado, pero no había encontrado forma de huir de ella. La muchacha de cabellos dorados hablaba como si la conociera de toda la vida, mientras que Annie se limitaba a asentir con la cabeza y darle la razón en todo. No se sentía muy bien; quizá por lo que había acabado de ocurrir, o porque estaba con la persona a la que tendría que rehuir y a su...nueva compañera. O por las dos juntas, sí. Camina con paso lento, como si no quisiese llegar nunca y otra vez, apenas se escucha su voz. El olor a comida chatarra la golpea, aunque estaba segura de que en aquel lugar había mucho más que eso. No podía comer siquiera, no le iba a sentar bien. Lo único que iba a caerle en el estómago aquella noche, eran sensaciones que dudaba fueran agradables. Un cómodo asiento la recibe y por un momento clava la mirada en el exterior, en la plaza semioscura, iluminada por una farola. Tonca aparecería pronto, lo presentía. La voz de Coraline vuelve a llamar la atención de la morena y allí los ve, pero sin embargo, Zénobe no deja de mirarla. Ella frunce el ceño y entabla una pequeña conversación con Caroline, sin dar muchos detalles y con respuestas más bien cortantes a pesar de la alegría de la muchacha. Se le escapa un suspiro de alivio cuando el chico dice de pedir para llevar. Espera, espera, ¿viven juntos? Annie recibe la información como un puñetazo. Si no hubiera visto a Zénobe en el aeropuerto pensaría... Pero aún así, era posible. ¿Por qué iba a dejarla sino fuera por alguien así? Ladea el rostro y queda mirando a la chica. Entonces, ¿por qué estaba en el aeropuerto? ¿De dónde venía? Annie niega suavemente y en cuanto reciben las bolsas de la comida, se levanta y camina hacia la salida, frunciendo una vez más el ceño.
-Eh.. bueno, yo tengo que irme.-Dice, interrumpiendo la conversación.-Espero que paséis una buena noche.
Una sonrisita cortés aparece entre los labios de Annie, aunque ni siquiera muestra los labios. Gira sobre sus talones y comienza a andar, atravesando la plaza y fundiéndose con la oscuridad. Puede escuchar los comentarios de la rubia con respecto a su actitud y por el otro lado, el silencio de Zénobe. Por un momento, puede decir que está mirándola...pero aparta todo tipo de pensamiento de su cabeza y sigue su camino, sin preguntarse siquiera cuando volverá a cruzarse con ellos dos. Al fin y al cabo, ella era pasado. Y él era... "¡Presente, siempre ha sido presente!" Cállate. Suspira, escuchando como sus pasos acompañan al sonido de los grillos. Un lobo se junta a su recorrido, marcando sus pasos como si fuese su guardián. Tonca está tranquila. Annie posa una de sus manos en su lomo y la acaricia, dándole las gracias de aquella forma. Se queda parada en medio del camino, simplemente acariciando a su mascota, que parece mirarla con cara de preocupación. Ella también pensaba que aquellas pesadillas se habían acabado. Y otra vez, Annie frunce el ceño. Escucha pasos y se tensa, decidiendo caminar un poco más rápido por la orilla de aquella carretera llena de árboles. No tenía qué temer, podría defenderse pero...no quería más movidas aquella noche. No más. La temperatura había vuelto a bajar y casi podía ver su respiración en el aire, cosa que hace a la chica suspirar hondamente y seguir, casi desesperada por volver al motel.
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