Zénobe.
Nada más acercarse observó como las facciones de Annie cambiaban y como la joven se estremecía, Zénobe se quedó perplejo, asustado, pero el miedo le invadió el cuerpo y no pudo hacer nada, nisiquiera era capaz de mover el brazo para poder sacarla de aquel trance, se quedó observando, con los labios fríos y sintiendo como la sensación térmica de aquel instante era baja, congeladora. Después de que Tonca la sacara de su subconsciente y aquella pesadilla, las que recordaba de viejos tiempos donde él era el héroe que la salvaba de estas, se fija por un instante en los ojos de Annie, algo asustado. Hacía tiempo que no presenciaba nada paranormal, se había convertido en un joven corriente. Lo que Zénobe desconocía era que en su interior brotaban miles de poderes nuevos, fuerzas y virtudes esperando a ser liberadas, ansiosas. Se quedó perplejo, como si no fuera el mismo, hasta que escuchó la dulce e infantil voz de Coraline a su derecha, volviendo a tomarlo del brazo como queriendo marcar un territorio, que evidentemente, no era suyo. Zeta parpadeó volviendo en si, esperaba que la pobre chica no hubiera presenciado nada de aquello, pero al escucharla nuevamente hablar y sugerir la cena, comprendió que estaba lo suficientemente tranquila como para no haberse enterado de nada. -¡Vamos chicos! ¡Lo vamos a pasar bien! -Sonreía, tirando a Zénobe del brazo y haciéndole un gesto con la mano a Annie para alcanzar su brazo también, y tirar de cada uno de ellos por cada lado. "Dónde te has metido... " Pensó Zénobe para su interior, evitando mirar en todo momento a Annie, por tristeza, por vergüenza, por lo que fuera. -¡Zeta me ha hablado que os conoceis desde hace un tiempito! ¡Que adorables! -Decía entusiasmada Cora, que apretaba el brazo de su galán, que se limitaba a humedecerse los labios del frio y dejar la vista en el final de la carretera. -Coraline tu madre me va a matar como llegues tarde a casa. -Añade Zénobe en un tono de voz bajo, pues no hacía falta gritar ni hablar energicamente como la joven muchacha que parecía salida de un coro de animadoras. -¡Qué dices! Si mi madre está encantada contigo, además podemos encargar unas hamburguesas y comérnoslas por el camino. ¿Tú Annie, qué vas a pedir? -Pregunta sonriente, mientras llegan a un restaurante familiar, ya visitado por Zénobe la noche pasada. Coraline suelta los brazos de sus nuevos amigos y saluda a los trabajadores del restaurante, al fin y al cabo, era un pueblo y se conocían entre todos. Zénobe dejó de esconder la barbilla en los cuellos de la camisa, pero seguía sin pronunciar palabra, Coraline los guió hasta una mesa al lado de el ventanal y Zénobe esperó hasta que ellas dos se sentaran para después tomar él asiento. La camarera no tardó en llegar, ambos apenas pidieron nada, una pequeña hamburguesa para Annie, y una grande para él. Coraline se puso a pedir -Para mi... Una hamburguesa con bacon, y la ranción de alitas de pollo, y un helado de estos.. como se llama.. de estos que tienen nata por encima. -Zénobe suspiró, no quería pasar mucho rato allí, estaba sentado al lado de Coraline y la tenía casi enfrente, evitando en todo momento mirarla, aunque no pudo resistirse alguna vez, no se creía que la volviera a tener delante, en una situación tan sumamente ridícula como esta. Estaba tan bella, con esa carita de muñeca y boca pequeña, su cabello negro en perfecto orden y unos labios que.. ojalá pudiera besarla en ese instante. "¿¡BESARLA!? Estás imbecil", pensó para si, volviendo otra vez a suspirar, desviando la vista a la camarera, que le sonreía pues le conocía de la noche pasada. -Vaya, los turnos de noche se me van a hacer más amenos si vienes tanto por aqui. -Rió la camarera, y Zénobe sonrió por pura cortesía, Coraline sin embargo, orgullosa del nuevo vecino, apoyó su cabeza sobre el hombro de Zénobe, la joven muchacha quería presumir de chico. -Rafaella controlate. -Dijo burlona Cora, sacándole la lengua dibertidamente a la camarera, Rafaella, que le devolvió el gesto alegremente. -Nos lo puedes poner para llevar, por favor. -Añadió Zénobe en el momento que Rafaella se retiraba, y esta asintió mientras se metía en la cocina- Jo Zeta, si es pronto y además tenemos la furgoneta, podemos llevar a Annie si quiere. ¿Vives por aqui cerca? ¿Estás alojada en el motel? -Preguntaba Coraline a su nueva amiga mientras doblaba una servilleta de papel por los costados, Zénobe esperaba ansioso la llegada del pedido, para poder salir escopeteado del lugar, no por que no quisiera hablar con Annie, sinó por que no quería hacerlo delante de Cora. -¡Ya está! Muchísimas gracias Rafaella. -Dijo la joven tras haber hablado un rato con Annie, al ver que traían los encargos en bolsas de llevar.
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