domingo, 2 de junio de 2013

"Que si tenía que morir, que fuera con él."

Annie.

  Empieza a escuchar las palabras del muchacho, su tono serio, con cierto toque de ironía y sarcasmo que en ocasiones no le gustaba. Ella no le estaba hablando así, sólo había hecho un par de preguntas. Ladea ligeramente el rostro y entrecierra los ojos, evaluando cada uno de sus pasos y movimientos, como si esperase un ataque de repente...aunque la verdad, los golpes venían de su boca y parecían pegarle bastante fuerte. Sin embargo su rostro se mantiene sin ningún tipo de expresión, ni sentimiento, como si de repente se hubiera hecho de piedra. Lo único que hace es fruncir los labios, escuchando atentamente todas y cada una de las palabras que él decía. Era la primera vez que veía a Zénobe de aquella forma, tan enfadado y lleno de furia. Siempre había sido tan..suave, tan tranquilo, con una sonrisa y una actitud capaz de conquistar a cualquier ángel del mismísimo Eden. Parpadea suavemente y observa el zumo caer de la manzana. Sus gestos, impulsivos y violentos, casi consiguen sobresaltar a Annie, que se levanta de la silla cuando él sale, quedándose dentro de la casa por un momento. Tonca ha salido disparada, asustada de la reacción de Zénobe.

Era cierto que Annie se las había arreglado sola. En una época había hecho su vida, había dejado que el muchacho se fuera sin ir tras él, dejándole su espacio a pesar de que moría de ganas de acompañarle. Si tenía que morir, que fuera con él, luchando por lo mismo. Zénobe había vuelto, habían compartido el mismo techo, el mismo colchón, las mismas ganas y la misma pasión... y eso había significado un mundo para Annie. Después de eso él se había marchado y después de años, ahora se habían vuelto a reunir. Alex había intentado retener a la muchacha de cabellos oscuros, pero no lo había conseguido. No había nadie más cabezota que Annie. Había dejado atrás a su familia para emprender un largo y arriesgado viaje por el mundo, buscando a su ángel. Por el camino se paraba a salvar algunas almas, a curar enfermos, a hacer más fácil la vida de las personas más necesitadas. Al fin y al cabo, esa también era su misión. Ella no era un ángel, por lo que no le habían asignado ningún humano al que cuidar. Pero en un tiempo ella sí había sido normal, una joven y preciosa humana con toda una vida por delante... hasta su final. En su travesía había aprendido, había madurado y había conocido mundo. Los lugares menos esperados había revisado con la esperanza de encontrarlo.. hasta que se le presentó un problema; Axel, su hermano, había sido enviado al pasado con todos sus recuerdos anulados. No la recordaba, no recordaba siquiera su apellido. Volvió a aquella época de vestidos apretados, ropa y fiestas de etiqueta, hasta que su hermano estuvo mejor y al menos reconocía una parte de su vida.

Ahora, encerrada en aquella casa con un cristal roto y un ángel enfurecido, se preguntaba a sí misma qué había hecho ella también. "No eres una víctima, Annie". No iba a negar que siempre había sido fuerte, quizá no por ella, sino por las personas que quería y estaban a su lado. Pero como mismo había ayudado a miles de personas, había sufrido. Los demonios la habían hecho pasar todo tipo de riesgos, de problemas, de enfermedades de las cuales, una perduraba. Sus pasos comienzan a escucharse y sale al exterior, sintiendo la brisa mañanera golpear su rostro y los ropajes llenos de su sangre. Frunce los labios, se queda de pie al lado de Zénobe y suspira, sentándose a su lado en completo silencio. No era su responsabilidad salvarla, ya no lo veía así. No iba a obligar a nadie a permanecer a su lado. Quién quisiera quedarse lo haría. Clava la vista al frente y entonces comienza a hablar.

-Siento mucho que hayas tenido que pasar todo eso a lo largo de tu vida, Zénobe.. lo sabes. Siento también no haber podido estar en esos momentos, creo que ni siquiera te conocía. Sinceramente no conozco tus motivos para marcharte, solo sé... Solo sé que te llevaste a la Annie que conocías contigo.- Tras decir esto la chica se levanta, empezando a caminar hasta bajar completamente las escaleras. Entonces se vuelve a quedar quieta y sin darse la vuelta, dice- Gracias por lo de anoche, por todo lo que has hecho por mi. No es responsabilidad tuya sacarme del bosque a esas horas y mantenerme aquí, fuera del alcance de..ellos...Y sin embargo lo hiciste. Comprendo también que ahora tengas una vida, no pretendo colarme así en ella, no cuando... -se queda en silencio, echando la vista al frente y mirando la casa, un poco más allá, donde Caroline y su familia aún descansaban- Ten un buen día, ¿sí?

Su rostro se vuelve un poco atrás, clavando la vista en él y entorna una ligera sonrisita, como si así pudiera subirle los ánimos.. pero no es nisiquiera un rastro de la radiante sonrisa que siempre solía llevar. Echa a andar, colándose un poco más adelante en el bosque, mirando su ropa echa chapuza. Suspira; las despedidas eran demasiado duras para ella, pero con Zénobe... a pesar de todo, él seguía siendo..."él". Sus pasos se amoldan suavemente a las hojas caídas y se detiene en medio de aquel paisaje natural, sentándose bajo un árbol. Respira hondo, sintiendo como su labio comienza a temblar a pesar de todo lo que ha recorrido. Pensaba quedarse allí todo el día, hasta que Tonca la encontrase.

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