Zénobe
Paseaba por Somalia, el suelo polvoriento a sus pies y los ardientes rayos de sol dándole en el rostro, haciendo de su tez pálida una tez morena y con graciosas pecas por la zona de la nariz, a lo lejos encuentra a sus colegas de trabajo que lo reciben con los brazos abiertos, entre ellos Rayan, que lo toma en un abrazo frotándole la cabeza en un gesto divertido al que Zénobe refunfuña, los niños se le acercan enseñándoles nuevos juguetes traidos por organizaciones, y este pone cara de asombro tomando a una pequeña niña en la mano que le enseña su nueva muñeca y besa su mejilla con ternura varias veces antes de dejarla con cuidado en el suelo, entonces toma un balón en la mano, sugeriéndoles jugar un partido de futbol antes de entrar a trabajar, y sus compañeros ríen al mismo tiempo que los jóvenes de Somalia, pues Zénobe al fin y al cabo era un crío encerrado en el cuerpo de un joven de veintitres años. Y todos comienzan a seguir el balón a los pies de Zeta, que ríe al igual que alguna anciana y vecinos que se asoman de lasa reconstruidas casas para presenciar el partido, pues aquellos muchachos parecían una bendición, además de reconstruir y rescatar a personas, alegraban la vida de los pequeños niños, pero las imagenes se tornan un gris triste, parecía que el sueño llegaba a su fin.
El sonido de agua le vuelve en sí, humedeciendose los labios y frotándose los ojos antes de abrir estos aunque la noche haya sido dura, el sueño le ha quitado los males, recordar todos aquellos momentos le hacen delirar de felicidad y sonríe levemente bostezando, desperezándose, abre entonces los ojos encontrándose con la mirada de Annie, que pronto huye al paisaje de la ventana, y este sonríe entoces con más ganas, como drogado de felicidad al ver su gesto tan infantil, como refunfuñada y eso le mata de amor por dentro, hacía tanto tiempo que no sabía de ella, y que se presente con esos gestos de ternura.. Suspira y se apoya sobre el codo en la alfombra, aún recostado mientras la observa, se levanta con cuidado, apartando de su lado el maletín con el pie queriendo olvidar lo de la noche pasada, se ata el cordón de su pantalón un poco más fuerte y se acerca a la radio ignorando completamente que esta le sostenía la manta, y sube el volumen de la emisora que parece estar pinchando música para ellos, se escucha una balada y este ríe en su interior, alzando las cejas y poniendo los ojos en blanco, girándose en sus talones, dirigiéndose entonces hacia ella, acercándose, cada vez más cerca, hasta tenerla practicamente en delante de ella, y retira la manta de su mano dejándola caer al suelo pero aprobecha para tomarla de la mano pues la tiene ahí tendida, pues ahora que no tiene la manta parece que está suplicando que bese su mano, y este lo hace, dejando sus labios posar sobre la limpia mano de porcelana, tomándola entonces sin permiso alguno, y sus miradas se encuentran pues Annie queda perpleja ante su reacción. Aprobechando la ocasion, este la toma por la cintura con una mano, entrelazando su otra mano con la de ella en lo alto, alzándola del suelo y dejándola sobre sus pies, para que esta siga los pasos que este de, dejándose llevar completamente por la música, en su cabeza algo le decía "Estás tarado", pero había otra parte de él que decía "Estás enamorado". Entonces comienza a moverse y esta lo hace también por estar sobre sus pies, parece que se ha quedado de piedra, completamente inmovil y nota un rubor en sus mejillas, dejando en todo momento un espacio de cortesía entre ambos cuerpos.
Se escucha una preciosa balada y a Zénobe parece que se le ha ido completamente la cabeza, siguiendo la voz del cantante y cantando con una voz grave, ya no es la misma que hace unos años más aguda y de adolescente, es de hombre y en sus cuerdas vocales parecen escritas la palabra perfección. Es suave y limpia, sin carraspeos y llega al alma.
-He besado buscando otras bocas buscando nuevas ansiedades, y otros brazos extraños me estrechan llenos de emoción... -Sonríe en su interior cerrando los ojos en ese preciso momento pues intuye que Tonca se asoma timida por la ventana en forma de una pequeña ardilla rojiza, y los contempla de tal forma que en su interior algo la dice quédate. Susurra ahora cantando más bajo, en el oido de Annie con una voz seductora- Pero sólo consiguen hacerme recordar los tuyos, que inolvidablemente vivían en mi... -Vuelve a sonreír, pues en su interior vive un romántico caballero, bajándola de sus pies para que pueda caminar a su cuenta, soltándola por dos motivos, el primero: No llevarse un buen guantazo por hacer ese teatro después de haberse ido sin dejar ni rastro. ¿El segundo? Por que retrocede para juntar las palmas de las manos y acercarse a Tonca que parece que sus ojos brillan al ver que le concede ese baile y este divertido ríe, como un chabalín, y Tonca salta a sus manos en un brinco y este toma a la ardilla con delicadeza bailando también suavemente con ella, apenas moviendose del sitio, sin percatarse siquiera de que estaba desnudo de cintura para arriba.
-No se tú, pero yo te he comenzado a extrañar, en mi almohada no te dejo de pensar, con las gentes, mis amigos, las calles sin testigos... No se tú, pero yo te busco en cada amencer, mis deseos no los puedo contener, en las noches cuando duermo sin insomnio yo me enfermo, me haces falta, mucha falta... No se tú. -Canta en susurros al ritmo de la suave canción y besa con delicadeza el hocico de Tonca, para dejarla despues sobre la ventana y suspirar, bajando el volumen de la radio, notando un escalofrío recorrer su espalda. ¡Su espalda! Parecía curada. Ignorando a Annie que parecía haberse quedado ahí plantada, la esquiva dirección a la cocina, pues la casa tenía estaba distribuida en fomra diáfana, practicamente en una gran habitacion principal separada con paredes sin puerta, tan solo en el baño y biombos, rústica pero bonita. Busca en los armarios de la cocina, sentándose sobre una de las encimeras cogiendo un envoltorio, abriendolo pues en él había bollitos hechos por la madre de Coraline, para que desayunara, extiende la mano como ella hizo anteriormente, sólo que él no aparta la mirada a la ventana, y le ofrece antes de llevarse uno a la boca masticándolo suavemente- ¿Quieres? ¿Te preparo algo para desayunar? -Pregunta, como si entre ellos nunca hubiera habido una separación de casi tres años de aventura.
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