miércoles, 5 de junio de 2013

Descontrol.

Zénobe.

Recuerda llevarla entre sus alas, abrazada a él, cruzando los cielos por encima de las copas de los árboles, Annie reía y besaba sus labios intentando distraerle de su vuelo, ambos parecen hechos el uno para el otro, enamorados, como si nada ni nadie pudiera separarlos. Ella se ve tan inocente, tan dulce, tan frágil, es su pequeña... El roce en su mano le volvió a recuperar la consciencia, bajó la mirada, perplejo de toda aquella sangrienta escena que le había dejado de hielo, Zénobe se había criado entre los placeres del Edén, la felicidad, la luz y la alegría y armonía que esta transmitía, no estaba acostumbrado ni hecho para presenciar ese tipo de actos, Zénobe no estaba creado para matar, tan sólo defenderse, y defenderse si la situación lo requería o su protegida lo ordenaba o necesitaba. La mano de Annie estaba empapada en sangre, por un momento pensó apartar la mano, no quería mancharse de sangre de aquellos seres, pero segundos más tarde se encontraba en su habitación. Seguía con la mente en blanco, absorvido por lo presenciado y asiente a las preguntas de Annie, encogiendo los hombros, mirando más allá de la ventana, fijando la vista en el final de la carretera, hasta donde su vista podía llegar. Busca la cama con el tacto de las manos y se sienta, suspirando al hacerlo, no quiere verla en ese estado hasta que vuelva a ser como él define alguien "normal". Busca su mirada y se encuentra con unos ojos más comunes, no diabólicos. sin embargos los de Zénobe parecen no poder volver a la normalidad, tienen hasta un cierto aire siniestro, la pupíla toma más lugar en su ojo que el propio iris, asique el negro toma protagonismo en su mirada en vez del clásico azul, se encuentra fuera de si, parece no ser el mismo, esta descolocado, por lo sucedido y por lo visto, se encuentra alterado pero sin embargo no hay facciones ni signos fisicos que lo demuestre. Se ojeala las manos, observando la sangre que se ha quedado en estas por haber tocado las de Annie, e inconscientemente se las lleva a la nariz, buscando un olor, para él desagradable, un olor a fuerte hierro y a putrefacción, arrugando la nariz y levantándose en un gesto rápido para buscar el baño, con o sin permiso tiene que deshacerse de esa sangre, entrando al baño y dejando la puerta entornarda. Abre el grifo y usando la jaboneta, se refrota las manos como con ansia, dejando que la sangre seca se humedezca y corra con el agua por las cañerias, cerrando el grifo, observándose en el espejo, su mirada, apenas se reconoce y se lleva las manos a los ojos, frotándoselos y parpadeando para que aquel tono volviera a la normalidad, poniéndose entonces más nervioso de lo normal, susurrando- Que ha pasado.. ¿Qué eran esa mierda? ¿Que cojones le has hecho? ¿Están muertos? ¿Van a volver?.. -Empieza a preguntar, desde el baño, y respirando rapido, en una de estas abre la puerta del baño y rompe el pomo, sin tener control de la fuerza que tiene en ese momento, soltando el pomo, dejando que caiga al suelo, y de su palma parece salir una tira de luz que congela a todo lo que toma, por lo que crea un agujero en la alfombra del frío causado, como si se tratara de nitrogeno líquido, y la mira, como preocupado- Pero que me está pasando... -Prensa los labios, inmovilizado, para no hacer ningún rasguño más al cuarto, pues ya ha dejado medio pasillo congelado con tan solo pretender coger el pomo al aire. Quedándose quieto, esperando explicaciones.

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