jueves, 6 de junio de 2013

Escena paralela.

Zénobe.

La escucha, aunque en su cabeza sólo permanezcan palabras clave "Aprender a defenderte", "rastreadores", "perros babosos", "vas a estar bien, Zeta"... No se sentía seguro, Zénobe era algo desconfiado en estos casos, sabía proteger mejor que nadie, pero cuando se sentía intimidado por algo o en peligro, se creía que nadie podría defenderle a él. Niega varias veces con la cabeza, no le agrada para nada esta situación. "Con lo felíz que era yo en Somalia", suspira, mientras mantenía un diálogo con su propio subsconsciente, nervioso a pesar de las palabras de Annie, tranquilizantes pero no lo suficientes como para que este vuelva a un estado pacífico. -No Annie, no quiero. No quiero ni defenderme ni luchar ni que esas malditas mierdas se vuelvan a presentar. No quiero. -Así se refería a las criaturas, las nombraba como "mierdas", las maldecía, las criticaba y las odiaba. Todo ser que no le respetara ni dejara vivir tranquilo a otros seres no era bienvenido en la vida de Zénobe. -Yo no hago esas cosas Annie. Me horririza el simple hecho de haberte visto en esa situación, matar es un pecado y yo... -Vuelve a negar con la cabeza volviendo a levantarse de la cama- Que no lo voy a hacer, y punto. -Se posa frente la ventana apoyando las manos en esta, la noche es fría y el cristal está practicamente congelado, sin embargo las manos de Zénobe no sufren por el frío, es más, parece que le agrada, aunque él siempre haya sido un ser cálido y dulce como el primer amor.

-Creo que algo en mi está cambiado Annie. -Comenta, mientras se centra en observar el bosque, sintiendo en su interior nuevas presencias que lo acechan allá afuera, volviendo a notarse nervioso, como si algo lo llamara desde los arbustos de la carretera de enfrente, tentándolo, jugando con él, un estruendo le hizo retirar la mirada hacia el cielo, parecía que se acercaba tormenta, en su reloj: la una menos cuarto de la madrugada. Seguía estando cansado fisicamente, pero el susto le había despejado un tanto la mente, o eso creía él. -Tal vez debería dormir un poco. -Se muerde el labio sin girarse de la ventana, pero corre las cortinas en cuanto puede intentando no caer en esa tentación desconocida, que le llama para salir a investigar. -¿Podría quedarme? Prometo no dar patadas, puedo dormir en el suelo si lo deseas. Dormiría en el baño pero .. -Hace una mueca, frotándose la nuca, esperando su respuesta, esta acepta, sabe por lo que está pasando, sabe que le tientan a morder ese anzuelo. Zénobe finalmente duerme en la cama, en un extremo, casi al borde del suelo pero mantiene un perfecto equilibrio, Annie al principio lo observa, le asombra la facilidad que tiene de dormirse, se podría quedar dormido en cualquier lado si se lo propone, se tumba a su lado, colocándole un poco mejor la manta, ya que el ambiente es frío al igual que la noche. Zeta parece haber entrado en un coma, la una, las dos, las tres, tres y veinte para ser más exactos. Sigue inmovil, usando escasos centímetros de la cama para no ser un estorbo, parece que despúes de unas horas Annie se ha quedado dormida, en un sueño ligero. La habitación está en calma, tan sólo se escuchan ruidos de coches pasando de vez en cuando por la carretera general. Zénobe abre los ojos de pronto, un negro intenso invade sus pupilas. ...


Las ocho de la mañana. El Motel. El sol comienza a brotar y entra en la habitación, no hay rastro de la noche, pero sí de una tormenta pasajera, los cristales están mojados, Annie está a punto de despertarse en su cama junto a.. No, Zénobe no está. No hay rastro de Zénobe en el cuarto. La puerta está cerrada.


Las ocho de la mañana. En las afueras, en un campo de trigo. Zénobe permanece dormido, su cara muestra signos más relajados, sin embargo, no duerme sobre el campo de cosecha, sino sobre sus enormes alas, tiene la boca manchada de sangre y cerca de él una daga. Algo ha pasado por la noche, sonámbulo o no ha llegado hasta este lugar a un par de kilometros del pueblo. No lleva camiseta pero tiene cortes por todo el cuerpo. Al olor de la sangre unos cuervos sobrevuelan su cuerpo, curiosos por aquel ser para ellos nuevo e inexplorado. ¿Lo sucedido? Un misterio. Zénobe aún no despierta, parece descansar.

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