Annie.
"Matar es un pecado, y yo.." Annie frunce el ceño al escuchar esa frase. Es cierto, quitarle la vida a otra persona era lo que más se castigaba. Escucha todo lo que dice y parece incluso estudiar sus pasos, por si volvía a descontrolarse. Lo malo en ese justo momento era que Zeta no era capaz de controlar sus poderes, ni su ira y eso preocupaba a la muchacha. Fuera lo estaban esperando, ella lo sabía, casi podía presentirlo, como si la estuvieran buscando a ella también... pero sus asuntos eran totalmente distintos a los de su ángel, aunque sin duda, ella merecía estar más en las profundidades que él. Había cometido actos que Zénobe no llegaba a imaginar, y viendo su reacción, lo mejor era que no lo supiera. Es más, era la primera vez en mucho tiempo que llegaba a mostrarse así frente a Zénobe, aunque fuese por protegerle y no le tocase ni un pelo. Lo más seguro es que el muchacho estuviera asustado de ella, o ya ni siquiera la mirara igual..pero ese era el riesgo que iba a tener que tomar si quería estar a su lado, aceptar cada una de sus diferencias y todo aquello que él calificaba como "pecado", que para Annie no era más que hacer su deber o defenderse. Sabe perfectamente que algo está cambiando en él, puede verlo en sus pupilas... Quizá esa era su naturaleza. Decían que nadie, nunca, es totalmente bueno, ni totalmente malo. Pero Zénobe.. lo observa detalladamente, allí, en la ventana. Sus músculos parecen tensarse. Está asustado y ella lo sabe. Baja la mirada, volviendo a subirla cuando él comienza a hablar y se aparta del colchón, dejándole espacio. Poco minutos después, Zeta se ha dormido. Termina sentada sobre la alfombra, justo frente a él, observándolo. ¿Cómo podía un alma tan pura ser torturada de aquella manera, sin siquiera un poquito de piedad? Sube la mano y la acerca a su frente, aunque parece temerosa de tocarle, por si se despierta, al final termina rozando su piel y respirando hondo. No merecía todo aquello, él no. Y ella, que era una justiciera, lo sabía perfectamente. Termina yendo a la ducha y dándose un baño rápido, volviendo en pijama a la cama, tomando su sitio un poco más allá. Zénobe está en el borde, dando señal que no quería molestar. Annie alza la mano y poco a poco, con cuidado, lo arrastra hacia sí misma, colocándolo mucho más cómodo. Tiene un sueño profundo, mucho más que ella... aunque sabe que eso durará poco. Antes Annie podía dormir sin preocupaciones... hasta que llegó el tema de "la luz" y empezaron a acosarla todo tipo de pesadillas. Entre pensamientos se cuela un sueño, que pronto la ayudará, pero eso todavía no lo sabe..
"Un descampado. La poca luz del día ilumina cada uno de los rincones de aquella llanura. El aire roza suavemente el trigo, haciéndolo moverse. En el suelo una silueta. Parece tranquilo. Algo lo rodea aunque no sabe qué es exactamente. De cabello corto, piel blanquecina y alas enormes. Lo conocía, ¿verdad? Lo observa desde arriba, como si fuese de su misma especie y sus alas brillaran como las de él. Pero espera, hay algo, algo va mal. En su mano se encuentra una daga... y esa daga no es cualquier arma. La conoce también. Las heridas marcan su piel, amenazando con dejar cicatrices. Frunce el ceño, ¿qué está pasando? ¡Zénobe! Intenta aproximarse pero algo se lo impide. Sabe que no es un sueño cualquiera, es una visión. Y tiene que encontrarle. No sabe qué hora es, sólo sabe que está en peligro y que ha desatado la magia que lo acompaña y seguramente, todo su poder. Observa a su alrededor. No hay rastro del bosque. Pero hay más; un caballo. ¿Dónde está? Y entonces..."
Se despierta de golpe, con la respiración agitada y casi sudando. Mira a su alrededor; no está. El hecho de que pudiera ser solo un sueño no estaba entre las posibilidades. Se levanta corriendo, diciéndole a Tonca mentalmente lo que ha pasado y casi siente al animal ponerse en marcha. Sigue su rastro pero lo pierde en la carretera. Ahí ha echado a volar. Annie sale del motel, mirando al cielo nublado como si pudiera darle alguna respuesta. A su alrededor cubre un completo silencio que no le agrada. Al menos sabe que, como es de día, no atacarán. No pueden correr ese riesgo. ¡Pero Zénobe está solo en un campo de trigo y cualquiera puede descubrirlo! Echa a correr, adentrándose en los bosques. No conoce el lugar, pero sabe que si termina saliendo de entre los árboles, la recibirá el trigo. Espera... ¡Caroline! Más allá de su granja hay un campo. En menos de un segundo ha pasado la granja, encontrando lo que buscaba. No hay rastro de Tonca, pero más adelante se encuentra un caballo. A su lado los cabellos dorados brillan. Annie llega hasta allí y entonces puede observar la cara de Caroline. No sabe cómo ha llegado a encontrarlo, pero es preocupante. En el suelo..Zénobe. Justo como lo había visto. Annie se arrodilla a su lado, aparta la daga, que por un momento parece quemarla. Gruñe suavemente; ataca su parte oscura.
-Caroline...-La mira desde abajo, empezando a pensar qué hará con ella. Acomoda sus piernas bajo la cabeza de Zénobe, dejándola apoyada ahí, acariciando su nuca con cuidado. No va a despertarlo, sabe que necesita dormir, al menos ahora que hay luz.
-¿Es real? ¿Está pasando? ¿Es..es..ES ZETA? ¿ES UN ÁNGEL? ¿CÓMO ES ESO POSIBLE? ¿Y TÚ? ¿QUÉ ERES TÚ? ¿ERES UN ÁNGEL TAMBIÉN? ¿NO ERA QUE SÓLO OS CONOCÍAIS DE PEQUEÑOS? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? ¿Qué..?
Los gritos parecen sacar a Zénobe del sueño, mientras que Annie sólo observa a la chica con el ceño fruncido, casi pareciendo regañarla, aunque todavía no sabe qué va a hacer con todo eso. ¿Tendría que hacerla olvidar? Sí, era la mejor opción. No confiaba en ella. No confiaba en ningún humano que no le hubiera demostrado lo contrario. Quizá era por Zénobe, quizá era por.. Presta atención al muchacho, que ya ha abierto los ojos.
-Zénobe..estoy aquí..tranquilo..
No hay comentarios:
Publicar un comentario