Annie.
Observa los ojos de Zénobe, buscando por un momento una respuesta a la pregunta que rondaba su mente. Por suerte estaba bien, aparentemente normal. Sus pupilas no decían ni gritaban nada más que confusión; no esperaba menos. En un segundo observa a Coraline al lado de Zénobe, llenándolo de besos pero sin embargo, aprisionando sus alas con las piernas sin darse cuenta. Suelta un gruñido y sus ojos parecen volverse platos, ya que aquel dolor era indescriptible. Luego vuelve a mirarla, comenzando a desesperarse por todas las preguntas que estaba haciendo. Se lleva una mano a la frente, apretando el puente de la nariz con dos dedos para controlar sus nervios, los cuales en un momento le había hecho perder. ¿¡Por qué no se callaba ya!? La fulmina con la mirada, casi ordenándole que deje de preguntar tantas cosas. Ahora no iba a decirle nada, absolutamente nada. Y tampoco quería que se enterase de lo que ella era. Corría riesgos al saber lo de Zénobe, ya que ella ni siquiera era su protegida, ni su encargada. Cuando el muchacho se levanta Annie lo observa desde abajo, con apariencia tranquila aunque preocupada. Lo nota enfadado o quizá está igual de nervioso que ella. Coraline se ha quedado callada ante la orden del ángel, que se había puesto serio con ella. Su cabello negro se desordena ante el viento y Annie se levanta despacio, girándose en la dirección de Caroline y comienza a andar, casi acorralándola contra el caballo. Tan solo la mira, y cuando está lo suficientemente cerca, dice, en tono amenazante:
-Sé que esto te parece algo de cuento, pero es serio. Si alguien se entera de lo que es Zénobe, se lo llevarán ahí a donde ninguno de los cristianos quieren terminar y no voy a poder hacer nada para evitarlo. Así que te aconsejo que hagas como que no lo has visto, que dejes de hacer preguntas hasta que haya tiempo de responderlas y que...¡Es más! ¡Olvídalo! ¡No has visto absolutamente nada! Podría borrarte la memoria pero...-Chasquea la lengua suavemente, volviendo a hablar- ..no lo haré, así que si no quieres empezar a tener lagunas y problemas psicológicos, mejor que no abras la boca.
La mira directamente a los ojos; sabe que ha exagerado en alguna que otra cosa, como lo de los problemas psicológicos, pero no le importa. El rostro de la chica se ha endurecido, pero permanece asustada, emocionada, quizá está enfadada por el tono que ha usado con ella... ni siquiera lo sabe bien. Asiente despacio y Annie se da la vuelta. No le ha gustado hacer eso, no suele tratar así a las personas, pero es que esa chica... la desespera y al ser tan curiosa, había que dejarle las cosas claras desde el principio. Cierto es que pudo habérselo dicho de otra forma pero...¡por todos los cielos! Le había salido así y punto. Se acerca a Zénobe, que parece esperarla con aquellas enormes alas, pero antes... mira su propia camiseta y la rompe, tomando ese pedazo de tela para atrapar la daga que se encuentra en el suelo. No podía tomarla directamente; la quemaría. La envuelve despacio y frunce los labios, soltando de repente un suspiro. Vuelve a mirarlo y niega despacio, mirando sus alas. Siente a Caroline atrás de ella, como si se preguntase: ¿por qué ella sí y yo no? Susurra a Zénobe:
-Hay humanos en la calle... no puedes ir con las alas fueras y menos aterrizar en un motel. Tu brillo te delataría y ya tenemos suficiente con una humana curiosa.. -Frunce los labios una vez más, en una pequeña mueca.- Debes guardarlas, te llevaré yo. Pero guárdalas. No puedes seguir llamando la atención.
Lo dice seria, más preocupada que otra cosa. Escucha el sonido de las pisadas del caballo alejándose y al girar el rostro, ella ya se ha ido. Suspira de nuevo y mira a Zeta desde abajo debido a la altura. Y entonces alza una mano, esperando a que él la tome cuando haya tomado su decisiión. Sabe que está enfadado, pero no por eso puede actuar de manera impulsiva, porque entonces los problemas aumentarían. Parpadea suavemente, quedándose en silencio, dejándolo pensar.
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