domingo, 2 de junio de 2013

Tú siempre serás mi ángel.

Annie.

El bosque parecía recibirla después del incidente de la noche anterior, como si nada hubiera pasado y aquellos árboles no hubieran sido testigo de aquel espectáculo. Sus manos acarician las húmedas hojas, centrando toda su atención en este simple gesto.. Hasta que escucha el sonido de la rama partirse y levanta la mirada, frunciendo el ceño, encontrándoselo allí. No se había dado cuenta de que la había seguido, sus pensamientos habían sido mucho más altos que cualquier ruido o pisada. En menos de lo que puede contar lo tiene a su lado, tan cerca como la última vez.. El aire se escapa de sus labios con rapidez, como si lo hubiese estado reteniendo... Su voz rompe el silencio y la muchacha se limita a apoyar la cabeza en el tronco del árbol, desviando la mirada azulada hasta él y recibiendo sus palabras y sus gestos con tranquilidad, siendo receptiva. Había estado esperando una explicación desde hacia años. El viento sopla de repente, con fuerza, como si quisiera evitar algo.. Annie frunce el ceño, intentando procesar y ordenar la información, buscando sacar alguna conclusión pero.. Zénobe le está diciendo las cosas de una forma distinta, como si no quisiese que se enterase o como si no pudiera decirlo... Eso explicaría el viento, la burbuja protectora..

Cuando el chico se ha incorporado Annie va tras él, confusa. Su yan g era su hermana gemela. ¿Cómo podia ser Zénobe lo contrario a ella y sin embargo, tener un alma tan pura? Había dicho también que no era un ángel pero..si fuese un demonio ella lo hubiera notado con solo cruzarse. Trata saliva y estira la mano, tomando la suya con suavidad, acariciando por un momento su piel con extrema delicadeza, tranquila.. Entonces tira de él, atrayéndolo a si misma en un abrazo. La superaba en altura, pero sin embargo la chica se las arregla para apoyarlo en su hombro, como si intentase protegerlo.. Entonces, por primera vez, una luz blanquecina y celestial comienza a cubrirlos hasta que terminan envueltos en aquella. Annie se inclina ligeramente hacia adelante, dejando que del tatuaje de su espalda se hiciera real; dos alas enormes se desprenden, como si hubieran estado ansiosas de salir de su escondite. Zénobe nunca había visto sus alas, es más, Annie solo las sacaba cuando eran necesarias. A su alrededor el mundo había dejado de existir, como si se hubieran transportado a un sueño, in sitio solo para los dos.

Cuando aquel escondite está completo, Annie suelta suavemente a Zénobe. Sigue rodeada de un halo de luz, como si por in Segundo, fuese a ser un ángel. A pesar de que lo ha soltado, la distancia es corta entre ambos. Annie susurra:

-¿Confías en mi..? - No espera respuesta, tan sólo dice- Nadie puede escucharnos aquí, Zénobe.. Bienvenido a mi escondite.- una media sonrisita se le asoma, pero desaparece rápidamente. Sus pura y elevan la mano que le queda libre, posándola en su mejilla, acariciándola con ternura- Siempre serás in ángel, Zeta.. Siempre vas a ser mi ángel. -Deja por un minuto la mano posada en su mejilla, le da in toque en la nariz con suavidad, pretendiendo hacerle sonreír y luego vuelve a decir- Aquí es seguro, es una de las ventajas de ser quién soy..Quienquiera que esté fuera y no quiera que hables, no puede verte ni escucharte aquí... Los ángeles siempre están siendo vigilados, de forma constante, pero a mi... a mi me dieron la libertad de poder hablar con quien quiera y la confianza de tomar mis propias decisiones...Si tienes algo que decir, tan sólo dilo..

El lugar era más bien una ilusión, pero se sentía real. Todo era blanco y excesivamente limpio. Más bien parecían haberse ido lejos de la realidad, aunque si alguien se pasase por el bosque tan sólo vería una luz tan fuerte que los dejaría ciegos. No podían acercarse, ni tocarlos. Nadie podía alcanzarlos si estaban allí dentro.




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