martes, 3 de junio de 2014

Y entonces estás conmigo, aqui, junto a mi.

Zénobe.
La observa con detenimiento y cariño, y es incapaz de contener una sonrisa cuando esta besa sus labios vivazmente, risueña e inocente. La estrecha contra si nuevamente unos segundos, sonriendo esta vez más, achuchándola y luego se inclina hacia ella para robarle esta vez otro beso, aun más rápido que el de ella, apenas posando los labios en los propios. Y vuelve a sonreir mostrando una blanca dentadura, con los ojos achinados de felicidad. 
-Seremos eternos Annie Massey.
Susurra cerca, en bajito, como si fuera un secreto, y toma su mano para hacer que le siga, llevándola escaleras arriba hasta su cuarto.
Los pajaritos están hechos dos pequeñas bolitas de plumas, pues permanecen dormidos y descansando. El ambiente huele a vainilla y a frescura, Zénobe deja a esta en la cama. Mientras que Annie se sienta en el borde curiosa.
-He estado creando un tipo de invento casero a partir de unos fotogramas, luces, y un poco de magia. -Camina por la habitación, tomando un pequeño maletín, una potente lámpara de luz y algunos accesorios más, y en apenas dos minutos tiene montado una especie de  enorme caleidoscopio. 
-Ahora, tienes que cerrar los ojos, pues la magia no surje si estás mirando, es tímida. -Duce Zénobe, haciendo que Annie se tape los ojos con las manos, y entonces, se apresura a cerrar las puertas de la terraza para  que la luz no pueda escapar, enchufando la lámpara y poniendo en marcha el caleidoscopio, que hacía el mismo efecto que un proyector en un un observatorio astronómico. Entonces, la habitación que estaba a oscuras, se ilumina con finas luces que através de las fotografias sacadas por Zénobe al cielo, se proyectan por toda la habitación en movimiento, como si estuvieran flotando sobre el cielo y este les brindara un paseo por el cosmos.
Se sienta al lado de Annie, y esta nota su presencia de nuevo, está ansiosa por saber de que se trata, Zénobe siempre estaba inventando cosas nuevas, tratando de mejorar la realidad terrenal con placeres ficticios como ese. 
-Ya puedes abrir los ojos.. -Susurra con misterio, sin dejar de sonreir en ningún momento. La habitación estaba perfectamente preparada, con espejos en determinados lugares, para que los fotogramas pudieran deslizarse en movimiento por toda la habitación y que se pudiera reflejar por todo el cuarto, incluso en ellos mismos, que ahora se encontraban decorados de proyecciones estelares. 
Zénobe mira a Annie de reojo, observando con detenimiento el cuarto, y sonríe pues parece una cría en su primera visita al observatorio astronómico, y entonces Zénobe se tumba sobre la mullida y grande cama, observando el techo y parece que Annie hace lo mismo, para admirar mejor la calidad de aquel curioso invento.
-A veces, cuando me siento más sólo, trato de relajarme así, te imagino a mi lado, contándome historias de cada pequeña estrella, presentándomelas y haciendome descubrir cada pequeño secreto del universo... Luego caigo en la cuenta que no estás ahí, y entonces a veces incluso estoy peor que antes, pero acabo quedándome dormido pensando, que tú estás por ahí en algun lugar del mundo observando también las estrellas.. E indirectamente nos miramos, por que miramos a la misma maravilla, y entonces estás conmigo, aquí, junto a mi. -Busca su mano por la cama hasta toparse con ella, y no la toma, simplemente la posa encima y la acaricia lentamente, con suaves cosquillas en la palma.

Se limitan a tan solo observar las luces por el cuarto, en silencio, pero las caricias hablan por si solas, ahora ella está ahí con él, y no quiere que se vaya nunca. Entonces rueda un momento en la cama hasta poder abrazarla y atrapar su cuerpo entre sus brazos. Zénobe está más abajo que ella, por lo que habla en su cuello, cosa que hace estremecer a Annie por completo- Ahora te he tomado como rehén, asique vete haciéndote a la idea de que hoy vas a dormir aqui. -Murmura sobre su cuello abrazándola nuevamente y apoya la cabeza en su pecho, como un niño pequeño que ha encontrado el cariño de su madre, respirando con calma- Siempre nuestros, pequeña.. -susurra, cerrando los ojos, sin dormirse-

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