lunes, 2 de junio de 2014

"Y eres tú."

Annie. 

La respuesta de Zénobe hace que un pequeño aunque apenas audible suspiro se escape de entre sus labios, mirando a Meredith de reojo, la cuál no puede estar más enfadada. Entonces Annie se da cuenta de que esa va a ser su propia destrucción y de que, de alguna forma, hay que sacarla de ese agujero. Estaba enfadada con ella, y sabía que Zeta lo estaba también, sin embargo ella podía percibir las almas en peligro y Meredith estaba al borde de convertirse en un ángel caído, y lo sabía porque sus sentimientos y emociones eran demasiado fuertes como para ser pasajeras. Esperaba, de corazón, que la chica dejara de ser inmadura y se centrara en perdonar lo que ella creía que debía ser perdonado. La ve marchar y no dice ni una palabra, tan solo una mueca al escuchar el portazo del portal. Luego, Eros le dedica una sonrisa pero ella no está de humor para devolvérsela. Casi puede sentirle de su lado, aunque ese no era su objetivo. Asiente despacio ante esa pequeña despedida y cuando la habitación se queda solo con las dos presencias, ella muerde su labio inferior con fuerza, casi haciéndolo sangrar. Se lleva la mano a la frente y aparta su flequillo de este, como si de esta formas se sintiera un poquito más..libre. Necesita dejar la rabia irse. Escucha los pasos de Zénobe y cuando alza la vista él está frente suyo, pidiendo perdón por algo que no fue su culpa. Él no podía controlar los actos de Meredith, él no podía controlar tampoco lo que ella sentía, ni las palabras que había dejado escapar. Frunce los labios, sintiendo por el vínculo todo lo que Zeta siente y su corazón se derrite suavemente, aunque se impacta ante las palabras que dice.

- ¿Qu-qué? -Entrecierra los ojos, confundida. - ¿Qué estás diciendo? - Pregunta, refiriéndose al comentario sobre Marcos y ella.

Entonces su ceño se relaja y ella alza las cejas, negando rápidamente.

- Zénobe, entre Marcos y yo no hay nada más que una simple amistad. Lo conocí en el club y a partir de ese momento me he ido enterando de que sabe sobre los ángeles, sabe sobre el Almacén, sabe sobre seres sobrenaturales. Sabe quién soy, y que necesito sangre, y que al mismo tiempo ayudo a los demás. De ahí no pasa. ¿Qué te ha hecho pensar que él y yo..? -Suspira, negando suavemente, dando unos pasos hasta llegar a él, posando su mano en su mejilla- Realmente no puedo culparte. Yo pensé que estabas con Meredith, no preguntes porqué. -Baja la mirada, reconociéndolo. - Me enfadé porque no quiero que nadie sepa las cosas que solo sabes tú, porque nadie más lo merece a mis ojos. Para mi, nadie más debe regalarme flores de cerezos con jazmín... -Mira la mesa donde dejó las flores, pero luego vuelve su mirada hacia él, frunciendo los labios- Nadie debe saber que sólo me gusta la playa por la noche, o mi color favorito, o mi perfume, o mis manías.. Para mi, no hay nadie más que merezca saber esos detalles, nadie más, sólo tú. Y será tonto, pero eso nunca ha cambiado. Sigues siendo tú la luz que alumbra todas las estrellas en el firmamento. Sigues siendo tú lo que me mantiene en pie, la razón para seguir a pesar del tiempo, y la distancia, y los problemas... y no hay nadie, Zénobe, nadie, que pueda ocupar ese lugar, ni en mi corazón ni en mi vida. No espero que lo entiendas, ni tú ni nadie, pero formas parte de mi y no hay manera de revertir eso.

Acaricia su mejilla suavemente con las yemas de sus dedos, fijándose en la tristeza de sus ojos.

- La única persona que quiero que me haga feliz, eres tú. Has estado no sólo en lo que le has dicho a Marcos, sino en cada segundo que ha pasado desde que nos separamos la última vez.

La calma había llegado a Annie, quién se había abierto al chico sin darse cuenta. Baja la mirada y su mano, dejando que sus mejillas se ruboricen y frunce los labios. Se da cuenta de que lo ha soltado todo y se siente avergonzada, como una niña pequeña. Vuelve a mirarlo y susurra:

- Nunca nadie ha podido cambiar eso. Llegaste a mi vida y te has quedado aquí - Sube la mano y la coloca en su propio pecho, refiriéndose a su corazón - tan pegado a mi, tan adentro, que podría jurar que eres el tatuaje que mi alma guarda.


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