Annie.
La tristeza en los ojos de Zénobe hacen que algo de vueltas en el interior de Ann. No resistía verlo así, pero no lo entendía. No entendía como podría estar triste si tenía a alguien que supuestamente, le hacía feliz. Por eso estaba con ella, ¿no? Y tendría que ser bastante buena si la había sustituido. Todo pasa demasiado rápido, pero Annie observa a Meredith con una sonrisita divertida en los labios, la cual indica peligro. Sus ojos se han vuelto serios, y en el momento en el que Meredith lanza a Zénobe Annie devuelve el golpe, haciendo que se estrelle en la pared paralela. Nadie, NADIE, iba a tocar a Zénobe y mucho menos hacerle daño. No enfrente de ella. Ni aunque estuviera cabreada. Siente por el vínculo que Zeta está furioso, pero sabe que Eros le está conteniendo. Lo mira de reojo, como avisándole que es mejor que se quede al margen. Su atención vuelve a Meredith, quién la mira desde el otro lado de la habitación y entonces aparece frente a ella, demasiado cerca, como arrebatándole su espacio personal.
-Solo te lo voy a decir una vez. Vuelves a tocar a Zénobe y te juro que vas a desear no volver a usar los poderes de pacotilla que tienes. -Insulta su poderío como si no fuera nada, rebajándola. Puede ver la rabia en los ojos de Meredith, la cual sabe que se ha pasado, pero ya no hay marcha atrás. Annie podía ser cruel cuando se lo proponía y la chica enfrente de ella le había hecho daño a quién más quería en su vida. - Discutes como una niña de 11 años, ¿lo sabías? Y además, sigo sin ver que hagas algo para evitar que yo actúe.
Tras esto Meredith suelta un gruñido, furiosa. Sabe que se la está jugando. No sabe por qué Annie y Zénobe tienen esa conexión, pero le molesta. No sabe cuál es el motivo de que él la defienda. Y casi dejándose rendir a los pecados, una ola de envidia y celos la llena y entonces empieza a hablar:
-No te lo mereces. No has estado ahí, no lo has visto luchar contra todo lo que retiene dentro y ahora vienes como si nada a destruir su mundo, a darle la vuelta. ¡Yo lo tengo bajo control! ¡No eres más que una fantasma! Él.. él se entregó a mi, y tú no vas a arrebatármelo.
Annie parpadea despacio, interiorizando todo. Meredith dejaba caer las cosas como si realmente hubiera pasado algo y se veía en sus ojos que sufría por Zénobe. "Él se entregó a mi". Annie se queda callada y la mira, esperando algo más,algo que hiera su alma, pero no viene.
-Quiero que salgas de su vida. -Admite Meredith, creyéndose con el derecho de dar órdenes sobre las vidas y decisiones de otros.
Annie se echa a reír, produciéndole un escalofrío a su oponente. La mira con seriedad y niega, como si le estuviera llamando ingenua de esta forma. Aunque quisiera separarse de Zénobe no podría. El destino siempre los juntaba, una y otra vez, haciendo la despedida una tortura y la llegada una alegría. Annie vuelve a quedarse seria y gira sobre sus talones, cruzando la vista con Eros para encontrarse con la de su ángel, como si esperara que dijera algo. Entonces, suelta:
- Me iré de su vida si él quiere que me vaya.
Y sabía lo que eso significaba. Si Zénobe renunciaba a ella, dejaría de ser su ángel guardián. No habrían más separaciones, ni años entre cada vez que se veían. No habría vínculos, ni recuerdos, ni momentos. Todo se borraría para los dos, como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si nunca hubieran existido.
Eros se tensa, pues sabe a lo que Annie se refiere y al parecer, deja de ejercer la fuerza invisible sobre Zénobe, dejando de retenerle. Sabe que el dolor que produce a ambas almas es inmenso,y no está seguro de si cura. Reparte miradas por toda la habitación, nervioso. Annie frunce los labios, esperando cualquier cosa. Meredith cruza los brazos, esperando una respuesta a su favor. Y entonces, todo cae sobre Zénobe, que parece más triste que nunca.
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