lunes, 2 de junio de 2014

Detalles que no deberías conocer.

Annie.

Tras un rato en la barra, sirviendo cosas fáciles y limpiando las copas que se dejaban en ésta, Marcos viene a ella y la chica lo recibe con una pequeña sonrisa. El mensaje que le transmite deja a Annie perpleja y se toma varios minutos en responder, asintiendo despacio. Estaría bien salir un rato para despejarse, y Marcos tenía esas formas, y esa felicidad que transmitía podría pegársele a cualquiera. Quizás debería aprovechar las cosas buenas y ésta era una de ellas. La chica frunce el ceño pero sigue en su mundo, sin darle más vueltas. Era la primera vez que Marcos se animaba para decirle de quedar y, aunque para ella no era más que un buen amigo, él se había quedado enganchado de la forma de ser de la muchacha.

Las horas pasan despacio entre distintas canciones y ritmos. Pocas veces Annie sale de la barra, dedicándose a limpiar algunas mesas y atender a algunos otros. No estaba haciendo eso por dinero, sino por distraerse y dejar de pensar, lo que era dificil, ya que ellos estaban allí. Casi podía sentir la mirada en su espalda, pero no piensa en esto, ni se centra en escuchar la conversación; realmente no quiere saberla. 12:00 a.m. 1:00 a.m. 2:00 a.m. 3:00 a.m. El club llega a su horra de cierre y poco a poco los humanos van saliendo, la mayoría borrachos. Annie le da la espalda a la multitud; no quiere ver a Zénobe marcharse, pero cuando deja de sentir su presencia echa un vistazo, como deseando verlo por última vez, aunque sabe que no va a encontrarlo. Frunce los labios y termina de hacer su trabajo con los otros humanos, despidiéndose en el callejón de Marcus que, aún cansado, le dedica una sonrisa.

La tarde había llegado más rápido de lo que se había esperado, pero tenía tiempo suficiente para llegar al punto donde Marcos y ella habían acordado para quedar. La bahía le da la bienvenida, mostrándole un hermoso atardecer lleno de matices y del sonido de los pájaros diciendo "buenas noches". Esto le recuerda a las nuevas mascotas de Zénobe, a las cuales no había tenido el placer de conocer. Frunce los labios y se encuentra con Marcos más adelante, el cual sostiene un pequeño aunque hermoso ramo de flores; cerezos y jazmines, sus favoritas. La chica sorprendida alza las cejas, mirándole de forma interrogativa. ¿Cómo lo había sabido? Marcos la conocía, pero no lo suficiente como para conocer los detalles. No puede evitar pensar en su ángel otra vez. Sólo dos chicos conocían sobre esto; Axel y Zénobe. Su hermano, y el amor de su vida. Ella le agradece, sonriente. Es una bonita sorpresa. La noche llega también, haciendo que Annie se de cuenta de que Marcos ha tenido que tener algún tipo de ayuda o apoyo para conocer todo sobre ella. Axel no estaba presente, así que sólo quedaba una opción. Y entonces, ya entendía todo. Por eso Marcos le había preguntado en la barra que si él le conocía bien, por eso había hecho todo aquello, pero lo que no entendía era qué estaba buscando Zénobe con eso. Sin saber por qué, se siente enfadada y extraña. Suponía que lo había hecho por una buena causa, pero... ¿quién le había dado el derecho a decirle a una persona todos sus gustos? Era escalofriante. Y no le gustaba nada. Marcos no era él. Marcos no había pasado por lo mismo que el muchacho, ni habia llegado tan, pero tan hondo, que había conocido todos los secretos del alma de la chica. ¿Cómo podía haberle hecho eso? Cuando la velada termina, Annie se despide con una sonrisa y se queda ahí, bajo la luz de una farola, dejando que la brisa marina intente tranquilizarla. A pesar de que ha pasado un buen rato a costa de Marcos, no puede evitar pensar y darle vueltas al asunto de Zénobe. Así que echa a andar, encontrándose otra vez con los callejones y sin tardar mucho, con su portal. La cerradura se abre gracias a sus poderes y entra, tocando la puerta. Escucha voces al otro lado, por lo que supone que sus amigos están allí. Pero no le importa.

Las ramas de cerezos y jazmines se ven apretadas por las manos de Annie, quién intenta contener la rabia. Cuando la puerta se abre y las luces iluminan su rostro enfadado, Annie se abre paso y deja las flores sobre una mesa, enfrentándose a Zénobe y, al mismo tiempo, ignorando a Meredith y Eros, quienes la miran, sorprendidos.

- ¿Por qué has hecho eso? Es decir, entiendo que quieras que me concentre en otra cosa, vale, sí. Te dije que no te iba a molestar porque sé que no tengo derecho a ello, porque sé que has seguido adelante y, joder, ¡felicidades! Pero, ¿cómo has podido decirle todo eso a Marcos? ¡Él no..! ¡No eres tú! ¡No hay derecho, Zénobe! -Su voz suena disgustada.

- Hey, deberías controlar la forma en que hablas. -Dice Meredith, entrometiéndose.

- ¡Y tú deberías sacar las narices de un asunto que no te interesa! - Annie la encara, con el ceño fruncido y los labios en una línea.- He tenido bastante de tus "no te acerques" y tus intentos de protección. ¿Qué vas a hacer? ¿Eh? -En su voz se huele cierto reto.

- TE HE DICHO QUE TE ALEJES PORQUE SOLO SABES TORTURARLO, ¿NO LO VES? HAS VUELTO Y MIRA COMO ESTÁ. ¡ESTABA BIEN CONMIGO! ¡ESTABA CONSIGUIÉNDOLO Y TENGO PRUEBAS Y ÉL LO SABE!

Annie se siente confusa y asume su responsabilidad. No puede quedarle más claro que debería salirse totalmente del tema, El silencio llena la sala cuando Meredith termina de gritar, furiosa y Annie simplemente la mira, con una ceja levantada y una sonrisa maliciosa en el rostro, retándola a que suelte todo lo que tiene dentro.

- ¿Algo más?

- ¡OH! ¡YO SOLO ACABO DE EMPEZAR!

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