domingo, 1 de junio de 2014

'Demasiado real como para ser in sueño.'

Annie.

En cuanto Zénobe comienza a hablar, Annie parece internarse en su mundo; sigue la línea de los acontecimientos, intentando imaginarse cómo había sido su vida en aquel lugar reservado para los ángeles, un lugar lejos de la Tierra, en el cual ella nunca había estado por el hecho de que no era "pura". Al final termina cambiando su posición y colocando su barbilla en la palma de su mano, haciendo de esta un punto de apoyo. Cae en cuenta de que Zénobe y aquella chica, que al parecer se llamaba Meredith, no se conocían de tanto. Confiaba en cada una de las palabras que su ángel le decía, por lo que no había ni siquiera un pensamiento en su mente que pudiera hacerla sospechar que le estaba mintiendo. Al observarlo bostezar hace una mueca graciosa con los labios, asintiendo despacio. Su idea era quedarse en el sofá, pero Zénobe actúa como cuando se habían conocido. Ella sabe que él no se va a atrever a pedirle que duerma con él, y ya tampoco siente el valor para hacerlo. Se ruboriza sin percatarse al acto del chico, dejándose llevar por su mano cálida. Sube las escaleras de puntillas, sin hacer apenas ruido y cuando llega a la habitación puede sentir la calma que esta transmite. La jaula está vacía, pero las puertas están abiertas, por lo que infiere que los pajarillos volverán en la mañana.

Se sienta en la cama espacio, acariciando con las yemas de los dedos las sábanas, las cuáles se sienten tan suaves como el algodón que fiebre su pálida piel. Sus ojos se cierran cuando recibe el beso de buenas noches de su ángel y luego lo observa marchar, casi suspirando. Escucha sus pasos alejarse y después de un rato, el sonido de su respiración tranquila, avisándole que ya había caído en un profundo sueño. Tras esto, Annie se echa en la cama y se arropa entre las sábanas, haciéndose un ovillo. Sabe que cuando despierte todo su perfume se va a quedar en su piel. Respira hondo y abraza la almohada, rindiéndose finalmente a los caprichos del dios del sueño.

A la mañana siguiente, no fueron los pequeños animalillos quienes la despertaron, sino la voz de alguien llamando a Zénobe del otro lado de la puerta de entrada. Annie abre los ojos despacio, haciendo una pequeña mueca. ¿Qué hora sería? Después de unos segundos, escucha los pasos de Zénobe en el piso de abajo y tras esto, la puerta se abre y dos voces llenan el lugar. Ya las conoce. Son Meredith y Eros. Annie se remueve, sintiéndose bien porque nadie podía verla allí arriba, pero entonces, como si pudieran escuchar sus pensamientos, alguien dice:

-No estás solo, ¿verdad? Puedo sentirlo. Si quieres nosotros..

'No, no, no..' Annie se acurruca y cierra los ojos con fuerza. No quería levantarse, ni alejarse del perfume de Zénobe.

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