jueves, 12 de junio de 2014

Cráteres.

Zénobe.
En ocasiones, Zénobe cierra los ojos tratando de no caer en un juego de caricias hipnótico. La observaba a su lado, siguiendo un juego de miradas, sonrisas y tiernos besos. Con las yemas de los dedos pasea por sus curvas, deslizándose por su cadera hasta las costillas, acariciando su costado y atrayéndola más a él. 
Los besos no se detienen en los labios, continuan más allá de las mejillas, deslizándose por el cuello hasta llegar practicamente a enloquecer por su aroma, rodeándola con los brazos y alzándola lo suficiente para tomarla en brazos...
Ya en el cuarto las cortinas de seda se mueven suaves por el viento, ondeando y creando formas en las paredes por la cálida luz de la calle mientras la brisa acaricia los cuerpos entregándoselos a la noche, dejando que el amor les haga.

Inseparable, de eso se trataba todo. 
Inseparables como la luna y sus cráteres, el tabaco y la nicotina, el vodka y el alcohol, las constelaciones y las estrellas... Tal vez separables. Pero esa separación cambiaría totalmente el significado de ambos elementos. La luna ya no sería la luna que todos conocemos, el tabaco probablemente dejaría de producir adicción, el vodka sería simple agua y las constelaciones... no serían nada.
De eso trataban ellos dos. De ser, inseparables.
Inseparables. Del latín inseparabilis: que no se puede separar.

Los días pasan al lado de Annie, son días felices. Felices como ver florecer un campo de girasoles, tranquilos como cerrar los ojos frente al mar, risueños como la caricia de una despistada mariposa, ilusionados como una lluvia en plena sequía. 
Se distraen paseando por la calle juntos, yendo al campo, colándose furtivamente en sesiones de cine nocturno, corriendo por las calles como locos críos en busca de aventuras, yendo al puerto a mojar los pies en el agua, chapotear en esta y tratar de pescar con palos hojas que flotan a la deriva. 

El viernes llega antes de lo previsto, aquella mañana Annie debía ocuparse de unos asuntos y para ello necesitaba la tranquilidad y aislamiento de su antiguo hogar por unas horas, Zénobe lo entendía y se entretuvo con sus deberes diarios.
A la tarde, ambos debían acudir a una de esas reuniones en el bar. Habían quedado allí para encontrarse. Zénobe estuvo parte de la tarde con Eros charlando, tomando algo en bares cercanos y disfrutando del sol. 
La noche había caído pronto y ambos acudieron al Pub como era rutinario cada viernes. Seguía habiendo el mismo ambiente que otras noches, la música sonaba y había gente que bailaba en una zona. Zénobe evitó mirar hacia la barra para no encontrarse con Marcus, le sería muy incómoda la situación. ¿Qué pensaría de él ahora que "estaba" con Annie? Niega con la cabeza y tanto Eros como él se apoyan sobre la barandilla que subía a la zona de arriba, contemplando una peculiar escena: Meredith bailaba entre la gente con un conjunto bastante atrevido, un vestido rojo escotado que realzaba todas las partes de su cuerpo, la melena ondulada y unos tacones infinitos. Tenía alrededor las miradas de muchos hombres que sonreían al verla bailar de aquella manera, ambos también miraban, sin embargo Zénobe se limitaba a mirar cada dos por tres el reloj y buscar a Annie por la entrada. Meredith observó que ellos dos estaban en el pub, pero que Zénobe no la miraba como ella quería. Tal vez, debía atraer su atención más tarde y de otra manera. 

Los ángeles comenzaban a llegar y subían por las escaleras hacia la zona de arriba. Annie parecía que se había retrasado un poco, Zénobe estaba algo preocupado, pero sabía que estaba bien, llegaría pronto. Tenía tantas ganas de verla...
Meredith también se dispuso a subir, aprobechando que Eros y Zeta estaban apoyados en la barandilla y pasar tras ellos rozándose como si no tuviera el espacio suficiente para pasar. Zénobe suspira, alzando tan solo una ceja e intercambia miradas con Eros, el cual parece no haber comprendido tampoco el comportamiento de la joven.
Todos suben a la zona de arriba, por lo visto la charla de esa noche se trataba sobre todo tipo de criaturas categorizadas. Desde simples duendes hasta los más complejos minotauros. Había una especie de esposición dividida en secciones o salas, algunas ambientadas con luces diferentes, especialmente una donde se encontraban clasificadas las criaturas de género más peligroso o con índices de mortalidad más altos, una zona más oscura. Zénobe paseaba por esa sala observando las fotografías y las diapositivas que se encontraban expuestas. De pronto, nota una presencia detras de si, se gira tranquilo, suspirando al verla. -¿Qué quieres? -Pregunta Zénobe, con aire indiferente.

-A ti, tal vez. -Dice Meredith sonriendo de lado, sensualmente, apoyada sobre una urna de cristal donde se encontraban disecados pequeños rastros de criaturas.



 

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