Annie.
Deja que sus pies se apoyen despacio en el suelo, quedándose por un momento de puntillas, aunque luego regresa a su estatura normal. Annie se queda así por unos segundos, intentando mantener la compostura, aunque sin saber cómo actuar. Al parecer Zénobe ha traído de vuelta la persona que ella solía ser, o más bien, su recuerdo, y merodeaba alrededor de Annie como recordándole que en realidad no había cambiado tanto, que seguía siendo la misma persona pero, ésta vez, con una muralla de hielo alrededor y muchas, muchísimas inseguridades y miedos. Su voz rompe el silencio y por un momento se siente agradecida; realmente no sabe qué decir, ni cómo empezar una conversación, pero todas y cada una de sus palabras hacen que Annie se sienta..extraña y sorprendida. Zénobe había pasado un infierno todos esos meses, y ella lo sabía porque lo había estado viviendo también. Interioriza cada una de sus palabras, sin decir nada y baja la mirada, dejando que el flequillo negro cubriera sus ojos azules, haciendo imposible ver más allá de éste. "Pero necesito un tiempo siendo sólo eso..tu ángel." ¿Qué se supone que significa eso? Él siempre ha sido su ángel, sin importar la circunstancia. El aire se escapa despacio de entre sus labios y la chica intenta retenerlo porque esa es la única forma que tiene de no echarse a llorar. Entonces recuerda: la joven del Almacén, esa que parece tan protectora con Zénobe, la que la habia "advertido" de que no se acercara a él... Y sin necesitar más información, la chica simplemente cae en cuenta de que él sí ha seguido adelante, junta piezas de un rompecabezas que ni siquiera existe, pero su mente, confundida, necesita buscar una explicación. ¿Por qué le ha dicho todo eso, entonces? El roce de su mano la devuelve al mundo real y se percata de que se le ha escapado eso que no quería dejar escapar, y que él estaba ahí otra vez, y que el mundo y el destino eran lo suficientemente injusto como para arrebatarle, en cierta forma, a su ángel guardián.
"Desearía poder decirte tantas cosas, pero.."
Dice para sí misma, elevando la vista para fijarla en él otra vez. Su mano se eleva despacio y la pasa por su rostro, retirando toda la humedad y cruzando los brazos finalmente, como si así pudiera deshacerse del frío. Raro, ¿verdad? No había quién le apartara el frío que sentía en su interior, como si de repente el mundo se hubiera helado. Quizá él le había dicho todo aquello por su vínculo; un ángel sufría si su protegido lo hacía, por lo que eso derivaba las culpas hacia ella, otra vez. "Eres responsable por todo eso, y lo sabes. Cargas con el peso de miles de almas, y él carga con la tuya. Es injusto, ¿verdad? Sabes que no se lo merece." Susurra una voz en su interior, haciendo que ella muerda su labio inferior, evitando de esta forma que tiemble. Tras unos minutos, Annie asiente despacio, dándole la respuesta a aquello que ha pedido, pero no dice nada más, simplemente se queda allí, insegura. Junta ambas manos y las aprieta entre sí, juntándolas con nerviosismo. Entonces, su voz vuelve a escucharse:
- ¿Puedo quedarme contigo esta noche?
"No me dejes sola esta noche, hoy no, por favor. Prometo que no voy a molestarte. " Dice despacio, aunque claramente él no la escucha. Si Zénobe pudiera escuchar sus pensamientos...
Necesita al menos saber que él está cerca, que sigue siendo real. Que si llueve y el día es triste, Zénobe lo animará con su sonrisa y por lo tanto, también a ella. Quería escuchar su voz en la mañana, oler el aroma del café recién hecho, imaginar cómo habían sido sus anécdotas y vivirlas en su mente como si de una película se tratase. Queria que sus alas y su luz la llevaran al lugar donde nadie más podría encontrarla. Pero sobre todo, queria dejar de sentirse como se sentía, como si la tormenta siguiera en curso, como un aguacero en su interior.
- Por favor.
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