lunes, 2 de junio de 2014

¿Quién iba a salvarla a ella?

Annie.

  La conversación se turna un poco tensa, por no decir violenta. Annie se levanta despacio de la cama, lo suficientemente despierta como para captar cada uno de los detalles. El ángulo donde se ubica impide que cualquier persona del piso de abajo la vea, sin embargo, ella puede observarlo y oírlo todo. Poco a poco, su sangre va hirviendo. Entendía lo que la chica estaba diciendo, teniendo en cuenta que ellos estaban "juntos", pero sus acusaciones eran completamente falsas. Apega su espalda a la pared y aprieta los labios, dejándolos en una línea que indica disgusto y enfado. Respira hondo, intentando controlarse. Aquellas emociones podían sacar lo peor de ella. Luego, el comentario de Eros. Annie se sienta en la cama, apretando las sábanas con fuerza, haciendo que estas se estrujen entre sus dedos. Los pasos de Zénobe la devuelven al mundo real, y los cuenta para tranquilizarse, sintiendo su presencia en la habitación tras unos segundos. Sus palabras hacen que la chica clave la mirada en la blanca pared. Ya no sentía la calma de la habitación. No sabe cómo debe actuar, por lo que se levanta despacio, llevando sus manos a los bordes de la camiseta de algodón y lo baja todo lo que puede, estirándola sin darse cuenta. Se sentía completamente..vacía. Sabía que Zénobe nunca podría ser maleducado o rudo con una persona, su alma era demasiado pura como para ser capaz de siquiera pensarlo, pero, por un momento, pensó que podría... La chica baja la mirada y el flequillo se cuela en sus ojos, ocultando su enfado.

- No te preocupes, lo entiendo. Supongo que no tienes que darme explicaciones..

Su voz suena despacio. Ella no era quién para entrometerce entre Meredith y Zénobe, no cuando él había sufrido tanto por su culpa. Empieza a andar y pasa por su lado, escuchando los latidos acelerados de su corazón. Suponía que debía estar enfadado o alterado por lo que había pasado, y sentía que si se quedaba solo empeoraría las cosas. Las escaleras la reciben y las baja con prisa, encerrándose en el baño del piso de abajo. Vuelve a mirarse en el espejo, centrando su atención en sus ojos. Siguen azules, pero no por el hecho de que no esté enfadada, sino porque lo está controlando. Se quita la camiseta y la dobla. Sus movimientos son rápidos, por lo que en un minuto está fuera, vestida y con el cabello negro un tanto alborotado. Lo ve frente suya y traga saliva, apartando la mirada.

- Lo siento, Zeta.. no quería causarte problemas con Meredith. De verdad que no..-Pasa por su lado y se dirige a la puerta, echando la vista atrás y entonces susurra - Gracias por dejar que me quedara aquí anoche. Espero que..arregles las cosas con ella. 

Intenta sonreírle, pero no puede. Ya no siente rabia, ni enfado, más bien vacío. Cierra la puerta tras de sí y sale al portal, dejando que el aire frío de la mañana la reciba. Empieza a andar y los callejones de la ciudad hacen que se pierda. 
Horas más  tarde, Annie ha vuelto a aquel parque donde se encontró con su ángel la noche anterior. Tenía mucho trabajo que hacer y lo sabía, pero por un momento piensa que ha salvado a demasiadas personas, demasiadas almas confundidas, pero... ¿quién iba a salvarla a ella? Las horas pasan despacio. El cielo se ha tornado naranja con tonalidades rosas, que pasan al morado y luego a un azul oscuro. Es totalmente mágico; los humanos se perdían todos aquellos detalles, ocupados en sus vidas y problemas. La temperatura bajaba mientras la noche se acercaba y ella aprieta las mangas de su sueter y mira la hora en su móvil. No había reunión en el Almacén, pero estaba segura de que algo habría que hacer en el pub esa noche. Necesitaba distraerse, aunque fuera ayudando a Marcos sirviendo copas. Echa a andar y se dirige a aquel callejón que conoce bien. Las voces susurran, pero ella las bloquea en su mente, impidiéndoles el paso a sus pensamientos. Y una vez más, el sonido de la música la aturde y comienza a sentirlo todo al mismo tiempo. La felicidad por un lado, y por el otro, las almas rotas. El olor del alcohol y como las burbujas de gas de las sodas explotaban al llegar a la superficie del vaso. La barra está llena esta noche y la música no deja de sonar. Lo siente, otra vez. Ellos están allí. Justo delante suyo, Eros, Meredith y Zénobe conversan. Al parecer ya han arreglado las cosas. Tomando aire e intentando ser fuerte, Annie echa a andar y se cuela tras la barra, tomando un delantal negro y poniéndoselo encima.

-Hey, ¿qué haces aquí? Hoy no hay..yasabesqué reunión. Por cierto, el chico ese del otro día... te conoce bien, ¿verdad? -Marcos pregunta, refiriéndose a Zénobe. Annie alza las cejas y lo mira, confusa.

- ¿A qué te refieres? 

- Nada, olvídalo. Ya verás. Por cierto, ¿estás segura de que sabes cómo hacer esto? -Dice, refiriéndose a los tragos y dejándola con la duda.

-Sí, y sino, me ocupo de otra cosa. Sólo necesito distraerme. 

Marcos sonríe, negando despacio. 

-¡Entonces bien! ¡Siempre es un placer tenerte por aquí, Annie Massey! -Dice, casi echándose a reír y vuelve a su trabajo, mientras que la chica niega despacio y empieza a ocuparse de las personas que quieren cosas simples como chupitos, Coca-Cola´s, o bebidas así. 




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