Zénobe.
Espera sentado en el sofá, recostándose entre los cojines y cogiendo una postura cómoda. La chimenea ya está en marcha, y la madera prende suave, casi sin fuerza pero es cálida. La escucha en el baño, pero se distrae observando las pequeñas virutas que saltan en el fuego, suspirando, y volviéndose a recostar un poco más en el sofá. Se distrae también observando las luces de los coches, que entra por la gran cristalera haciendo reflejo de la pared. Escucha la puerta del baño abrirse y se incorpora en su sitio, girándose levemente para poder observarla, parece tan tímida en ese momento... Tan fragil, tan pequeña.. Pestañea para no parecer idiota mirándola fijamente, y se lleva la mano a la nuca, frotandose esta tras su comentario. ¿Quién iba a estar ahí? No comprende a que a venido ese comentario, al fin y al cabo las suposiciones las había sacado Annie de su imaginación.
Niega con la cabeza, frunciendo algo el ceño.
-Hm... No, vivo sólo. -Dice algo confuso, encogiendo los hombros. Luego, dice de forma divertida, con cierto toque risueño. -¡Miento! -sonríe ampliamente, casi riendo- Tengo dos pequeños pajaros, están arriba.. creo. -Observa un momento la zona de arriba de la escalera, suponiendo que los dos pajaros están en la jaula descansando. Le hace un gesto con la mano antes de que Annie pueda decir nada más, invitándola a sentarse consigo. Mientras Annie se acerca sigilosa, inmersa en sus pensamientos, caminando pausada y jugueteando con los dedos algo nerviosa, se levanta rapidamente, bordeando el sofá por el otro lado con tanta agilidad que parece que su cuerpo apenas pesa. Zénobe sigue sin comprender muy bien el por qué de que actue como si no fuera su casa, estaban solos. Tal vez eso la confunde Zénobe, que esteis solos. Las cosas no son como antes... dice algo en su interior, mientras abre uno de los armarios de la cocina y saca un paquete de nubes de azucar. Se dirige nuevamente hacia el salón, pero se detiene un momento.
La imagen de Annie sentada ahí, a escasos metros, en su propio hogar... Parece todo tan surrealista, como un sueño.. Se apoya en la isla de marmol situada en medio de la cocina, donde Zénobe suele desayunar. Observándola un instante más, observando su cabello oscuro, que brilla por la luz de la calle..
Al de unos segundos, Zénobe se encuentra nuevamente en el sofá, esta vez junto a ella, trae consigo una bandeja con dos pequeños boles, en ellos, leche caliente con polvitos de cacao. Zénobe, deposita un puñado de nubes de azucar en la leche, y estos se inflan, y Zénobe murmura antes de posar los labios en el bol y beber. -Realmente está muy bueno... Aunque si no quieres no pasa nada. -Atrapa una nube con una pequeña cucharita, llevándosela a la boca y haciendo un gesto de ¡ñam! divertido.
Trata que se sienta cómoda, no quiere que las cosas estén mal entre ellos, y Zénobe es completamente leal y fiel a ella, ni recuerda lo sucedido hace una semana, está practicamente embobado con tenerla ahí consigo, no quiere nada más en este mundo. En parte no la ve muy feliz, tal vez el chico de la barra no la haga feliz, tal vez debería volver a hablar con él... Zénobe estaba dispuesto a soltar con disimulo cada uno de los pequeños detalles que ella amaba, con tal de que este los realizara y poder verla feliz.
Por que eso es lo que más quería en el mundo, verla felíz, aunque fuera en los brazos de otro..
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